De la Redacción de LIBRE y Fuentes anexas
El martes 5 de septiembre de 1882 se celebró en la ciudad de Nueva York el primer desfile en honor de los trabajadores en Estados Unidos. No era todavía un día festivo y quienes participaron tuvieron que ausentarse de sus labores en una época en la que hacerlo podía significar perder el empleo.
La celebración fue organizada por el Central Labor Union de Nueva York, una organización que reunía a representantes de diferentes sindicatos locales. Cerca de 10.000 trabajadores participaron en la marcha, que partió de las inmediaciones del Ayuntamiento, pasó por Broadway y llegó hasta Union Square. Posteriormente, los trabajadores y sus familias se reunieron para un picnic, conciertos y discursos.
Pero aquella primera celebración estuvo muy cerca de convertirse en un fracaso.
A las 10 de la mañana, cuando debía comenzar el desfile, apenas unos pocos trabajadores se habían presentado y, para colmo, no había música. Los espectadores que se habían congregado en las calles comenzaron incluso a sugerir que se suspendiera la marcha.
Entonces ocurrió lo inesperado. Matthew Maguire, dirigente del Central Labor Union y uno de los hombres a quienes posteriormente se atribuiría la creación del Labor Day, llegó con la noticia de que unos 200 miembros del sindicato de joyeros de Newark acababan de cruzar el río… ¡y traían una banda de música!
Los joyeros se incorporaron al desfile tocando una pieza de la opereta Patience, de Gilbert y Sullivan. La banda dio vida a la marcha y otros trabajadores comenzaron a incorporarse. Lo que parecía estar a punto de convertirse en un fracaso terminó creciendo hasta convertirse en una gran manifestación. Los informes de la época estimaron que entre 10.000 y 20.000 hombres y mujeres participaron en el desfile.
Después de la marcha llegó la parte más festiva. Los trabajadores se dirigieron al parque Wendel’s Elm, donde hubo discursos, un picnic, música, cigarros y cerveza. Cerca de 25.000 miembros de sindicatos y sus familiares llegaron a participar en las actividades que se prolongaron durante buena parte del día.
Así nació una tradición que con el tiempo se convertiría en una de las celebraciones nacionales más conocidas de Estados Unidos.
De Nueva York a todo el país
La idea de dedicar un día al trabajador comenzó a extenderse rápidamente. En los años siguientes se organizaron celebraciones en distintas ciudades y, en 1884, se adoptó el primer lunes de septiembre como fecha propuesta para la celebración.
Para 1885 y 1886 ya existían celebraciones laborales en distintas partes del país. El movimiento fue adquiriendo fuerza y varios estados comenzaron a reconocer oficialmente la fecha.
Oregón fue el primero en aprobar una ley estatal que establecía el Labor Day como día festivo, el 21 de febrero de 1887. Ese mismo año se sumaron Colorado, Massachusetts, Nueva Jersey y Nueva York. Posteriormente hicieron lo propio Connecticut, Nebraska y Pensilvania. Para 1894, otros 23 estados habían adoptado la celebración.
Finalmente, el 28 de junio de 1894, el Congreso aprobó una ley que estableció el primer lunes de septiembre como feriado nacional. El presidente Grover Cleveland firmó la legislación y el Labor Day pasó a formar parte oficialmente del calendario federal estadounidense.
Una lucha que comenzó mucho antes
La historia del Labor Day no puede separarse de una de las principales reivindicaciones del movimiento obrero del siglo XIX: la reducción de la jornada laboral.
Durante aquella época, muchos trabajadores estadounidenses soportaban jornadas excesivamente largas y condiciones laborales muy difíciles. La demanda de una jornada de ocho horas comenzó a ganar fuerza décadas antes de la creación del Labor Day.
En 1829, trabajadores de Nueva York ya habían solicitado a la Legislatura estatal que estableciera una jornada de ocho horas. Con el paso de los años, la exigencia se convirtió en una de las principales banderas de los movimientos sindicales.
El ideal quedó resumido en una sencilla fórmula: “Ocho horas para trabajar, ocho horas para descansar y ocho horas para la recreación”.
