Por Álvaro J. Álvarez. Exclusivo para LIBRE
Rafael Lucas Sánchez-Hill nació el 24 de octubre de 1808 en San Agustín, Florida. Contrajo matrimonio en tres ocasiones. En primeras nupcias, casó en 1837 en San Agustín con su prima hermana, Isabel Antonia Josefa Sánchez y Berté, con quien tuvo dos hijos: Berta y Rafael Eusebio Sánchez-Hill y Sánchez (1843-1915). Este último se casó con María Dolores Aballí y del Río; ambos fueron los padres de Rafael y Alfredo Sánchez Aballí (1878-1918).
El segundo matrimonio de Rafael Lucas fue con la joven matancera María Encarnación Rodríguez del Junco y Morejón (1819-1865), celebrado en la Catedral de Matanzas el 27 de octubre de 1849. De esta unión nacieron seis hijos: María Dolores (1850), Ricardo (1852-1902), Julia Leontina (1855-1930), Alberto Carlos (1858-1915), Federico Juan Sánchez del Junco (1860-1921) y María del Pilar (1862-1948).
Cabe aclarar que Rafael Eusebio Sánchez-Hill y Sánchez, del primer matrimonio, y Federico Juan Sánchez del Junco, del segundo, eran medios hermanos; por lo tanto, Alfredo Sánchez Aballí era sobrino de Federico Juan Sánchez del Junco. Ambos serán personajes fundamentales más adelante.
El tercer matrimonio de Rafael Lucas tuvo lugar en 1867 con Juana Campos y del Junco, de cuya descendencia (cinco hijas y un hijo) prescindiremos por el momento.
Federico Juan Sánchez del Junco se casó en 1888 con Elvira Cil Macías (1866-1952) y tuvieron ocho hijos: Rafael Lucas, Federico Guillermo (1890-1962), Encarnación Sánchez Cil (1892-1973), Elvira (1893-1965), Jorge Washington (1897-1970), Carlos Manuel (1899), José Antonio (1901-1903) y Laura María (1903-1965).
Encarnación nació en Matanzas el 30 de junio de 1892 y se casó en 1912 con Alfredo Sánchez Aballí (su primo por la rama paterna). De esta unión nacieron cinco hijos: Dolores María (1913), Elvira María, Rafael Eusebio (1916), María Encarnación (1917) y Mirta Sánchez y Sánchez (1918). Esta última casó con Gustavo de los Reyes, y la hija de ambos, María Cristina de los Reyes y Sánchez, contrajo matrimonio con Alfonso “Alfy” Fanjul y Gómez Mena (1936-2026), el íntimo amigo de Bill Clinton con quien este hablaba por teléfono durante el célebre episodio en el Despacho Oval con Mónica Lewinsky.
En 1857, Rafael Lucas Sánchez-Hill construyó el central Guabajaney, bautizado así por el río que baña la zona. En 1881, la finca fue renombrada como central Santa Lucía, cuando Rafael Lucas ya había fallecido (13 de mayo de 1878).
Para 1958, de los 161 centrales azucareros existentes en Cuba, el Santa Lucía ocupaba el puesto 42.º en capacidad de producción diaria (370 000 arrobas), el 7.º en Rendimiento Industrial (RI) más alto (13,92) y el 13.º en número de trabajadores durante la zafra (6268 empleados).
Las fincas y lotes de terreno que lo integraban abarcaban aproximadamente 3200 caballerías de tierra, de las cuales 1155 estaban sembradas de caña y divididas en cuatro departamentos; unas 300 caballerías se dedicaban a potreros y el resto a monte firme y sabanas. Las tierras del Santa Lucía se extendían en un amplio tramo por la costa norte de la antigua provincia de Oriente, en las inmediaciones de Gibara.
Fue uno de los 16 centrales que desde el siglo XIX se mantuvieron en propiedad de una misma familia, aunque operó bajo distintas firmas comerciales:
• En 1879 pasó a manos de su nieto (del primer matrimonio) Rafael Sánchez Aballí y de los hijos del segundo matrimonio, Alberto Carlos y Federico Juan Sánchez del Junco.
• En 1889 figuró bajo la firma Hermanos Sánchez.
• En 1895 bajo Sucesión de Rafael Lucas Sánchez.
• En 1903 bajo Sánchez y Hermanos.
• En 1908 como Santa Lucía Company.
• En 1936 como Santa Lucía Company S.A.
En 1958, con un capital ascendente a $2 250 000, figuraba como propiedad de la familia Sánchez Cil y sus cónyuges:
• Rafael Lucas Sánchez Cil: presidente.
• Dr. Antonio Latour Oliver (esposo de Laura María Sánchez Cil): vicepresidente.
