El Malecón de La Habana

Written by Libre Online

1 de noviembre de 2022

Por Álvaro J. Álvarez. Exclusivo para LIBRE

Empezaremos por el origen de la palabra Malecón: murallón, terraplén o rompeolas que se hace para defenderse de las aguas.

Se puede considerar la Alameda de Paula (calle Paula desde Luz hasta San Ignacio) como el primer paseo que tuvo La Habana intramuros, construido en 1770 y sin dudas fue el primer vestigio del futuro Malecón.

Hay que señalar, que mucho antes de empezar a construirse este extenso Muro de hormigón armado, se habían colocado ya las primeras piedras (desde 1819) en el tramo conocido como Avenida del Puerto, debido al ensanche de extramuros dada por la utilización óptima del espacio y por la necesidad de los capitalinos por expandirse. La costa era un lugar de arrecifes donde tomaban baños los habaneros y los pescadores anclaban sus embarcaciones. En este lugar existían viviendas, tabernas situadas entre la mar y el muro en el que los visitantes disfrutaban el ocaso.

DEFENSA DEL LITORAL

Sin duda alguna que el Malecón habanero es una gran obra urbanística que inicialmente se pensó como una defensa del litoral por los continuos ataques de filibusteros, corsarios y piratas, que desde 1537 (Siglo XVI) se efectuaron contra la capital. 

Muchas de estas defensas tenían los cañones Ordóñez de 305 mm y 10 metros de largo, posiblemente el mayor del mundo hasta el siglo XIX. Luego como ocio recreativo con los primeros baños públicos; después como expansión por crecimiento de la población, tras el derribo de las murallas en 1863 y la creación de los barrios del Vedado y El Carmelo, y finalmente en 1898 por el saneamiento propuesto por el 

gobierno interventor norteamericano gracias al científico camagüeyano, Carlos J. Finlay, quien ya había descubierto en 1881 la relación del mosquito y la insalubridad con la fiebre amarilla.

 La Ley de Aguas de 1866 planteaba: “el uso de las playas es público bajo la vigilancia de la autoridad civil y todos pueden pasearse en ellas, lavarse, bañarse, embarcarse, desembarcar, paseos de recreo, tender y enjuagar ropas y redes, bañar ganado, recoger arena, piedras, conchas, etc.”

Ya finalizando el siglo XIX, la Isla era la última colonia española en América, los productos americanos se apoderaban de La Habana. La ciudad era una urbe que demandaba cambios en su infraestructura por la necesidad de saneamiento lo que propiciara, entre otras cosas, el avance del Malecón. 

En 1867 se concedió el permiso para la construcción del Malecón en el área del Castillo de la Punta a Juan Ruiz de Ledo. Para dar una idea, en 1870 la ciudad de La Habana llegaba hasta la Calzada de Belascoaín.

Francisco de Albear 

Muchos hombres de ciencia dedicaron sus vidas a la cimentación de este extenso banco, uno de ellos fue el destacado coronel de ingenieros Francisco de Albear y Fernández de Lara (El Morro 1816), notable por sus obras: Acueducto de Albear; Puentes Grandes sobre el río Almendares; el Puente Conde de Alcoy, sobre el río Luyanó; la Lonja Mercantil y otros 50 proyectos.

Albear fue el hombre que ideó la obra en sus inicios porque el 30 de julio de 1869, solicitó mediante una petición escrita dirigida a la Dirección de Obras Públicas se le concediera el derecho de poder realizar, en un plazo de 6 meses, los estudios previos para la 

construcción de un paseo en la costa, entre los baños públicos y el caserío para mejorar el ornato público y la salubridad de aquellos barrios. 

El proyecto serviría para la recreación de los nuevos vecinos de la ciudad, mejorar la defensa del puerto y finalmente el aumento de las ventas de la ciudad. Su idea era llevar el paseo desde el Castillo de La Punta hasta la Calzada de Belascoaín. Pero la escasa visión del gobierno no liberó los fondos estimados 850,000 pesos de la época y la intención de ampliación de Albear quedó en el olvido. Albear falleció en 1887.

Con una perspectiva más realista e inmediata, el necesario paseo del litoral fue retomado como proyecto urbano en 1898, en medio de la tensa situación política de la Guerra de Independencia y cuando lo EE.UU. estaban a punto de declarar la guerra a España. La instauración de un Gobierno Colonial Autonómico en Cuba, un tardío intento por parte de España, de reformas políticas, sin duda influyó en este postrero intento de abrir el anhelado paseo comenzado a llevar a cabo en agosto de 1898, siguiendo el plano del arquitecto municipal Antonio Ariza Carrety.