La frase expresaba mucho más que una demanda salarial. Representaba la aspiración de los trabajadores a disponer de tiempo para dormir, descansar, estar con sus familias y disfrutar de una vida fuera del trabajo.
En 1868, el presidente Andrew Johnson firmó una legislación que establecía una jornada de ocho horas para determinados empleados del gobierno federal. Sin embargo, la medida no significó que todos los trabajadores estadounidenses quedaran protegidos por una jornada de ocho horas. Las extensas jornadas continuaron siendo habituales para millones de trabajadores.
Durante las décadas siguientes, las organizaciones sindicales intensificaron sus esfuerzos para conseguir mejores condiciones laborales. La lucha por las ocho horas alcanzó especial fuerza en la década de 1880 y se convirtió en una de las grandes causas del movimiento obrero estadounidense.
¿Quién creó realmente el Labor Day?
Existe una curiosa disputa histórica sobre quién fue el verdadero creador de la celebración.
Durante mucho tiempo, el crédito se atribuyó a Peter J. McGuire, dirigente sindical, cofundador de la American Federation of Labor y uno de los principales líderes del movimiento obrero de su época. Algunos documentos indican que en 1882 propuso reservar un día para honrar a los trabajadores y planteó que la celebración comenzara con un desfile seguido de actividades recreativas.
Sin embargo, investigaciones posteriores han dado mayor protagonismo a Matthew Maguire, quien en 1882 era secretario del Central Labor Union de Nueva York y participó directamente en la organización de la primera celebración.
Según documentos conservados por instituciones históricas de Nueva Jersey, después de que el presidente Cleveland firmara la ley que convirtió el Labor Day en feriado nacional, un periódico de Paterson, Nueva Jersey, llegó a llamar a Maguire el “padre” y el “autor indiscutible” de la celebración.
Por ello, más que una historia con un único fundador indiscutible, el origen del Labor Day está relacionado con varios dirigentes y organizaciones del movimiento obrero de finales del siglo XIX.
¿Por qué septiembre?
También resulta interesante preguntarse por qué se escogió septiembre y no otra fecha.
La celebración nació en un período del año que permitía organizar actividades al aire libre y, además, quedaba convenientemente situada en el calendario entre el 4 de julio y Thanksgiving, dos de las principales celebraciones estadounidenses.
La fecha elegida originalmente no coincidía necesariamente con el primer lunes de septiembre en todas partes. Antes de convertirse en feriado federal, distintas localidades podían celebrar el Labor Day en diferentes fechas de septiembre. Fue la ley federal de 1894 la que estableció definitivamente el primer lunes de septiembre como fecha nacional.
Una celebración que cambió con el tiempo
En sus primeros años, el Labor Day estuvo estrechamente ligado al movimiento sindical y a las reivindicaciones de los trabajadores. Los desfiles tenían como propósito mostrar la fuerza y la unidad de las organizaciones laborales, mientras que los picnics y las actividades familiares ofrecían un espacio de recreación después de la marcha.
Con el paso del tiempo, el carácter reivindicativo fue cediendo espacio a una celebración más familiar y festiva. Los desfiles continuaron en numerosas comunidades, pero el Labor Day también comenzó a asociarse con reuniones familiares, parrilladas, actividades al aire libre y eventos deportivos.
Para muchos estadounidenses, actualmente representa además el final simbólico del verano y el último gran fin de semana de la temporada estival. Sin embargo, detrás de las reuniones familiares, los viajes y las ofertas comerciales de estos días festivos permanece una historia que comenzó con trabajadores que, en 1882, decidieron salir a las calles de Nueva York para reclamar reconocimiento y mejores condiciones de vida.
Aquel primer desfile estuvo a punto de no comenzar por falta de participantes y de música. Terminó, sin embargo, reuniendo a miles de trabajadores y sus familias y dando origen a una celebración que, doce años después, se convertiría oficialmente en un feriado nacional.
Más de un siglo después, cada primer lunes de septiembre, Estados Unidos vuelve a rendir homenaje al trabajo y a quienes, con su esfuerzo, contribuyen a la fuerza económica y social del país.







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