EL PARTIDO LIBERAL Y EL »COOPERATIVISMO” (1905-1933)

Written by Libre Online

26 de mayo de 2021

Hemos dividido la historia de los liberales cubanos en los períodos 1952-1958, 1933-1952 y 1905-1933, reconociendo que los liberales tienen raíces en grupos anteriores con el mismo nombre, pero con objetivos y circunstancias diferentes. El Partido Liberal, constituido en forma permanente en 1905 era el más antiguo en funcionamiento al producirse la caída de la República en 1959.

Al ocuparnos del período 1905-1933, el último en esta serie, pero el primero cronológicamente, hemos decidido, sin olvidar otros asuntos importantes, centrarnos especialmente en el llamado “cooperativismo”, una página controversial, pero interesante de la historia política de Cuba.

Una vez más, aclaramos que estos trabajos sobre los partidos no son estudios acerca de los gobiernos que fueron presididos por liberales pues ya hemos ofrecido información sobre gobernantes y gobiernos. Aunque mencionemos algunos datos que resultan necesarios, no es nuestro propósito ir en detalles acerca, por ejemplo, de la administración del presidente Machado que se extendió de 1925 a 1933.

Los últimos días de la Presidencia de Alfredo Zayas (1921-1925), uno de los fundadores del Partido Liberal, pero que fundó en1920 un partido desprendido del liberalismo para lograr alcanzar la Presidencia que se le había negado dos veces, unió el Partido Popular Cubano (PPC), que había fundado también, con otros importantes políticos como Juan Gualberto Gómez, a una Coalición Liberal Popular que llevaría a la Presidencia de la República, a Gerardo Machado.

Zayas sobrevivió a las “vacas flacas” que siguieron a las “vacas gordas” y a la “Danza de los Millones”. Se había enfrentado a las exigencias del enviado especial del presidente Estados Unidos, Enoch Crowder, aunque siguió algunas de sus orientaciones de ese diplomático que se convirtió después en Embajador de Estados Unidos.

Como se ha señalado, al celebrarse  los comicios de 1922, los anteriores a las presidenciales de 1924, los liberales habían obtenido la victoria de 5 gobernadores, 28 representantes, 30 consejeros y 81 alcaldes, superando así tanto a conservadores como a liberales. Debe recordarse que los representantes que se elegían en elecciones parciales y generales eran la mitad del total de miembros de la Cámara.

Las elecciones de 1924 representaron un punto muy alto en la historia electoral del liberalismo cubano. En la reorganización de los partidos, llevada a cabo ese año, la asamblea nacional del Partido Liberal era presidida por Clemente Vázquez Bello, destinado a un futuro esplendoroso que sería interrumpido por su asesinato en los años treinta.

La lucha por la nominación presidencial fue uno de los episodios mas trascendentales en la historia del partido. Al estudiar los últimos años de la administración Zayas y luego los primeros del gobierno de Machado se describió la lucha por la postulación liberal entablada entre los dos grandes líderes liberales que iban tomando control después de la muerte del indiscutible caudillo José Miguel Gómez y de la salida del partido del talentoso Alfredo Zayas.

Gerardo Machado y Carlos Mendieta lucharon hasta el último momento hasta que el primero de los dos logró suficientes votos de los delegados de Matanzas en la asamblea para obtener la nominación. También se ha descrito la decisión de Mendieta a no aceptar la nominación vicepresidencial y como el alcalde de Cárdenas, Carlos de la Rosa, llegó a ser ese candidato.

La asamblea de Pinar del Río había sido “copada” por partidarios mendietistas de Justo Luis del Pozo, luchando contra la línea machadista de Faustino “Pino” Guerra, que en definitiva prevaleció allí. En la provincia habanera se produjo un enfrentamiento entre el “Block Guajiro” y el “Cenáculo” dentro del Partido Liberal. Ha llegado el momento de referirse a estos fenómenos tan interesantes en la historia del partido.

