Federico Incháustegui Cabrera (1838-1895)

Written by Libre Online

7 de mayo de 2024

Por Jorge Quintana (1956)

Del general de brigada Federico Incháustegui existen muy pocos datos. Ello hace muy difícil el hilvanar su biografía. Considero que la mayor información acumulada hasta el presente es la que hemos logrado reunir nosotros valiéndonos de lo poco publicado y de alguna que otra noticia perdida en los Fondos de nuestro Archivo Nacional. 

Hacemos estas aclaraciones previas porque aún quedan muchos puntos obscuros en su biografía. Para que nuestros lectores comprendan hasta qué punto ha permanecido ignorado el general Federico Incháustegui, es necesario aclarar que los pocos que han intentado reseñar su biografía han tropezado con el inconveniente de no contar con una foto original del general Federico Incháustegui. 

Para poder subsanar esa deficiencia se tuvo que apelar al dibujo de un retrato, poco más o menos de acuerdo con la figura que describieron. En cuanto a información el capitán Joaquín Llaverías en su trabajo “Generales muertos durante la epopeya de 1896 a 1896” tropezó con el mismo inconveniente y no pudo dedicarle más que un breve párrafo.

El 3 de marzo de 1838 nació en La Habana Federico Augusto Incháustegui y Cabrera. Su padre llamábase Juan Félix Incháustegui y era natural del Señorío de Vizcaya. Su madre era la habanera Polonia Cabrera. Parece que su familia tenía alguna intimidad con la de Goicuría porque doña Josefa Goicuría, en unión de don José Miguel Incháustegui fueron sus padrinos en la iglesia del Espíritu Santo de La Habana el 4 de junio de ese mismo año cuando apenas si tenía tres meses de nacido y el Presbítero Dr. Mariano Palacio Lizaurauzu le bautizaba procediendo a dejar constancia de ese acto en el Folio 182; Vuelta Número 758, del libro 34 de Bautizo de Españoles de dicha iglesia.

Y aquí viene la primera laguna en su existencia. No sabemos dónde realizó sus estudios primarios, ni quiénes fueron sus maestros. En 1852 le encontramos solicitando matricularse para obtener el título de Bachiller en Filosofía. Estudiaba en el Colegio San Cristóbal ¿Sería acaso este mismo colegio donde hiciera sus estudios primarios? Es posible, pero no tenemos la seguridad de ello. Sabemos, por un expediente que se encuentra en el Fondo de Instrucción Pública del Archivo Nacional, que entre los años de 1849 a 1850 se abrió este colegio “San Cristóbal” dedicado originalmente, a la instrucción primaria. En 1852 ya había establecido la enseñanza secundaria, por cuanto Federico Incháustegui cursó en él los estudios correspondientes al bachillerato en Filosofía, Sección de Ciencias.

El 3 de septiembre de 1852, D. Miguel Saavedra, natural de Galicia, el Licenciado Dionisio Calcagno, de Güines y el habanero Constantino Fernández Vallín testificaban sobre la limpieza de sangre de Federico Incháustegui, requisito este que se exigía, en aquella época, entre otros, a los que deseaban cursar estudios secundarios o superiores. En 1856 ya había concluido sus estudios secundarios Federico Incháustegui, porque el 19 de julio de ese año de 1895 le encontramos solicitando fijaran la fecha para verificar los ejercicios del arado.

 Dos días después se verificaban estos, resultando aprobado. Esto es todo cuanto conocemos de sus estudios académicos, según constan en su expediente universitario. Se asegura que cursó después los estudios de medicina y hasta que llegó a graduarse, pero en el archivo de la Universidad de La Habana no hay dato alguno al respecto. Este es otro de los puntos oscuros en su biografía, ya que ignoramos si llegó a finalizar estos y donde los realizó.

Al iniciarse la Guerra de los Diez Años el 10 de octubre de 1868 debió haber sido arrestado y encausado bajo la acusación de infidente pues el 19 de enero de 1869 presentaba una instancia al Capitán General Domingo Dulce reclamando se le devolviera su equipaje, ya que había sido incluido en la amnistía que por aquellos días dictara el gobierno para los delitos políticos.

