El hijo de la planchadora

Written by Libre Online

24 de enero de 2023

Por José «Chamby» Campos

La lista de triunfos del exilio cubano es bien larga y extensa; una prueba contundente de esto es la transformación de la ciudad de Miami, que de ser la hermanita menor de Miami Beach antes del 1959 llegó a convertirse en la monumental Metrópolis que es en la actualidad. Sin duda alguna nuestro aporte ha sido un enorme factor.

Sorprendentemente nuestra inmigración está llena de historias de logros a todo nivel; pero lo que sí es evidente es que la gran mayoría de los protagonistas son personas humildes cuyos únicos deseos fueron el de abandonar el infierno castrista, superarse y mejorar el futuro de sus familias.

En el año 1966 Irene Valdés, una madre divorciada, se escapó del comunismo imperante en la isla, a través de “Los Vuelos De La Libertad” con el propósito de darle a su hijo de 5 años y medio, Alberto, el regalo de la libertad.

Como todo recién llegado tuvo que trabajar en lo que se le presentara dignamente, para poder darle el sustento a su hijo. En esa época las famosas “factorías”, fábricas donde se llevaban a cabo rudos trabajos manuales, eran gran fuente de empleo.

Su primer oficio fue en una industria de calzado donde básicamente su trabajo consistía en colocar las plantillas dentro del zapato. Luego más tarde se trasladó a una factoría donde su responsabilidad era planchar y como evidencia llegaba a la casa con múltiples quemadas.

Mientras tanto Alberto creció, estudiando y haciendo deportes, en el seno de una modesta familia. Viviendo en La Pequeña Habana practicó béisbol, baloncesto y Football Americano. En este último logró integrar el equipo de la secundaria Miami High. Según él, fue ahí donde se dio cuenta que su carrera como atleta ya había llegado a la cima.

La pasión que había adquirido por el brusco deporte, y que nos comenta que Irene no quería que él practicara, le daba la confianza de que algo ocurriría para poder continuar.

En el año 1977, por mediación de un buen amigo que lo invitó, participó en una conferencia donde se impartieron clases y entrenamientos a individuos interesados en oficiar los partidos de football americano. En ese momento sus esperanzas de continuar en el deporte se realizaron.

Seis semanas más tarde comenzó a oficiar partidos de niños y en ocasiones hizo hasta seis encuentros en un día. Después de un tiempo pasó a impartir leyes a nivel de secundaria y su esfuerzo lo hizo uno de los árbitros más solicitados.

El amor por el deporte, el deseo de progresar en adición a las largas horas que conllevaba esta nueva actividad en su vida, no fueron en vano luego que en 1990 ya estaba trabajando en el circuito de universidades que incluían las prestigiosas facultades de Notre Dame y Miami. Por los próximos trece años Alberto se mantuvo en el sistema universitario actuando como árbitro en diferentes categorías.

Su primera oportunidad de moverse al mundo profesional ocurrió cuando al principio del nuevo siglo, su supervisor, viendo la calidad que Alberto poseía, lo recomendó a La Liga Nacional de Football, NFL, para que oficiara los partidos de verano en la competencia que se llevaba a cabo en Europa y durante dos años dictó cátedra en los terrenos del viejo continente.

Finalmente, su sueño de llegar a la cumbre del deporte estadounidense se hizo realidad en el año 2004, cuando la NFL lo contrató para actuar como parte de una escuadra de árbitros. El vicepresidente de La NFL encargado de los oficiales comentó: “No se puede enseñar la confianza y la espontaneidad con que Alberto toma las decisiones”.

El sábado 11 de septiembre del 2004, exactamente a tres años de la desgracia de Las Torres Gemelas; Alberto Riverón hace historia al convertirse en el primer hispano en oficiar un partido de Football Americano. 

Más tarde en abril del 2008 es elevado a jefe de su propio equipo de árbitros. En el 2011 fue escogido como el dirigente de la escuadra que ofició el partido de campeonato de la Conferencia Americana y por último fue nombrado árbitro alterno para el Super Bowl 46 en Indianápolis. Todas estas promociones basadas en la calidad de su trabajo también fueron “Primeras para un hispano”.

Para nosotros los cubanos es un orgullo el poder clamar que uno de los nuestros es quien rompió el hielo. 

Si aquí concluyera el resumé del habanero pudiéramos decir que fue un éxito, pero aún falta más.

En febrero 19 del 2013 abandonó físicamente los terrenos de juegos y La Liga lo promovió a una posición supervisando los árbitros. En el 2017 lo elevaron a vicepresidente Sr. del departamento hasta su retiro en el 2021.

Después de la epidemia del COVID el comisionado de La Liga le pidió que regresara y hasta el día de hoy sigue en su posición.

Alberto Riverón es otro ejemplo del cubano emprendedor que gracias a las oportunidades que esta nación brinda llegó a la cima de su profesión.

Una historia triunfal que comenzó con una madre dispuesta a abandonar un régimen totalitario, para salvar a su hijo, aunque eso la llevara a planchar ropa durante largas horas en una factoría.

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