El Cenáculo estaba compuesto por líderes liberales de la Ciudad de La Habana, congresistas, senadores, consejeros, concejales, etc., que ejercían gran control sobre el partido provincial y nacional. El Block Guajiro lo integraban mayormente líderes liberales de los municipios del interior.

Estos dos grupos importantes se dividen en 11 delegados mendietistas y 10 machadistas, pero en Matanzas la delegación pasa de ser controlada por los mendietistas a estar en manos de los machadistas. Se debió a un cambio de posición del alcalde Carlos de la Rosa, quien terminó siendo aliado y compañero de boleta de Gerardo Machado.

En otras provincias se produjeron igualmente cambios de posición y grandes discusiones, pero el triunfo final se lo anotaron los machadistas y Mendieta se retiró de la contienda, negándose a aspirar a la vicepresidencia.

Como se ha señalado al referirnos a su gobierno, Machado fue elegido presidente con 200,840 votos contra los 136,154 del ticket de Mario García Menocal y Domingo Méndez Capote de los conservadores. Solo fue derrotado en Pinar del Río que se convirtió en baluarte conservador. El lema liberal de “Agua, caminos y escuelas”, apoyado por consignas como “a pie” y la entonación de “La Chambelona” prevalecieron en el país despertando gran entusiasmo.

Los liberales obtuvieron 29 escaños en la Cámara  y 7 en el Senado, logrando 4 senadores para los populares y apoyando a un conservador para que ocupara un escaño por Pinar del Rio. Triunfo liberal en casi todo el país.

Como ya se ha descrito en un trabajo anterior, la administración de Machado y los grandes acontecimientos como el Congreso Panamericano en La Habana, la visita a Cuba del presidente Calvin Coolidge de Estados Unidos, la nueva Constitución de 1928, la “prórroga de poderes”, la ola de resistencia encabezada por Unión Nacionalista (UNO) y el ABC, la crisis que trajo a Cuba la Gran Depresión de 1929, los alzamientos contra Machado y su dramático derrocamiento, pero queda por estudiar el proyecto político tripartidista llamado cooperativismo.

Ciertamente, los logros que describimos entonces de la administración de Machado entre 1925 y 1929, como la Carretera Central, que unió al país en cuanto a comunicaciones; el monumental edificio del Capitolio Nacional, las grandes obras públicas dirigidas por Carlos Miguel de Céspedes (“el Dinámico”), logros educacionales y de otro tipo, quedarían opacados en buena parte por el último período del gobierno liberal de Machado.           

No correponde al presente trabajo entrar en cuestiones de atentados, terrorismo, huelgas y acciones claramente desagradables ocurridas en ese último período y aún después. Tampoco consideramos justo atribuirlo todo al gobierno ya que muchos de los problemas ocurridos tienen relación directa con decisiones tomadas por grupos opositores, entre ellos el naciente movimiento comunista y grupos afines.

Hacia un interesante fenómeno: “EL COOPERATIVISMO’’

Curiosamente, el de Machado no fue un gobierno enteramente “liberal”. Mencionamos la elección en 1924 de un senador conservador apoyado por los liberales. Se trataba de una de las mentes más brillantes de la política y el periodismo, el senador pinareño Wifredo Fernández.

De ese episodio provincial de cooperación entre un notable conservador y sus adversarios liberales, surgiría algo más importante que un resultado electoral en una provincia. Nos referimos al cooperativismo.

Aunque será necesario enfocar la eminente figura política del senador Wifredo Hernández, consideramos de gran utilidad compartir datos que pueden servir para introducir el tema. Por primera vez después de los problemas de los primeros años de la República los partidos principales trabajarían de acuerdo en materias generales, pero surgirían opiniones dentro de los mismos que dañaron el experimento.

Acudamos a una opinión del doctor Carlos Márquez Sterling, cuyo conocimiento de ese período supera con creces al de muchos que han escrito sobre el cooperativismo. Aclaramos que en este caso lo hizo en forma preliminar.

