EL MITO DE LA MEDICINA CUBANA…Y OTROS MÁS

Written by Adalberto Sardiñas

28 de julio de 2021

Los despliegues de protestas, en número de miles, efectuados en casi una veintena de ciudades, desde Pinar del Río a Santiago, nos ofrecen una conclusión definitiva: nada fundamental ha cambiado en la Cuba de los Castro.

  Desde el principio de la agonía, a comienzos del 59 del pasado siglo, “la revolución cubana”, carente de un átomo de dignidad, no ha sido más que la hipertrofia de un trastorno político mantenido por el mito. El mito más propagado por las redes propagandísticas, ha sido la medicina. El cuidado de la salud, un desvelo popular, tan generalizado, y ansiado, tan importante, necesario y atractivo, especialmente como anzuelo político, para atraer empatía y admiración, ha sido la engañifa, el mito principal, en el arsenal de una militancia revolucionaria, ilegitima, mentirosa y mendaz, para convencer a incautos y tontos útiles.

  Existen también los mitos de la educación, el embargo, y la equidad. Todo, empezando por la propia revolución, y sus supuestos logros, no han sido más que ilusorias fabricaciones dentro de la mitología marxista.

La tiranía comunista cubana dice haber graduado, cada año, a miles de doctores y enfermeras calificadas para atender a las necesidades médicas de la población.   Sin embargo, las cifras lucen inciertas y totalmente exageradas. Lo que sí es probadamente cierto, es que el régimen de La Habana envía a miles de trabajadores de la salud a diversos países, no de forma altruista, como afirman, sino como una repulsiva práctica de tráfico humano, recibiendo de esos países remuneración en dólares, y pagándoles a esos profesionales emolumentos risiblemente injustos y explotadores. He ahí, la equidad “revolucionaria”, uno de los mitos que debe ser desmantelado, como una mentira más.

La exportación mercantilista de estos médicos y enfermeras ha creado un enorme vacío, una crisis gravísima, en el servicio a los pacientes que sufren el coronavirus. Mientras Cuba proclama ante el mundo la efectividad y proeza de su sistema médico, los cubanos mueren en cantidad alarmante a consecuencia de la pandemia, por falta de asistencia adecuada. No hay médicos suficientes, ni enfermeras, ni medicamentos. Y estas arbitrariedades no son cuestiones del momento. Antes de la llegada del Covid, por muchos años, la carencia de medicina era notoria a los ojos del mundo, pero la propaganda oficial alimentaba el mito que había inventado. La medicina y el cuidado médico eran excelentes. ¡Miércoles! Fueron buenos, sí, pero antes que la banda de facinerosos se adueñara de la república. ¿Qué bueno puede ser un sistema donde los ciudadanos tienen que apelar a los parientes en el exilio para adquirir los medicamentos básicos para aliviar sus padecimientos? Ni ayer, y mucho menos, hoy, el sistema ha sido bueno. Ni siquiera mediocre. Ha sido catastrófico. Los pacientes, en necesidad de cirugía, tienen que llevar su propia ropa de cama, jabón, y otros artículos, porque los hospitales carecen de ellos. Aspirinas, antibióticos, vitaminas, buena suerte si usted tiene un familiar en Miami. De lo contrario tiene que sufrir los dolores de cabeza, y otros peores, que en ese manicomio deben ser muy frecuentes. La medicina en Cuba, hasta en sus más simples aspectos, ha sido un colosal fracaso, mantenido, en la mentira del mito, como un éxito, repetido hasta la náusea por los papagayos trasnochados que abundan por el mundo.

Aunque el mito ha crecido raíces, hay que cortárselas. Debe ser denunciarlo y desenmascarado. Es una serpiente venenosa que, a través de su perpetuación, causa daños. Hay que destruir el mito de todos modos. Es un fetiche que produce demasiadas víctimas, y, en, y por su nombre, se inmolan todos los días incontables inocentes. El mito vive a expensas de la energía que le presta el error de la inocencia, o de la ignorancia. Así ha sido en Cuba por demasiado largo tiempo. A partir de él, y por su incesante cacofonía, se inició la vil tarea, propia del totalitarismo, de ocultar la realidad y fomentar la mentira hasta el convencimiento. Cuando la multitud aprenda a distinguir entre lo verdadero y lo falso, la sociedad habrá dado un paso definitivo por el camino de la razón y el sentido común.

Otro de los mitos en la aberración “revolucionaria” es el de la educación. Se la venden al mundo como un logro excepcional del sistema. ¡Falso!

El sistema educacional cubano es el más comprometido de América Latina y de una buena parte del mundo. Sólo se repite en las naciones que viven bajo el dogma marxista.

