El relato histórico por entrega: Una obra que reconoce la valentía, entrega y sacrificio del pueblo cubano en la batalla por su libertad

Written by Enrique Ros*

9 de junio de 2021

1962: Año de Acciones comandos. Arrestos y lucha clandestina (VII de XI)

Todos los militantes fueron llevados uno a uno a su presencia, dice Reinol– y ante la vista de los guardias interrogadores recibían de Dalia un beso «fraternal». a la vez que recitaba el nombre, cargo y actividad dentro de la organización».

El Coordinador del MRP empezó a comprender que el régimen podría decidirse a quebrar su resistencia utilizando los métodos que fueran necesarios si él estaba en condiciones de soportar hasta el final métodos que repetidamente eran usados.

Así lo analiza Reinol González:

«Llegué a la conclusión que tenía que decidir una estrategia y simular una conducta para evitar, a toda costa, que mi resistencia fuera a ser quebrada de alguna manera… Yo no podía saber si me encontraba en condiciones de soportar hasta el final los métodos científicos que repetidamente se decía que eran usados, sin piedad, por el régimen comunista cuando consideraban importante a un detenido. Por eso llegué a la conclusión de que la mejor vía a seguir tenía que ser la simulación».

En medio de sus cavilaciones fue sorprendido por una inesperada visita.

Al principio no lo reconoció. Era Isidoro Malmierca Peoli a quien conoció, muchos años atrás como joven dirigente de la Juventud Socialista Popular con quien, siendo él de la Juventud Obrera Católica (JOC), había debatido con frecuencia.

Lo primero que hizo Malmierca fue explicarle que la Seguridad conocía todas sus actividades: «Has hecho mucho daño a la Revolución. Pero también debes saber que la Revolución es generosa y está dispuesta a tener en cuenta y a manejar la situación en tu favor. Pero a partir de una actitud positiva de tu parte. Tu caso lo voy a dirigir yo mismo…Prácticamente toda tu organización está en nuestras manos como podrás ir comprobando en el transcurso de los días. Algunos de tus socios están en este mismo lugar, y en otros centros de detención. Aquí, en Punto X, bajo este mismo techo, cerca de tí, están: Fernando de Rojas Penichet, Héctor René López, Roberto Jiménez, Raúl Fernández Rivero, para solo mencionarte algunos de los que ya están presos».

Se despide Malmierca con una promesa y una amenaza: «No quiero dejarte sin pedirte que pienses bien lo que vas a hacer. Yo estoy dispuesto a ayudarte en todo lo que pueda, a intervenir en tu favor para lo que sea necesario, a buscar las mejores soluciones a tu caso, como grupo, y como persona, pero, también quiero advertirte que la Revolución está decidida a hacer el esfuerzo que tenga que hacer para que nos digas lo que nos interesa saber. Para lograr ese objetivo es que tenemos el Punto X. Nadie saldrá de aquí sin decirnos lo que necesitamos. Este es un lugar donde buscamos objetivos de alta política».

Y le dice con absoluta claridad lo que quieren saber:

No vayas a creerte que necesitamos los nombres de contrarrevolucionarios del montón. No. Eso lo tenemos a través de nuestro aparato de Inteligencia. Los nombres más o menos de conspiradores no es nuestro objetivo. La Revolución tiene control sobre lo que está dentro de sus fronteras. Lo que sí nos interesa conocer es las relaciones del MRP y tuyas con la CIA, con el FBI, con los grupos exiliados en Miami, vías de recepción de infiltrados y equipos claves, rutas para las salidas clandestinas, contactos diplomáticos dentro y fuera de Cuba, planes futuros que se están manejando en el exterior. Lo que pueda en realidad poner en peligro la seguridad del estado. Para ello hemos creado el Punto X. Aquí haremos lo que sea necesario para que confieses».

Lo único que no haremos es torturar, golpear, como hacían los esbirros de Batista. Además, no es necesario hacerlo; tenemos métodos eficaces, sin necesidad de tener que golpear a nadie. Te pido que te pongas en disposición de conversar con nosotros, que confieses, para no tener que recurrir a otros métodos, pues hablarás de una forma u otra, pero hablarás».

Pasó un tiempo, uno, dos o tres horas. Un guardia le puso de nuevo en la cabeza el gorro apestoso. Fue conducido por un estrecho pasillo tocando paredes a ambos lados, al final, le quitan el gorro.

«Delante de mí, cadavérico, sentado, con las piernas tremendamente hinchadas, estaba Fernando de Rojas y Penichet, dirigente a cargo de la provincia de La Habana, vestido con una camiseta, y yo, vestido tan solo con un calzoncillo».