En relación con el papel que le correspondió al gobernante como candidato en 1924 y a los momentos preliminares en el desarrollo del cooperativismo, Márquez Sterling se refiere a que Machado “…había comprendido que por la vía del pueblo no podía derrotar a Mendieta. La cuestión era ligar intereses”.

Y continuó: “No había reunión, bautizo, entierro o acontecimiento en cualquier lugar de la isla, donde no estuviera aquel hombre incansable [Machado], pleno de voluntad que se pasaba la mayor parte del tiempo viajando en los ferrocarriles. Montaba su maquinaria política a base de los caciques municipales y provinciales.”

A mayor especificidad añade: “Logró la colaboración de casi todos. Cuatro grandes jefes lo respaldaron: Zayas Bazán, gobernador de Camagüey; Barceló de Oriente; el alcalde de La Habana José María de la Cuesta; y el presidente de los liberales de Las Villas y de la Cámara de Representantes Clemente Vázquez Bello, invencible en el arte de remendar una asamblea…”

Márquez Sterling se sigue acercando al asunto: “Pero con estos jefes no lo tenía todo. Instaló sus oficinas en Amargura 23, altos del bufete de Don Claudio González de Mendoza, cuyos hijos Néstor y Mario habían abandonado la tradición conservadora de la familia para hacerse liberales; abrió su gran círculo en Prado y Neptuno, e interesó en sus planes a Henry W. Catlin, magnate de plantas eléctricas.

Hace otros señalamiento que deben tenerse en cuenta y sigue identificando a figuras importantes: “a Carlos Miguel de Céspedes, revolucionario de febrero y brillante hombre de negocios, y a Don Laureano Falla, varias veces millonario, cuyo yerno Viriato Gutiérrez, representante a la cámara, formaba parte del cenáculo, famosa organización electoral que a través de una formidable maquinaria de concejales, consejeros, representantes a la Cámara, controlaba los organismos políticos de esta provincia”.

La opinión de Márquez Sterling contrasta con la de J. Clemente en una publicación de la Universidad de La Habana. Este erudito entiende que se trataba de una política de cooperación entre los dos únicos partidos importantes de entonces que tenía las mejores intenciones, al menos al principio y afirmó “el derecho a postular [es un] derecho que al fin y al cabo resulta más importante que el derecho a escoger entre los postulados”.

En cierta forma, la evaluación que hace el doctor Clemente, incidía mas bien en la primera fase del cooperativismo, que coincidía en algunos aspectos con el derecho a formar coaliciones que en la práctica eran muy difíciles de derrotar en las urnas.

Ya conocemos como Machado logró aliarse con Alfredo Zayas y su Partido Popular Cubano (PPC) antes de las elecciones de 1924, de ahí a lograr el control del Partido Conservador se necesitaba otra cooperación de primer orden.  El presidente Machado la encontró en Wifredo Fernández Vega. Así cambiaría por un buen período el destino del Partido Liberal y serviría de precedente para futuras coaliciones.

Curiosamente, no puede escribirse sobre liberales o conservadores sin acudir a la figura de Wifredo Fernández, al menos en este período. Nacido en Consolación del Sur en 1882, tuvo una extraordinaria carrera política dentro del Partido Conservador, alcanzando escaños en la Cámara y luego en el Senado.

El haber sido elegido senador en 1924 con apoyo de liberales y conservadores puede ser considerado un precedente de la política que promovió, es decir, el cooperativismo. Pero no debe limitarse a ese dato cualquier análisis de la ejecutoria de Fernández ya que fue un extraordinario legislador que propuso medidas consideradas progresistas mientras defendía los valores del conservadurismo.