Cómo logró incorporarse a los insurrectos es otra cosa que ignoramos. No sabemos si salió de La Habana trasladándose a los Estados Unidos e incorporándose a una de las expediciones desembarcadas en Cuba, o si logró evadirse de la capital, logrando su propósito de unirse a los revolucionarios. Lo cierto es que ya en 1871 figuraba con el grado de teniente coronel de Sanidad en el Ejercito libertador.

Es entonces cuando aparece interviniendo en el proceso instruido a José Caridad Vargas, un antiguo empleado de Francisco Vicente Aguilera que, sublevado con éste en octubre de 1868, se distinguió como jefe valiente y audaz hasta que, a mediados de 1871 Rafael Morales, el inmortal Moralitos, descubrió que estaba en connivencia con el enemigo para entregar a Aguilera y otros patriotas. Interceptadas las cartas cruzadas entre él y el jefe español que había logrado convencerle para que llevara a cabo tamaña traición fue arrestado y sometido a Consejo de Guerra. 

Fue esta una de las proezas de Moralitos, ya que no solo descubrió hábilmente los manejos traidores del jefe insurrecto, sino que además logró convencer a las tropas que mandaba Vargas y que le querían entrañablemente, de que era preciso arrestarle, juzgarle y condenarle. En el Consejo de Guerra el teniente coronel Incháustegui desempeñó el cargo de defensor del acusado. Desde luego que el cúmulo de pruebas logradas hacían muy difícil su labor defensora. Condenado a la pena de muerte José Caridad Vargas fue pasado por las armas inmediatamente, ante sus propias tropas, que aceptaron la condena como justa.

Ese mismo año de 1876 el teniente coronel Federico Incháustegui figura como jefe del Departamento de Sanidad de la Primera División del Tercer Cuerpo. Al concluirse la campaña ostentaba el grado de coronel.

¿Cuál fue su participación en el Pacto del Zanjón? Es otro punto oscuro. Sabemos que hallábase muy unido al coronel Serafín Sánchez. A éste algunos jefes insurrectos le criticaran la aceptación de aquellas condiciones, especialmente el general Maceo. Desde luego que en aquel momento de producirse la protesta de Baraguá, los jefes protestantes no admitían el Pacto del Zanjón y le coleaban el epíteto de traidor a todos los que lo habían aceptado.

 Máximo Gómez a su llegada a Jamaica, tuvo que defenderse de la sensación que en ese sentido le hacían los cubanos emigrados. Sin embargo, los hechos evidenciaron, posteriormente, que no había ninguna posibilidad de triunfo, pese al heroísmo que trataron de continuar derrochando los Maceo, Flor Crombet, Ramón Leocadio Bonachea y otros. El 2 de marzo de 1878 el coronel Serafín Sánchez escribía al general Maceo, desde Sancti Spíritus la siguiente carta: 

Mayor General Antonio Maceo.

Distinguido General: No extrañe V. las presentes líneas que me exigen la situación presente, y el placer que experimento al dirigirme a V. como al patriota y al amigo.

Nuestro compatriota y amigo el Doctor Incháustegui es el portador de esta carta que personalmente pondrá en sus manos. Él a nombre de las fuerzas de Las Villas manifestará a V. la patriótica y necesaria actitud en que las mismas se han colocado después de reflexiones sobre los graves acontecimientos que rápidamente se han venido sucediendo. 

Rota la unidad del Ejército Libertador por el paso iniciado por los nombres del Gobierno nuestro y por las fuerzas del Camagüey, Las Villas, (obedeciendo a la más imperiosa necesidad tuvieron como era lógico que aceptar lo estipulado por los primeros, considerando que toda alteración, en tal orden de cosas, vendría a traer complicaciones graves que herirían de muerte el porvenir de altos intereses patrios. Así los hechos han venido sucediéndose y si en ellos recayere más tarde el peso de la responsabilidad, el buen juicio que es la justicia misma, sabrá condenar con su irresistible lógica a los verdaderos culpables. Deseo que V. con su clara inteligencia medite sobre todo esto y que no olvide que Las Villas harán siempre justicia a los hombres que como V. han sabido darle tantos días de gloria a esta patria tan desgraciada.