 En Cuba, la educación, no es libre, ni gratuita. No se paga en términos monetarios, ciertamente, pero se paga en la concesión de derechos que son inalienables a la persona. El niño debe ser pionero. El adolescente y el joven, si no pertenecen a la juventud comunista, no tienen acceso libre e independiente, sin limitaciones, ni trabas, a una educación superior. Estará siempre en desventaja si no muestra “méritos revolucionarios”. Ése es el altísimo precio que paga en Cuba la juventud por su educación. Se paga en sometimiento al gobierno comunista y en obediencia al adoctrinamiento demencial para la creación del “hombre nuevo”. Se paga con la abdicación de principios. Ésta ha sido siempre la regla inflexible que impuso Fidel Castro en la década de los 60’s cuando dijo: “la universidad es para los revolucionarios”

No existe en Cuba espacio para la educación libre. Si el estudiante muestra una actitud de desacuerdo en cualquier tema que envuelva el sistema marxista, será víctima de represalias. He ahí, pues, la calidad y la conquista de la educación cubana: un mito más que debemos combatir para que surja la verdad.

Y nos queda otro por destacar, aunque existen muchos más en la colorida gama de la mitología castro comunista: el embargo. ¡Ah, éste sí le ha resultado útil! La izquierda tercermundista disfruta intensamente la propagación de este mito. Si los otros son alabarderos, rimbombantes, y pretensiosos, éste tiene un tono melo dramático en la tierna melancolía de la victimización. Cuba es víctima. Los cubanos son víctimas inocentes del embargo. Y tienen razón. Los cubanos sufren un injusto embargo impuesto por su propio gobierno. Los laboratorios cubanos producen medicamentos, pero, para la exportación. De Estados Unidos puede el gobierno comunista importar alimentos y medicinas sin restricciones, pero no lo hace porque la escasa divisa que posee la utiliza para adquirir cosas, como las armas que le compró a España el pasado año, que en nada alivia las penurias que sufre la ciudadanía. A cada oferta de organizaciones internacionales de ayuda humanitaria, la respuesta ha sido ¡no.! Éste es, en su contexto real, el embargo que existe en Cuba, y que proviene, directamente, del gobierno contra sus ciudadanos.

Pero para la propaganda izquierdo-comunista, es un valioso y enternecido mito lastimero, producto del embargo americano.

Si le queremos dar un nombre y apellido correctos, llamémosle así: el embargo cubano contra los cubanos.

BALCÓN AL MUNDO

Las manifestaciones de repudio al régimen por parte de miles de cubanos, diseminados por docenas de ciudades, han puesto a Joe Biden en un serio aprieto, una especie de catch 22 situación. Por un lado, la izquierda radical de su partido, que no se ha atrevido a condenar clara y enfáticamente a la tiranía comunista, pero sin embargo condenan a su país del sufrimiento cubano por el “embargo”; y, por el otro, la fuerza política del estado de Florida, que, de forma casi bipartidista, ha apoyado las protestas del pueblo cubano. ¿Qué hacer? ¿Qué hacer?

Biden tiene que demostrar qué clase de líder es.  Eso es lo que debe, y tiene que hacer. Y, de paso, confirmar sus palabras de “que él no es Obama”. Ésta es la hora de la definición. Con el pueblo de Cuba y su libertad, o con la facción socialistoide de Sanders, Ocasio Cortéz, y las musulmanas filo comunistas del squad, también conocidas como las cuatro jinetes del apocalipsis, por sus pronunciamientos hipertelúricos de una hecatombe universal, si el mundo persiste en su sistema capitalista liberal democrático.

En las manos del presidente Biden está el destino del Partido Demócrata en el estado de Florida.

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Se ha confirmado oficialmente: Pedro Castillo, comunista de pura cepa, es el nuevo presidente de Perú. Le ganó a Keiko Fujimori por 42,000 votos mal contados, según los peruanos. Mala noticia para la nación andina y un peligro para la comunidad latinoamericana en general.

Pero, si a los peruanos les sirve de consuelo, no deben olvidar que su país es el líder en sustituir presidentes en muy breve tiempo.

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  Angela Merkel estuvo en la Casa Blanca, en su tal vez, última visita a Washington como Chancelor de Alemania. No se fue con las manos vacías. Se llevó una gran concesión del presidente Biden, que las está repartiendo como caramelos. Antes levantó las restricciones impuestas a Tik Tok, una plataforma china en el internet, que era, y es, un peligro para la seguridad de Estados Unidos.

Y, ¿cuál fue el regalo a la Sra. Merkel? Remover, desechar, la oposición a la construcción del gasoducto Gas Stream 2, que permitirá a Rusia aumentar la dependencia de varias naciones europeas a su suministro de energía.

 Este proyecto había sido opuesto por las dos pasadas administraciones por considerarlas un peligro para la estabilidad económica y política de esa región.

En cuanto a Biden, espere más de lo mismo en el futuro inmediato.

 Atención, cubanos y venezolanos, que la piñata acaba de empezar, y la ruptura espera su turno.

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