No en balde se decía que “nada se parecía tanto a un liberal como un conservador”. Fernández consideró que “por el bien de Cuba” era necesario un período en que todos colaboraran. En su partido se produjeron discusiones serias del asunto. Mientras el cooperativismo contó originalmente con el apoyo del notable político cienfueguero Santiago Rey González (padre del famoso senador y ministro de Gobernación Santiago Rey Pernas), pero la oposición dentro del partido la encabezó el comandante Miguel Coyula, símbolo de honestidad y de prestigio dentro y fuera del Partido Conservador.

En cualquier caso, el cooperativismo no implicaba que los legisladores siempre votarían en forma unánime y pronto se evidenció que esa unanimidad era imposible. Pero gracias al sistema diseñado por Fernández y otros, Machado logró aprobar leyes y proyectos, entre ellos el cambio de constitución y la prórroga de poderes. También se impidió que por un tiempo se organizaran partidos además de los existentes y se favoreció la reelección de Machado como candidato único.

No todos los liberales coincidían con el cooperativismo ya que figuras tan eminentes como Orestes Ferrara, uno de los íconos del Partido Liberal presentaron en su momento objeciones que no fueron tenidas en cuenta.

Como es conocido, Ferrara entendió durante toda su vida, como tantos otros, que lo ideal era un sistema en que dos partidos principales discutieran el poder y se enfrentaran en las cámaras congresionales para impedir un gobierno autoritario. Su lealtad a Machado no implicó nunca incondicionalidad, como tampoco evitó que Ferrara presentara objeciones en muchos casos.

No puede terminarse con el tema del cooperativismo sin señalar que otros políticos liberales, sobre todo el mismo secretario de Gobernación del primer período de Machado, Rogerio Zayas Bazán, se rebelaron contra el cooperativismo.

En el caso del notable político liberal que hemos mencionado, este se enfrentó a un candidato del PPC para la alcaldía de Morón, logrando  que los conservadores retiraran a su propio candidato en respaldo al aspirante liberal propuesto por Zayas Bazán. Ese sería uno de los mas tempranos reveses sufridos por el cooperativismo.

Y debe añadirse que también entre los conservadores, políticos prominentes de ese partido, como Octavio Pardo Machado y José Enrique Bringuier. También presentaron fuertes objeciones al proyecto.

El papel electoral del liberalismo

en la era de Machado

Ya hemos aclarado que no se pretende describir el gobierno de Machado, lo cual ya se intentó en otra edición al presentar en líneas generales tanto su obra de gobierno como la oposición que eventualmente condujo a su derrocamiento el 12 de agosto de 1933.

A pesar del enorme apoyo popular de que disfrutó en los primeros años de su gobierno, muchos políticos se enfrentaron a sus planes. Uno de ellos, sobre el cual ya hemos escrito en otra edición, el doctor Miguel Mariano Gómez, con el prestigio personal de que disfrutaba y el haber recogido la entorcha política de su padre el presidente José Miguel Gómez, le propinó a Machado su primera gran derrota electoral cuando en las parciales de 1926 derrotó en contienda para la Alcaldía habanera al candidato oficialista José María de la Cuesta.

La postulación que a Miguel Mariano otorgó el pequeño Partido Popular Cubano (PPC), conocido popularmente como “los cuatro gatos”, indica que esta elección se produjo cuando el cooperativismo era solo una idea a implementarse y mostró como era imposible gobernar sin oposición en una república caracterizada por enfrentamientos electorales, acentuados en  1926 porque quedaba vigente algo de la política zayista de no perseguir a la oposición y permitir todas “las libertades públicas”.

Si bien el triunfo de Machado en 1924 implicaba, a pesar del apoyo que terminó darle Zayas a última hora, cierta frustración por la administración de este último se notaría en círculos políticos determinantes. Sobre todo una preocupación fundamental por haber abandonado Machado la política de plenas libertades públicas concedida por Zayas.