• Rafael Eusebio Sánchez Sánchez (hijo de Encarnación y Alfredo): tesorero y, a la vez, presidente y propietario del central Bahía Honda.
• Antonio R. Latour Sánchez (hijo de Laura) y Fernando Argüelles Menocal (esposo de Dolores María “Lola” Sánchez Sánchez): Directores.
El negocio familiar pasó sucesivamente a manos de hijos, nietos y bisnietos. Aunque poderosas compañías azucareras extranjeras y cubanas intentaron adquirir la propiedad, la familia se negó siempre, enfatizando su interés en mantener este negocio como un patrimonio genuinamente cubano.
El central Bahía Honda ocupaba el lugar 111.º en capacidad de producción diaria (210 000 arrobas). Contaba con un RI moderado de 12,16, 2000 trabajadores y 342 caballerías de tierras propias, situándose a unos 3 km al noroeste del pueblo de Bahía Honda. Era además uno de los 30 centrales criadores de razas selectas de ganado.
Fundado en 1870 por el español Rafael Toca Aguilar, llevó el nombre de central Gerardo hasta 1921. Desde 1953 pasó a ser propiedad de Encarnación Sánchez Cil, de sus hijos (Rafael Eusebio, Dolores María, Elvira María y Mirta Sánchez Sánchez) y de sus respectivos cónyuges, en sociedad con Antonio Falcón del Castillo como vicepresidente primero. La junta directiva quedaba integrada por:
• Rafael Eusebio Sánchez Sánchez: Presidente.
• Víctor Pedroso Aróstegui (esposo de Elvira María y presidente del Banco Pedroso): Vicepresidente segundo y accionista.
• Gustavo de los Reyes Delgado (esposo de Mirta): Tesorero.
• Fernando Argüelles Menocal (esposo de Dolores María “Lola”): Vicetesorero.
Su situación financiera era satisfactoria; tras un leve retroceso en 1955, se recuperó posteriormente. Tenía un capital líquido de
$700.000, activos totales por
$2.967.000, ingresos por ventas de $1.433.903 y utilidades de $72.947.
En Estados Unidos, los Sánchez- Hill han formado, junto con otros exazucareros cubanos, la Asociación Nacional de Hacendados de Cuba. Su principal misión en el exilio es “desalentar las inversiones en las tierras confiscadas por el régimen castrista, a menos que se compense a sus dueños legítimos”, según explicó el abogado Nicolás “Nick” Gutiérrez Castaño, cuya familia también pertenece a la asociación y era propietaria de los centrales San Agustín (en Santa Isabel de las Lajas) y El Pastora (en San Juan de los Yeras), ambos en Las Villas.
La Casona de 23 y B en El Vedado
Cuando Federico Juan Sánchez del Junco falleció en 1921, dejó activos financieros en Nueva York por un valor bruto superior al millón de dólares, según consta en el expediente judicial estadounidense de la sucesión. El tribunal señaló que Federico era residente y ciudadano cubano, y que su viuda, Elvira Cil, ejercía como albacea de su testamento.
La Sra. Elvira Cil Macías contrató a la firma de arquitectos Morales y Compañía —presidida por el ingeniero Luis Morales y Pedroso, con Leonardo Morales y Pedroso como asociado junto a otros siete arquitectos— para la construcción de su mansión.
En aquel entonces, el terreno estaba dividido en lotes que decidieron unificar con la aprobación del Ayuntamiento de La Habana (licencia otorgada el 20 de noviembre de 1922). De esta manera, la propiedad de la Casona quedó dividida al 50 % entre Elvira Cil y su hija Encarnación.
El arquitecto Leonardo Morales y Pedroso construyó en 1923 la Casona, ubicada en la calle 23 n.º 801, esquina a B, en El Vedado. Se le conoce con ese nombre por una cuestión de cultura organizacional para denominarla de forma unificada, ya que a lo largo de su historia ha recibido distintas denominaciones. La Casona mide 50,20 m de ancho por 50,00 m de profundidad, lo que suma una superficie total de 2510 m².
El inmueble se inscribe dentro del auge del clasicismo y del eclecticismo cubano y es una obra relevante de la arquitectura habanera del siglo XX. El primer registro conocido del inmueble data del 20 de mayo de 1925, en el que se describe como una casa de dos plantas, construida de ladrillo y placa.
• Planta baja: incluía un gran salón de fiestas, dos dormitorios con baño, estudio, varias dependencias, comedor infantil, portales y baños para el servicio doméstico, lo que refleja el carácter suntuoso de una residencia destinada a una familia de elevado poder económico.
