Fernando Asuero el otorrino, Miguel Matamoros el músico y Trigémino el nervio

Written by Alvaro J. Alvarez

2 de abril de 2024

Por Álvaro J. Álvarez. Exclusivo para LIBRE

Según la Anatomía de Testut y Latarjet, el Trigémino, el 5° Par Craneal, es un nervio mixto, por sus filetes sensitivos inerva la cara y la mitad anterior de la cabeza; por sus filetes motores inerva los cuatro músculos masticadores. Se divide en tres ramas: nervio olfatorio, nervio maxilar superior y nervio maxilar inferior.

Fernando Asuero y Sáenz de Cenzano nació el 29 de mayo de 1887 en la casa #3 de la calle Miramar en San Sebastián, en su familia hubo cirujanos famosos y su abuelo Vicente Asuero Cortázar fue catedrático de Terapéutica General y médico del rey consorte, Francisco de Asís.

Realizó sus estudios de Medicina en la Universidad Central de Madrid y luego se fue a París para ampliar sus conocimientos de otorrinolaringología en la clínica del Dr. Lubet Barbon y trabajó en el Hospital de La Pitié. También estudió en la Universidad de Cambridge.

Cuando volvió a San Sebastián, donde ejerció como médico de guardia en el hospital San Antonio Abad y en la Cruz Roja, después puso su consulta propia en la calle Loyola. Siendo una persona comprometida socialmente, llegó a ser concejal en el ayuntamiento de San Sebastián entre 1923 y 1925.

En 1929, creó la Asueroterapia, una técnica basada en la cauterización del Trigémino, que le convirtió en una celebridad mundial de la época. Defendió su método en un artículo, Ahora hablo yo y en algunos folletos. Al parecer, por medio de la acción del calor en los nervios de la nariz, sin dolor alguno, curaba males de muchos tipos: asma, epilepsia, úlceras varicosas, sordera, ceguera y hasta parálisis.

Pronto salieron a la luz casos como el de Benito Jovarri, inválido durante más de 20 años que, tras acudir al Dr. Asuero, salió caminando por su propio pie; Bienvenido Sanz, que padecía una severa parálisis bucal de la que se curó tras la intervención; o la del guardia civil Alberto Sánchez, que se recuperó de su invalidez en la primera sesión. Estos casos no hicieron más que incrementar la llegada de pacientes a la ciudad. 

La gente acudió en masa a su oficina y los hoteles de los alrededores se llenaron y fue tal la avalancha que la consulta tuvo que trasladarse al cercano Hotel Príncipe de Saboya, en la calle Ramón María Lili, donde Asuero ocupaba tres habitaciones. Nada menos que 2,500 casos pasaron por sus manos en los 3 primeros meses, en sesiones que se prolongaban hasta 16 horas y veía a 60 enfermos por día, como promedio.

Apareció en las portadas de algunos periódicos y se escribieron artículos a cinco columnas acerca de su terapia.

Pasado los dos primeros años, confesó no poder mostrar su porcentaje de éxitos, dijo estar pendiente aún de analizar sus fichas, aunque, adelantó que su proceder suprimía el dolor en la totalidad de los casos.

La actitud crítica de los medios de comunicación fue en aumento y algunos le tildaron de fraude científico. El mismo Ramón y Cajal consideraba esta técnica como no científica. Sin embargo, médicos de diversas procedencias empezaron a copiar la terapia de Asuero, no solamente en España, también en Portugal, Francia, Italia, Argentina, México y en Cuba.

En Madrid se alojó en el palacio de los marqueses de Bermejillo del Rey, allí rodeado por una muchedumbre de tullidos, paralíticos, ciegos, sordos, que hizo muy difícil el trabajo de las fuerzas del orden. Lo recibió Miguel Primo de Rivera (1870-1930) presidente del gobierno quien aprovechó la ocasión para recomendarle a miembros de la nobleza que esperaban turno. 

De vuelta a San Sebastián, le aclamó una multitud entusiasmada que arrojaba desde los balcones ramos de flores y luego fue agasajado durante un almuerzo en el Hotel Cristina. La gloria de Asuero se encontraba en la cúspide.

¿En qué consistía La Asueroterapia? El médico coruñés Aurelio Gutiérrez Moyano, a quien Asuero permitió asistir a sus sesiones, la describió así: “Con ayuda de un reflector y un espéculo, y otras de un simple estilete caldeado a la llama (instrumento que Asuero patentó después) tocaba distintas regiones de la fosa nasal, ya de la mitad derecha, ya de la mitad izquierda. No usaba anestesia, aunque los enfermos no acusaban dolor alguno. En cinco minutos todo ha concluido. Entonces, en tono enérgico y autoritario, Asuero ordenaba moverse a los paralíticos, hablar a los mudos y movilizar las extremidades dolorosas.”

