¿ES EL CONTROL DE PRECIO EL REMEDIO A LA INFLACIÓN?

Written by Adalberto Sardiñas

16 de febrero de 2022

Asimple vista, y sin un análisis detenido, suena bien, y luce una solución viable para un fenómeno de tan complejo impacto en la economía popular. Pero, ahondando en la cuestión, vamos encontrando que lo que, al parecer, nos lucía simple, es mucho más complicado, y que, un simple ajuste de precio, no resuelve el origen del problema.

Este experimento de control de precios y salarios, lo puso en práctica en 1970 el entonces presidente Richard Nixon, ante una aceleración, como ocurre ahora, en el precio de todos los artículos de consumo necesario, y de los no necesarios, que asfixiaban la economía americana. No funcionó. Tres años después, el control de precios y salarios fue eliminado por su rotunda ineficacia.

Ante este nuevo brote inflacionario, un número de conocedores sobre el tema, están, de cierta forma, considerando el control de precio, ya no de salarios, como una solución, que, medio siglo atrás resultó fallida.

Para aquellos empeñados en ignorar las lecciones de la historia, la aplicación de control para mitigar la inflación, siempre parece una sensible solución. Hay que entender que, en la mayoría de los casos, los precios no son dictados por los poderosos vendedores, sino que son el resultado de un mecanismo por el cual consumidores y vendedores acuerdan el valor de determinado producto. Hay elementos, en la elaboración de los productos, que, al final, determinan el precio.

Básicamente, el alza de los precios se produce cuando no hay suficiente algo que el público, el comprador, demanda en exceso. Tratar de frenar el alza con la imposición de control, sólo producirá escasez de tal o tales productos en el mercado. Por lo tanto, el control oficial de los precios, en lugar de traer alivio al consumidor, en breve tiempo traerá más escasez, puesto que menos productos serán elaborados. El control de precios, como la administración de Nixon probó, en los años del 70 al 73, del pasado siglo, produjo negativas consecuencias de escaseces con desproporcionado perjuicio a la población más pobre. Eso produjo el cambio de rumbo en la batalla contra la inflación que al final fue derrotada por medios económicos tradicionales.

La inflación es dañina para la economía en general, y más aún, para aquella parte de la población más empobrecida. Pero tratar de extinguirla con métodos de control de precios, podría resultar en calamidad económica.

La explosión inflacionaria que la población americana sufre en estos momentos, se exacerba, en el término de un año, esencialmente por la pobre administración económica del actual gobierno. Para abatir los daños que la pandemia infligía en la sociedad americana, el gobierno implementó un sistema de ayuda que resultó, más que ayuda, un excesivo derroche de dinero extensivo a los que lo requerían, y a los que aún trabajaban, y cobraban sus salarios habituales. Era un reparto a manos llenas, indiscriminadamente, a los necesitados y a los no necesitados. Mucho dinero persiguiendo a un número limitado de productos.

Esta medida del gobierno, y otras mal aconsejadas, como la limitación en la producción de gas y petróleo, produjeron un número de complicaciones que dislocaron el ritmo económico y nos trajeron la elevada inflación que sufrimos hoy.

La inflación la produce el gobierno. La eleva y la frena a su conveniencia. Para ambos escenarios dispone de mecanismos efectivos. Pero, al final, la inflación, que es muy dañina para las finanzas del pueblo, es muy conveniente y lucrativa para el gobierno. A mayor precio de los productos, mayor el margen tributario que percibe el gobierno. Hay herramientas a la disposición del Banco Central para combatir la inflación. Al aumento en la tasa de intereses es uno de ellos, así como la disminución del dinero circulante. Lo que sería peligrosamente imprudente, como sugieren ciertos minúsculos elementos en la cofradía económica, es desempolvar la fracasada estrategia del control de precios que sólo lograría el advenimiento de una combinación de inflación y parálisis de crecimiento económico a la vez.

A grandes rasgos podemos definir la situación que confronta la nación en estos días, mejor decir, en los pasados 12 meses, como una subida en el nivel general de los precios causada por la desmesurada impresión de dinero, por el endeudamiento a altísimos niveles, por el envío de cheques a gente que, en muchos casos no lo necesitaban, lo cual aumentaba la demanda por una exigua cantidad de productos en el mercado.

Esta inflación que comenzó en el 2021 no es producto de trastornos económicos por si, sino de prácticas erróneas, siguiendo una agenda populista que ignora los principios elementales de la economía.

El control de la inflación no radica en el “Price control” que predican algunos “pundits”, sino en las herramientas a la disposición de la Reserva Federal.

Ésa es una de sus principales obligaciones.

BALCÓN AL MUNDO

Anda en el Congreso un intento de ley que prohibiría a los congresistas trading stocks. Es decir, comprar y vender acciones de compañías, como hace cada persona en este país. Nos parece, no tan sólo absurdo, sino injusto. El SEC, que regula el mercado de valores, tiene sus reglamentos, entre los cuales existe la ilegalidad de “el inside trading” que prohíbe comprar, o vender, acciones basado en informaciones no accesibles al público en general. El que viola ésta, u otras leyes del SEC, será procesado, y castigado apropiadamente. Ha sucedido muchas veces, y la ley se ha aplicado en la forma, y con el propósito, para la cual fue creada. ¿Por qué, este tipo de castigo a una clase determinada de la sociedad? Si es cierto que ellos tienen, en ocasiones, información privilegiada, debido a su oficio, también es cierto que, para frenar cualquier desvío de los senderos legales, tenemos en los libros remedios jurídicos que son aplicables a todos los participantes en “la bolsa”, sean ejecutivos de empresas, o congresistas.

Se trata de una maniobra política propagandista en tiempos en que, en la Casa Blanca, y en buena parte de la Cámara Baja, flota la bandera del populismo demagógico.

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La balanza comercial entre Estados Unidos y China, aumentó un 27% en favor de Beijing, en el 2021, en comparación con el 2020. Terminamos el pasado año con un déficit en nuestras transacciones con China de 859 billones de dólares, cantidad récord para todos los tiempos, que demuestra, vergonzosamente, nuestra dependencia de China en buena parte de nuestra economía. Le compramos más, y le vendemos menos. Por esa disparidad, la hemos enriquecido hasta convertirla en una formidable rival.

  Si continuamos por este camino, ¿hasta cuándo seguiremos siendo la primera potencia económica del mundo?

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El presidente de Ucrania, Volodymyr Zelensky está haciendo lo mejor que es posible esperar bajo sus presentes circunstancias. Ha adoptado la política de bajo tono, sin dejar de ser firme y enérgico en la defensa de la soberanía ucraniana.

El joven presidente, comediante de profesión, sin experiencia política, pero con suficiente sentido común, ha entendido, perfectamente, su situación. Sabe que en crisis como la que atraviesa su país, es poco lo que él, o su gobierno, pudieran hacer para conjurar la crisis. Son las grandes potencias las que negocian, y siempre las pequeñas naciones, aunque dentro del ojo de huracán, quedan, como meros peones, al margen de las resoluciones. Fidel Castro, cuando la crisis de los cohetes, en 1962, aprendió la lección. Los cohetes fueron retirados de Cuba sin que su opinión contara para nada.

Todo depende de los intereses y la disposición del poder que esté a su lado para decidir el destino de las pequeñas naciones. Esperemos que EE.UU. esté en la mejor de las disposiciones, para respaldar hasta el final a los patriotas ucranianos.

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