EL ELECTORADO PREFIERE A OTROS, NO A BIDEN NI A TRUMP

Written by Adalberto Sardiñas

9 de mayo de 2023

En medio de una profunda crisis política e institucional, agravada, por si no fuera suficiente, por una inquietante polarización nacional en el justo medio del espectro político, se preparan las elecciones presidenciales para el 2024.

   Los dos grandes partidos políticos, como paso inicial, ya tienen declarados a sus precandidatos a la nominación, aunque vendrán otros a competir por los votos de los delegados, que, al final, decidirán quién será el nominado.  Por el momento, son dos los que presuntamente serán nominados: el presidente, Joe Biden, buscando la reelección por los demócratas, y el expresidente Donald Trump, queriendo regresar a la Casa Blanca por la columna republicana.

   Pero resulta que el electorado americano tiene otras ideas, y, de acuerdo a todas las encuestas que se vienen realizando, por amplio margen, prefiere que las dos figuras mencionadas, Biden y Trump, no sean los candidatos. Prefiere a alguien más. Desea una ampliación de opciones disponibles y no la restricción a dos nombres, como si no existieran, en un país de 360 millones de habitantes, más que esos dos talentos políticos, cuando, en realidad, dentro de ambos partidos, residen elementos altamente calificados para la tarea de gobierno en forma honesta y eficiente.

  La mayoría de los americanos, los que votan, de cualquier edad o afiliación partidista, no quiere que el presidente Biden aspire de nuevo para un segundo término por su edad y otras agravaciones; pero, de la misma manera, y hasta en número considerable, no quiere a Donald Trump de nuevo como presidente por su conducta después de su derrota en el 2020, su alegada participación en el infortunado asalto al Capitolio, y sus incontables problemas legales. De la misma forma que Joe Biden divide a los demócratas, Donald Trump divide a los republicanos, habiendo perdido desde entonces, considerable apoyo entre los independientes y los votantes suburbanos.

En el caso de Biden, las dos terceras partes del pueblo americano, incluyendo el 56% de los demócratas, se oponen a su empeño de reelección basados en su avanzada edad, en primer lugar, y, en segundo, en su evidente fragilidad física y su menguada capacidad cognitiva, evidenciada, en sus frecuentes lapsos mentales y en sus repetidas confusiones relacionadas con personas y lugares.

  Sin embargo, lo que es visiblemente notorio para el resto de la nación, resulta, no obstante, convenientemente ignorado por sus consejeros y prominentes figuras progresistas, que pretenden continuar empujándolo en esa dirección en un segundo término como lo han hecho en el primero. 

  No es de extrañar que Sanders, Warren, Corbin, Schumer y otros en el campo de la extrema izquierda, estén entusiásticamente apoyando la candidatura de Biden, puesto que saben que éste se inclinará, sin resistencia, en la dirección que ellos le indiquen.

  No deja de ser un potencial peligro para la nación, además de ser un acto de irresponsabilidad política de los demócratas, pedirles a sus ciudadanos que elijan como su presidente a un octogenario, con palpables síntomas de debilidad mental, tal vez con un principio de demencia, sometido a las increíbles demandas que impone gobernar a la nación más importante del mundo.  Joe Biden a los 80 ya muestra los síntomas de reiterados deslices, y de ser electo, las probabilidades de terminar su segundo término, a los 86 años, son altamente dudosas.

 En este escenario, el ciudadano estaría votando, más que por él, por su vicepresidente, lo cual no aliviaría en lo absoluto el peligro para el país, sino que lo extendería, si la persona resulta ser, como todo parece indicar, Kamala Harris.

  Como es fácil de deducir, la edad del presidente, en esta ambición, un tanto en al lado del egoísmo, conlleva implicaciones de largos y peligrosos alcances para la tranquilidad y seguridad del país.

  En el posible, o probable caso, de que el presidente Biden sea reelecto, y tomando en cuenta la casi seguridad de que su compañera de ticket sea, de nuevo, Kamala Harris, la nación corre el riesgo de que ella asuma la presidencia.