Reciba V. a nombre de los patriotas de Las Villas su más cordial apretón de manos y en particular de este su amigo y compatriota, Serafín Sánchez.

Once días más tarde Federico Incháustegui le escribía al general Maceo esta otra carta:

Hoy marzo 13 de 1878.

Mayor General Antonio Maceo.

Mi distinguido Gral. y amigo: una vez enterado de la adjunta, tendré sumo placer en cumplir con la delicada misión que me fue encomendada en Las Villas y al mismo tiempo mi conciencia, se descargará ante el altar sacrosanto de la Patria.

Siendo el asunto que a V. me trae, grave por la naturaleza misma de los hechos que le sirven de materia, permítame indicarle que deseara hacerlo a V. solamente, pues siempre hay imprudentes, que molestan con su presencia y muchos con la inoportunidad en sus preguntas. Con el portador, puede indicarme el lugar y hora: no acompañándome más personas que ésta y un Sor. Cura, si V. me autoriza para ello.

Un fraternal saludo, a mis compañeros y a V. Gral., reciba la distinguida consideración del que se repite su afmo. amigo y S. S.

Dor. Federico Incháustegui.

Ignoramos quién fue la persona que se encargó de llevar estas cartas de los coroneles Serafín Sánchez y Federico Incháustegui, pero de que las recibió ese mismo día 13 de marzo de 1876 no hay dudas, pues con esa misma fecha respondió el general Maceo. La contestación del general Maceo es dura e insultante, tanto para Serafín Sánchez como para el propio Incháustegui y fue necesario poseer un elevado concepto del patriotismo, para olvidar aquel agravio y poderse reunir los tres, años después, nuevamente en la manigua. El general Maceo respondió:

Marzo 13 de 1876. Dr. Federico Incháustegui. Doctor:

Tengo a la vista su carta de fecha 13 del corriente y en contestación debo manifestarle que es de todo punto inútil y aún podría ser peligrosa para V. la entrevista que solicita.

En el concepto de que fuera para descargar su conciencia del peso que a estas horas debe abrumarla, la Patria tendrá oportunamente, y acaso en no lejano día, su tribunal donde le será fácil hacerlo.

Si espera ponerme al corriente de la situación de Las Villas, estoy enterado de ella por quien corresponde y tengo corrientes las vías de comunicación con los patriotas que aún permanecen en sus puestos de honor. 

Desea que esta sirva de contestación a la que me dirige Serafín Sánchez desde Sancti Spíritus.

Como se ve la carta contiene desde la amenaza velada- de enjuiciarlo y fusilarlo hasta la negativa de recibirlo. Y por esta vía indirecta endilga su crítica más severa a Serafín Sánchez. Obsérvese cuál sería el grado de violencia conque la redactaría que al coronel Incháustegui le dice, en el encabezamiento, a secas Doctor. Y al despedirse omite toda frase para rubricar el término de la carta. Firma secamente su nombre.

La carta debió dolerle mucho a Serafín Sánchez, si es que la llegó a conocer. Fue ésta una época en que el ínclito guerrero espirituano tuvo que soportar muchas saetas de sus compatriotas y más de una vez tuvo que enfrentarse con ellas o salirle al paso con energía.

Incháustegui regresó a La Habana, pues el 4 de octubre le encontramos en la capital de la Isla dirigiéndose, por escrito, al capitán general en solicitud de un certificado de su título de Bachiller en Filosofía, Sección de Ciencias, ya que había extraviado, según declara en la misma instancia, el Diploma original.

 Poco después le encontramos solicitando autorización para dedicarse a la enseñanza. Ignoramos si llegó a ejercer esa profesión. Lo que si podemos asegurar es que por esa época fue designado Subinspector de Higiene de la Junta Superior de Sanidad. Todavía en 1884 desempeñaba ese cargo, pues en el Fondo de la Junta Superior de Sanidad del Archivo Nacional encontramos un expediente formado en esta fecha tramitando la cesantía de Federico Incháustegui y designándose, en su lugar, a Alejandro Tomás Delruet. Es curioso observar que al firmar la carta al general Maceo el mismo se firma “Dr. Federico Incháustegui”, sin embargo, los documentos de la Junta Superior de Sanidad siempre se le llama “señor”. Esta es otra duda sobre si fue o no efectivamente médico.

