Evita: una santa en el altar de los “descamisados”

Written by Libre Online

27 de julio de 2022

Por Gerardo Domínguez.

¿Cómo una mujer nacida en la pobreza se eleva hasta las altas instancias del poder? ¿Qué hace que una humilde actriz se convierta en una de las mujeres más poderosas de la historia de Argentina? Y. por último, ¿por qué una mujer de aquella época, que hasta poco antes de su muerte no tenía derecho al voto, continúa siendo un símbolo político y un referente del movimiento peronista?

Las respuestas a estas preguntas las encontramos en los escasos 33 años de la vida de una mujer excepcional e intensa, tanto en sus virtudes como en sus defectos. Una trayectoria vital que ha hecho de Evita protagonista de películas y decenas de libros. Su presencia en la cultura popular ha devorado al ser humano detrás del personaje, hasta convertirla en uno de los íconos más reconocibles del siglo XX.

LOS ORÍGENES DEL MITO

Nacida como Eva María Duarte, llegó a Buenos Aires con quince años y el propósito decidido de convertirse en actriz. En la capital argentina actuó en papeles menores en cinco películas filmadas entre 1937 y 1945. Su primer y único papel protagonista fue como viuda rica que decide repartir su fortuna en “La pródiga”. Era el año 1945 y su boda con Juan Domingo Perón iba a dar a Evita “el papel” con el que pasaría a la historia.

La destitución de su marido de los cargos que ocupaba en el gobierno y su confinamiento en la isla de Martín García descubrieron a una Evita luchadora y carismática. Una mujer capaz de movilizar y unir con sus discursos a las clases menos favorecidas, aquellas que se habían visto beneficiadas por las reformas sociales emprendidas por su marido.

Esa masa de trabajadores, a los que ella bautizó como sus “descamisados”, dieron forma a un movimiento que devolvió la libertad a Perón y que le conducirían en 1946 a la victoria electoral. A pesar de haberse convertido en una figura fundamental en la victoria, Evita no quiso asumir cargos públicos y se volcó en las labores sociales a través de su fundación.

Amada hasta el exceso por sus partidarios, fue odiada hasta la crueldad por sus oponentes. Su compromiso con los estratos más bajos de la sociedad fue visto con recelo por quienes desconfiaban de ella. Lo que para los suyos eran políticas sociales, sus opositores lo calificaban de derroche y dádivas de un gobierno autoritario y populista.

Tampoco su decidida defensa de los derechos de las mujeres era bien visto por los sectores más inmovilistas y conservadores. Que la consorte del presidente de la República, una mujer joven surgida de la nada, fuera capaz de imprimir su huella en la gestión del país no era algo a lo que estuvieran acostumbrados los políticos argentinos.

ADIÓS A EVITA

Además de impulsar leyes sociales que favorecieron a las capas más humildes de la sociedad, Evita fue la artífice del voto femenino en Argentina. Aunque el país había contado con figuras como Elvira Rawson, Julieta Lanteri o Alicia Moreau, destacadas defensoras de la causa feminista, ninguna de ellas había conseguido que la voz de las mujeres tuviera cabida en los procesos electorales.

Fundó el Partido Peronista femenino y abrió las puertas del Senado y la Cámara de los Diputados a las mujeres. Pero como todo en su vida, cada uno de sus actos es analizado bajo dos ópticas. Mientras algunas mujeres reconocen la valentía de estas decisiones y su trascendencia en la lucha por la igualdad, otras piensan que esta agenda política respondía más a la necesidad de ampliar el apoyo a Perón entre las mujeres que al empoderamiento femenino.

El 26 de julio de 1952 Argentina despedía a Eva Perón, víctima de un cáncer de útero. En el que a la postre fue su último discurso público el 1 de mayo de ese año, Evita tuvo palabras de cariño a “mis descamisados, a los humildes que llevo tan dentro de mi corazón”. Era su adiós a las personas que la habían convertido en uno de los grandes personajes de la historia de Argentina.

En los meses que siguieron a su muerte, el papa Pio XII recibió miles de solicitudes de ciudadanos argentinos que pedían hacerla santa. De una manera, radical y excesiva, sus partidarios expresaban su fervor a la mujer que les había dado una oportunidad de salir de la pobreza. Al mismo tiempo otros argentinos agradecían el cáncer que les había liberado de la tiranía de la mujer a la que consideraban un “demonio“.

Pero de nuevo su biografía da un giro dramático y lo que tenía que ser su descanso eterno se volvió un enrevesado guión cinematográfico. Su cuerpo, que había sido embalsamado y guardado en la sede del sindicato CGT en Buenos Aires, fue secuestrado en 1955 por orden del golpista general Aramburu que buscaba borrar todo rastro de peronismo en su país.

Tras permanecer en varias localizaciones secretas de Buenos Aires y vigilado, según se cuenta, para que no cayera en manos de los Montoneros, el cadáver fue enviado a Italia, donde fue enterrado. En 1971 el cuerpo fue entregado a Perón, que en aquel momento vivía exiliado en Madrid. Finalmente, sus restos mortales regresaron en 1974 a Argentina donde recibieron su definitiva sepultura en el cementerio bonaerense de La Recoleta.

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