Recientemente se ha recuperado una breve película muda tomada en 1929 donde puede observarse el modo cómo Asuero aplicaba su Asueroterapia. Muestra el filme al doctor Asuero en traje de calle insertando en una de las fosas nasales del paciente un largo estilete acabado en forma de roseta. No utilizaba rinoscopia para comprobar su localización, en apenas cuatro o cinco segundos el procedimiento había concluido. 

El cortometraje muestra la larga cola de pacientes que esperan, bordeando la orilla del río Urumea. La cinta fue grabada por Nemesio Manuel Sobrevila (1889-1969) por orden del general Miguel Primo de Rivera. Curiosamente, a punto de ser presentada en el cine Avenida de Madrid, la película fue prohibida por orden de la Dirección General de Seguridad. Se ha especulado que por presiones de médicos de prestigio. En años recientes se han emitido programas sobre el famoso médico, a decir verdad, con escaso acierto.  Los nietos de Asuero guardan no solo sus estiletes, también aparatos ortopédicos, muletas y sillas de ruedas que pacientes agradecidos abandonaron en la consulta.

Como Gregorio Capellán, herido de bala, que abandonó de inmediato sus muletas y una arcaica silla de ruedas. La señora Dolores Linares, residente en el cercano Biarritz, curada de lo que parecía ser tortícolis espasmódico.

El caso del guardia civil Alberto Sánchez Miguel, de la comandancia de Oviedo, especialmente llamativo, Asuero planteó que sufría ataxia locomotriz progresiva, la primera intervención surtió efectos instantáneos, abandonando las muletas las cuales no ha vuelto a necesitar. No resultaron tan halagüeños los resultados en el colombiano Joaquín Orrantia, cónsul de su país en el Reino Unido, quien había sido tratado en París por Babinski de tabes dorsal (una complicación de la sífilis) mediante inyecciones. Sus toques nasales no le curaron, aunque le mejoraron bastante para caminar, capaz de hacerlo ahora con un solo bastón.

No puede decirse que Asuero aplicara su método a cualquier dolencia. Por ejemplo, había dado orden a sus ayudantes de no aceptar pacientes con enfermedad de Parkinson, excepto si presentaban dolor. No obstante, una familia agradecida refirió un caso donde “le ha desaparecido el temblor, lo mismo que la dificultad para hablar y tragar y ha dejado de sufrir estreñimiento”.

En Málaga, el doctor Bolívar trataba sin éxito a un enfermo paralítico desde hacía 10 años, la cauterización del Trigémino mostró su eficacia 3 horas más tarde, estando en su casa, se puso inesperadamente en pie y para estupefacción de sus familiares, comenzó a saltar, se fue a la calle y para demostrar su curación, levantó una piedra de gran tamaño. 

El periódico La Voz de Oviedo del 15 de mayo de 1929 publicó que el Dr. José Fernández Vega trató a Pío Cano, quien estaba impedido durante 11 años por parálisis del lado derecho. Al tercer toque se levantó y sin muletas caminó por la sala donde estaba hospitalizado.

Un empleado del matadero municipal de Barcelona, con visión casi nula, concluida apenas la rutinaria cauterización, saltó gritando: ¡Ya veo, ya veo! 

En Bilbao, el doctor Gerricaechevarría proclamaba los excelentes resultados con un impedido de las piernas, como relató el periódico ABC del 22 de mayo de 1929.

En la sala del Dr. Oliver, en el Hospital Clínico de Barcelona, se confió a un estudiante de Tercero aplicarle cauterización a Asunción Domenech, una joven de 23 años gravemente impedida. 

De inmediato, se levantó comenzando a pasear por la sala, imaginamos que para asombro del estudiante.

Especial resonancia tuvo el caso de la esposa del Dr. Muñoz Cortázar, director del Hospital del Buen Suceso de Madrid. Llevaba 7 años postrada en cama con terribles dolores a causa de compresión medular por mal de Pott, según opinión de numerosos especialistas, entre ellos del neurólogo Martín Carrasco. Era el primer caso tratado en Madrid y 4 facultativos contemplaban con expectación el proceder, tras cauterizarle, cedieron de inmediato los dolores y la paciente se puso en pie. Los periódicos anunciaron en grandes titulares su curación. 