En cualquier caso, fueron muchas las grietas que se notaban en la política de apoyo a Machado entre elementos importantes como el entonces representante Félix Ayón, pero el liberalismo obtuvo, en1926, 5 gobernaciones provinciales, 36 representantes a la Cámara y 105 alcaldes, superando en mucho al conservadurismo, destinado por varios años a apoyar al gobierno que controlaba el PL y también a enfrentar sus propias divisiones internas.

Un ejemplo de como se producían las votaciones partidistas sería recordar como el conservadurismo reafirmaba su control de Pinar del Río. El conservador Ramón Fernández Vega duplicaba la votación del candidato liberal, aunque esto no se extendía de esa forma a otras posiciones.

Mientras tanto, en Matanzas, la mayoría liberal no era absoluta pues en ese año 1926 triunfaban fácilmente tres liberales que aspiraban a la Cámara: Juan Haedo Triana, Aquilino Lombard y Amado Finalés; y tres conservadores Santiago Verdeja Neyra, Antonio de Armas Nodal y Lino Marrero Lima, mientras la elección de Antonio de la Guardia mostraba que el Partido Popular Cubano (PPC), presidido por el matancero Celso Cuéllar del Río  mantenía su presencia en la provincia.

Sería necesario detenerse para recordar algo que favorecía al liberalismo, su control de un centenar de alcaldías, algo que se repitió aunque en mucha menor escala, en futuras contiendas municipales. Aun después del golpe de 1952 y del gran predominio del PAP (antiguo PAU) los liberales siguieron controlando numerosas alcaldías en las votaciones de 1954 y 1954. Así había sucedido también durante los mandatos auténticos (1944-1952) y en épocas anteriores.

Dos años después de los comicios de 1926 llegaría el momento culminante del predominio liberal con la Convención Constituyente de 1928. Bajo la presidencia del altamente prestigioso jurista de fama internacional, Antonio Sánchez de Bustamante se redactó una nueva constitución. A esa asamblea, así como a las elecciones para delegados se dedicó todo un trabajo en una edición anterior.

Esta incluía aspectos progresistas como el establecimiento  de una minoría senatorial en cada provincia, por primera vez en Cuba y América, pero se abrió el camino a la reelección de Machado  la prórroga de poderes que sería adoptada. Hasta se eliminaría el cargo de Vicepresidente de la República.

Medidas como las anteriores y la desaparición de la Alcaldía habanera sustituida por un Distrito Central, fácilmente manejable por la Presidencia del país, deteriorarían la imagen del Partido Liberal, al que pertenecían la mayoría de los delegados, pero esa medidas y leyes eran atribuidas también a la cooperación prestada al régimen por conservadores y populares.

La Ley de Emergencia Electoral de 20 de julio de 1928 repercutiría desfavorablemente, a largo plazo, sobre los tres partidos comprometidos al cooperativismo. Se prohibía la reorganización de partidos mientras surgían movimientos con apoyo de un alto número de ciudadanos como Unión Nacionalista (UNA) de Mendieta, Acción Republicana (AR) de Miguel Mariano Gómez.

Y se va creando el ambiente para que grupos que se identifican como “revolucionarios” o “de acción” vayan minando la base de otros partidos, sobre todo el Liberal. No sería hasta después de 1933 que se iniciaría la legalización de estos partidos. Uno de ellos, el Partido Comunista (fundado en 1925), no sería legalizado hasta 1928. Curiosamente, el opositor ABC llegaría a ejercer influencia en Cuba, pero sus votaciones jamás se acercaron a las que los liberales obtuvieron después del derrocamiento de Machado.

Un factor de futuras repercusiones se veía venir fácilmente. Los miembros de grupos como UNA y AR eran básicamente de extracción liberal y esto necesariamente repercutiría de dos maneras. Por un lado permitía a movimientos como los de Mendieta y Miguel Mariano afirmar que un gran sector liberal se oponía a Machado. Hasta el punto de que AR se llamó originalmente Acción Republicana Liberal, pero por el otro impediría una unificación liberal después de la caída de Machado.