• Planta superior: contaba con vestíbulo, once habitaciones, cinco baños, tres cuartos de servicio con baño y cuatro habitaciones altas.
• Sótano: albergaba la cocina, el comedor de servicio y la despensa.
La mansión estaba considerada una de las más atractivas de la calle 23. El arquitecto Leonardo Morales y Pedroso desarrolló el proyecto en una etapa en la que incorporaba elementos del Renacimiento italiano y francés. Adscrita a los códigos formales del eclecticismo, la edificación destacó por su composición armónica de sólida monumentalidad. El acceso se efectúa por la esquina a través de un patio de honor, seguido por un eje diagonal que culmina en el portal, resaltando a la distancia la torre mirador.
Asimismo, destacan sus espacios interiores de considerable amplitud y elegancia. Fue construida con ladrillos y tejados de tejas verdes importadas de Estados Unidos, cielos rasos decorados en el interior, hierro forjado ornamentado, azulejo valenciano, pisos de mármol en los salones principales, y terrazo o mosaicos áreas que luego, en la época del colegio, se destinaron a los niños.
El Colegio Trelles
El 20 de marzo de 1925, Elvira Cil Macías y su hija Encarnación Sánchez Cil figuraban como propietarias de la mansión. Durante veinte años, la edificación se destinó a residencia de la familia y sus herederos. A partir de 1942, Elvira comenzó a arrendarle el inmueble al Sr. Manuel F. Trelles.
El Colegio Trelles inició sus labores académicas en el curso 1943-1944. Dirigido por el Dr. Armando Trelles, era un colegio mixto (para niñas y varones) cuya enseñanza abarcaba desde el kindergarten hasta el bachillerato. La escuela estaba destinada a formar a hijos de familias de clase media y alta, tanto del Vedado como de provincias, al contar con alumnos internos. En el plantel se aplicaban los métodos pedagógicos más modernos.
El 27 de marzo de 1945, la propietaria Elvira Cil declaró el arrendamiento total de la casa al Dr. Armando Trelles Reyes, de estrecha relación con Manuel F. Trelles.
El corresponsal de la revista Bohemia, Jorge Quintana, visitó el Colegio Trelles para un reportaje publicado el 29 de agosto de 1948. En la fotografía principal aparecían el Dr. Eugenio Sirk, el subdirector Dr. Ramón Clavijo, el director Armando Trelles Reyes y la Dra. Asunción Díaz Cuervo.
Según el Dr. Armando Trelles, al iniciar en 1943 contaban con una matrícula de 53 alumnos, cifra que para el curso 1947-1948 había ascendido a 787. El lema del colegio era “Un Colegio Mejor”. Trelles declaró a Quintana:
“Cinco años después puedo decirle con orgullo que no he arado en el mar. No hemos hecho otra cosa para lograr esto que aplicar los nuevos métodos pedagógicos en toda su extensión, rompiendo las normas tradicionales y teniendo muy presente algo que no es nuevo, pero que se ha olvidado: amor y comprensión. Cuando un alumno muestra una deficiencia no se le castiga a tantas copias o tantas horas; el mismo profesor que le explica en el aula, al concluir las actividades diarias, invita a ese alumno a superar su deficiencia en un tiempo extra hasta vencer la dificultad”.
La enseñanza era laica y respetaba la libertad de culto, salvo que los padres solicitaran expresamente educación religiosa católica para sus hijos. Entre sus actividades extraescolares destacaban las excursiones de Geografía e Historia a lugares de interés como la Isla de Pinos, el Valle de Viñales, el Valle del Yumurí, las Cuevas de Bellamar, Trinidad y Miami.
Oferta académica (Curso 1958-1959)
• Enseñanza primaria (español e inglés): Profesores especializados. Sesión mañana en español; sesión tarde en inglés.
• Comercio y Secretariado: Tres cursos. Clases especiales de Taquigrafía en español e inglés, manejo de máquinas IBM y Dibujo.
• Bachillerato: Incorporado al Instituto de Segunda Enseñanza del Vedado.
• Servicio de transporte: Ómnibus escolares con un historial libre de accidentes desde su fundación.
• Instalaciones: Aulas con aire acondicionado y horarios mañana, tarde y noche.
• Diplomas especiales: Certificados en Inglés, Manejo de Máquinas IBM, Dibujo Comercial, Dibujo Arquitectónico, Mecanografía, Taquigrafía, Contabilidad y Caligrafía Palmer (los alumnos de la Academia Comercial no requerían uniforme).
El Colegio Trelles funcionó hasta 1960, cuando fue confiscado por el régimen de Fidel Castro. Posteriormente pasó a denominarse Escuela Primaria Guido Fuentes.