El Dr. Gregorio Marañón (1887-1960) se vio obligado a matizar la situación en una carta que reproducen El Sol y La Voz. Argumentó que no debía confundirse un ‘alivio’, presumiblemente transitorio, mediado por influencias psicológicas, con curación, es decir, desaparición de las lesiones y sus consecuencias. El Dr. Antonio Crespo Álvarez (1891-1972), uno de los facultativos que asistió al tratamiento, puntualizaba que, además de cesar los dolores y espasmos, expulsó por el ano gran cantidad de gases. Fuera o no este el motivo de su alivio les permitió a ellos levantar a la enferma. Días después se constató la reaparición de los dolores, aceptando que mueve algo las piernas.

A finales de mayo de 1930, Asuero aseguraba haber tratado unos 8,000 casos. A primeros de junio de ese año, la prensa comunicó que sufría un estado de agotamiento y que necesitaba retirarse a descansar. Huyendo de su glamurosa fama, se refugió en la pequeña localidad de Cihuri, en La Rioja (al Sur de Bilbao, entre Pamplona y Burgos) donde aún se le conmemora con una plaza a su nombre.

“He tratado hoy a 60 enfermos y he ganado dos duros”, le confesó en cierta ocasión al alcalde de San Sebastián. Se dolía por la campaña desencadenada contra él, especialmente por sus compañeros de profesión, se llegó a calificarle de charlatán y hasta se suspendió una conferencia ante el tumulto del público, como publicó La Vanguardia el 11 de febrero de 1930.

El jueves 20 de junio de 1929 el periódico El Pueblo de Ciego de Ávila informó: Ya en Ciego de Ávila se han dejado sentir los efectos del maravilloso plan terapéutico puesto en boga por el célebre médico donostiarra, Dr. Asuero, cuyas curas y las que por su invención se han practicado, han causado una verdadera revolución en el vasto campo de la ciencia médica.

En nuestra ciudad ningún galeno había realizado experimento por el método de Asuero hasta que ayer por la tarde, dos de las figuras más notables y conocidas efectuaron seis desconcertantes curaciones por medio de la cauterización del Trigémino, como lo pueden atestiguar centenares de personas que presenciaron cuando ellas se llevaron a la realidad.

Los médicos que han iniciado tales curaciones han sido el joven galeno Dr. Andrés Ferro Castro y el eminente cirujano Dr. Pío Lorenzo Gonzalo de Toledo ambos muy conocidos y de sólida reputación profesional. Atentamente fuimos invitados por ambos doctores a presenciar tres de las curas realizadas y podemos decir, sin caer en exageradas hipérboles, que las mismas nos dejaron estupefactos y maravillados al ver la rápida transición de dos paralíticos en individuos con todas sus facultades de locomoción milagrosamente recobradas en contados minutos. Además, han sido muchas otras las personas que podrán afirmar sobre estas curaciones portentosas.

Según los datos que se nos facilitaron, los individuos curados son: Agustín O’Farril Ayala, de 45 años, de la raza negra y natural de Guantánamo el cual estaba desde hace un año postrado en una cama. Juan Ricardo de 34 años, de raza negra y natural de Jamaica, llevaba un mes atacado de reuma articular. José Agüero, vecino de esta ciudad, con padecimiento de parálisis facial y ha sido notablemente aliviado. Luis Iñiguez también de esta ciudad y curado de reumatismo en un brazo. Sebastián Díaz, soltero de 30 años, aliviado de una terrible parálisis articular.

Como ves, el éxito más franco, más completo y resonante ha coronado la magnífica experiencia de los Dres. Ferro y Gonzalo de Toledo. Los que se hacen acreedores de una sincera y efusiva felicitación por la práctica del Método Asuero.

También nos dicen que el Dr. Rodolfo Romero y el Dr. Luis Rey están practicando con éxito dicho sistema.

Asuero visitó Cuba en 1929 y se tomó con tal furor esa moda médica, que no pasaba un día en que no se hablara de eso, presentando la prensa casos de curas increíbles.

El 24 de julio de 1929 el periódico El Camagüeyano publicó que, gracias a las diligencias de un político local, un humilde 

paralítico dejó las muletas y caminó derecho cuando le tocaron el Trigémino. De inmediato otros políticos siguieron el ejemplo con el fin de agenciarse votos, por eso aquello se convirtió en un negocio, o al menos en una campaña política que cambiaba votos por operaciones salvadoras.

El otorrino Fernando Asuero llegó a Buenos Aires el 24 de abril de 1930 y la ciudad fue un caos. La gente se reunió frente al hotel Español de la Avenida de Mayo provocando que el tránsito se cortara varias veces, un verdadero revuelo.

