EL  MARTES 13

Written by Rev. Martin Añorga

12 de septiembre de 2023

A lo largo de los siglos el ser humano ha estado sujeto a las más diversas supersticiones. Es increíble que en pleno siglo XXI todavía estemos atados a muchas de ellas.

Pudiéramos enumerarlas, pero se nos ha ocurrido hoy hablar específicamente de los mitos relacionados con el martes 13. La combinación del número con el día de la semana es interesante, especialmente para los hispanos, pues para las personas de ascendencia nórdica el día maléfico es el viernes 13. Varias películas de horror se han encargado de enfatizar este supersticioso concepto.

El número 13 se asocia a todo tipo de males. Las leyendas nórdicas hablan de 13 espíritus del mal, la venida del Anticristo y la Gran Bestia aparecen en el capítulo 13 del Apocalipsis; en el Tarot este número se refiere al ángel de la muerte y en la última cena de Jesús eran trece los comensales, él y sus doce discípulos. De todos es sabido que al día siguiente Jesús sufrió el martirio de la crucifixión.

Las supersticiones asociadas con el número 13 son incontables, y lo curioso del caso es que han prevalecido, desde los días primitivos hasta los de hoy, cuando pretendemos vivir en una total época de civilización. Mencionemos algunas.

Es mala suerte tener 13 invitados en la casa.

Es provocar una desgracia cortarse las uñas o el cabello durante ese día.

Muchos hoteles alrededor del mundo no utilizan el número 13 para identificar el piso en el que acomodarían a sus huéspedes, y se saltan al 14 para complacer a los supersticiosos. Esta costumbre la hemos observado en Miami, donde en condominios, y hasta en hospitales se suprime el piso número 13.

Varias compañías de aviación suprimen la hilera número 13 de asientos debido a la superstición de muchos viajeros  que temen usarla, aunque siempre hay individuos valerosos que rehúyen someterse a esa ridícula superstición, ya que si un avión sufre un accidente el mismo afecta a los pasajeros que están sentados en todas las hileras de asientos, independientemente de los números que tengan asignadas. Recordamos la sugestiva frase de Francis Bacon, “evitar las supersticiones es otra superstición”. El hecho es que muchas personas religiosas creen que cuando superan una superstición merecen un trato preferente de parte de Dios.

Conocí hace años en la ciudad de Matanzas a una persona económicamente satisfecha que me dijo que nunca tenía trece dólares en su billetera, porque eso era señal de que una crisis se avecinaba. Nos reencontramos en Miami, en los días iniciales del exilio, y cuando recordamos el tema se lamentaba conmigo de que no había tenido todavía la oportunidad de tener aunque fueran trece dólares en su bolsillo. Ante la necesidad la idea supersticiosa de la mala suerte se disipó.

El problema del número trece se complica cuando el mismo se asocia al día martes, ¿Quién no recuerda a alguno de sus mayores diciendo que “en martes 13 no te cases ni te embarques, ni de tu casa te apartes”? Nos preguntamos cuál es el problema del tercer día de la semana cuando en el almanaque le corresponde ser el décimo tercero del mes.

El tema del martes tiene su historia. Corre la leyenda de que la maldad atribuida al martes se debe a su asociación con el dios Marte, el símbolo de la guerra que implica la muerte. La consideración del martes como día fatídico ha dado lugar a muchos refranes, algunos de ellos con sentido satírico y humorístico: “el martes ni gallina eches, ni hija cases”; “el martes ni hijo cases, ni cochino mates”; “el martes ni tela urdas ni hija lleves a confesar porque no dirá la verdad”. Pudiéramos llenar la página añadiendo otros dichos populares; pero vamos a mencionar otra leyenda que explica la fatídica notoriedad del martes.

El martes 29 de mayo de 1453 fue desolada la ciudad de Constantinopla. Se afirma que el papa y las repúblicas de Venecia y Génova enviaron una flotilla a la ciudad sitiada, pero la misma llegó demasiado tarde. Cuando la flota de socorro iba a entrar por el estrecho de los Dardalenos se cruzó con varios barcos de refugiados que huían de la ciudad conquistada. Al preguntarles a los viajeros que huían cuando cayó la ciudad, éstos respondieron que fue el martes. La caída de Constantinopla fue una lamentable pérdida para los cristianos, y el día de su caída, el martes, asociado al dios pagano de la guerra, adquirió su connotación  de la mala suerte.

Otras leyendas relatan que el martes fue el día en que se produjo la confusión de las lenguas en la torre de Babel, y hay quienes llegan al extremo de buscar en la historia las tragedias que por circunstancias diversas se produjeron un día martes para justificar su cualidad de día fatídico. Para citar un caso, podemos referirnos a la tradición que habla de un banquete, celebrado en un día martes, en el Valhalla al que fueron invitados doce dioses. Loki, el espíritu de la pelea y el mal, llegó sin invitación con lo cual el número de los presentes llegó a trece. En la lucha que se produjo para expulsar a Loki, Balder, el favorito de las deidades, encontró la muerte.

A muchos les llama la atención el hecho de que para los estadounidenses el día fatídico sea el viernes 13. Esta tradición anglosajona ha penetrado el mundo imaginativo de los hispanos, probablemente impresionados por la serie de películas de terror “Viernes 13” y por la explicación que se le da a la fecha relacionándola con la crucifixión de Jesús. La alternativa de los supersticiosos es la de adoptar como maléficos ambos días, y la de los cristianos y personas de madurez intelectual es la de no hacerle caso a ninguno de las dos.

Hay un comercial de televisión auspiciado por una compañía de seguros que se basa en el concepto de la mala suerte y que presenta a un individuo que la proporciona con su presencia. Ciertamente, las supersticiones y el concepto de la mala suerte que se asocia con muchas de ellas, es anacrónico, cosas propias de siglos pasados y de personas de poca cultura, débiles de carácter que se dejan impresionar por cualquier fantasía y sin una fe religiosa firme a la cual adherirse. Recordemos la sólida expresión de Juan Huarte de San Juan, “no hay otra fortuna sino Dios y la buena diligencia del hombre”.

Algo que debemos tener en cuenta es el concepto de la medición del tiempo. En el relato bíblico de la creación, Dios usa todos los días por igual, manifestando en cada uno de ellos su poder y su amor. Además, al correr de los siglos, con los cambios de calendarios y los ajustes que el ser humano ha hecho en su intención de medir el tiempo de acuerdo con los movimientos de la Tierra y los factores astrales, es imposible determinar a qué día exactamente se refieren las antiguas tradiciones y supersticiones, por lo que creer en ellas es colocar nuestras vidas en la incertidumbre, el error y el fanatismo.

Alguien dijo que “suerte es la palabra que usa Dios cuando quiere quedar anónimo”. Verdaderamente nuestros días, todos son iguales, y los hemos clasificado y medido para ordenar nuestras vidas. El deber del ser humano es agradecerle a Dios el don de la vida y usar sabia y eficazmente el tiempo que nos ha dado como escenario para el transcurso de la misma. Si se me pidiera que escogiera mi día preferido de la semana, mi selección sería el domingo, el Día del Señor. Vale mucho más ir el domingo a la iglesia que prenderle una vela a cualquier imagen cualquier otro día de la semana.

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