(Antonio Ariza Carrety, nació y estudió en La Habana hasta 

graduarse en la Escuela General Preparatoria como maestro de obras. Luego pasó a estudiar arquitectura en Madrid pensionado por el Ayuntamiento de La Habana donde terminó la carrera en 1866).

El arquitecto se propuso por vez primera extender su proyecto de paseo costero en dirección a la desembocadura del río Almendares, con una doble hilera de árboles y con un parque en sus extremos. 

Estaba concebido como una prolongación del Paseo del Prado y articulado a éste por una rotonda en La Punta, pero la iniciativa no pasó de las iniciales labores de relleno en este sitio, el fin de la guerra y de la dominación española en Cuba trajo como consecuencia un nuevo rumbo. 

Correspondió a la Secretaría de Obras Públicas del Gobierno Interventor Norteamericano llevar a cabo la continuación de estos propósitos y la realización definitiva de un Malecón, la Avenida de Golfo.

Fue durante la primera intervención americana (01/01/1899-20/05/1902) que comenzaron los estudios para la construcción de una moderna infraestructura urbana para mejorar el abastecimiento de agua, el alumbrado público, el teléfono, el servicio de gas, la recogida de basura, el alcantarillado, el arreglo de las calles y el transporte público, utilizando el tranvía eléctrico. 

El atraso en que la “Madre Patria” había mantenido a Cuba, ¡su última colonia! porque solamente les interesaba mantener su poder a capa y espada, por eso en 1897, España tenía que pagarles a 278,457 hombres, entre españoles, voluntarios y guerrilleros, para enfrentar a los mambises, que no llegaban a 40,000. Si comparamos los 96,000 soldados españoles protegiendo las 14 colonias de América Latina y Bolívar que nunca se enfrentó a más de 25,000. George Washington, otro ejemplo, se enfrentó a solamente 50,000 soldados ingleses para lograr la Independencia de las 13 Colonias del Norte.

Todo esto nos obliga a reconocer la grandeza de Máximo Gómez y sus mambises.

Analizando cómo se encontraba la sanidad de la Isla tenemos que reconocer que enseguida que llegaron los americanos comenzaron a realizar el saneamiento de La Habana y así resurgió la idea de iniciar la construcción del Malecón, que llevaba 30 años, dormida y olvidada por quienes utilizaron todos sus recursos para mantener su poder colonial. 

Fuentes responsables afirmaron que, en la Guerra de Independencia, aproximadamente 14,000 personas murieron de fiebre amarilla y cerca de 44,000 soldados españoles fueron atendidos por diversas enfermedades tropicales, en el Hospital Alfonso XIII, hoy Hospital Calixto García. 

FINLAY Y MAGOON

El general Leonardo Wood, como jefe del gobierno interventor comenzó el 20 de agosto de 1900 la construcción del Malecón bajo la dirección de William Black y los cuidados técnicos de los ingenieros asistentes Edward Mead y J. A. Whitney y con un criterio más amplio porque lo unieron al plan de saneamiento general de La Habana que estaba pasando por graves momentos debido a la enorme cantidad de casos de fiebre amarilla. 

La higienización de las ciudades a través del alcantarillado, la pavimentación, la construcción de acueductos y el enfrentamiento a epidemias mortales como la fiebre amarilla, fueron otras de las líneas orientadas por el interventor. La comisión designada para el estudio de la fiebre amarilla corroboró el acierto del médico cubano Carlos J. Finlay de Barrés, que insistía que el agente trasmisor de la enfermedad era, el mosquito Aedes Aegypti.

La sanidad liderada por Finlay en 1909, durante la Segunda Intervención, con el general Magoon al frente, crearon el primer Ministerio de Salud Pública del Mundo, erradicando en 1915 la peste (peste bubónica) y en 1923, la viruela, además de las citadas anteriormente.

23 PRESIDENTES Y 58 AÑOS EN CONSTRUCCIÓN

El Primer Tramo. – La Avenida del Golfo (1901-1902) (500 metros) comprendió las calles: Paseo del Prado (Martí)-Capdevila (Cárcel)-Genios y Crespo. Tenía como contén un grueso muro algo elevado sobre el mar, desde el cual se contaban 5 metros de ancho en la acera, 14 en la calle, más 11 en la acera opuesta incluyendo su parterre, hasta tocar con una línea de portales que debían mantener como condición las edificaciones laterales. 

