En olor de lluvia

Written by José A. Albertini

7 de abril de 2026

Por J. A. Albertini, especial para LIBRE

Todo es tal como debería ser, nada cambiará

 jamás, nadie morirá nunca.

De la obra: Habla memoria. 

Vladimir Nabokov

El pasado, reinstalado en Santa Clara, desterró el sobresalto y la existencia fluyó en cauces previstos. Florencio Flores y los comulgantes originales, en las noches estacionarias, asistían a Las Flores de Mayo y, como la feligresía total, se regocijaba con la morbidez de los infantes y el flujo mamario de Piedad Piedra y Galatea Galatraba.

No obstante, habiendo apostado por el pretérito, la inquietud no le abandonaba. Pensó que dadas las visiones que Romerico Romero, a todo lo largo del áspero porvenir había tenido, Rosalía Rosado, en algún tipo de componente material; inmaterial o combinando ambos, aparecería frente a sus ojos.

A ratos, ubicándola dentro de la casa remodelada, la evocaba en doloroso escape de vida.

En tardes de agua, luego de trabajar en la carpintería, como de costumbre, antes de asistir a misa de Las Flores de Mayo, iba a lo de Romerico Romero. Tomaba el ron acostumbrado y atosigaba al amigo.

—¿Cómo es posible que ahora, con las condiciones apropiadas, ella haya desaparecido de tus visiones…?

Romerico, experimentando cierto grado de culpa, respondía.

—Nada puedo hacer. Estoy tan desorientado como tú. Tampoco puedo creer que, por lo menos, no se te haya insinuado.

Pero Romerico, ilusionado con la preñez de su mujer, Fortunata Fortuna, inteligentemente, desviaba el tema y concluía hablando de la felicidad obtenida.

—Fortunata es pura dicha. ¡Al fin!, es una realidad que disfrutamos. Otras parejas de Santa Clara ya lo han logrado o están a punto. ¡Imagínate! preñez prolongada, sin posibilidades de parir.

Romerico era tan jubiloso y reiterativo que, no pocas veces, Florencio Flores, con resentimiento blando, al pensar que el amigo no le prestaba oídos a sus reclamos lo inquietaba.

—¿Qué pasaría si Fortunata, o cualquiera de las preñadas, pariera…?

—¡Imposible…! Sería el resurgimiento inmediato del futuro.

Entonces, Florencio Flores, arrepentido de haber molestado al amigo, se replegaba.

—Bromeo; es una jarana estúpida.

—Además -compensaba Romerico- hijos, puros y constantes, ya todos los tenemos en Ella y Él. Cuando Fortunata visita la iglesia los contempla y acoge como suyos; frutos de sus entrañas. Y, cuando Piedad Piedra y Galatea Galatraba, públicamente, los amamantan, Fortunata siente como los senos se hinchan, duelen; revientan de leche y sabe, al igual que las demás preñadas que su leche, a través de los pezones de las viejas, contribuye a nutrir nuestra estabilidad espiritual y social.

—Ya dije que bromeaba -avergonzado, repetía.

***

Florencio Flores, uno más entre los diez, desfilaba cantando y cuando llegaba frente a La Virgen de La Charca, desde el piso, a los pies de la Santa, acogidos por el espartillo, Ella y Él le sonreían. Ofrendaba su rosa roja y seguía… Con flores a María que nuestra madre es…

Concluida la misa el sacerdote, Casto Castor, apegándose a la costumbre, despedía a los feligreses e invariable, al ver a Florencio Flores, repetía lo consabido.

—Aguarda. ¿Por qué te marchas tan de prisa. Pronto repetirás la primera comunión -decía y le acariciaba la cabeza de cabello blanco y escaso.

Entonces, Florencio, interrumpiendo lo consabido, se quejaba.

—Mi pedazo de pasado está incompleto. Me falta Rosalía Rosado.

E hilvanando lo ya dicho con puntadas actuales, el cura respondía.

—Ahora, más que nunca debes mantener la fe en alto. La existencia deseada se hizo realidad con el advenimiento de Ella y Él. Aguarda; lo importante no es inmediato.

Florencio Flores, repetido en el tiempo, besaba la mano del cura y consumía los escalones de entrada al templo. Y siempre, al pisar las losas del parque, la voz del clérigo lo alcanzaba.

—¡En alto la fe y la esperanza!

—Así será padre… decía la respuesta consabida.

Temas similares…

0 comentarios

Enviar un comentario