El relato histórico por entrega:. El Clandestinaje en Cuba

Written by Enrique Ros*

1 de septiembre de 2021

Un estudio minucioso de la lucha clandestina cubana, a cargo del historiador Enrique Ros (†)

Una obra que reconoce la valentía, entrega y sacrificio del pueblo cubano en la batalla por su libertad

1963: Año de lucha, juicios, cárceles y fusilamientos (IV de IV)

El viernes 5 de abril el Violynn III con todos los expedicionarios se escapa de Nassau para dirigirse a Cuba, pero es finalmente abordado por un guardacosta norteamericano, luego de una prolongada persecución.

La guardia costera norteamericana se mantenía activa. A las 24 horas detenía otra embarcación con cinco combatientesd a bordo. La captura se produce al oeste de la Isla Andros luego de 3 horas de una persecución en la que alegremente participan también dos patrulleros británicos. Al frente del pequeño grupo expedicionario estaba Eloy Gutiérrez Menoyo. Lo acompañaban Rafael Huguet, René Cruz y Julio Cruz. Habían partido de William Island poco después que otros nueve exiliados habían sido detenidos en Andros Island por oficiales británicos y conducidos a Nassau.

Desde La Habana, Castro aplaude la efectiva cooperación que está recibiendo de la Administración de Kennedy. «Las medidas tomadas por los Estados Unidos para impedir los ataques comandos de los exiliados cubanos son un paso positivo hacia la reducción de los peligros de la crisis»..

Se hace difícil evadir el cerco de los buques ingleses y norteamericanos que tan eficazmente están sirviendo a Castro. Los MIG rusos piloteados por aviadores del régimen participan en el asfixiante asedio. Tan grande es su celo por impedir toda expedición a Cuba que el 28 de marzo disparan, por error, como antes expusimos, al carguero norteamericano Floridian. Estados Unidos protesta a través de los canales diplomáticos; Castro se apresura a presentar excusas que, de inmediato, les son aceptadas por Washington. Todo queda zanjado como entre buenos amigos.

 BURLANDO LAS RESTRICCIONES LOS  CUBANOS SIGUEN

COMBATIENDO

El 27 de abril, como ya lo hemos mencionado, partía Castro sigilosamente hacia Moscú, dominada ya, por las persuasivas palabras del Vice Primer Ministro Anastas Mikoyán, su irritación hacia Kruschev. Pero los grupos anticastristas le dieron, con sus acciones, un gran colorido a esa subrepticia salida.

Este día, dos refinerías de petróleo, cerca de La Habana, fueron atacadas «por un grupo de contrarrevolucionarios». según admitía el propio gobierno cubano. La radio de La Habana afirmaba que el avión atacante «despegó de territorio norteamericano y regresó a su base con absoluta impunidad». La transmisión cubana describió los objetos arrojados como «material inflamable… y una bomba de 45 kilos de napalm –gasolina gelatinosa– que no hizo explosión». Le fue atribuida al Movimiento Demócrata Cristiano esta acción que, algunos señalaban, había sido concebida y perpetrada por Laureano Batista Falla, que tenía a su cargo las acciones militares de esa organización.

Los militantes cubanos arreciaban sus ataques con los pocos medios con que contaban y a pesar de las grandes dificultades que enfrentaban. La Administración andaba por un camino opuesto. En marcado contraste con las acciones de los militantes anticastristas, el Departamento de Justicia de los Estados Unidos anunciaba, el 23 de abril, que pondría en libertad a cuatro comunistas cubanos que se encontraban presos en los Estados Unidos.

Quedaban libres, Francisco Molina del Río (El Gancho), Roberto Santiesteban Casanova, miembro de la Delegación cubana ante las Naciones Unidas; Antonio Sueiro y José García Orellana. Los tres últimos, detenidos hacía unos meses, habían sido acusados de tratar de sabotear instalaciones de defensa en los Estados Unidos. Los cuatro partieron de inmediato para La Habana.

Las medidas de restricciones que está aplicando la Administración a la acción de los grupos anticastristas, obliga a los dirigentes de estas organizaciones a buscar la forma de evadir las limitaciones que les imponen. Están aplicándose en efecto «los compromisos contraídos».

Se reúnen el Directorio Revolucionario Estudiantil, Alfa 66, Comandos L, Segundo Frente del Escambray y otras organizaciones que en los últimos tres meses han efectuado siete ataques sobre las costas de Cuba y a buques mercantes soviéticos.

Pero como el gobierno de Kennedy está decidido a hacer cumplir la aplicación de la «Ley de Neutralidad”, envía hacia la zona del Mar Caribe seis aviones, seis buques patrulleros y otros seis barcos de menor calado. El peligro no es Castro. El portavoz de los guardacostas norteamericanos, descarnadamente honesto, explica la decisión:

«Esta medida se tomó para lograr la aplicación de las leyes a los navíos que van rumbo a Cuba con la intención de atacar».

Castro y Kruschev celebrarán su victoria diplomática.

ACCIONES POR LA LIBRE

Los combatientes cubanos continúan su lucha. Cuatro organizaciones –Segundo Frente del Escambray; Alfa 66; el MRP y el Frente Anticomunista de Liberación– realizan un sorpresivo ataque en la Playa de Tarará, a unos quince kilómetros de La Habana. Coincide este ataque con la firma de un manifiesto suscrito por el Segundo Frente del Escambray, Alfa 66 y el MRP, cuyo documento creará serias diferencias en el seno de estas organizaciones.