En este tramo estaba La Glorieta, obra del arquitecto americano, Charles B. Brun, inaugurada el 20 de mayo de 1902 (afectada por el ciclón de 1926, fue demolida en 1928 para construir el 4to. Tramo) y el Hotel Miramar construido en 1902 y funcionó hasta 1920. 

En 1901 se propuso costear el proyecto del Malecón, vendiendo los terrenos para las edificaciones. La Habana en 1900 tenía 250,000 habitantes. En toda la Isla 1,572,800.

El Malecón no llegó solo, desde este primer tramo llegaron las casas, que, en el caso de éste, posee una unidad arquitectónica singular que se ha mantenido y la distingue, la vivienda con pórtico exterior continuo, que se fusiona en el bloque homogéneo de la manzana.

El Segundo Tramo. -(1902-1919) (900 metros). El gobierno de Estrada Palma aprobó $90,000 para invertirse en un período de 6 meses y de acuerdo con las necesidades, para continuar los trabajos interrumpidos en la Caleta de San Lázaro y la Batería de la Reina, para mejorar las condiciones sanitarias (las casas limítrofes vertían sus materias fecales y aguas sucias en este litoral con perjuicio de los vecinos de esa zona). 

En 1903, el Secretario de Obras Públicas Manuel Luciano Díaz Sosa, solicitó permiso para demoler la Batería de la Reina y utilizar esos escombros para rellenar parte de mar que requería el trazado de la Avenida desde Belascoaín hasta el Torreón de San Lázaro, la zona por rellenar era de 93 metros de ancho y 5½ metros de profundidad.

Magoon, gastó más de 37 millones en Obras Públicas, construyendo 570 kms. de carretera, 395 parques urbanos (reparó otros 49), 7 acueductos y el proyecto del Malecón. José Miguel Gómez (segundo Presidente) fue el que concluyó las obras de alcantarillado, pavimentación y abastecimiento de agua. 

El material empleado en este Segundo Tramo fue: cemento Portland 17,000 toneladas; arena 22,000 m³; piedra picada 45,000 m³; piedra rajón 35,000 m³; más de 4,000 toneladas de cabillas; 295 toneladas de vigas de acero y un millón de pies de madera. 

En Belascoaín entre Malecón y San Lázaro se construyó el edificio de dos pisos, el Café Vista Alegre, abajo y en la planta alta el Hotel Vista Alegre, habitado por familias. El Café, abierto las 24 horas, muy famoso sobre todo por su exquisita clientela, sus gentiles empleados y los servicios sanitarios de gran pulcritud. Entre los cantantes del Café: Sindo Garay, Manuel Corona, María Teresa Vera, Barbarito Diez y el Trío Matamoros.

En 1916 se levantó en el sitio de la desaparecida Batería de la Reina, el más destacado de los monumentos públicos de la ciudad en honor al general Antonio Maceo, realizado por el escultor italiano Doménico Boni.

La sección entre San Nicolás y Manrique es por donde más fuerte baten las olas a causa de lo bajo del muro y del pequeño espacio que ocupan los arrecifes. El muro del Malecón que empieza en la calle Lealtad es más bajo que el resto.

Abarcó los períodos presidenciales de: Tomás Estrada Palma, Segunda Intervención Americana de 2 años y 4 meses con Charles E. Magoon, José Miguel Gómez y Mario García Menocal. 

Tercer Tramo. – (1921-1927) (900 metros) Se extendió la parte de las calles: Belascoaín, Marina, Príncipe, Calle 25, Humboldt y Calle 23, 19, Línea y O. Esto fue en los gobiernos de Alfredo Zayas y Gerardo Machado el 4to. Presidente, Alfredo Zayas llevó el Malecón hasta la calle ¨O¨ del Vedado.

El ciclón de 1926 derribó el monumento al Maine que tuvo que ser totalmente reconstruído.

En 1961, por orden de Castro, un operador de grúa arrancó de cuajo el águila, hoy su cuerpo de bronce y las alas rotas están en el Museo de la Ciudad. Pero la cabeza preside el bar de la Sección de Intereses de EE. UU. en La Habana. 

