“ES EL BASEBALL MÁS APASIONADO QUE HE VISTO”

Written by Libre Online

29 de noviembre de 2022

Por ELADIO SECADES (1953)

Alfonso López hijo pródigo de Tampa y manager de los Indios, estuvo en La Habana de vaca-ciones. Cada noche iba al Estadio del Cerro y desde un palco de la galería baja observaba la marcha apasionada de nuestro campeonato invernal. Algunos críticos admitieron la sospecha de que el piloto de la tribu hiciera el viaje para ver de cerca a Rocky Nelson, inicialista del club Almendares que ha sido adquirido por el equipo de Cleveland. La verdad exacta es otra. Alfonso López aprovechó la visita para fijarse en Rocky Nelson, pero no lo trajo a Cuba ese propósito determinado. Después de dirigir un club de la responsabilidad que el público y la crítica le señalan al Cleveland, la idea de Alfonso López, es que el cuerpo y el alma necesitan un reposo lejos de la actividad que provoca esa especie de fuga a un ambiente de calma.

La entrevista con Alfonso López se inicia en esa confesión. Yo le respondo:

—Usted, sin embargo, para olvidar el baseball, va todas las noches a ver más baseball.

—Es distinto, —protesta con una sonrisa. Aquí soy espectador grato, sin gloria que ganar y sin penas que sufrir. ¿Comprende? Lo que está pasando en el diamante me divierte, sin afectarme en lo hondo. Ver jugar a la pelota es una delicia. Dirigir es una lucha sin treguas para el espíritu. Con más razón todavía cuando se dirige una novena lo que se le pide que destrone a los Yankees.

—¿Le gustaría ser manager en el campeonato de Cuba?

—Mi gran amigo Eloy García quiso traerme siendo propietario del Marianao. Cuando a él le dije que no, imagínese.

—¿Y ese escrúpulo? —No es escrúpulo. Si acaso, egoísmo. Yo necesito la expansión en la época del invierno. Volver a mi casa en Tampa, pasarme unos días de turista en La Habana y así. Apenas asome la primavera tendré que internarme en el campo de entrenamiento y ya se inicia la pelea que dura hasta los primeros días de octubre.

—¿Qué clasificación le da al torneo cubano? —Es un baseball mixto, de jóvenes y de veteranos, de blancos y negros, de ídolos que empiezan y de ídolos que vienen de regreso.

—¿En términos generales? -Es un baseball triple A, superior quizás al que se juega en algunos circuitos de esa categoría. —¿Y el ambiente que ofrece el público? —¿El fanatismo? -Sí.

—En ese aspecto es lo más fuerte que he visto en mi vida. Y voy a explicarle por qué. En Estados Unidos los equipos viajan. Cuando una novena llega a New York, pongamos por caso, ya se sabe que actuará ante un público partidario del club local. En Washington la afición se inclina a los Senadores, en Filadelfia, a los Atléticos. Los teams que van a Cleveland encuentran, siempre, concurrencias que nos respaldan a nosotros los Indios. 

Aquí se juega siempre en el mismo parque, lo que quiere decir que los partidarios y los enemigos están juntos, durante todo el campeonato y de ese modo coinciden las demostraciones de simpatía y las demostraciones de hostilidad y el pelotero trabaja empujado por una presión tremenda. Aquí hay que jugar siempre a tono brillante.

—¿Se ha fijado en algún atleta nuevo que le haya causado un efecto grato?—¡Como no! Scull, el negrito que está jugando el center-field del Almendares. Alcanzando pelotas difíciles ya parece un jardinero consagrado y hasta espectacular. Corre muchísimo, tira bien y le pega recio a la bola. La otra noche en un desafío contra el Habana cubrió en el center lo que solo puede concebirse en un buen pelotero.

—¿Aparte de Scull? —El zurdo Bécquer, del Marianao.