El 3l de julio de 1928, los jefes de los partidos Liberal, Conservador y Popular, Vázquez Bello, Cavada y Cuéllar firman a nombre de sus partidos el acuerdo que convertiría a Machado en candidato único y aseguraría su reelección.

Las elecciones del primero de noviembre de 1928 ofrecían una característica especial. Hasta la llegada del régimen castrocomunista en 1959, con la supresión de elecciones competitivas, el retraimiento electoral masivo se produjo en 1901, 1905 y 1954, pero se trataba de una decisión voluntaria de partidos que funcionaban y hasta habían podido iniciar campañas electorales antes de anunciar su retraimiento. En 1928 el retraimiento no fue realmente voluntario pues no había otros candidatos en la boleta. No había nada que hacer.

No en balde, sería casi imposible encontrar fuentes en que se mencione la votación recibida por Machado, simplemente se hace referencia a que no había contrario. Una página triste para Cuba y también para el liberalismo y los otros dos partidos principales.

Las elecciones de 1930 fueron las primeras elecciones en que se pudieron elegir senadores en caso de alcanzar la minoría, una sola en cada provincia. Se eligieron tres por la mayoría y uno por la minoría. Todos los elegidos por mayoría eran liberales, los elegidos por minoría eran conservadores. Las fuerzas del PPC habían disminuido y solo eligieron representantes.

El Partido Liberal obtuvo 18 senadores y los conservadores solo 6. Sin embargo los liberales se contentaron con 28 representantes mientras los conservadores obtuvieron 23 y los populares 8. En otras palabras, los liberales no lograron mayoría absoluta.

Rafael Guás Inclán, que presidía la Cámara de Representantes obtuvo una votación superior a cualquier otro en el país en esos comicios (62,267 votos). Pero se repetían nombres de senadores y representantes que ya ocupaban escaños, con algunas excepciones. Las maquinarias políticas determinaban el resultado de muchas campañas.

En medio de la crisis nacional y después de alzamientos y actos de terrorismo en distintos lugares, se realizó finalmente una esperada reorganización de los partidos en 1931. Se permitió el funcionamiento de nuevos partidos, pero solo participaron, además de los tres que habían estado unidos en un cooperativismo que iba desapareciendo, organizaciones con poca afiliación y un número de partidos locales. Eran partidos que no llenaban condiciones para ser oposicionistas.

Solo un Partido Progresista y un Partido Renovación Nacionalista fueron inscritos para participar en elecciones nacionales junto a los tres partidos principales. Se inscribieron para votar 710,593 ciudadanos y 519,014 inscribieron sus nombres en los partidos. Las afiliaciones fueron de 323,585 en el PL, 127,552 en el PCN, 62,097 en el PPC y 5,780 en el Partido Progresista. Otros no obtuvieron suficientes afiliados a no ser al nivel municipal.

El primero de noviembre de 1932 se celebraron elecciones en que se eligieron dos senadores para reemplazar a ocupantes que habían fallecido. Ramón Fernández Vega fue electo senador conservador por Pinar del Río y el matancero Carlos Miguel de Céspedes Ortiz triunfó como senador liberal por Camagüey.

Por ser las últimas elecciones del período, haremos énfasis en los resultados, aunque solo serán presentados en detalle cuando se publique en próxima edición los resultados completos, como estamos haciendo hasta ahora en LIBRE, elección por elección, partido por partido, provincia por provincia.

Los liberales, además de la senaduría de Céspedes lograron elegir 35 representantes, 28 consejeros provinciales, 84 alcaldes municipales, y cinco gobernadores. El Partido Conservador obtiene la gobernación de Pinar del Río y la ya mencionada senaduría vacante en esa provincia, 25 representantes, 18 consejeros provinciales y 33 alcaldes. El Popular logró 9 representantes, 7 consejeros y 3 alcaldes.

