EL JOSÉ MARTÍ ITINERANTE Y PARÍS

26 de enero de 2022

El peregrinaje incesante de José Martí está muy bien documentado.

En enero de 1971, días antes de cumplir 18 años, parte por primera vez de Cuba en el vapor Guipúzcoa. En ese instante decisivo de su vida es un deportado y la víctima no inocente de un poder colonial que antes lo había condenado por disidencia a trabajos forzados.

El mismo rigor impío lo definirá un día como «loco peligroso», antes de expulsarlo nuevamente en otras circunstancias. Permanecerá en Madrid hasta mayo de 1873 conectando esa estancia con estudios en Zaragoza que finalizará en octubre de 1874.

Entre 1871 y el azarozo trayecto al martirio que en 1895 lo condujo de Montecristi a Playitas pasando por Haití, el bregar martiano en aras de promover la independencia, de la Patria lo hizo viajar y/o permanecer en los países siguientes: España, Francia, Estados Unidos, México, Guatemala, Venezuela, Santo Domingo, Haití, Jamaica, Costa Rica y Panamá.

Viajar revistió una importancia crucial en su vida y haciéndolo ostentó calidades diversas: ciudadano, estudiante, deportado, fugitivo clandestino, exiliado, periodista, profesor y esencialmente organizador de un partido y de una guerra. Jamás se desplazó por placer o paseo.

El Martí periodista ha sido ampliamente estudiado. Lo que su pluma produjo es un corpus textual de gran envergadura que hoy continuamos leyendo con interés.

Al lado de esa producción hay otra de gran riqueza, muy diseminada, la cual permite hurgar en el hombre que fue. Se encuentra en notas, en cartas y en anotaciones a veces inconclusas, que reflejan sus vivencias sociales así como sus impresiones como viajero. Es un espejo cuyo reflejo contribuye a comprender como el Apóstol constituyó paulatinamente la visión de su tiempo y de su espacio existencial.

Nada queda en esta capital de los lugares que visitó en París durante las dos estancias que él hizo en Francia.

Existen diversas alusiones a su visita a Víctor Hugo pero son vagas porque ni él ni el poeta Auguste Vacquerie que lo introdujo y acompañó la describieron.

Y queda desde luego la lectura de las  «Escenas Europeas» que cubren el período que va de agosto de 1881 a mayo de 1882. Son páginas que permiten observar cuanto aprendió Martí de las luchas revolucionarias francesas y particularmente del cruento episodio materializado en la Comuna.

Es indiscutible que, doquiera que estuvo, la huella y la obra del Apóstol continúan siendo hoy fuente de inspiración e inspiracional objeto de estudio.

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