Por ser curtidos militantes de la clandestinidad sabían que nada se podía hablar en voz alta. Fernando, sin embargo no pudo contener el deseo de expresar algo.

«Dalia está echando a perder todo ¿lo has oído todo?! Está hablando de lo que sabe y hasta de lo que no sabe».

El Capitán Alfonso que los observaba desde lejos ordenó que se llevaran a Fernando. Se acerca a Reinol, le muestra varias fotos preguntando si conoce a cada uno de ellos. El dirigente del MRP niega conocerlos. Lo devuelven a su celda, pero por muy poco tiempo. A la media hora entró un guardia trayendo un pantalón, camisa y zapatos pidiendo que se los pusiera de inmediato. Nuevamente  le ponen el gorro y lo van conduciendo por el pasillo, escaleras arriba, escaleras abajo. Llegan a una habitación. Le quitan la capucha. Malmierca y Alfonso esperaban por el preso. Le muestran la foto de una mujer. Niega conocerla «pero si es tu secretaria, ¿cómo no la conoces?”. Niega tener secretaria. «Bueno, será tu ayudante, tu asistente, cualquier nombre». Niega nuevamente conocer a la mujer.

Del lado opuesto de la habitación en que se encontraban traen a María de los Ángeles Habach. La habían tenido allí todo ese tiempo amordazada, sujeta, oyendo toda la conversación. Le quitaron la mordaza. La ponen frente a él. «¿No la conoces todavía?». Niega de nuevo conocerla. «Ella se llama María de los Ángeles Habach, aunque ustedes la tratan cariñosamente de Mary. ¿La conoces ahora?”. Nuevamente niega conocerla.

Le describe las acciones en que María de los Ángeles y otros han participado.

«A pesar de que sobre ustedes pesan graves acusaciones, sabremos ser generosos en la medida que observemos una buena disposición. La Revolución es y será extremadamente generosa con sus enemigos. La Revolución respeta a los detenidos. Respeta al hombre, no tortura al preso como hacía Batista. No le saca las uñas, no lo golpea, al contrario, le da la capacidad de reivindicarse, de rehabilitarse».

El régimen que había torturado tantos opositores pretendía engañarse a sí mismo fingiendo una generosidad que, ambos, el interrogador y el interrogado sabían que no existía.

Vuelve Reinol a negar conocer a aquella mujer pero es Mary Habach quien, sin control ya de sus nervios, empieza a gritar:

«Sinverguenza! Desgraciado! H de p! yo soy Mary Habach, militante del MRP y a mucha honra. Nosotros luchamos para defender la libertad, la democracia y la justicia que ustedes han pisoteado. Ustedes son unos sinverguenzas, desvergonzados y hablan de respeto humano, de defensa del hombre y pregonan que no torturan a nadie. ¡Miren, este es el respeto que ustedes tienen por la humanidad!. Miren a este hombre, mírenlo, sinverguenzas ¿Qué es esto sino una de las peores y más refinadas torturas?”.

Mary Habach, en «Todo lo dieron por Cuba». de Mignon Medrano, confirma esta escena:

«La cabeza de Reinol era un balón grande, el cuerpo está todo hinchado. Era como un sapo pero con una cabeza enorme».

Alfonso, desconcertado, no atinaba qué hacer. Para calmarla le dice:

«Joven, usted está muy alterada, cálmese por favor, no nos ofenda, no diga esas cosas. No diga eso que es mentira. La Revolución no tortura…no, por favor».

Mary Habach fue retirada a la fuerza. Quedaron sólo Malmierca y Alfonso. Éste le dice al dirigente del MRP: «Tu organización ha sido desarticulada. Algunas pruebas te hemos dado. Pero estamos en condiciones de darte otras. La Revolución siempre está dispuesta a ponerse de acuerdo, pero para llegar a acuerdos tiene que existir una actitud previa, un gesto positivo hacia la Revolución. No creas que es un interrogatorio rutinario…tenemos métodos y tenemos medios sin necesidad de llegar a la tortura, pero el detenido, en Punto X, tiene que darnos la información que le pedimos. De aquí nadie sale sin darla. Y no te olvides de esto que voy a decirte: Aquí no hay tribunal superior al que apelar, tú estás ahora en presencia del juez que ha de decidir tu suerte. Tú bien sabes, aunque no quisieras reconocerlo, que la contrarrevolución está derrotada».

(Continuará la semana próxima)

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