  He aquí una figura política inocua, que, en el cargo de vicepresidente, ha sido incapaz de formular una política coherente, sin expectativas lógicas que pueda cambiar en el futuro, si las convulsiones políticas, siempre a la vuelta de la esquina, o, las fuerzas del destino la eleven a la más alta posición, no sólo nacional, sino, también, mundial. 

  Si Joe Biden quiere, al final de su carrera política, enmendar su legado, debería retirar su aspiración a la nominación. El presidente piensa que él es el único demócrata que puede derrotar a Trump, y eso no es totalmente cierto. Otros también lo pueden hacer.

  Es hora, de que, alguien, con buena dosis de sentido común, le convenza salir de ese mundo ilusorio en el que algunos grupos interesados lo han sumido, y traerlo a la realidad del momento. Sus facultades, físicas y mentales, no son las mismas de hace diez años, ni van a mejorar en los próximos cinco Se han deteriorado considerablemente. Ni el mundo de nuestros días es el mismo que en el 2010. Ha crecido, exponencialmente, más peligroso; y Estados Unidos enfrenta adversarios más formidables que en algún momento desde los días de la Guerra Fría.

  Empero, si a pesar de estas realidades, el presidente Biden insiste en ignorarlas y persiste en su empeño de correr para la reelección, alguien, dentro de su partido, debería retarlo y correr contra él en las primarias.

  Además, ¿quién dijo que la cuenta de las primarias está saldada?

  La ecuación Biden-Trump pudiera desintegrarse en los próximos meses por la fuerza de la imponderabilidad, siempre presente en las coyunturas políticas, y al final, los tickets, de ambos partidos, pudieran tener una conformación diferente a la esperada.

BALCÓN AL MUNDO

El drama político-económico del techo de la deuda continúa como show anual, entre la presidencia y el ejecutivo, para mantener a la población excitada. Los dos partidos se culpan, como es usual, para también, como es usual, llegar a un acuerdo que siempre deja la deuda más elevada.

  A pesar de todo el cacareo, y el tira y encoje de las dos partes, lo único cierto es que no habrá default (incumplimiento de la deuda) porque la Constitución requiere que el gobierno pague interés y principal de la deuda. Lo demás… ya veremos.

  Por lo tanto, el gobierno federal necesita el voto sobre el límite de la deuda para forzar los cortes en los gastos, que nunca ocurre, excepto bajo amenaza. En este caso, es al revés: el gobierno quiere más gastos y la oposición exige un recorte.

  Pero, el orden de la ecuación no afecta el resultado: No habrá default.

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  Si las cosas se producen como planeadas, el 11 de este mes, en breves días, el Artículo 42 puesto en vigor por el gobierno anterior debido a la pandemia, pero con el real propósito de impedir la entrada al país de miles de inmigrantes que se juntaron en la frontera como integrantes de una inmensa caravana, llegará a su final. Se abrirá un nuevo capítulo en un tema que ya peca de viejo. Se predicen muchas cosas, entre ellas, un loco desbordamiento en la frontera con consecuencias impredecibles.

Una verdadera crisis humanitaria a la que hay que encontrarle solución justa, sin comprometer nuestra seguridad nacional.

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El líder chino, Xi Jinping, queriendo posar de mediador en la guerra de Ucrania, conversó, telefónicamente, con el presidente de ese país, Volodimir Zelenski. El presidente Zelenski le está siguiendo la corriente, siguiendo el protocolo diplomático, sabiendo que Xi no puede ser un mediador honesto cuando ni siquiera ha reconocido a Rusia como el agresor a su país.

 Zelenski ha declarado muchas veces, y se lo repitió a Xi, que cualquier acuerdo con Moscú tiene que basarse en la restauración de la frontera ucraniana al status de 1991. No habrá paz, agregó, basada en compromiso territorial.

 La posición de Zelenski es una clara respuesta a la hipocresía china que pretende ser juez y parte en la cuestión.  China es un cómplice criminal de Rusia en la agresión a Ucrania.

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