El choque de los mundos (V)

Written by Libre Online

11 de agosto de 2026

Por F. Balmer y  R. Wylie (1934)

“Los cometas aparecen en todas direcciones; pero aquellos dos cuerpos no parecían cometas cuando pudieron observarse a través del gran telescopio. Uno de ellos mostraba ya, en la segunda observación, un pequeño disco perceptible. Su espectro presentaba todas las líneas características de la luz solar reflejada. Diversas observaciones posteriores confirmaron, cada vez con mayor claridad, que ambos cuerpos poseían dimensiones y características planetarias y que se aproximaban desde regiones muy remotas del espacio interestelar”.

“Los dos cuerpos han permanecido asociados, acercándose juntos y a la misma velocidad. Ya muestran discos perfectamente mensurables. Puede estimarse que, cuando fueron observados por primera vez, se hallaban a una distancia del Sol equivalente a la de Neptuno. Debe recordarse, sin embargo, que, aunque semejante, esa distancia corresponde a una trayectoria diametralmente opuesta”.

“Desde que cayeron bajo el alcance de nuestras observaciones, han recorrido la distancia comprendida entre la órbita de Urano y la de Saturno”.

“Bronson Alfa —nombre provisional asignado al mayor de los dos cuerpos— parece tener un tamaño similar al de Urano. Su diámetro estimado es ligeramente superior a cuarenta mil millas. Bronson Beta, el menor, gira alrededor de Alfa, cambiando constantemente de posición”.

“Ambos han penetrado definitivamente en la esfera de influencia gravitacional del Sol; pero, al provenir del espacio interestelar, su velocidad excede con mucho la de los planetas conocidos en su recorrido alrededor de nuestra estrella”.

“Tales son los fenómenos observados. Lo que sigue es necesariamente especulación científica; pero la ofrecemos como una posible explicación del origen de los dos cuerpos Bronson”.

“Desde hace mucho tiempo se supone que alrededor de otras estrellas existen sistemas planetarios semejantes al nuestro. No puede afirmarse que todas las estrellas los posean; pero se estima probable que, al menos, una de cada cien mil haya desarrollado un sistema planetario. Entre los incontables billones de estrellas existentes, podrían existir millones de soles con sus correspondientes planetas”.

“Siempre se ha considerado posible que una catástrofe desviara a esos mundos de sus órbitas. Bastaría el acercamiento de otra estrella para destruir el equilibrio gravitacional del Sol sobre la Tierra, Venus, Marte, Júpiter y los demás planetas, lanzándolos a vagar por el espacio en una desenfrenada carrera, acompañados para siempre por el frío y la oscuridad”.

“Nuestro mundo, Venus, Marte, Júpiter y Saturno vagarían entonces durante un tiempo indefinido. Algunos quizá por toda la eternidad; otros podrían, después de incalculables edades, encontrar otro sol que los atrajera dentro de su radio de acción”.

“Puede presumirse, para explicar la aparición de los cuerpos Bronson, que estos fueron alguna vez planetas semejantes a la Tierra, Venus o Urano, girando alrededor de un sol que les daba vida. Una catástrofe estelar los arrancó de su sistema y los lanzó, junto con los demás planetas de aquel mundo, hacia las profundidades del espacio interestelar”.

“Estos dos cuerpos —Bronson Alfa y Bronson Beta— estuvieron originalmente asociados o establecieron entre sí una influencia gravitacional durante su viaje. Probablemente han recorrido el espacio durante un tiempo incalculable, hasta caer dentro de la atracción de nuestro Sol. Como consecuencia, su trayectoria ha sido profundamente modificada y ahora se aproximan hacia nosotros”.

En este punto terminaban las declaraciones redactadas por Cole Hendron.

Tony Drake estaba sentado en la cama, con el periódico en la mano, mientras trataba, con su mano izquierda y sin mirar para la mesa, de encender una cerilla con que prender el cigarrillo que tenía entre los labios. No lo logró, pero siguió tratando de hacerlo mientras sus ojos devoraban las columnas de preguntas propuestas por los repórters al doctor Cole Hendron—y las respuestas dadas por éste.

—¿Cuáles serán los resultados de esta aproximación hacia la tierra? Es imposible predecirlos.

—¿Pero se producirán efectos? ¡Seguramente que sí!

—¿De qué magnitud? (Nuevamente Cole Hendron se negó a contestar). —Es imposible predecirlo desde ahora—evadió.

—¿Se encontrará en peligro la tierra?

Respuesta: —Se producirán, sin duda alguna, considerables alteraciones de las condiciones de vida de este planeta.

—¿De qué naturaleza serán esas alteraciones?

—Eso será motivo de una posterior declaración—replicó el Dr. Hendron—. El carácter y grado de las dificultades y molestias que este fenómeno nos producirá está sujeto, en estos momentos, al estudio de un grupo de astrónomos responsables. Trataremos de describir las condiciones que todos los habitantes del planeta vamos a confrontar tan pronto como nos sea dable definirlas con toda precisión y claridad.

—¿Cuándo nos será dada esta declaración suplementaria?

—Tan pronto como sea posible.

—¿Mañana?

—No, en manera alguna tan rápidamente como dentro de veinticuatro horas.

—¿Dentro de una semana? ¿Dentro de un mes?

—Yo adelantaría que es posible que pueda ser dada dentro de un mes.

Tony estaba ya de pie y temblaba a despecho de é1 mismo. No había la posibilidad de una equivocación en la amenaza que significaba este sorprendente anuncio. A él le parecía algo terrible, porque se le ocurría que había de producirse tan enorme alteración de todas las condiciones de vida en el mundo, que habrían de equivaler al más completo desastre.

¡La Liga de los Últimos Días! En otra columna del periódico había alguna referencia a ella, pero Tony apenas si pudo leerla coherentemente. ¿Dónde estaba Eva y qué estaba haciendo ella durante esta mañana? ¿Qué sentía ella? ¿Qué estaba pensando? ¿Estaría durmiendo todavía?

La joven había estado levantada toda la noche, trabajando en cooperación con su padre. La declaración había sido ofrecida a la prensa, a la una de la madrugada. ¿Qué más que esto que se había dicho sabía Eva? Era indudable que los científicos sabían mucho más, mucho más que no se atrevían a hacer público todavía. ¡Que no se atrevían! Esa era la realidad.

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