TODO SU ANTIGUO Y CLÁSICO ‘LOOK’
En estos momentos, un plan urbanístico propuesto o un proyecto de rezonificación en La Pequeña Habana mantiene divididos a residentes, activistas y autoridades por su posible impacto en la vivienda, el estacionamiento y la identidad comunitaria. El proyecto contempla la construcción de edificios de hasta 12 pisos en algunas zonas del barrio.
Esto representaría un duro golpe para los actuales residentes de La Pequeña Habana, ya que el plan urbanístico también podría afectar a pequeños comerciantes y a familias que durante muchos años han vivido en el barrio y se resisten a permitir que su tradicional “look” desaparezca en el futuro.
Precisamente, la ciudad de Miami celebró en días pasados una serie de talleres comunitarios en el gimnasio del Parque José Martí, con el propósito de que residentes y comerciantes definieran qué elementos del barrio deben preservarse antes de redactar las nuevas reglas de diseño del futuro de Distrito de Revitalización Vecinal (NRD, por sus siglas en inglés).
El proceso constituye una actualización directa de la propuesta de rezonificación que permitiría edificios de hasta 12 pisos en algunas partes del barrio. La iniciativa fue aprobada por la Junta de Planificación y Zonificación de Miami el 3 de septiembre, con una votación de siete a tres, y aún debe superar la revisión de la Comisión de Miami, un escrutinio estatal y una votación final antes de convertirse en ley.
Vecinos, comerciantes y planificadores urbanos señalaron los elementos que consideran irrenunciables: una casa construida en 1922, balcones que miran hacia la calle, “ventanitas” de café y edificios con detalles arquitectónicos que llevan décadas en pie.
“Se puede ver a los vecinos del segundo piso en los balcones. Se oye la música todavía. Esa es una de las cosas que me fascinan de mi barrio y del de mi abuelo”, dijo la residente Raissa Fernández, quien lleva años viviendo aquí y no piensa mudarse a ninguna otra parte de Miami.
Para el propietario Alfredo Durán, el reto central es que el crecimiento no borre la memoria del lugar.
“Para mí es importante que se mantenga el carácter histórico de La Pequeña Habana… que no se empiece a construir un montón de edificios modernos. Este es un barrio que tiene historia y esa historia hay que conservarla”, afirmó.
El comisionado de la ciudad de Miami Rolando Escalona, principal impulsor de la iniciativa, subrayó que la voz de los vecinos es el punto de partida.
“El propósito de este taller y de este recorrido es que los residentes nos digan qué quieren ver en La Pequeña Habana… el futuro de La Pequeña Habana… eso va a venir de ellos”, señaló.
Desde el sector del desarrollo, Juan Mullerat, de Plusurbia Design —la firma que elaboró el plan maestro del barrio junto al National Trust for Historic Preservation—, defiende que la nueva zonificación puede ser compatible con la identidad del vecindario.
“Necesitamos una buena zonificación que permita a los urbanizadores invertir en el barrio para que haya más vivienda y para asegurarnos de que La Pequeña Habana surja como el corazón de Miami que siempre ha sido”, sostuvo.
La propuesta en discusión habilitaría edificios de hasta cinco pisos en zonas donde actualmente se permiten tres; hasta ocho en otras áreas, y hasta doce con determinados incentivos. El proyecto abarca unas 460 propiedades y cerca de 100 acres a lo largo de la Calle 7 y parte de la Calle 9 del suroeste.
La Calle Ocho, hay que aclarar, queda excluida porque ya permite estructuras de mayor altura.
El debate se produce en un contexto de creciente presión inmobiliaria sobre el barrio. El caso del parque de casas móviles Silver Court ilustra esa vulnerabilidad: unas 30 familias, en su mayoría adultos mayores e inmigrantes cubanos y latinos de bajos ingresos, enfrentan un proceso de desalojo, cuya audiencia judicial estaba prevista para el 6 de octubre.
La Pequeña Habana, designada “Tesoro Nacional” por el National Trust for Historic Preservation en 2017, concentra cerca del 20 % del parque de alquiler de Miami y más de una cuarta parte de las unidades rentadas por menos de 1.000 dólares al mes, lo que la convierte en uno de los últimos refugios de vivienda asequible en una ciudad donde los costos se han disparado.
La Pequeña Habana podría cambiar para siempre si se aprueba la propuesta que permitiría edificios de hasta doce pisos en determinados sectores. Vecinos y activistas reclaman mayores protecciones y tiempo suficiente para evaluar los cambios, mientras urbanizadores consideran que la nueva zonificación puede atraer inversiones y más viviendas.
El proyecto también busca, según sus impulsores, recuperar el control local frente a la Ley Live Local e incentivar la construcción de viviendas asequibles mediante un Distrito de Revitalización Vecinal.








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