EL ENCANTO DE UNA VISITA

Written by Rev. Martin Añorga

27 de julio de 2022

Vivimos en un mundo en el que suceden continuamente los cambios, algo que resaltan la habilidad del ser humano para lograr lo que se llama progreso. Yo, dado los años que tengo, recuerdo que en la ciudad de Matanzas en la época de mi niñez nos acomodábamos en lentos tranvías, bicicletas y coches. Para no caer en excesos, voy a mencionar algunos de los grandes cambios que he visto en Miami a lo largo de los últimos veinte años.

Recuerdo los teléfonos instalados en incontables lugares públicos, por supuesto, había que depositar unas moneditas. No olvido el tránsito, sin robar espacios ni alentar la velocidad. Recuerdo que en las carreteras locales no había que pagar cuotas y las equinas estaban adornadas de semáforos.  Años atrás los hombres ofrecían su asiento a las damas en los autobuses, usaban sombreros y vestían corbatas. Para mí es de mal gusto que los caballeros que vemos en la televisión usen las camisas desabotonadas y las mujeres luzcan impropias vestimentas. Podría continuar mencionando los cambios que han sucedido y suceden en nuestra ciudad, pero quiero, antes de cerrar esta página, mencionar el desaforado uso de las armas de fuego que suman decenas de víctimas y que hemos sufrido en los últimos meses. Evidentemente antes éramos más pacíficos.

Algo que ha dejado de existir es la grata costumbre de las visitas. En mi época de pastor activo, en la iglesia de más de mil miembros que yo servía, era mi voluntaria obligación visitar a las familias de los feligreses los martes y jueves de cada semana, más de diez diferentes hogares eran. Cuando sumamos el número de visitas se trata de más de 520 hogares. Hoy día los pastores se ven privados de ese privilegio, y no por indiferencia, sino por las circunstancias en cuyo medio nos movemos.

Me contaba un compañero que el alto costo de la gasolina, el tiempo en que uno pudiera hacer varias visitas se ha reducido por la densidad del tránsito y la necesidad actual de llamar por teléfono para coordinar una cita son factores que reducen la posibilidad de que nos dediquemos a la visita a los hogares. La opción de la que habló es el uso del teléfono.

Evidentemente hoy los medios de comunicación son el teléfono celular y las teclas de nuestra computadora. Incluso hay teléfonos que cuentan con un mecanismo fotográfico, las personas que se hablan pueden verse una o otra. Disponer de esta alternativa del encuentro de una persona con otra todo se reduce a una llamada telefónica, que no incluye a la familia adonde llamamos, y eso, tristemente ha impuesto el estilo de vida que regula nuestra conducta de hoy.

Vamos a compartir algunas medidas que se pueden adoptar para no dejar morir nuestros encuentros con familiares y cercanos amigos.

Lo primero es que una o dos personas escojan un lugar, fijen una hora y se reúnan para una cita de confraternidad. Yo he practicado esta estrategia y he visto los frutos. Abrazarse, reír, resucitar recuerdos, compartir una merienda y orar con las manos unidas es un regalo de amor que nos damos a nosotros mismos.

Hoy confrontamos las limitaciones de visitación, incluso a hospitales y centros dedicados a la atención de ancianos, generalmente solitarios. 

Acordarnos de los seres humanos de nuestra amistad que se abrazan a la soledad y se hunden en la tristeza es el deber que nos dulcifica y nos acerca a Dios. Los controles de las visitas a los hospitales han ido disminuyendo y hora es que nos restauremos en nuestro compromiso con las personas que reclaman en silencio nuestra presencia. Yo, con las dificultades propias de la edad, no puedo, como antes, visitar los hospitales; pero recientemente un viejo amigo, de cerca de 100 años, me rogó que fuera a despedirme de él. La visita fue breve, un abrazo y una oración. Le dije estas palabras: “el viaje que vas a dar no es un tramo de soledad, te vas con Jesús y Él te acomodará al amparo de su eterno amor”. Una lágrima rodó por su rostro, y me dijo “gracias”.

            Las familias de hoy tienen que buscar la manera de reunirse. Podríamos acordar un encuentro en determinado hogar o en un lugar apropiado para intercambiar abrazos y recordar los pedazos del ayer que nos hermanan.

Ciertamente algo hay que inventar para que no sigamos unos lejos de otros, distantes y separados. La iglesia sería un sitio apropiado para lograr la unidad de la familia, pero hoy día hasta en las iglesias se experimenta la separación familiar que tanto nos afecta.

Para muchos la televisión es el instrumento que se utiliza para amparar nuestra vida espiritual. La radio y por medio de la pantalla instalada en nuestros hogares hemos adoptado una religión sin contacto con los que son hermanos en la fe. Evidentemente, cancelada como opción la iglesia tenemos que buscar otras avenidas para mantener viva y brillante nuestra unidad familiar.

Hace años recorté este mensaje de una revista. Lo guardé pensando que algún día podría utilizarlo para bien de otros y me llegó el momento.

“HAY TRES COSAS EN LA VIDA QUE NUNCA REGRESAN: EL TIEMPO, LAS PALABRAS Y LA OPORTUNIDAD.

HAY TRES COSAS QUE PUEDES DESTRUIR: LA MENTIRA, EL ORGULLO Y LA ENVIDIA.

HAY TRES COSAS QUE NUNCA DEBES PERDER: LA PACIENCIA, LA ESPERANZA Y LA HONESTIDAD.

PERO HAY TRES COSAS DE MAYOR VALOR, LA FAMILIA, EL AMOR Y LA AMISTAD”.

En efecto, la familia no puede perderse, hay que rescatarla, defenderla y disfrutarla.

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