¿EN SU ETAPA FINAL?

Written by Adalberto Sardiñas

6 de octubre de 2021

Existe casi un consenso general en cuanto a la sobrevivencia del régimen cubano: “Está en su etapa final”. Así debería ser. Abrumado por tantas carencias, tanto abuso, y tanta opresión, el pueblo cubano no aguanta más. Ya nadie cree en nada. Es un cliché que se repite, no sin falta de razonamiento lógico. Pero, sin embargo, de manera, a veces incomprensible, dando tumbos, dando palos, encarcelando, apelando a la limosna extranjera, se mantiene en el poder. Cuba es hoy una trágica ironía en esta parte del continente.

En 1959, antes de entrar la tromba comunista al poder, Cuba era el tercer país iberoamericano en Producto Interno Bruto per cápita, que es el dato clave para entender el nivel de prosperidad de los pueblos, y es, entendido universalmente, como el resultado de todos los bienes y servicios producidos por una nación. Hoy es el penúltimo, seguido de cerca por Haití, el más empobrecido en la región latinoamericana y del Caribe. No hay un peldaño más bajo. Vegetan en el último escalón de la pobreza.

La ironía mayor es que, antes de la llegada del comunismo, el cubano no emigraba, nadie se iba del país. Al contrario, Cuba era una nación receptora de inmigrantes. Miles de italianos, haitianos, canarios, gallegos, asturianos y de otras nacionalidades, solicitaban visas para residir y trabajar en el país. El advenimiento de la tragedia marxista no sólo destruyó la estabilidad económica, política y social de la nación, sino que, en una metamorfosis cruel, invirtió los términos de la ecuación, enviando al 20% de los cubanos al exilio.

Es un hecho incontrovertible que el régimen comunista cubano ha vivido del fraude, la mentira y la auto victimización. Le ha vendido al mundo la falsedad de que, en el proceso revolucionario, luchando contra Batista, murieron 20,000 personas. Lo cierto es que, en esos 6 años, murieron sólo 1,800 de ambos bandos.

  Cuba ha estado, por la torpeza de la gestión de su sistema, en perpetua crisis desde su arribo al poder hace ya casi 63 años. Pero la de ahora es la más grave por las características que la envuelven. El turismo se ha esfumado. La producción es prácticamente inexistente. El vapor del malestar popular casi llega al máximo, y una crisis humanitaria, fuera de control, como consecuencia del coronavirus, eleva la presión en un gobierno incapaz de aliviarla.

¿Está Cuba, vale decir, su gobierno, en su etapa final? Por la punta más clara del razonamiento, diríamos que sí. De otra forma, si atendemos a la enseñanza de las décadas pasadas, tendríamos que hacer una pausa para una opinión sensata. No hay que olvidar que los países comunistas, como los pacientes graves, tienden a prolongar el suspiro de su etapa final a un tiempo más prolongado que lo deseable.

En el caso de Cuba la cuestión no es ya el debate sobre las virtudes y defectos de la revolución. Esa polémica a estas alturas es totalmente irrelevante. Aquí la interrogante es cómo y cuándo va a terminar ese disparate demencial que ya extiende sus tentáculos a varios países del vecindario. Algunos optimistas, dentro de la sociedad cubana, mantienen la esperanza de que la muerte de Raúl Castro sería el catalítico para el desmantelamiento del sistema, dando paso a cambios que demanda la disidencia. Suena lógico, pero, en mi opinión, no factible. En espera de la sucesión, están en fila, el hijo y nieto de Raúl, que, siguiendo el postulado de su máximo líder, apuestan a la consolidación de la dinastía Castro.

Entonces, ¿cómo acelerar el proceso para que la etapa fina, arribe realmente a su final?

Creo que existen dos vertientes circunstanciales, divergentes, y a la vez, paradójicamente, concurrentes, para que esa etapa a la que llamamos final, logre su objetivo: el magnicidio, tipo Santo Domingo, con Trujillo; y Nicaragua, con Anastasio Somoza. En el presente esa misión se hace más viable con la asistencia de los efectivos drones disponibles.

La otra es más compleja y tardía. Estaríamos dependiendo de un imponderable, producto de acontecimientos nacionales, o, internacionales, como sucedió en Europa con la implosión del bloque soviético, cuando los comunistas habían perdido las ilusiones con el marxismo como referencia intelectual, y les llegó, propiciamente, el glasnost y la perestroika de Gorbachov.

