Fernard Léger, el arte al servicio del pueblo

Written by Libre Online

15 de septiembre de 2021

Amalia González Manjavacas

El pintor francés, Fernand Léger (1881-1955), uno de los grandes de la primera mitad del siglo XX, del que este año se cumple el 140 aniversario de su nacimiento, defendió como pocos la función social del arte y lo puso al servicio del pueblo.

«Lo bello está en todas partes, ya sea en las cacerolas colgadas de la pared blanca de una cocina o en un museo», solía decir Fernand Léger a sus alumnos en sus clases. Su concepción estética, su pintura, van ligadas a ese mundo nuevo de principios de siglo XX, transfigurado por la mecanización y la producción en serie. 

El arte para Léger es un elemento fundamental en la vida del hombre, por tanto no hay que tratarlo como mero complemento o como mero adorno, decía el pintor francés. Léger rechazaba la condición burguesa de la obra de arte, esa pedantería de situarlo solo al alcance del entendimiento de unos pocos, para defender, como pocos, su función social y ponerlo al servicio del pueblo.

Originario de una pequeña localidad normanda, Fernand Léger (1881-1955) llega a París en 1900 y allí queda deslumbrado por la ciudad, por las luces,  el movimiento, el ruido, los ascensores, las máquinas….   Entre el incesante impacto de imágenes y luminosos, descubre la ciudad moderna y todo lo que el progreso conlleva, la vida colectiva y un nuevo mundo visual.

 Pero por encima de todo, Léger fue un artista profundamente convencido de la importancia de la función social del arte, pensaba que el arte tenía que mejorar la vida de las personas, colaboró en proyectos en el ámbito de trabajo, y del ocio, donde la máquina, el movimiento, la bici, la danza, el circo, y después el cine, son objetos de su mirada.

«Las masas humanas que reclaman su sitio, el hombre del pueblo, no lo olvidemos nunca, es el gran refugio de la poesía (…) Mientras sus manos enroscan una tuerca, su imaginación corre e inventa nuevas palabras, nuevas formas poéticas (…) ¿Y vosotros pretendéis que esta clase de hombres no tenga derecho a la alegría y a la satisfacción de un arte moderno?», escribió Léger en 1936.

UN NUEVO SIGLO, REQUIERE DE UN NUEVO ARTE

Un nuevo mundo, el siglo XX, requiere un nuevo arte que organice ese caos. Y aunque Léger, procede artísticamente, por su tiempo, de la tradición impresionista, “el artista no puede ser ajeno a la transformación del mundo, debe estar comprometido y ofrecer soluciones”, decía.

“Esas soluciones -explica Lola Durán comisaria de la reciente exposición celebrada en la Fundación Canal de Madrid que se puede seguir recorriendo on line-, no las halla el pintor normando mirando al pasado, sino aceptando y ordenando el presente, con ideas y recursos actuales”.

La mecanización y la nueva sociedad industrial le ofrece un nuevo desarrollo de la percepción visual, centrado en el movimiento, en el dinamismo…. donde las figuras aparecen  delimitadas por fuertes contornos de marcado acento volumétrico, adquiriendo una apariencia mecánica, industrial que le hacen inconfundible.

En 1907 queda impresionado por una exposición de Cézanne e inspirado por el maestro se da cuenta que la nueva realidad necesita de una nueva reinterpretación de los objetos, abriendo el camino a los cubistas.   

En esa búsqueda de encontrar un nuevo lenguaje que se adaptara a esa transformación social y económica, arraigada en la clase obrera, “usó el cubismo como la vanguardia que mejor se adaptaba a esta nueva realidad”. Pero Léger quiso cambiar el lenguaje de la pintura manteniendo reconocibles los objetos, sin llegar a la abstracción total.                                        

En efecto, en 1909 manifiesta su gusto por lo geométrico, especialmente por las formas cilíndricas, llamado Tubismo o tubulismo como lo denominó el escritor y crítico de arte, Ramón Gómez de la Serna, en sus famosos Ismos. Pero aquella geometrización de Léger nada tenía que ver con la de Picasso y Braque, con ese complicado trabajo intelectual de descomponer el objeto en múltiples planos porque para Lèger, el arte no era una operación mental.

    Consecuente con sus postulados, que pasaban por dar a sus obras un contenido social comprensible por todos, abandona el cubismo sin renunciar nunca a la figuración.

DE LA MÁQUINA DE MATAR A LA MÁQUINA OBRERA

Su participación en la Gran Guerra (1914-1918) supuso un impacto brutal. Tras ser herido en el campo de batalla, trabajó como zapador en el cuerpo de ingenieros, realizando labores relacionadas con la artillería. 

Al final de la Guerra, “el hombre había sido destruido por la máquina”. El mundo cambia radicalmente para dar paso a una nueva modernidad, de la máquina de matar pasamos a las máquinas que se introducen en la vida del hombre, en el trabajo.

“Son años de mucha actividad en los que abunda una pintura repleta de máquinas sin ningún afán de crítica -explica la doctora en historia del arte, Lola Durán- Para él son mecanismos útiles, productivos, modelos de belleza ordenada, objetos de la vida del obrero, algo con lo que cualquiera se puede identificar y reconocer”.

En 1940 Léger se exilia a Estados Unidos tras la ocupación nazi de su país, y allí  imparte clases en diferentes universidades, pinta murales y se afilia al Partido Comunista. Terminada la guerra, vuelve a París, con la idea de crear un “arte para todos”, se involucra en numerosos proyectos de la esfera pública. En esta última etapa, un período de la alegría de vivir, desarrolla obras de temáticas populares, entre ellos, nuevamente el circo.

 EL CIRCO, LA DANZA Y EL CINE, ESPECTÁCULOS PARA TODOS

A Léger, el circo le fascinó desde niño y durante toda su vida pintó acróbatas, payasos, domadores, malabaristas, caballos, ciclistas…. todo un mundo en acción, que le supuso plasmar aquel frenético dinamismo del espectáculo. 

 Él se identifica con los acróbatas que andan siempre en la cuerda floja, igual que él, como artista contemporáneo que es, se siente del mismo modo. Representa a bailarines, y después hace vestuarios para payasos, máscaras, etc. Le interesó el circo como fiesta, como un espectáculo social para todos, y al alcance de todos, no tan elitista como era el teatro.

 Léger fue un apasionado de la vida y aunque nunca dejó de pintar tuvo tiempo para experimentar otros campos artísticos como el fotomontaje y el cine, como lo hizo en Ballet mécanique, una de las primeras obras maestras de cine experimental que dirigió en 1924 en colaboración con Dudley Murphy y Man Ray, cinta de la también se reproduce un extracto en la exposición de la Fundación Canal.

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