Pasaron los días en la capital porteña y Asuero disfrutaba de los placeres de la fama, comiendo y bebiendo muy bien. 

El miércoles 30 de abril fue cuando trató a su primer paciente, con su técnica de estiletes en la nariz del Sr. Luis Fourvel, un pariente suyo. 

El jueves 20 de mayo Asuero cumplió 44 años, por el hotel pasaron cientos de pacientes para felicitarlo, conmovido, eligió a cuatro y los trató gratis.

Un médico, discípulo de Asuero, comenzó a tratar pacientes en una clínica de la calle Azcuénaga, cientos de personas esperaban horas allí para ser atendidas, la polémica se multiplicó, entonces un juez recibió una denuncia por “ejercicio ilegal de la medicina” contra Asuero, a pesar de que los gestos de reconocimiento hacia el médico vasco se multiplicaban. 

El 14 de junio, después de recibir el título de “hijo adoptivo” del barrio de La Boca, Asuero fue recibido por el propio presidente Hipólito Yrigoyen, cuando el médico salió de la Casa Rosada, fue detenido y llevado a una celda. El vasco se quejaba amargamente: “estoy preso luego de haber curado a cinco ministros de este país”.

Dos horas después lo liberaron gracias a la intervención de un alto funcionario gubernamental, pero el escándalo era imparable y el Dr. Asuero el 29 de junio, después de una estadía de 63 días abandonó el país en el vapor Asturias rumbo a España. Mientras el barco se alejaba del muelle, Asuero saludaba a la multitud que lo despedía, gritando: “¡Viva la Argentina!”.

Al tiempo nació un tango titulado, “Operáte el Trigémino” letra y música de Manuel Colominas y grabado por la orquesta de Enrique Di Cicco (Minotto) con el cantante Antonio Buglione. 

El argentino Carlos Di Sarli (1903-1960) a su vez fue el autor de un jocoso pasodoble que lo llamó “¡Ay, Asuero, por favor!”

 El también actor argentino Florencio Parravicini (1876-1941) representó la sátira teatral «Nena tócame el Trigémino».

Incluso, circuló un charlestón referido al método de Asuero y hasta hubo un programa en radio Belgrano llamado “La hora de la Asueroterapia”. 

Las curaciones prodigiosas del doctor Asuero, como fueron denominadas, representaron un singular fenómeno social en España entre 1929 y 1930. En apenas un par de años, unas 8,000 personas de todo el país habían acudido para ser tratadas por un especialista ORL, hasta entonces apenas conocido, mediante un procedimiento sumamente simple.

El efecto más constante de la Asueroterapia, como quiso denominar su método, fue la eliminación del dolor, lo cual ocurría en el 100% de los casos al margen de su origen. 

Asuero, en unas declaraciones a La Voz el 9 de julio de 1929 dijo: “Mi técnica es bien conocida, puesto que la aplican numerosos colegas. Quiero hacer una afirmación categórica y es la de que con mi procedimiento suprimo todo dolor. En esto no hay nadie que lo haga más que yo”.

Las curaciones de Asuero representan una referencia histórica sobre el efecto placebo aplicado en un grupo numéricamente impresionante de pacientes. Las mejorías que obtiene no son imaginarias, sino con frecuencia bien reales, aunque a través de mecanismos aún por explorar. En procesos orgánicos del sistema nervioso, como la enfermedad de Parkinson, las expectativas de obtener una mejoría inmediata tras la administración de un placebo se explican a través de mecanismos semejantes a determinados medicamentos anti parkinsonianos.

 La magia de los largos estiletes introducidos al fondo de las fosas nasales, con la prensa diaria amplificando los milagros del médico Asuero, incluso la larga fila de pacientes que aguardaban ansiosamente a la puerta de su consultorio representa factores psicológicos que sin duda jugaron un importante papel en los éxitos de Asuero.

El efecto placebo en la época del doctor Asuero era un fenómeno apenas entendido. De hecho, Lafora exploró la posibilidad de que las cauterizaciones nasales pudieran ejercer algún efecto terapéutico real. No obstante, en el siglo XVIII, van Haller había marcado diferencias entre ‘irritabilidad’ (respuesta muscular a una excitación física) y ‘sensibilidad’, propiedad de los nervios y del cerebro, sugiriendo que en las respuestas mediadas por este último pudiera participar la mente. 

