EL MAYOR GENERAL OSVALDO SÁNCHEZ

21 de julio de 2026

A estas alturas hay que ser muy ingenuo para imaginar que un grupito de zarrapastrosos hubiera podido, por sí solo, adueñarse de un país e implementar un sistema de inteligencia y contrainteligencia sin ayuda externa.

Muchísimos años antes de 1959, la Internacional Comunista había puesto sus ojos en nuestra isla y conspirado para adueñarse de ella. Incluso ya había escogido al hombre idóneo para dirigir en Cuba esa sangrienta y perversa tarea.

Sí, tras la huida de Fulgencio Batista, de todas partes del mundo fueron arribando a la isla cientos y cientos de expertos en el arte de esclavizar a una nación.

Y quizás el más importante de todos fue el general cubano de la KGB, Osvaldo Sánchez.

Osvaldo Sánchez fue uno de los personajes más misteriosos y siniestros que ha dado la isla de Cuba, porque, desgraciadamente, nació en ella.

Este tipejo era nada más y nada menos que mayor general de la KGB soviética. Niño mimado de Joseph Stalin por su gigantesca y perversa labor en favor del comunismo internacional. Es decir, ¡el canalla era de ampanga!

¿Ustedes ven lo bravucones que parecían ser el Che, Camilo, Ramiro, Almeida, Ameijeiras, Fidel y Raúl? Pues quiero que sepan que se ponían a temblar y a sudar frío ante la presencia del representante del Kremlin en toda América Latina.

Mientras ellos apenas se iniciaban en la matanza, Osvaldo llevaba muchísimos años ejerciendo como matarife a escala mundial.

No fue Carlos Rafael Rodríguez —como muchos hemos creído— quien hizo el pacto del Partido Socialista Popular con Castro en la Sierra Maestra. Fue Osvaldo Sánchez quien hizo comprender al aspirante a tirano la imperiosa necesidad de ponerse al servicio del comunismo internacional y de él en particular.

Fue Osvaldo Sánchez el auténtico creador del tenebroso G-2 cubano y uno de los grandes artífices del Ministerio del Interior.

Mientras los cubanos le echamos toda la culpa a Ramiro Valdés —que mucha tiene—, exoneramos, por absoluto desconocimiento, al verdadero arquitecto de todos los cuerpos represivos y de terror de nuestra patria.

Blas Roca, Lázaro Peña, Juan Marinello, Aníbal Escalante, Joaquín Ordoqui, Edith García Buchaca y toda la dirigencia politiquera del PSP eran solamente unos segundones, cachanchanes de Osvaldo Sánchez.

De la misma manera, Vilma Espín era simplemente una figura decorativa en la Federación de Mujeres Cubanas, mientras que quien verdaderamente cortaba el bacalao allí era la esposa de Osvaldo Sánchez, Clementina Serra.

La eminencia gris era Osvaldo Sánchez, hasta que Fidel se sintió opacado y lo asesinó, dejando claro a los soviéticos quién era, en realidad, quién mandaba en Cuba.

El día en que Castro, tres meses antes de Playa Girón, dio la orden de derribar la avioneta en la que viajaba Sánchez, comenzó la eliminación sistemática de todo aquel que le hacía sombra al egocéntrico tirano.

Y los rusos, los chinos y la Internacional Comunista en pleno llegaron a la conclusión de que Fidel Castro no era un obediente militante de la causa de la hoz y el martillo, sino un narcisista fidelista.

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