Por José “Chamby” Campos
El pasado jueves fue histórico en nuestra ciudad, en particular la comunidad cubana, en el ámbito deportivo cuando Fernando Mendoza fue el primer jugador de Football Americano seleccionado en todo el draft colegial.
Es la primera vez que un atleta de raíces cubanas es escogido en tan prestigiosa posición. Dicho sea de paso, también es la primera ocasión para un jugador salido de las filas de los High Schools de Miami-Dade.
El evento publicitario fue presenciado en vivo por cerca de 14 millones de televidentes y capacidad récord de 320,000 personas en los predios del complejo deportivo del equipo de los Pittsburgh Steelers.
Mientras la mayoría de los otros atletas vestidos desfachatadamente y actuando vulgarmente usaron el momento para alardear y vanagloriarse, una vez más Mendoza demostró su humildad y calidad humana al decidir quedarse en su casa con sus seres más queridos para recibir la noticia de su selección.
Elegantemente vestido, y usando un lenguaje totalmente profesional no titubeó en darle gracias a DIOS y mencionar la importancia e influencia que sus padres y abuelos han tenido no solo en su carrera, pero más importante, en su vida.
Hay dos eventos en la carrera del joven cubanoamericano que marcan la influencia de esa familia, en particular su mamá Elsa la cual padece Esclerosis Múltiple y hace su vida en una silla de ruedas, que definen su carácter. En ambas ocasiones esa influencia y carácter lo llevaron a triunfar a pesar del rechazo de otros.
Resulta cuestionable que siendo un buen atleta de esta área y que la residencia donde vivía con sus padres se encuentra a menos de dos millas del terreno de práctica de la Universidad de Miami, nunca haya tenido la oportunidad de haber competido por un puesto en el equipo de la universidad de sus sueños. Más insólito es que en ambas ocasiones los directores técnicos de las escuadras de Football eran cubanoamericanos de Miami. Es como una comprobación de la frase que dice “No hay peor cuña que la del mismo palo”.
La primera de estas instancias ocurrió cuando Manny Díaz era el director técnico de los Huracanes y ni siquiera le ofreció una oportunidad para que pudiera lograr un puesto con el club. Esa acción por parte de Díaz dolió mucho ya que era la primera vez que su talento era rechazado, especialmente por otro miamense.
Por su lado, después de una temporada mediocre, el plantel universitario no contento con los resultados despidió al coach y lo reemplazó con Mario Cristóbal.
Su fe y el apoyo de las palabras de su madre lo levantaron y tuvo que ir a prestar sus servicios al oeste del país cuando la universidad de California en la ciudad de Berkeley le ofreció una beca.
El destino le brindó la oportunidad de enfrentarse a UM y a pesar de que California perdió, dejó establecido su talento y espíritu competitivo cuando el partido fue decidido en el último momento.
Esa actuación le dio la esperanza de que hubiera impresionado a Cristóbal, quien había sido compañero de equipo de su padre en el colegio Christopher Columbus, de una manera en la cual pudiera ser parte de los Huracanes. Pensó que si alguien le podía dar la posibilidad sería el nuevo timonel de Miami. De nuevo fue desechado.
Pero, como dice el refrán “cuando una puerta se cierra, otra se abre”; con la desaprobación de UM llegó la oferta de la Universidad de Indiana. Impulsado por las palabras de Elsa se dio a la tarea de convertirse en el mejor quarterback de EE.UU.
Bajo el tutelaje de un nuevo coach que confió en su potencial, el heredero de un noble apellido rompió récords, llevó a su nueva escuela a planos donde nunca antes habían estado. Le fueron otorgado los ocho premios más prestigiosos del deporte y finalmente conquistó el título de campeón nacional en la ciudad donde creció frente a un coach que no creyó en él.
Me pregunto si en algún momento tanto a Manny Díaz como a Mario Cristóbal les habrá pasado por la mente cómo su destino hubieran cambiado si Mendoza hubiera sido su quarterback.
En cambio, no creo que Mendoza haya especulado puesto que en las dos ocasiones los coaches pagaron por sus errores, Díaz siendo despedido y Cristóbal siendo derrotado y privado de la corona colegial por el muchacho que tanto ambicionó jugar donde su madre en su momento había sido miembro del equipo de tenis.
Ahora después que lo conocemos tenemos la plena confianza que Fernando comprende que esa etapa quedó detrás. Ahora en su nuevo caminar no será un desconocido que tiene que mendigar su nombre. Ya su historia está escrita y su nueva camiseta no tendrá que pedir permiso.








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