El SECRETO DETRÁS DE LA RISA

Written by Rev. Martin Añorga

16 de mayo de 2023

Lo que voy a decir asombrará a muchos, y no faltarán quienes me  obsequien una que otra crítica: yo creo que cuando Dios creó al ser humano, entre los atributos que le confirió está el de la risa. Nadie más en el planeta ríe, sino nosotros.   Curioso es el hecho de que Dios mismo se ríe. Busquemos, por ejemplo, el versículo cuatro del salmo dos: “El señor de los cielos se ríe”, y no citamos otros porque sencillamente lo que hemos querido certificar es que la risa es un don divino.

Me sumo a la tesis de Francois Rabelais, “mejor es escribir de risas que de lágrimas, porque reír es lo propiamente humano”. La ciencia lo afirma, la risa mejora la salud. De acuerdo con los médicos,  la facultad de la risa se halla en la zona pre  frontal, la parte más evolucionada del cerebro. En esta zona, según los expertos, reside la creatividad, la capacidad para pensar en el futuro y  el don de disfrutar del humorismo.

Existe una técnica para el mejoramiento de nuestra salud que incluye el alivio de la depresión, la cura de males digestivos y la superación de estados de ansiedad y temores infundados. Se conoce como “riso terapia”.  Incidentalmente señalamos que hay varios grupos religiosos que en sus servicios provocan la risa de los creyentes indicándoles que reír es un don del Espíritu Santo. Escuché de uno de ellos este testimonio: “salí de la iglesia ágil como un águila, sin peso alguno en mi alma, descargué todos mis sentimientos negativos y me renové gracias a la risa”.

La “riso terapia” es una técnica o estrategia con el propósito de producir beneficios mentales, emocionales y físicos. Las sesiones de terapia se celebran en grupos, aprovechando el contagio de persona a persona, ya que reír en grupo no es lo mismo que hacerlo solos. Sin embargo, es un hecho comprobado que cada individuo puede aprender los secretos detrás de la risa por sí mismo.

Tenemos la historia de Norman Cousins, que fuera redactor jefe de la revista Saturday Review y quien adquirió una cruel enfermedad que estuvo a punto de terminar con su vida. En el hospital los médicos le diagnosticaron un tipo de padecimiento anquilosante con sólo una posibilidad entre quinientas de curarse. El ejecutivo empresarial no se dio por vencido y decidió con la ayuda de uno de sus médicos  encontrar una solución al mal que lo mantenía progresivamente paralítico. Ordenó desde su cama de enfermo una serie de películas cómicas y cortos humorísticos, de tal manera que empezó a reírse tan sonoramente que ante las quejas de otros pacientes se vio precisado a alojarse en la habitación de un hotel. Redujo su tratamiento a altas dosis de vitamina C y a una reiterada práctica personal de risas. Se produjo el milagro de su curación.

Cousins publicó posteriormente a su curación un libro titulado “Anatomía de una Enfermedad Analizada por el  Paciente”, en el que no tan solo cuenta su historia, sino que también comparte consejos acerca de cómo descubrir el secreto de la felicidad que se mueve detrás de la risa franca y abierta. Una de sus expresiones es ésta: “Las risas bien sentidas son un buen camino para fortalecerse desde dentro sin necesidad de ayuda de afuera”. Otro pensamiento suyo que me impresiona lo expresa así: “la muerte no es la pérdida más grande en la vida. La más grande pérdida es la muerte que se adueña de nosotros mientras vivimos”.

La tendencia a creer que la risa no es un factor serio en nuestras vivencias es perjudicial. A menudo religiosos que se casan con el fanatismo recrudecen sus caracteres porque olvidan sonreír. Están también los seres humanos marcados por el dolor, vencidos por las frustraciones, amargados por los desengaños, empequeñecidos por la soledad y torturados por el olvido. A estas personas que viven encadenas a la tristeza les recomiendo que coloquen en algunas de sus paredes este texto del Libro bíblico de Proverbios (17:22): “gran remedio es el corazón alegre; pero el ánimo decaído seca los huesos”.

Es  curioso que un tema aparentemente tan trivial como el de la risa haya llamado la atención de psiquiatras, escritores, médicos en general y filósofos. Podemos brevemente citar algunos ejemplos.

Richard  Mulcaster (1561-1611) conocido como el abogado del “football” del siglo XVI, autor y educador, relacionó la recreación y el descanso con la práctica de la risa, basándose  en el concepto de que reír es una catarsis que nos libera de conflictos internos.

Robert Burton un médico inglés (1577-1640)  propuso la risa como medio terapéutico en casos de depresiones y problemas de insomnios. Fue autor de un manual en el que se enseñaba como dominar el diafragma y ensanchar los pulmones para disfrutar de unos momentos de risa que relajaban emocionalmente al paciente. Fue autor de un extraordinario libro que tituló “La Anatomía de la Nostalgia”.

Otro estudioso inglés, el médico William Battie escribió en 1838 un interesante libro titulado “Tratado sobre la Locura”, en el que condenaba los métodos usuales en su época para combatir tal enfermedad y abogaba por colocar a los pacientes en un ambiente de alegría que les permitiera desechar ideas negativas.

Individuos tan internados en sus investigaciones, como Inmanuel Kant, Sigmund Freud, William McDougall e incontables otros se interesaron en el tema de la risa considerándolo como una característica humana con un extraordinario potencial para producir cambios positivos en la conducta personal.

Lope de Vega, el aclamado poeta español, dijo que “a nadie se dio veneno en risa”. Es decir que la risa no es una práctica nociva, siempre y cuando –añadimos nosotros- que  no sea impropia  o inoportuna. Reírse de otra persona porque sea diferente a nosotros, o porque haya sufrido una caída, haya dicho un disparate o se haya equivocado de puerta de baño es una falta de respeto que debe reprimirse.

Un problema contemporáneo asociado a la risa es el de la vulgaridad, la profanación y la pornografía. Si para que nos riamos tenemos que detenernos frente a una pantalla, sea de cine, televisor o computadora, llena de basura, doble sentido,   explotación sexual o groserías, entonces, en lugar de vaciarnos de impurezas emocionales, lo que estamos haciendo es almacenando cargas negativas que afectarán a lo largo el equilibrio de nuestros valores morales y familiares.

Confundir la risa con el humorismo no es apropiado. Son los humoristas los que nos provocan el gusto de reír, de aquí que dispongamos de opciones para divertirnos. Yo soy de la época de Buster Keaton, Joe Brown, Alberto Garrido, Federico Piñeiro, Leopoldo Fernández, Mimí Cal, Aníbal de Mar, “I love Lucy”, Red Skelton y “¿Qué pasa, USA?”, y si continuáramos, los nombres no cabrían en varias páginas. Lo que queremos decir es que nos reímos sin necesidad de la comicidad contemporánea, que quizás divierta a algunos, pero que contamina a todos.

Cierta vez, hace un sinfín de años, un anciano pastor, de esos que no soltaban el cuello duro ni para dormir,  me dijo que no fuera tan propenso a reírme pues los demás no me tomarían en serio. Mi respeto para con este especial hombre de Dios  me hizo reflexionar, pero finalmente me di cuenta de que cada uno es como es y que no hay razones para que nos impongamos cambios que deformen nuestra personalidad. Llevo 85 años riéndome, y me ha ido de lo más bien. Todavía gozo de perfecta salud.

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