Hace unos días oí al Dr. Gustavo León decir que su padre y otros, la rescataron del lugar que la tenían guardada los comunistas.

Desde la zona del litoral habanero donde hoy está el Parque Maceo y hasta el Río Almendares, lo que existía entonces era una costa de agudos arrecifes y un monte firme e impenetrable, que las autoridades españolas consideraban como una muralla natural ante los ataques y lo llamaban Monte Vedado, luego sería lo que conocemos como El Vedado.

Cuarto Tramo. – (1927-1930) Este tramo de 1,400 metros entre el Castillo de la Punta y el Edificio de La Lonja de Comercio donde desembocaban las calles: Peña Pobre, Chacón, Empedrado, Tacón, O’Reilly, Narciso López, Obispo, Justiz y Obrapia. Se conoce como la Avenida del Puerto. Durante el gobierno de Machado y ejecutado por el dinámico Carlos Miguel de Céspedes y Ortiz (1881-1955), el Ministro de Obras Públicas, con la importante participación del paisajista francés Jean C.N. Forestier. Hubo que robarle al mar 111,000 m² que fueron 

rellenados. 

En ese tramo se encuentra el Parque Luz y Caballero, el Anfiteatro Municipal, La Lonja del Comercio, Los Monumentos a: Los Estudiantes de Medicina, Máximo Gómez, Antonio Guiteras, Félix Varela, José A. Saco, Fuente Neptuno, Los Marinos Cubanos caídos en II Guerra Mundial, Fuente de La Alameda o Columna de O’Donnell.

Quinto Tramo. – (1930-1950) (1,900 metros). Al caer la dictadura machadista en agosto de 1933 suspendieron las obras. Una extensión que involucró 7 calles: Línea, Calzada, 15, L, K, J y G. Aquí está la parte interesante, porque hubo 14 presidentes durante esta etapa: Machado, Herrera, Céspedes, La Pentarquía, Grau, Hevia, Márquez Sterling, Mendieta, Barnet, Miguel Mariano, Laredo Bru, Batista, Grau y Prío.

La inestabilidad política de 1933 hasta 1940 fue la causante del poco adelanto del trabajo del Malecón, luego llegó la Segunda Guerra Mundial.

Sexto Tramo. – (1950-1958) (2,400 metros). Fue el tramo más extenso de todos, comprendiendo 14 calles. El empujón final fue durante el gobierno de Batista desde las calles: G, F, 1ª, E, D, C, B, A, Paseo, 6, 10, 12, Calle 3ª y 24 y llegamos al Túnel de Calzada a Quinta Avenida debajo del Almendares o a La Chorrera. Todo esto bajo Prío, Batista, Andrés Domingo(??) y Batista, de nuevo.  

En este tramo final, se interpuso el Palacio de Convenciones y Deportes, construido por Batista en 1944, situado donde hoy se encuentra la Fuente de la Juventud, frente al hotel Riviera. Por eso hubo que demolerlo y el Coliseo de la Ciudad Deportiva sirvió de sustituto.

ESCENARIO FRENTE

 AL MAR

El Malecón habanero ha sido escenario de múltiples películas, carreras de Fórmula Uno, eventos culturales  y testigo que ha visto marcharse al mar a cientos de sus hijos.

El viernes 5 de agosto de 1994 miles de personas se congregaron en el Malecón, enfrentándose con palos y piedras a la policía, saqueando comercios y rompiendo escaparates, a la vez que lanzaban consignas contra Fidel Castro y el sistema socialista, en un hecho que pasó a la historia como “El Maleconazo”. 

El Malecón, del Castillo de La Punta hasta La Chorrera tiene 6,600 metros y sumando los 1,400 de la Avenida del Puerto tenemos un total de 8,000 metros.

El Malecón, comprende una amplia avenida de seis carriles y un larguísimo muro que se extiende sobre toda la costa a lo largo de ocho kilómetros. Este Muro constituye el banco o asiento más largo del mundo, porque siendo originalmente un muro de contención para parar la fuerza del mar (según la definición del 

diccionario), los habaneros y los visitantes, cubanos o no, lo utilizan para sentarse, entre otras cosas.

 Desde 1902 hasta 1958, Cuba tuvo 23 presidentes los cuales, de una forma u otra, tuvieron que ver con la construcción del Malecón, que demoró 58 años y 38 días. Fue como una maldición su terminación, porque entonces llegó la destrucción castrista.

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