¿Sucederá algo semejante en Cuba? ¿Surgirá, dentro del comando militar cubano, alguien tan asqueado de la frustración y el oprobio de la opresión, que ya, como la mayoría del pueblo cubano, haya perdido las ilusiones y las esperanzas en la capacidad regeneradora de la revolución? El desencanto es fundamental porque es la semilla de la descomposición del sistema. Y ese elemento hace muchos años que existe en Cuba. No obstante, se requiere, imperiosamente, la otra parte de la ecuación para terminar la obra que tuvimos el privilegio de ver por el prodigio de la televisión: la liberación de esa parte de Europa oprimida por el comunismo.

¿Difícil? Sí. ¿Imposible? No. Todas las etapas, eventualmente, tarde o temprano, tienen su final.

Si la libertad triunfó en Santo Domingo, Nicaragua, y Europa, ¿por qué no, en Cuba?

¿Es que acaso somos diferentes?

BALCÓN AL MUNDO

En Iquique, pueblo chileno a 250 kilómetros de Santiago, la capital, Chile se cubrió de vergüenza, cuando una multitud arremetió contra campamentos de empobrecidos venezolanos, que allí acampaban después de haber escapado del régimen que oprime a su país. Le destruyeron todas sus míseras pertenencias. Le quemaron colchones y ropas. Le tiraron piedras y los trataron como delincuentes vulgares.

 Posiblemente entre ellos había algunos de los que dos años atrás destrozaron medio Chile pidiendo reformas y beneficios.

  Chile es un inexplicable conundrum. Tiene un nivel económico por encima de toda Latinoamérica. Vive bien. El nivel de pobreza es bajo. Se pudiera decir que es una economía capitalista liberal, progresista, en un país notoriamente con marcados proclives comunistas.

  Chile es, después de Venezuela, Nicaragua y Cuba, la nación más pro comunista de Iberoamérica. Lo ha sido por largo tiempo. Antes de Allende. Y, sin embargo, tiene un presidente billonario. Un verdadero rompecabezas.

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 Ante el Comité de Servicios Armados del Senado comparecieron, el jefe del Estado Mayor Conjunto, General Mark Milley, el secretario de Defensa, Lloyd Austin y el General Frank McKenzie jefe del Centro de Comando en Afganistán, y la comparecencia, en realidad, no pudo ser más frustrante. Para ellos, la logística fue un éxito, pero la estrategia un fracaso. ¿Cómo se entiende esto? A los ojos del mundo todo fue un humillante fiasco. Un fracaso monumental. No importa las vueltas que le quieran dar, el hecho permanece como lo que es: una chapucería humillante para toda la nación.

  Dijo Milley, o dejó entender, que el presidente Biden fue advertido y consultado, y que le aconsejaron mejores métodos para la operación, pero que éste los ignoró. Biden por su parte dice que nadie lo asesoró sobre el fatídico plan.

  ¿Se le habrá olvidado?

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  Corea del Norte, vuelve a las andadas. Kim Jong Un entiende que Washington es más hostil hoy, que ayer, y vuelve a la amenaza de la cohetería destructiva contra todos, especialmente contra sus vecinos, Corea del Sur y Japón. El pasado lunes, 28, lanzo un misil de mediano alcance que sobrevoló Japón. Esto, comprensiblemente, irritó a los japoneses, que miran con creciente preocupación, la actitud agresiva, no tan sólo de Kim Jong, sino del mandarín chino por vida, Xi Jinping.

  Japón, de acuerdo a la inteligencia occidental, se afana en la restructuración de su poderío militar con cambios cruciales, que podrían alterar el balance de poder en el área y frenar la ambición expansionista china.

  ¿Estaremos en la fase inicial de un Japón con poderío nuclear, a pesar de todas las restricciones de la posguerra?

  Es posible, y hasta probable.

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  Después de Cuba, el aliado más efectivo que tiene Nicolás Maduro, es su propia oposición. Ahora, en su momento más crítico, a la espera de la deportación de Alan Saab y Hugo Carvajal a Estados Unidos, donde se espera que ofrezcan evidencias fatales para el oficialismo venezolano, la oposición se enfrasca en un escándalo de origen financiero en el manejo de ciertas empresas a su cargo.

  La oposición venezolana, infortunadamente, no está cooperando a la liberación de su pueblo con su actitud errática y torpe, aunque sus deseos sean buenos y nobles. Aprendan a conjugar la disciplina con la buena intención. Les irá mucho mejor.

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