Celebrará Fidel Castro el Primero de Mayo junto a Nikita Kruschev en la Plaza Roja. Habrá intercambio de elogios y de promesas. No escatima Kruschev las zalemas «al héroe popular de la Cuba Revolucionaria»; «enviamos  saludo de combate al heroico pueblo de Cuba, nuestro hermano y compañero de lucha»; «la heroica Cuba no está sola en su lucha”; «seguiremos apoyando los cinco puntos de Fidel». No podía Castro resistir tantos halagos. La irritación, el rencor, la desconfianza que había sentido, por su doblez, hacia el Primer Ministro Soviético desaparecían con estas palabras tan gratas a sus oídos.

Días después, el 20 de mayo, se produce un nuevo ataque de combatientes anticastristas al Puesto Naval de Tarará. El régimen se ve obligado a confirmar la acción culpando, por supuesto, «al gobierno norteamericano por estos hechos vandálicos y por las graves consecuencias que de los mismos puedan derivarse».

Ese 20 de mayo en un encuentro en la hacienda Santa Catalina, en Colón, provincia de Matanzas, muere Raúl Ramos Ramos y otros dos combatientes. La radio oficial no pudo silenciar la noticia.

Las organizaciones revolucionarias se han empecinado en quitarle lustre al viaje de Castro a la metrópoli moscovita. Así, en el momento que está recibiendo su «Doctorado Honoris Causa». en la Universidad de Lomonosov, Alfa 66 y el Segundo Frente Nacional del Escambray están ametrallando al puesto naval de Tarará. Armando Fleites y Antonio Veciana le dan crédito por la acción a las fuerzas internas. Nadie se llama a engaño.

Castro continúa su larga visita a la Unión Soviética. Se encuentra en mayo descansando, junto con el Primer Ministro Kruschev, en una casa de campo sobre el Mar Negro. Ya están ambos totalmente reconciliados. Castro se abraza a Nikita y se aleja de Guevara. La nueva situación se hará visible a su regreso, dentro de pocos días.

La Administración de Kennedy cierra sus ojos –como hizo en la etapa anterior a la Crisis de los Cohetes– a lo que en Cuba sucede. Increíblemente, en junio 3, de 1963, el Secretario Auxiliar de Defensa, Paul H. Nitze, manifiesta que Estados Unidos no tiene pruebas de que la Unión Soviética esté construyendo una base de submarinos en Cuba. Solo el Ministerio de Defensa y el Presidente de los Estados Unidos pretenden ignorar un hecho de todos conocido.

Con grandes esfuerzos, las organizaciones que no tienen el respaldo oficial realizan sus acciones y mantienen en jaque al régimen castrista. En la madrugada del 12 de junio diez exiliados desembarcan cerca de Cárdenas para atacar una refinería. El grupo lo componen Evangelio Rufín, los hermanos Roberto y Jorge Rodríguez Triana, Reinaldo Lermo; Ellie Mor Ruiz; Juan Espinosa; Jorge Rufín, Ricardo Morales y Ramón Cuevas Conte. A su regreso son detenidos en Cayo Maratón. El Departamento de Estado informó que la Oficina de Aduana de los Estados Unidos y el Servicio de Inmigración los habían retenido «pendiente de ulteriores investigaciones». Eran miembros de Comandos L.

Cinco días después va a partir, a bordo de un bimotor Beech Craft, otro grupo de seis combatientes. Tienen señalado como objetivo una de las refinerías de petróleo en las afueras de La Habana. Pero son detenidos cuando se acercan al pequeño avión. Este grupo lo componen Carlos E. Hernández –que había participado como miembro del Directorio Revolucionario Estudiantil, en el ataque al Blanquita en agosto del año anterior–, Evelio Alpízar, René José Espinosa Hernández, Víctor Espinosa Hernández y Miguel Álvarez. También Humberto Solís, telegrafista de la Brigada 2506. Permanecen detenidos por 2 ó 3 días pero son liberados por gestiones de Carlos Zárraga. Luego irán a New Orleans para otra acción que también se frustra.

Es la prensa castrista la que se hace eco de otro ataque. «En la madrugada del 10 de junio, un grupo de mercenarios… tripulantes de una lancha pirata artillada con ametralladoras y un cañón de 30 milímetros… desembarcó en Cayo Blanco, a 15 kilómetros de la Bahía de Cárdenas y atacó por sorpresa a una «patrulla de cuatro marineros».

Los combatientes cubanos se mantenían activos en todo el continente. En el puerto de Veracruz, el 15 de junio, se realiza una acción para volar los barcos castristas «Oriente», «Las Villas». y «Bahía de Siguanea». La operación había sido planeada por un experimentado revolucionario, Manuel Cobo Sausa, experto en pesca submarina quien intenta colocar una bomba magnética debajo de la línea de flotación del «Bahía de Siguanea». Falla el intento. Son detenidos Carlos Fernández Trujillo, delegado de Rescate Revolucionario y del Consejo Revolucionario. Junto a él son también arrestados José María Toral; Agustín Santana González, Carlos Samá Rabelo y Alejandro del Valle.

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