Por esta época realizó su matrimonio con una señorita de apellido Silveira. Ignoramos la fecha en que abandonó la capital de la Isla, pero en 1893 lo encontramos residiendo en Manzanillo. Todavía le ardían en los oídos las duras frases del general Maceo, pues José Martí en carta a Serafín Sánchez fechada el 23 de junio de 1823, le dice: “Oriente está bien, pero desigual, y en algunas partes abandonado de propósito, a lo que se ha de acudir con prisa, para nivelar la organización con lo demás. De Manzanillo me vino Comisión, y va otra delicada, por lo de Incháustegui y Maceo: Vd. me ayudará a preparar la paz”. 

Esto revela que las dificultades surgidas con motivo de aquella desafortunada carta del general Maceo todavía, quince años atrás, no había cicatrizado.

Federico Incháustegui cumplió como buen patriota su deber en 1895. Conspiraba con el grupo de Bartolomé Masó. Cuando se fijó la fecha del 24 de febrero para sublevarse, el general Masó, con tiempo suficiente, avisó a Federico Incháustegui, que, olvidándose de sus achaques físicos, salió de Ceiba Hueca el 23 de febrero para irse a reunir, con el general Masó, el 24. 

Por sus antecedentes de coronel de Sanidad de la Guerra del 68 se le reconoció el grado de general de brigada de Sanidad. Pero pudo actuar muy poco. Sus males físicos se agravaron con las privaciones y la dura vida de la manigua. No obstante, ello anduvo diligente escribiendo al general Antonio Maceo invitándole a ir a la zona de Bayamo para que les ayudase a consolidar el movimiento revolucionario. Al menos Maceo dejó constancia de ello en una carta, escrita al día siguiente de la muerte del Dr. Incháustegui al Marqués de Santa Lucia donde le decía: “Desde que estuve en Bayamo por cartas que recibí del general Masó, Dr. Incháustegui y otros jefes en que me decían les hiciera una visita con fuerzas que despejaran la situación de aquella comarca…”

Retirado a las Lomas de Mogote, en Dos Bocas de Tana, Manzanillo, el general Incháustegui vio llegar su última hora. La fecha exacta de su fallecimiento se ignora, siendo este otro de los puntos oscuros que convendría esclarecer. Según el capitán Joaquín Llaverias y Rafael Soto Paz, el general Incháustegui falleció el 7 de septiembre de 1895. Según su Hoja de Servicios del Archivo del Ejército Libertador este suceso ocurrió el 8. 

El general Carlos Roloff, en su Índice Alfabético y Defunciones del Ejército Libertador, dice que este hecho ocurrió el año de 1895, sin mencionar día y mes. La forma en que murió es otro punto oscuro. 

El capitán Llaverias afirma que fue en una acción de guerra en el lugar llamado Dos Bocas. Rafael Soto Paz nada dice a este respecto. Según su Hoja de Servicios ya citada, murió de “enfermedad adquirida en la campaña” y se le enterró en el mismo lugar donde falleciera. Ignoramos si posteriormente sus restos han sido exhumados y trasladados a alguna otra parte.

El 28 de junio de 1899 la Comisión Ejecutiva de la Asamblea de Representantes del Ejército Libertador, presidida por el general Lacret, en sesión verificada en el Cerro, La Habana, reconoció el grado de general de brigada muerto en campaña, al acceder a una solicitud de certificación de ese extremo, presentada por su viuda la señora Silveira. 

Ignoramos igualmente si tuvo hijos, si dejó descendencia por otra rama. Si la hubiera y a través de ella pudiéramos obtener más datos y hasta una fotografía que siempre hemos estado ansiosos de poseer, lo agradeceríamos mucho.

Tal fue la vida de aquel patriota que se llamara Federico Incháustegui Cabrera, quien dio a la patria todo lo que ella le exigiera, inclusive su vida misma, por el ideal de verla libre.

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