EL GENIO DE STEVE McCURRY CONQUISTA PARÍS

5 de enero de 2022

Con la variante ómicron de coronavirus golpeando a trocha y mocha en Francia y en medio mundo, se han venido abajo gran parte de los proyectos para Nochevieja. Por no decir todos. Para completar el salto atrás desde hoy viernes 31 portar máscara en el espacio exterior vuelve a ser obligatorio.  Fue asi, que enmascarado y tratando de utilizar la tarde útilmente que llegué al Museo Maillol para recorrer una exposición que estará abierta al público hasta fines del mes de mayo en el edificio de la calle Grenelle que Dina Vierny transformó en museo y en fundación perpetuadores de la obra del gran escultor Aristide Maillol.

Abierto al público en 1995, la institución presenta permanentemente una importante colección de obras del escultor, la más importante que existe cosa normal porque Dina fue heredera universal del artista. Lo que allí se puede observar es un panorama completo de su creación principalmente en escultura pero también en pintura, en dibujo, en alfarería y en tapisería. Son igualmente vocación del centro las periódicas exhibiciones temporales como ahora esta del fotógrafo americano Steve McCurry con quien yo tengo una vieja deuda que data de 1980 cuando siendo él reportero freelance consiguió entrar clandestiamente en Afganistán para proponer a varios periódicos de Estados Unidos imágenes de lo que estaba sucediendo en aquél país, entonces casi ignorado por las agencias internacionales de noticias.

Hicieron sensación y al ser difundidas contribuyeron a describir en parte una actualidad que implicaba a la Unión Soviética de Brejnev y a los Estados Unidos de Carter. Aparecieron en las páginas de la revista francesa Paris Match con un titular que ahora volví a leer en una de las vitrinas del Maillol:  «Afganistán, una guerra santa contra los rusos», artículo que me permitió enterarme de algo que ignoraba y que estaba ocurriendo del otro lado del mundo, de manera bien distinta a como el Granma lo presentaba a los cubanos. Yo iba por lo menos dos veces al mes al consulado francés de la Calle 15 en el Vedado y leía la prensa que la embajada recibía todos los domingos por Valija diplomática.

Las fotos de McCurry en las montañas afganas tuvieron una repercusión planetaria: el New York Times las publicó en primera plana el 28 de diciembre de 1979. Otras más siguieron apareciendo para ilustrar artículos a plana completa en el mismo diario, en el Herald Tribune, en Stern y en el Christian Science Monitor citando solamente los más co ocidos. Los hechos tenían lugar en la frontera con Pakistán y ningún observador podía intuir que por allí se estaba cocinando el fin de la URSS, los atentados de septiembre de 2001 en New York y parte de lo que ahora mismo esta condicionando las relaciones internacionales entre las grandes  potencias internacionales que siguieron moviendo ficha en el subcontinente.

Las fotos de este as del lente que ahora cuenta 71 años recién cumplidos destilan, más allá de su calidad, una aproximación a cada instante y a cada rostro que permiten captar humanismo, dignidad y compasión. Al mismo tiempo de ellas emanan elegancia y armonía independientemente de que hayan sido hechas en blanco y negro o en color.  Esta exposición, compuesta de 150 clichés de formato único, se apropia del visitante y lo lleva de la mano a través de un viaje planetario que circula por el sudeste de Asia y de África,  salta a continuación a la América Latina incluyendo a Cuba como puede verse en una de las imágenes tomadas por él en la Habana Vieja y que hoy ilustra esta crónica. El hilo conductor de todas las fotos expuestas son las personas, el ser humano, siendo el mejor exponente  la del rostro de Sharbat Gula, la adolescente afgana que valió al autor celebridad mundial.

Como es natural nada de esto hubiera sido posible sin el valor personal de McCurry que no vaciló en arriesgar su vida decenas de veces para poder entrar en zonas de guerra en las que ningún occidental había logrado entrar jamás. No por casualidad ha colaborado durante muchos años con Time, Life, Newsweek, Geo y otros magazines prrestigiosos. Cámara en mano estuvo en los campos de batalla más peligrosos: de Beyrouth a Cambodia, de Koweït a los países de la desaparecida Yugoeslavia yendo siempre más allá de la línea del frente junto a las tropas. Pertenece a la Agencia Magnum desde 1986 y ha publicado por lo menos una docena de álbumes que incluyen además de la actualidad paisajes y animales.

Belleza, guerra, miseria y violencia son el denominador común de esta exposición cuya visita nos sirvió para cerrar el capítulo de salidas en este París que esta entrando en el nuevo año 2022 con más interrogantes que respuestas. Los franceses afrontan como todos los otros ciudadanos del mundo un futuro cada vez más incierto al cual los archivos fotográficos del pasado pueden aportar luces respecto a lo que nos espera.

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