El relato histórico por entrega: El Clandestinaje en Cuba

Written by Enrique Ros*

16 de junio de 2021

Un estudio minucioso de la lucha clandestina cubana, a cargo del historiador Enrique Ros (†)

Una obra que reconoce la valentía, entrega y sacrificio del pueblo cubano en la batalla por su libertad

1962: Año de Acciones comandos. Arrestos y lucha clandestina (VIII de XI)

Aumenta Alfonso la presión sicológica sobre el Coordinador del MRP.

«Condenamos por convicción, no hacen falta prueba, ni testigos, ni abogados, ni papeles; el destino de los detenidos se resuelve aquí mismo, según nuestra convicción que es en definitiva la única prueba, determinante. Aquí decimos: Paredón, 30 años, 20 años o libertad. Lo que convenga a los intereses de la Revolución…a los inocentes los ponemos en libertad reintegrándolos a la sociedad con todos sus derechos. Por eso necesitamos la colaboración de los detenidos para condenar al culpable y absolver al inocente. En tu caso queremos algo más importante que saber si alguien es culpable o inocente. Se trata de conocer actividades de suma importancia para la seguridad de la Revolución. Ésas que trascienden nuestras fronteras».

Malmierca se retiró, también lo hizo Alfonso. Reinol González quedó solo sentado en una pequeña banqueta. Al rato regresó Alfonso en compañía de otra persona. De Carlos Mauris que se había infiltrado en el Movimiento a través de la Sección Estudiantil. Mauris había trabajado estrechamente vinculado a José Manuel Ramy (Titi).

Ramy era hombre de confianza de la dirigencia del MRP y Carlos Mauris y Ramy habían participado en un traslado de armas.

Alfonso y Mauris venían con Héctor René López, responsable de la Sección de Profesionales del MRP. Le faltaba el aire por el asma crónica que padecía. Tenía la mirada perdida. Alfonso tomó a Héctor por el brazo. Lo sentó frente al Coordinador Nacional de su organización. Le preguntó a Héctor: «aquí tienes a tu jefe en persona ¿lo reconoces?». Héctor no habló. No pestañeó. No respondió. Lo retiraron.

Alfonso volvió a insistir con Reinol: «Ya ves, lo tenemos todo en la mano. Tú no puedes imaginarte la cantidad de detenidos que ya tenemos en nuestro poder. Esto es una demostración más de nuestra capacidad, de nuestra eficacia. Nada escapa a nuestro conocimiento. El tiempo está de nuestra parte. Estoy descansado…así que puedo estar aquí todo el tiempo que sea necesario; de aquí nadie sale sin confesar».

Sigue hablándole Alfonso:

«Una vez que converses con nosotros, entonces decidiremos tu destino. ¿Cuál tú crees que será tu destino?».

«El paredón!».

«¿El paredón? ¿fusilarte? ¡Tú estás loco!».

Alfonso cerró los puños y alzó la voz. «¡Morir! No, nada de eso, la Revolución no comete esos errores. No creas que te ofrecemos la vida a cambio de la confesión. No, tú no vas a morir. ¿Acaso fusilamos a David Salvador? ¿Alberto Muller? ¿Huber Matos?. Nosotros no queremos mártires. No vamos a permitir que después tu retrato esté por allí en los sindicatos y organizaciones religiosas de América Latina desviando la conciencia de los obreros y de los campesinos. Tu retrato colgando como un héroe cuando tú has traicionado al pueblo, cuando te has unido a la reacción, te has sometido al imperialismo!. Fusilarse sería un premio. Eso es comprender poco a la Revolución. Cuando la Revolución fusila es para dar ejemplo, es para alertar, es para que los demás se aconsejen y no cometan el error de atacar a la Revolución».

«Fusilamos por necesidad extrema y para ello a los menos conocidos…no te vamos a golpear. La Revolución es generosa. No tortura a nadie. El peor castigo que te daremos será el que veas a algunos de tus compañeros comprometidos enfrentando el paredón. Fusilados. Y tú, vivito y coleando pero con la condena máxima de prisión, 30 años. ¿Te parece bien?».

Reinol comprende que debe confesar.

«Una vez tomada la decisión de confesar –expone Reinol en su libro «Y Fidel Creó el Punto X»– lo más importante para mí era definir primero lo que yo no podía confesar aunque tuviera que pagar un precio muy alto… Lo primero que hice fue seleccionar los aspectos insurreccionales más importantes, que era necesario que no llegaran a conocimiento de la Seguridad». Los detalló y memorizó.

Un miliciano lo sacó de su letargo. Lo conduce con el gorro, por el tortuoso camino habitual. Frente a él encontrará al capitán Alfonso:

«Te hemos dado la oportunidad de pensar sobre tu destino. ¿Qué has decidido?».

«Bien –le respondí– ustedes han ganado la pelea. Comprendo que no queda otro remedio. Estoy listo para responder a las preguntas».

Lo llevaron de regreso a la celda. Al rato lo vuelven a conducir a la habitación de los interrogatorios. Están Malmierca, un militar y Alfonso. Le confirma a Malmierca que está dispuesto a colaborar con la investigación. Es decir, a confesar.