—¿De los norteamericanos a quienes usted no conocía? —Me parece que el Cienfuegos tiene en tercera base a un muchacho que va derecho a las Grandes Ligas. Me refiero a Hoak. Hasta por encima de la ropa se le ve la estampa de antesalista de grandes recursos. Sabe estar en la posición, juega con naturalidad y por lo poco que he visto de su trabajo, me parece que es, también, un bateador de líneas fuertes y bien colocadas.

—¿Y Rocky Nelson? —Produce el efecto de un pelotero completo y en plenitud de rendimiento.

—¿Lo considera asegurado en el puesto de inicialista regular de los Indios para la temporada próxima? Alfonso López esquiva la pregunta, porque tal vez la considere muy radical. Acepta que el gigante negro Luke Easter sufre del pelotazo que recibió en una rodilla. Conviene en que el Cleveland necesita mejorar ese ángulo. Pero.

—Nosotros —informa después de un largo silencio— tendremos tres candidatos para la primera base en el campo de adiestramiento: Easter, Rocky Nelson y el joven Bill Glynn, que ahora está jugando en la Liga Invernal de México. Es un bonito prospecto en todos los órdenes.

—¿Qué perspectivas les ve a los jugadores latinos en las Mayores? —La perspectiva más bella que hayan tenido jamás. Cada año entran más y cada año logran mejor reconocimiento. En la Liga Americana se habla con entusiasmo del pitcher cubano Fórmeles y nunca han estado las puertas del Big Show tan abiertas para los jugadores de habla española como ahora.

_ ¿Qué puede decir de Miñoso? _Que se ha convertido en uno de los mejores peloteros de esta época. Es difícil igualar su agresividad, su coraje para practicar el deporte.

—¿Su opinión sobre Willie Miranda? —Juega a la pelota como el que más pueda jugarla: alcanzando, fildeando lo más difícil y también tirando a las bases. Es lástima que no se defienda un poco más al bate. En los juegos que he visto en Cuba, noto a Willie Miranda más fuerte, más endurecido. Quizá.

¿A qué atribuye la consistencia, la durabilidad, el secreto de la juventud eterna de Marrero? —Es un pitcher de control sorprendente y de picardía sorprendente también. Sabe muchísimo. Casi nunca lo ponen contra nosotros, porque tenemos cinco buenos bateadores zurdos y el gran recurso de Marrero es mucho más eficiente contra los bateadores derechos.

Le preguntamos a Alfonso López con verdadero interés:

—¿Cuál es ese gran recurso de Marrero? -La curvita de esquina. 

-En Cuba -le decimos para variar el tema— se 

ha hablado mucho de los lanzadores que desarrollan mayor velocidad en la Liga Americana. A su modo de ver.

—A mi modo de ver, velocidad, lo que se dice velocidad, limpia, sostenida, espontánea: Mike García, que por fortuna nos pertenece, Porterfield, de los Senadores y Reynolds, de los Yankees. Pero lo lógico es que a Reynolds ya le quede poco.

—¿Usted   llevará   un equipo championable a la campana que viene? —Yo creo que sí. —¿Por los pitchers? —Por todo.

—¿Qué tiempo calcula que le queda a Bob Feller? —Tres años más.

—Al ceder aquella velocidad famosa de Feller, ¿se convirtió el serpentinero de habilidad y de recursos?

—Feller —responde Alfonso López —tuvo siempre una gran curva… Eso no tuvo que aprenderlo después. Además, se trata de un pelotero de un amor propio fuera de lo corriente. Trabaja a matarse. Se cuida como pocos. Sin que se lo manden, sale a calentarse el brazo. Por gusto corre por los jardines. Es un verdadero enamorado de su profesión. Por eso le digo que utilizándolo una vez por semana y otras veces en diligencias de relevo, puede durar tres temporadas más.

—¿Los otros 

pitchers?

—A la rotación de García, Lemon y Wynn, añadimos a Houtteman, del que hay que esperar grandes cosas.

—¿Cuándo piensa volver a La Habana? ¿Cuándo lo tendremos nuevamente entre nosotros?

—Quizás el invierno próximo.

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