ELECCIONES Y FRAGILIDAD SISTÉMICA EN DEMOCRACIA

23 de junio de 2021

El lector promedio de LIBRE si es originario de Cuba debe ser muy mayor para recordar las justas electorales tal cual fueron durante la República.  Los distintos reportajes publicados en estas páginas durante los últimos meses han permitido acceder a los listados de aquellos que en su momento ocuparon cargos electivos.  Como nací en 1943 solo tengo vagamente en mi memoria vivencias relacionadas con una campaña política, la de 1954. Cuatro años más tarde, en 1958, nada.  Otra categoría generacional de lectores, devenidos adultos después de 1959, jamás pudieron ejercer sus derechos cívicos porque como es archisabido en la isla cambiaron las reglas del juego hasta la fecha.

Reflexiones  como la anterior suelen venir a mi espíritu cada vez que tienen lugar elecciones en Francia, que es el caso este mes con las Regionales y las Departamentales. El año pasado tuvimos los comicios municipales en los que alcaldes y concejales son electos para períodos de seis años.  Queda aparte la «elección grande», la presidencial que es quinquenal : tocará dentro de 10 meses al mismo tiempo que las diputaciones equivalentes a lo que en otros países seleccionan a los congresistas.  Pero como política politiquera es casi siempre sinónimo de arreglos turbios, corrupción y otras componendas – no vale la pena en este aspecto retrotraernos a la Cuba anterior a 1959 porque habría mucha tela por donde cortar – lo que está hoy en curso en Francia asegurará acceso a recursos financieros a aquellos que sean finalmte electos en el balotaje del domingo que viene día 27. Por su parte no implicados ahora los candidatos a las presidenciales de 2022, tratarán de apoyar su aspiración en las estructuras triunfadoras de esta quincena.

Todo lo anterior nos trae a la existencia de los diferentes sistemas para elegir gobernantes en nuestros países que son los definidos como democracias representativas. De la tribu a nuestros días el ser humano ha venido perfilando cómo hacer en la materia y de paso cómo esquivar el voto cosa que se vió recientemente en Estados Unidos con las consecuencias vistas.   François Garçon, historiador francés con cátedras en París y en Ginebra lleva años proponiendo para Francia el sistema de democracia directa practicado desde el Siglo XIX en Suiza.  Claro que los helvéticos con sus 26 cantones y una modesta población de menos de 9 millones de habitantes resultan ser un caso bastante singular.  Tienen no obstante procedimientos, sobre todo en materia de referéndum, que abren especulaciones teóricas en la cuestión.

En su útimo un ensayo (1) recién publicado Garçon insiste en lo erróneo que resulta rechazar la idea según la cual los ciudadanos somos de facto incompetentes para administrar directamente con nuestras decisiones la manera de gobernarnos. Al mismo tiempo su dictamen para Francia, un país donde obedeciendo a una cierta tradición secular puede decirse que prima el inmovilismo,  postula que tanto en la vida diaria como en política hay que buscar permanentemente inspiración allí donde otras manera de hacer funcionan co-rrectamente. En Suiza, quiere decir.

Para desarrollar su argumentación el autor afirma que los suizos hurgan constantemente en todo lo que tiene que ver con la gestión colectiva. Un afán de más y más perfeccionar lo poseído. Esa actitud se opone radicalmente a automatismos que en el sistema francés confía administrar la vida diaria a una élite formada mayoritariamente en las Grandes Escuelas y en las universidades.  Para él nuestro sistema esta atascado en aspectos determinantes como resultan ser el crecimiento económico; el desempleo; la interconexión entre las distintas capas sociales; la competencia en materia de mercados y precios; las jubilaciones y hasta en el deporte.

La degradación que el conocido Profesor pone sobre el tapete adopta en su texto el calificativo de «fatiga democrática», expresión de una pérdida de confianza en la democracia representativa que definitivamente puede explicar que en las elecciones de esta semana aquí aludidas se haya producido una abstención récord del 68% del electorado. 

Como la alternativa hacia la cual una sociedad (el autor se refiere a la francesa en su libro) puede tornarse al perder confianza en las instituciones  puede ser la de la búsqueda de un «hombre fuerte», sostiene que el sistema suizo podría ser una alternativa viable, vale decir esa manera directa que tienen de tomar decisiones de inmediata implementación para el país. Con sus modalidades, sus defectos y sus virtudes la existencia en Suiza de reférendums obligatorios (1848), facultativos (1874) y de iniciativa popular (1874) ha garantizado una manera de convivir envidiada por sus vecinos. Es difícil imaginar allí una crisis como la nuestra de los Chalecos Amarillos, que por cierto pudieran reaparecer en Francia antes de que concluya el presente año 2021.

Como sistema pre-legislativo el referendario no excluye en lo absoluto la acción parlamentaria, columna vertebral de la democracia suiza convenientemente articulada alrededor de un federalismo saludable y sólido. Nadie que tenga dos dedos de frente puede imaginar que vive en una sociedad perfecta. Por ello el principal desvelo que debería guiar la acción de los políticos es una experimentación social constante capaz de mejorar la manera de gobernar y de ser gobernados.

De manera análoga a lo que hacemos cuando al timón de un vehículo interactuamos en la vía pública. El ciudadano común siente cada vez más que las decisiones importantes se toman sin contar con él y que al final siempre le corresponde la porción más pequeña del pastel. Pensar en reformas significativas podría hacer desaparecer situaciones tan vergonzosas como el enorme porcentaje de abstención constatado en Francia el domingo pasado. Resta saber si el balotaje del próximo lo corregirá.

(1) France, Démocratie défaillante de François Garçon. Éditions L’Artilleur, 2021 (en francés,no traducido aún)

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