El Partido Progresista, en su breve y precario debut logra las alcaldías de Jovellanos y Florida y un consejero por Camagüey. En Oriente se produjo una reñida contienda para el cargo de gobernador que permitió la victoria a los liberales con José R. Barceló, derrotando al conservador Félix Prado.

En esa elección se destacaron, entre otros, dos políticos que después serían figuras decisivas en contiendas en los años cuarenta y cincuenta. Víctor Vega Ceballos contribuyó allí enormemente a la victoria liberal mientras que Andrés Rivero Agüero realizó una extraordinaria labor en el intento de elegir al conservador Félix Prado.

Pero la situación empeoraba considerablemente. Como nuestro tema es el Partido Liberal, señalamos que varios legisladores mostraban oposición a ciertas medidas del gobierno, mientras que entre los conservadores se creó un grupo de “conservadores ortodoxos” (sin relación con el futuro partido conocido como Ortodoxo). Ese grupo conservador se agrupaba en torno a las posiciones del expresidente Menocal, adversario del gobierno.

Así las cosas, el Partido Liberal perdería pronto su posición de partido claramente mayoritario. Pero eso sucedió después de la caída de Machado el 12 de agosto de 1933, aunque mantuvo cierto status de mayoría relativa o lograba una votación significativa en las contiendas de 1936, 1938 y 1940. Voces liberales se escucharían siempre en el Congreso y docenas de alcaldías permanecieron bajo control liberal.

El Partido fundado en 1905 recuperaría su status legal en 1934 y muchos de los que habían participado en la administración de Machado fueron reintegrándose a la política. Los alcaldes elegidos en 1932 fueron destituidos y reemplazados en 1933, pero muchos de ellos regresarían a sus cargos, por elecciones, en futuros años.

Como hemos mencionado en este o en otros trabajos, los liberales opositores a Machado encontraron en partidos fundados por liberales como Unión Nacionalista (UNA) de Mendieta y Acción Repúblicana (AR) de Miguel Mariano Gómez, un nuevo hogar político. Algunos sintieron la necesidad de ir agrupándose en nuevos partidos y movimientos, como el Partido Auténtico que surgiría en 1934 con una fuerza sobresaliente como llegará el momento de describir en una próxima edición.

La caída de Machado no marcó el fin del Partido Liberal. Como hemos explicado en otros trabajos, utilizando un vocabulario mas amplio, sin su ayuda no hubiera sido elegido Miguel Mariano Gómez presidente en 1936. La elección de Fulgencio Batista en 1940 y el triunfo de la Coalición Socialista Democrática dependió en parte del voto liberal.

En las elecciones parciales y en las presidenciales de 1944 y 1948, aun sin elegir presidente, los liberales demostraron su fuerza. En 1944 lograron la postulación del liberal Ramón Zaydín para la vicepresidencia. En 1948 obtuvieron el segundo lugar para la candidatura presidencial de otro gran liberal, Ricardo Núñez Portuondo.

En 1951, el Presidente auténtico Carlos Prío se vio prácticamente obligado a hacer coalición con los liberales que habían sido sus adversarios. En 1953, el Partido Liberal, que no participó en el golpe de Estado de 1952, fue invitado a unirse a la coalición que apoyó a Batista en 1954 y respaldó a Andrés Rivero Agüero en 1958.

No entraremos en lo acontecido al liberalismo después de 1933, tema de otros trabajos, y no conocemos el futuro, pero no podemos olvidar que el último Vicepresidente de Cuba republicana, Rafael Guás Inclán, fue un liberal durante toda su vida. Ya en el exilio, el cubanísimo “Felo Guás”, aseguró que el Partido Liberal regresaría a su condición de gran partido en una Cuba libre.

El nombre “liberal”, entendido en su significado original, es decir, alejado de tendencias de izquierda o socialistas, sigue siendo utilizado por  opositores y disidentes del castrismo dentro y fuera de Cuba. Viejos liberales y sus descendientes viven entre nosotros. Guás Inclán pudo haber tenido razón.

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