Dentro de diez días se conmemora un aniversario más de la partida del gran pelotero cubano Edmundo Amorós. Para ser más exacto, ocurrió el 27 de junio de 1992.
Hoy quiero honrarlo por la calidad que brindó siempre en el terreno de juego y por la poca cobertura que se le da a pesar de los honores que le trajo a Cuba.
Oriundo de Pueblo Nuevo, Matanzas, Amorós nació el 30 de enero de 1930 y cuando apenas tenía tres años de edad su padre falleció, causa que lo obligó a tener que trabajar desde muy joven para ayudar a su madre. Aun así, su pasión por el béisbol siempre estuvo ahí y al que dedicaba su tiempo libre.
Cuando los Dodgers de Los Ángeles entrenaron en La Habana en 1947 tuvo la dicha de haber sido invitado a presenciar el campo de entrenamiento y allí vio jugar a Jackie Robinson. Según él, quedó maravillado de la trayectoria del pelotero que rompió la barrera racial y la usó como propia motivación para algún día llegar a Las Grandes Ligas, MLB.
Durante su última campaña en los juveniles en el año 1949 se llevó el título de bateo y su actuación mereció que fuera escogido para representar a la isla en los Juegos Centroamericanos y del Caribe de 1950 que se efectuaron en la Ciudad de Guatemala. Brilló en este escenario conectando seis jonrones y bateando para un promedio de .370, ayudando a que Cuba se coronara campeón con una marca de 7-0.
Ese desempeño despertó gran interés en sus habilidades. Hombre de baja estatura, pero gran fuerza, sobre todo en las muñecas, y extremadamente rápido, saltó al profesionalismo con Los Leones de La Habana en la campaña 1950 – 1951. Ese año se ganó unánimemente el premio de “Novato del Año” y participó en la primera de tres “Series del Caribe” gracias a los tres campeonatos seguidos, (1951-1953), que conquistaron. Durante las siguientes cinco temporadas vistió el mismo uniforme jugando primera base o patrullando el outfield.
En ese mismo año en que debutó también fue contratado por los New York Cubans, equipo de Ligas Negras que era propiedad del empresario Alex Pompez. En esa única temporada, ya que el equipo se disolvió después de concluida, bateó para un average de .338.
En 1951 se lució en República Dominicana con las Estrellas Orientales, bateando para .392. En la liga invernal cubana conocida como “El Champion” de 1951-52 fue All-Star. En la Serie del Caribe de 1952 lideró a todos los bateadores con .450 e impulsó la carrera ganadora en el único juego de “Cero Hits, Cero Carreras”, lanzado por el norteamericano Thomas Fine, en la historia del torneo.
Por recomendación de Billy Herman quien era el manager del Cienfuegos y a su vez era un coach con el equipo de Los Dodgers de Brooklyn, fue firmado por el inmortal Al Campanis. Su bono por firmar fue de $1,000. Su parecido al boxeador Sandy Saddler le ganó el sobrenombre por el cual el mundo beisbolero lo conoce.
Su paso por las menores fue vertiginoso ya que en todas las paradas que hizo fue bateador sobre los .300 y tuvo una defensiva espectacular. Su primera actuación dentro de la organización azul en 1952 alcanzó un promedio de .337 con el equipo de St. Paul. En 1953 ganó el título de bateo de la Liga Internacional con Montreal (.353) y en 1954 de nuevo con Montreal repitió un .352.
Fue subido al equipo mayor en 1952 y en 1953 pero nunca con el propósito de que se quedara con los inquilinos de Brooklyn permanentemente.
Finalmente llegó el 1955 y se convirtió en el jardinero izquierdo titular de Brooklyn. Sus números ofensivos fueron modestos, pero su actuación en la Serie Mundial lo elevó al panteón de los imborrables. Edmundo “Sandy” Amorós quedó inmortalizado el 4 de octubre de 1955, cuando realizó una de las jugadas defensivas más famosas en la historia de los “Clásicos de Octubre”. Su carrera hacia la línea del jardín izquierdo en el Yankee Stadium para capturar un batazo de Yogi Berra preservó la ventaja de 2-0 de los Dodgers de Brooklyn en el séptimo juego.
La prensa cubana celebró su gesta como un triunfo nacional y la revista Bohemia lo proclamó un héroe.
Desafortunadamente después de varios años con los Dodgers, una disputa salarial le costó que lo pusieran en ‘waivers’ y nadie lo reclamó. Regresó a Montreal, donde volvió a lucirse en Triple A. En un canje con Detroit cerró su carrera de Grandes Ligas.
Concluyó como pelotero profesional en México en 1962 y en ese momento comenzó su tragedia. Personalmente, el malvado de Fidel Castro le pidió que se quedara en Cuba para dirigir el equipo nacional y que fuera la cara de la pelota cubana. Sandy se negó por convicción propia y Fidel se dio a la tarea de destruirlo completamente. Le confiscó su casa, su carro y todos sus bienes. Básicamente sin ninguna posesión, trabajó como mecánico y cayó en el alcoholismo. Se convirtió en diabético y su salud nunca fue la misma.
La represión castrista le negó la salida por años y al fin pudo abandonar la isla en 1967 cuando amigos que presenciaban su deterioro y organizaciones religiosas gestionaron su salida.
En un gesto que demuestra la clase de la franquicia californiana, cuando se enteraron de que al matancero solo le faltaban siete días para recibir su pensión, lo incluyeron en la lista de peloteros activos y legalizaron su situación.
En una foto que trae lágrimas a los ojos al mismo tiempo que mucha alegría, vemos a un Sandy Amorós inquebrantable por el dolor sufrido bajo las hordas comunistas, volver a caminar hacia el ‘home’, esta vez no con el bate a cuestas, sino con la tarjeta de la alineación de los azules, en su querido Dodger Stadium. Una foto que demuestra el amor y el respeto mutuo de dos personas.
Edmundo “Sandy” Amorós partió hacia el infinito debido a una neumonía, el 27 de junio de 1992 a los 62 años en el hospital Jackson de nuestra ciudad.
Hasta el final mantuvo una actitud alegre y una sonrisa sincera que sobrevivió a la gloria, al exilio, a la pobreza y a la enfermedad, y que aún hoy acompaña el recuerdo de uno de los héroes más queridos del béisbol cubano.








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