Testimonios de exalumnos
• Joseph González: “Estudié mis cinco años de bachillerato en el Trelles y me gradué en 1960. Recuerdo la fiesta que dio la escuela ese año con la orquesta de Fajardo. El mejor profesor que he tenido en mi vida fue el Dr. Ramón Clavijo”.
• Elena Gatto: “Allí estudié un año de bachillerato. Armando Trelles, su director, era un excelente profesor de Matemáticas”.
• Armando R. Carvallo Llanos: “En el Trelles hice de 1.er a 3.er año de bachillerato entre 1957 y 1960. Trelles me dio clases de Geografía e Historia”.
• Rolando de la Vega: “Fui alumno del Colegio Trelles y conocí al Dr. Armando Trelles. Era un gran colegio con muy buenos maestros, comedor, cafetería y cancha de baloncesto. También tenía ómnibus para trasladar a los alumnos. Estudié allí hasta que llegó el Gran Problema que todavía tenemos”.
• María Elena Salinas: “Fui alumna desde 1957 hasta 1960, antes de salir de Cuba. Era un edificio precioso, con unas escalinatas de mármol para subir a las aulas del piso superior. Teníamos clases en español por las mañanas e inglés por las tardes”.
• Rafael Tremols: Nació en La Habana el 1.º de octubre de 1937. Cursó la primaria en el Colegio de Belén (1944-1949) y el Bachillerato Comercial en el Colegio Trelles (1950-1954). Trabajó como auxiliar de contabilidad en la empresa Naviera Vacuba C.A. (1955-1959). El 25 de enero de 1961 le fue solicitada su renuncia por José Llanusa por manifestarse en contra del régimen castrista. Tras tres meses en la clandestinidad, el 6 de mayo de 1961 se asiló en la Embajada de Venezuela.
• María Elena del Valle: “Yo vivía en la calle B n.º 604, entre 25 y 27, y veía a los alumnos pasar frente a mi casa camino a las suyas. Era un colegio precioso”.
• Rafael “Felo” Figueroa: Vivía en Ciego de Ávila y en el curso de 1950 se matriculó en el tercer año de bachillerato. Le fue tan bien que allí continuó el cuarto Año.
Felo, que vive en Puerto Rico, me contó que eran más de 50 internos que vivían en otra enorme casa en Calzada esquina a la calle I, a dos cuadras del Hotel Presidente y que funcionaba de forma independiente a las aulas como el hogar de los alumnos pupilos.
La enorme y bella mansión estaba virtualmente dividida en tres alas, la izquierda era la residencia del Dr. Armando Trelles, su esposa y su hija Guadalupe, de unos 15 años, con cabello negro, aunque no interactuaba con ellos. Allí también dormían dos internas de la provincia de Oriente, una trigueña y otra rubia.
El centro de la casa estaba dedicado al gran comedor, donde tres veces al día se reunían para tomar sus alimentos.
La familia Trelles compartía la cena con los internos y solo en esos tres horarios podían acceder al salón principal, además de por las noches para estudiar. A la cocina, en cambio, podían ir cuando lo necesitaran.
El ala derecha estaba destinada a los internos varones y constaba de tres salones dormitorios: el primero, para los internos mayores; el del medio, para los de edad intermedia, y el tercero, para los más jóvenes.
Allí convivían durante la semana escolar y el Sr. Abreu era la persona encargada del cuidado de los pupilos.
De lunes a viernes eran trasladados en las guaguas del colegio hasta 23 y B donde al entrar se respiraba un ambiente de enseñanza y respeto, que Felo pudo aprovechar en su tercer año de bachillerato.
Felo nunca ha olvidado a sus calificados profesores y los principios del del Dr. Armando Trelles, todo un caballero de baja estatura, pero de gran personalidad, que al dirigirse al alumno lo hacía de forma respetuosa y positiva.
En su memoria perdura en primer lugar el profesor Ramón Clavijo, luego Aguilar, el profesor de Química.
Los exámenes finales de los alumnos de bachillerato se efectuaban en el Instituto de Segunda Enseñanza del Vedado y el acto de graduación se efectuaba en el Teatro Payret de Paseo del Prado y San José.
Felo recuerda a algunos de sus compañeros de internado como Gustavo Garí Quiñones, de Morón; César Rodríguez, de Camagüey; el flaco Cartaya, de Sagua la Grande, y Miguel Gendiz, de Cueto, provincia de Oriente, de donde realmente era la mayoría de los pupilos.
Felo guarda muy buenos recuerdos de esos años y hay que felicitarlo por aportarme tantos datos a pesar de que han transcurrido 76 años.







0 comentarios