El párroco de la Ermita José J. Espino. «El poder de fe de la Caridad es tan grande que ya llegó al corazón de hispanos en Miami»

Written by Germán Acero

12 de septiembre de 2023

El párroco de la Ermita, José Joaquín Espino, admitió que la fe religiosa por la virgen de la Caridad es tan poderosa que ya llegó hasta el corazón de todos los hispanos en Miami”.

“Cachita ha engrandecido la fe y abrigado a miles de cristianos en este lugar de esperanza que es la Ermita donde vienen no solo los cubanos sino fieles de otras nacionalidades e, incluso, los mismos estadounidenses”, dijo.

“Aquí es un encuentro con Dios y la virgen ha salido a visitar a sus fieles en todo el Condado. El encuentro con la eucaristía.  La fe de la Caridad ha sido clave para ahondar y engrandecer la fe de todos los religiosos desde su llegada en 1963”, señaló.

“Es la madre de todos los pueblos. La que siempre ha estado presente en las buenas y en las malas y la que sigue vigilante para que algún día pueda llegar la libertad a la isla de Cuba”, expresó.

“Hoy estamos celebrando y festejando su llegada a Miami donde ha creado un nido tremendo de fe y oración por todas las personas que sufren en Miami sacudidas por diversos problemas”, resaltó.

“Yo me siento muy orgulloso de haber llegado aquí como párroco y estoy presidiendo todos estos actos porque eso es lo que ha querido la comunidad religiosa de la Ermita”, insistió.

“Estamos en regocijo porque nuestra virgen siempre nos ha acompañado y amparado en los momentos más difíciles y es un consuelo para todos aquellos que han llegado de pueblos oprimidos por la violencia”, reiteró.

“Esta fiesta de la virgen ha demostrado el aumento de la fe religiosa en Miami donde día a día vienen más personas a rezar y a pedirle a la virgen por sus familias y por la libertad de sus pueblos”, puntualizó.

“Es maravilloso ver cómo los fieles salen a las calles a saludar a la virgen y cómo vienen a la Ermita a rezarle y adorarla con profunda fe. Es un testimonio muy grande la religiosidad que hay ahora en Miami”, puntualizó.

“Para mí es un privilegio, pero también es un reto estar aquí, de cierto modo este lugar es el corazón y el alma del exilio cubano”, agregó.

Espino recuerda que el pasado 15 de diciembre, mientras preparaba la festividad de San Lázaro, el arzobispo de Miami, Thomas Wensky, lo sorprendió con la noticia de su nueva designación.

“¿Tú querías estar al lado del mar?”, le preguntó el arzobispo. “Vas para la Ermita de la Caridad”, recuerda el padre Espino, quien durante 13 años fue párroco en la Iglesia Católica de San Lázaro, en la ciudad de Hialeah.

“Yo medio jugando le dije un día al arzobispo que después de San Lázaro quería ir a Tavernier, Islamorada”, en los Cayos de la Florida. “Esa es una parroquia perfecta para mí. Algunos amigos se han retirado en esa zona y me gustaría estar cerca de ellos”, relató el sacerdote sobre su conversación con monseñor Wensky.

Espino expresa gratitud a Dios y afirma que espera “continuar la misión evangelizadora de Monseñor Agustín Román, fundador de este templo, guía espiritual de los cubanos”.

“El Santuario de la Ermita es el lugar de evangelización, oración, peregrinación, de encuentro, un lugar de acogida”, dijo Espino, un sacerdote que con su espíritu humanitario ha sabido llegarles a los fieles.

Nacido en la ciudad de Guantánamo el 6 de abril de 1956, Espino tenía cinco años cuando llegó a Miami con sus dos hermanos mayores a través de la “Operación Pedro Pan”.

Cinco años después, el 14 de febrero de 1966, se reencontró con sus padres y hermanos. “Ese día conocí a mi hermana menor, ella nació dos años después de que yo saliera de Cuba”, recuerda con alegría.

También recuerda que cursó estudios en las escuelas públicas de la ciudad de Hialeah, donde se estableció su familia.

“Vengo de una familia muy religiosa por parte de mi papá, muy practicantes, devotos de la Virgen de la Caridad, todos mis tíos llevan de segundo nombre Caridad”.

“Siempre pensé estudiar Medicina, gran parte de mi infancia y de la juventud estuvo influida en gran medida por la ciencia, la matemática, pero nunca pensé que sería sacerdote”, comentó antes de contar cómo descubrió su vocación.

“Me acuerdo, fui al Seminario St. John Vianney, y estando en la capilla tuve una experiencia espiritual”, dijo.  Y añadió que “Fue una respuesta personal, ante la escasez de sacerdotes”.

Comenzó la formación sacerdotal en el Seminario St. John Vianney en 1976 y posteriormente en el Seminario Regional de St. Vicente de Paul, en Boynton Beach. Fue ordenado sacerdote en 1983 por monseñor Edward A. MacCarthy. “Tenía 27 años”.

El padre Espino hizo labor pastoral con la comunidad haitiana que durante su diaconado llegó al sur de la Florida.

“Wensky estaba a cargo del “Centro Católico Haitiano” de Miami y estaba muy preocupado por la situación de estos hermanos, por el sufrimiento de ese noble pueblo, tuve que aprender un poco de creole para realizar esa labor humanitaria”, afirmó el religioso.

El padre ha servido como pastor en diferentes parroquias del Sur de la Florida y como director de los “Encuentros Juveniles” y “Ministerio Juvenil”. En un momento dado pensó ser misionero en África, pero terminó en la Misión Santa Ana de Homestead, en la Florida.

El Papa Juan Pablo II durante su visita a Cuba en 1998 anunció la creación de la diócesis Guantánamo-Baracoa, iniciada por monseñor Carlos Baladrón. Espino estuvo presente en la misa de instalación.

Un año más tarde, la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba incluyó su nombre en la lista de solicitudes de permisos y las autoridades se lo concedieron.

“Volver a mi pueblo y poder compartir este momento tan importante para la vida de la Iglesia Católica significaba mucho para mí. También lograr que la humilde casa en el Reparto Obrero más tarde se convirtiera en la parroquia San José Obrero, eso fue tremendo, tremendo”, dice sin poder ocultar la emoción.

El padre Espino recuerda la acogida del pueblo y los fieles de Guantánamo y Baracoa. En la Ciudad Primada de Cuba fue párroco en la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción.

El sacerdote resaltó que lo recibieron como miembro de su comunidad de una manera que nunca imaginó. “Una experiencia inolvidable. Cinco años de expandir nuestra fe cristiana con la realidad que vive el pueblo cubano”, comentó.

Desde febrero pasado ejerce el magisterio sacerdotal como rector de la Ermita de la Caridad. “Otro desafío pastoral no menos importante que los otros”, apuntó.

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