EL GALLEGO CUBANO

Written by Esteban Fernández

16 de febrero de 2022

A todos los españoles los clasificábamos como “gallegos”. Parece que creíamos que en España cuando un ciudadano quería emigrar hacia Cuba le preguntaban: “¿Usted es de Galicia?” y si respondía que “No” entonces le negaban la salida.

Alguien en el parque Martí, a media cuadra de mi casa, siendo yo un muchachito de 7 años, dijo: «Estebita es galleguito porque su abuela es gallega, me lo dijo mi mamá»… Pero mi padre me aclaró: «Ese y su mamá están locos, mi madre Concepción Roig era catalana»… Y ahí fue cuando yo me di cuenta del grave error nuestro. Y me puse a indagar al respecto…

La primera pista para distinguir a un “gallego” era que cuando se ponía bravo le ponía a Dios un “re” delante. Solamente había que portarse un poquito mal delante de un “gallego” y nos decía: “¡Re-Dios, pórtese bien muchacho!”

Algo interesante era que cuando el “gallego” ponía un negocio casi siempre traía de España a un sobrino para que lo ayudara en las labores. No sé por qué pocas veces traía a un hermano, a un primo o un tío, siempre era un “sobrino”…

Incomprensible era para mí poder asimilar la enorme atracción que ellos sentían por la Isla de Cuba, un país donde todas las fechas patrióticas, las celebraciones y los héroes eran producto de una larga lucha en contra de sus antepasados. No tengo ni la menor idea de como “se sentían por dentro” al respecto, pero lo cierto era que aceptaban eso con estoicismo, con resignación y muchas veces hasta con muestras de solidaridad.

Jamás vi en Cuba a un “gallego” con una foto de Valeriano Weyler en su casa. Sin embargo, en mi casa, mi padre (hijo de una catalana como les dije anteriormente ) tenía en la sala una enorme foto de Máximo Gómez.

Mi “gallego” preferido era el actor Federico Piñero. Mi simpatía por él no era por “gallego” sino por Almendarista, y nada disfrutaba más que escuchar a “Sopeira”-en su programa radial junto a “Chicharito”- pidiéndole a Julián que “tocara la gaita” tras el triunfo de mi equipo favorito. A mi padre le encantaba el cubano Emilio Ruiz conocido como «el chino Wong»…

Otro “gallego” muy simpático era Adolfo Otero en su genial papel de “Rudesindo Caldeiro y Escobiña” en la Tremenda Corte… No me gustaba el «médico chino» porque mi madre me decía que «Hoy no te salva ni el médico chino de un cintazo»…

Los hijos de los “gallegos” nacidos en Cuba casi todos ya perdían la “zeta”, sé casaban con cubanas, y ya sus hijos eran cien por cien cubanos. Usted les preguntaba: “¿Qué cosa eres tú?” y respondían orgullosos: “Soy cubano pero “pichón de gallego”? Y muchas veces el que así contestaba sus abuelos eran asturianos, valencianos o isleños…

Y al igual que hoy nuestros hijos conocen y quieren a Cuba “de oído” (por tanto escuchar nuestras historietas y nuestras añoranzas) los herederos de los españoles en Cuba también aprendieron a querer a España viendo las lágrimas en los ojos de sus abuelos cuando alguien simplemente comenzaba a recitar: “Para Aragón en España tengo yo en mi corazón, un lugar todo Aragón, franco, fiero, fiel, sin saña”…

Y es que esa poesía venía de la inspiración del más grande de los cubanos hijo de españoles, del más sagrado, del más sublime. Es como sí hoy un hijo nuestro fuera el héroe más grande de los Estados Unidos, y todavía tuviera en su corazón a CUBA.

Ese poema lo vi por primera vez en la sala, de adorno, de Don Mariano Domínguez (en la foto) un gran baluarte de Aragón en mi pueblo, fundador de la Esquina de Tejas y de la gloriosa Viña Aragonesa…

Desde luego, quiero aclarar que el bandido Ángel María Bautista Castro Argíz -y un montón de españoles comunistas que también nos cayeron en Cuba- ojalá nunca hubiera pisado la tierra cubana. ¡Qué pena que no emigró a la Conchinchina! Hoy yo estuviera escribiendo en Prensa Libre en una patria libre. Vaya…

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