El relato histórico por entrega: El Clandestinaje en Cuba

Written by Enrique Ros*

4 de agosto de 2021

Un estudio minucioso de la lucha clandestina cubana, a cargo del historiador Enrique Ros (†)

Una obra que reconoce la valentía, entrega y sacrificio del pueblo cubano en la batalla por su libertad

Acciones comandos.  La conspiración del 30 de agosto y la crisis de los cohetes (IV de IV)

Los primeros buques soviéticos se van acercando a la línea de intercepción. Las 800 millas de las costas de Cuba marcaban el punto de confrontación. El momento era de extrema ansiedad. En pocas horas, tal vez en minutos, se producirá el choque inevitable. Kennedy lucía, ante los ojos del mundo, como «una sólida roca», mostraba «inquebrantable fortaleza y firmeza en esta confrontación», así lo ha recogido la leyenda.

Sí. Ésa es la leyenda. La historia es otra. La noche anterior (la noche del martes 23) había el Presidente enviado a su hermano Bobby a ver, sigilosamente –a espaldas de los altos militares del Pentágono y de los asesores y hombres de confianza que componen el Comité Ejecutivo– al embajador soviético Anatoly Dobrynin para evitar la confrontación. Los barcos soviéticos no tienen instrucciones de cambiar su rumbo ni de detener su marcha.

Algo hay que hacer. Kennedy –consultando tan solo con su hermano y el embajador británico, no el norteamericano; el británico!– toma una decisión: Reducir a 500 millas la línea de intercepción. Se ampliaba, así, el tiempo para las secretas negociaciones que ya se están realizando.

Se ha producido, a través de U-Thant, Secretario General de las Naciones Unidas un acuerdo: los barcos soviéticos se mantendrán alejados del área de intersección, y los barcos norteamericanos «evitarán directa confrontación en los próximos días con los buques soviéticos». Se dilata la confrontación. Más tiempo para que el Presidente continúe sus negociaciones y sus concesiones. Más tiempo para que los soviéticos aceleren, vertiginosamente, los emplazamientos de los cohetes.

En horas de la tarde del viernes 26 se recibió una extensa carta de Kruschev. Si los Estados Unidos se comprometían a no invadir a Cuba ni permitir que otras fuerzas lo hagan y a levantar el bloqueo, los soviéticos retirarían los cohetes de Cuba. La comunicación de Kruschev respondía a una anterior de Kennedy de Octubre 25. Se suceden las reuniones de Bobby Kennedy y el embajador Dobrynin. Robert Kennedy está exhausto. Cada conversación con Dobrynin representa una nueva concesión. El lunes 29 de octubre todo estaba transado, negociado. Todo, menos una confrontación. El Presidente había enviado nuevamente a su hermano a ver al embajador Dobrynin. Consideraba posible, a propuesta de Bobby, «un acuerdo privado». con Kruschev para intercambiar, calladamente, los cohetes Júpiter (que estaban en Turquía) por los proyectiles en Cuba y ofrecer, públicamente, garantía de que Cuba no estaría sujeta a una invasión americana. Formalmente debía haber un compromiso de «no invasión». para retirar los cohetes. Secretamente, había un trueque: los Estados Unidos eliminarían los cohetes de Turquía e Italia, si los soviéticos retiraban los proyectiles de Cuba.

Ignorado por los miembros del Grupo de Trabajo, Robert Kennedy y Anatoly Dobrynin se entrevistan, esta vez, en la embajada soviética.

Temprano, en la mañana del domingo 28, Robert Kennedy y Dobrynin vuelven a reunirse. Esta vez en la oficina del Fiscal General. Esa mañana Kruschev responde, a través de la radio de Moscú, aceptando el ofrecimiento de Robert Kennedy sin mencionar –cumpliendo lo que Kennedy había solicitado– la inmediata retirada de los Júpiter. Saldrán los cohetes de Cuba. Terminará la cuarentena, un esplendoroso triunfo de ese joven adalid del mundo occidental. El pueblo norteamericano no conocerá que los Estados Unidos se ha rendido.

Esa tarde el Presidente Kennedy preparó y envió a Moscú una respuesta, formal, a la carta de Kruschev reafirmándole que «los compromisos contraídos, serían prontamente ejecutados».

Muy pronto comenzarían a ejecutarse «los compromisos contraídos». Se emitirá orden de prevención de salida a los cubanos anticastristas y comenzarán a embargarse las embarcaciones «utilizadas en acciones contra un país con el que los Estados Unidos está en paz».

Para los norteamericanos fue la celebración de una victoria que no se había alcanzado. Para Castro, la permanencia y estabilidad de su régimen. Para el cubano de la isla y del destierro la imposición de grandes limitaciones para seguir luchando por la libertad de su patria.

Los compromisos contraídos se harán sentir. Anticipándose a la aplicación de los mismos el Directorio publica una «Carta Abierta al Presidente de los Estados Unidos”, el 13 de diciembre de 1962. Previendo las consecuencias que para la libertad de Cuba pueda tener el intercambio de comunicaciones entre Kennedy y Kruschev, el Directorio Revolucionario Estudiantil informa al Presidente que «si el fin de la crisis actual tendiera a prolongar la agonía de nuestro pueblo, los cubanos jamás renunciaremos a nuestro derecho de combatir con todos los medios a nuestro alcance a los que nos han arrancado la soberanía nacional».

(Continuará la semana próxima)

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