Con todo, los milagros de Asuero fueron vistos con sospecha por los médicos más afamados del momento. Como Cajal, quien, en sus charlas de café, declaró tajantemente: “eso del trigémino le diré que, como no obedece a principios científicos, yo lo juzgo inadmisible”. En conclusión, el fenómeno de las prodigiosas curaciones del doctor Asuero representa un interesante ejemplo histórico del efecto placebo en la curación de procesos neurológicos de origen psicogénico y también la considerable frecuencia de estos trastornos en el primer tercio del siglo XX en España.

El Dr. Fernando Asuero falleció en San Sebastián el 2 de diciembre de 1942, a los 55 años.

El Trío Matamoros se formó en 1925 por Miguel Matamoros (1894-1971), Rafael Cueto (1900-1991) y Siro Rodríguez (1899-1981) y según parece Matamoros contó esta historia:

“El Paralítico lo compuse en La Habana en 1930, porque en ese tiempo no se hablaba en Cuba de otra cosa que del médico español Fernando Asuero, que curaba la parálisis. El utilizaba un procedimiento sobre el Trigémino, un nervio que tenemos aquí en la nariz y decían que con ese tratamiento se curaba la persona que estaba paralítica. Pero resulta que yo conocía un billetero de la Plaza del Vapor, llamado Raúl Núñez, que era paralítico y que se trató con el doctor Asuero y no se había curado. Pensé entonces que eso de la cura era un truco y compuse el son”:

Letra del Paralítico de Miguel Matamoros

Veinte años en mi término

me encontraba paralítico

y me dijo un hombre místico

que me extirpara el trigémino,

Suelta la muleta y el bastón

y podrá bailar el son.

Suelta la muleta y el bastón

y podrá bailar el son.

Hace tiempo que vivía

postergado en un sillón.

Y a correr la población, negra

más rápido que un tranvía.

Pero suelta la muleta y el bastón

y podrá bailar el son.

Suelta la muleta y el bastón

y podrá bailar el son.

Dice un doctor farolero

mucho más bueno que el pan.

Dice un doctor farolero

mucho más bueno que el pan.

“Anda, ve a San Sebastián, negra

para que te opere Asuero”.

Pero suelta la muleta y el bastón

y podrá bailar el son.

Suelta la muleta y el bastón

y podrá bailar el son.

Ay, suelta la muleta y el bastón

y podrá bailar el son.

La muleta y el bastón,

tíramela alegremente.

La muleta y el bastón,

tíramela alegremente.

Para que te vea la gente, negra

que puedes bailar el son.

Pero suelta la muleta y el bastón

y podrá bailar el son.

Suelta la muleta y el bastón

y podrá bailar el son.

Ay, suelta la muleta y el bastón

y podrá bailar el son.

Nota:

La rama o nervio oftálmico, conduce información sensitiva del cuero cabelludo y frente, párpado superior, la córnea, la nariz, la mucosa nasal, los senos frontales y partes de las meninges.

La rama o nervio maxilar, conduce información sensitiva sobre el párpado inferior y la mejilla, dorso y punta de la nariz, el labio superior, los dientes superiores, la mucosa nasal, el paladar y el techo de la faringe, los senos maxilar etmoidal y esfenoidal.

La rama o nervio mandibular, conduce información sensitiva del labio inferior, dientes inferiores, alas de la nariz, barbilla, de dolor y temperatura de la boca. La sensibilidad de los 2/3 anteriores de la lengua acompaña a una rama de este nervio, la lingual, aunque estos tipos de fibras nerviosas luego se desvían para formar parte del par VII. Proporciona la inervación motora a los músculos de la masticación (masetero, temporal, pterigoideo externo y pterigoideo interno).

La Punzada del Guajiro: el casi eterno calor que impera en Cuba hace que sus habitantes gusten de consumir productos a muy baja temperatura, que frecuentemente se llevan a la boca ansiosamente y entonces se produce un malestar insoportable (afortunadamente de poca duración) conocida como punzada del guajiro. Especialistas señalan que el cerebro no debe experimentar cambios bruscos y sensibles de temperatura, como los que ocurren con la ingestión anhelante de productos muy fríos, lo cual activa los nervios esfenopalatinos, que son parte terminal del nervio Maxilar, la segunda rama del Trigémino. Los vasos sanguíneos reaccionan a las bajas temperaturas y aumentan el flujo de sangre al cerebro para calentarlo y se produce la ganglioneuralgia esfenopalatina, que transcurre desde algunos segundos a varios minutos. La punzada del guajiro es inevitable, pero puede acortarse su duración apretando la lengua contra el cielo de la boca, pues el órgano muscular, muy vascularizado, transfiere calor a los senos nasales y calienta los nervios esfenopalatinos.

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