Malmierca se decidió a hablar: «Vamos a traerte algo de comer y de beber. Después continuaremos».

Antes de retirarse le afirma que lo que desean es chequear todo lo referente a las relaciones de su organización con la CIA y el FBI, tanto en Cuba como en el exterior. Los procedimientos para el envío y recepción, así como las relaciones con embajadas, los contactos con otros gobiernos además del yanqui, compromisos y apoyo de la iglesia a la contrarrevolución. Personalidades políticas internacionales vinculadas al MRP y, por último, ubicación de las armas que todavía puedan quedar por allí.

El prisionero no responde. Minutos después entran Malmierca y Alfonso alterados, descompuestos y Malmierca comienza a hablar. Así recuerda Reinol aquellas palabras: «Ahora mismo se acaba de ocupar el apartamento de Misiones desde el cual ustedes planeaban asesinar a nuestro Comandante en Jefe y al Consejo de Ministros en pleno…el atentado no se realizó porque la contrarrevolución no tiene moral ni valor cuando llega la hora de la verdad. Lo tenían todo en el apartamento. Una bazooka nueva con tres rockets; uniformes de miliciano, metralletas; todo lo necesario para el atentado. ¡Todo!. Estaban a unos cuantos metros del objetivo y no tiraron, por suerte no tiraron, por suerte no tuvieron coraje. El encargado de ejecutar el atentado, Antonio Veciana, los dejó embarcados, marchándose del país antes, para que veas que lo sabemos todo. Se fue a buscar la gloria con los norteamericanos. Es necesario que seas comprensivo y que te dispongas ya a confesar, no nos hagas perder más tiempo, ya estamos cansados de contemplaciones».

Ahora Malmierca, en Punto X, utilizaba lo sucedido como un fuerte argumento desmoralizante dirigido a taladrar su espíritu y a quebrar su resistencia.

«En ese momento –expone el dirigente máximo del MRP en Cuba al autor– hice un recuento mental de los principales hechos de aquel período insurreccional comenzando por el momento en que, acompañado de un grupo de valiosos cubanos preocupados por el destino de la Patria, integraron el Movimiento Revolucionario del Pueblo, el inexplicable comportamiento del Ingeniero Manuel Ray, la más importante figura del MRP abandonando Cuba sin previa aprobación de la Dirección Nacional; la salida del país de la mayoría de la dirección fundadora de la organización; la delación de Dalia Jorge, Carlos Mauris, lo peligrosamente enjaulada que quedó la resistencia después del ataque de la invasión sobre la que ninguna organización tuvo aviso previo». «Muertes, heridos, prisioneros, fracaso absoluto; sus intentos, vanos, de revitalizar, en mayo y junio, el movimiento clandestino y, finalmente, las causas que ocasionaron el fracaso del atentado a Palacio».

Sabe, porque ya se lo han confirmado, que por la presión internacional y por conveniencia del Gobierno Revolucionario, él no será fusilado pero pena de muerte recae sobre varios de sus compañeros. Lo despierta Malmierca para reconfirmarle que algunos de su grupo enfrentan condena a pena de muerte pero que si aceptaba admitir, ante la televisión acciones realizadas por él y por su organización el gobierno conmutaría las penas de muerte que puedan existir por penas a prisión. «La decisión –le dice Malmierca– es libre de tu parte, y sobre tus hombros descansa la vida de tus cómplices. Tú serás quien decidirá el desenlace final, el destino de los comprometidos contigo en las actividades contrarrevolucionarias».

La próxima entrevista es más breve. Estará presente el Ministro del Interior, Ramiro Valdés.

«La Revolución todo lo tiene previsto« le dice Malmierca. «Tu gente está siendo dividida en dos causas jurídicas. En una agrupamos a los que por consideraciones políticas necesarias a la Revolución no condenaremos a muerte. En la otra tendremos a los que podrán ser condenados a muerte a menos que tú cooperes. La Revolución es clara. Por defenderla, por hacer lo que a ella convenga, estamos en disposición de cualquier cosa».

Se acerca ahora el Comandante Ramiro Valdés quien es más explícito: «Si fusilar a alguien daña de alguna manera la Revolución, entonces no fusilamos; si fusilando sirve de alerta preventiva a los demás y con ello detenemos o disminuimos las actividades contrarrevolucinarias, entonces fusilamos».

Sigue exponiendo Ramiro Valdés las razones que lo llevan a hacer la proposición:

«Estamos seguros de que la mayoría de los detenidos hicieron lo que hicieron instigados por tí. No será nuestra la culpa. Será tuya y sólo tuya…estamos seguros que la presentación en la televisión dañará tu imagen en aquellos sectores del pueblo que te conocen y en los presos contrarrevolucionarios. Lo cual ya es bueno para nosotros…pero, para tranquilidad de tu conciencia, sabemos que en fecha reciente tú te reuniste con tus cómplices para pedirles la disolución del grupo y la salida de Cuba».

(Continuará la semana próxima)

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