EL CHACAL, EXHIBICIONISMO Y SADISMO EN PARÍS

13 de octubre de 2021

Desde el 8 de septiembre la Cour d’Assises especial de París* esta juzgando a 14 acusados por los atentados perpretados en esta capital el 13 de noviembre de 2015 (en el Stade de France, las terrazas de varios café-bares y el cabaret Bataclán ) por el Estado Islámico. En medio de una gran tensión palpable entre familiares de las víctimas y sobrevivientes,  están compareciendo en la sala las partes y sus abogados. Alrededor de 1800 víctimas directas y colaterales están implicadas y ya se produjo un cara a cara espectacular entre el presidente del tribunal y el principal enjuiciado que afirmó resueltamente haber actuado como «combatient de la causa de Alá», a la que sigue siendo incondicionalmente fiel. El proceso durará hasta abril o mayo del año que viene, de suerte que durante meses tendremos tela marinera por donde cortar.

Pero resulta que la semana pasada, recién llegado yo de unos días de vacaciones en Madrid, me llamó con un interesante chismecito un colega acreditado allí para cubrir el juicio. Ese veterano repórter asiste diariamente al Palacio de Justicia, que esta en la Isla de la Cité la cual ha sido transformada casi en fortaleza sitiada en previsión de lo que pueda ocurrírsele a los yihadistas. Y estando allí supo que en una de las salas pequeñas de la primera planta del edificio habían traído muy discretamente al terrorista venezolano Carlos quien, ya condenado a varias cadenas perpetuas, tenía pendiente la apelación por una de ellas. En la sentencia cuyo fallo impugnaba lo habían juzgado por haber atacado con granadas el interior del Publicis Drugstore, una tienda muy frecuentada por entonces en Saint-Germain-dès-Près.  El sangriento saldo de su acción fue de 2 muertos y 34 heridos, algo que hizo mucho ruido en el París de 1974 cuando el venezolano era totalmente desconocido a pesar de haber participado por cuenta del terrorismo internacional en otros atentados. Muchos elementos hicieron pensar que los servicios cubanos estaban en el ajo desde el principio en cuanto hizo Carlos, al menos en esos primeros años de «carrera».

El hombre esta hoy y desde hace 27 años encerrado en el sector VIP de la cárcel La Santé, una prisión construída a mediados del Siglo XIX en plena capital. Los servicios especiales franceses lo capturaron en Sudán en 1994 y desde entonces su leyenda, comenzada en los campos de entrenamiento cubanos a mediados de la década 1960, ha palidecido. Si no fuera por los dos comisarios que descerrajó en la calle Touillier en junio de 1975 ya se lo hubieran quitado de encima liberándolo con algún subterfugio de esos que bendicen a los izquierdistas. El mismo Hugo Chávez mucho que hizo en ese sentido, pidiendo que lo transfirieran a Caracas «para que cumpliera su condena cerca de su familia venezolana». Pero los franceses no cedieron por haber él asesinado a quemarropa a aquellos dos oficiales y herido a otro que moriría después como resultado de los dos balazos que recibió en la refiega. Los tres hombres habían ido a su encuentro incluso desarmados. Y es precisamente por esta coyuntura, provocada por la coincidencia fortuíta en el interior del Palacio de Justicia de dos juicios que involucran terrorismo, islamismo y antisemitismo, que voy a regresar en el tiempo a aquéllos hechos de hace 46 años y a Fidel Castro.

Esta documentado en libros y en trabajos periodísticos que Carlos huyó fácilmente del apartamento al que habían ido a buscarlo los policías ignorando qué tipo de peje era. En las horas siguientes, ya en fuga y con el apoyo logístico de varios «diplomáticos» cubanos acreditados en Francia, fue conducido a una dependencia de la embajada argelina en París. Con todas las policías del país tras de él consiguieron entonces llevarlo hasta Marsella donde fue introducido clandestiamente en un barco mercante que lo condujo a Argel. A partir de entonces y por un cierto tiempo gozó de la protección militante del presidente Boumedienne.

Aparentemente los servicios de la Seguridad francesa tuvieron conocimiento de la fechoría cubana y rápidamente el gobierno decretó la expulsión de Pedro Lara Zamora, Ernesto Reyes Herrera y Raúl Rodríguez Saínz que con diferentes cargos aparecen en los listados de 1974 y 1975 de Exteriores siendo embajador  Gregorio Ortega Suárez. Los declararon persona non grata, tuvieron que largarse y esa decisión provocó una hipócrita cólera oficial en La Habana, máxime que días después París anuló una visita oficial de la ministra de Salud de entonces, Simone Veïl.  Y fue en ese contexto, menos de dos semanas después que intervino directamente Fidel Castro.  Lo que sigue es un elemento totalmente inédito del affaire que puedo relatar gracias a un documento que he podido consultar recientemente en un archivo de la policía francesa.

Fidel se coló en una recepción que no se por qué motivo hubo en La Habana el 29 de julio y se las arregló para entrevistarse en tête à tête con el embajador francés de entonces Dimitri de Favitski. En el informe confidencial, secreto y cifrado N° 337-345 de tres páginas que el diplomático envió a su superioridad en París al día siguiente Favitski relata todo de una forma cinematográfica casi.  Es indiscutible que el Dictador en Jefe fue allí a pasar su mensaje a Francia que esencialmente consistía en negar rotundamente toda implicación cubana en actos terroristas. Sin mencionar por su nombre a Carlos, Fidel dijo que él había ordenado una investigación «a fondo» en todos los servicios del estado cubano y que estaba totalmente seguro de lo que decía.

Fue más lejos en su desfachatez al explicar que los contactos de dos de los tres cubanos expulsados con la amante de Carlos Nancy Sánchez en cuyo apartamento habían tenido lugar los hechos eran simples relaciones amistosas de «los muchachos» con simpáticas latinoamericanas residentes en París que al mismo tiempo eran admiradoras de la Revolución Cubana. El cinismo de Castro siempre ilimitado partía del hecho que la Sánchez compartía su lecho no solo con Carlos sino también con Lara Zamora y él sabía ya que los franceses tenían prueba de ello. Meses más tarde todo el entramado sería confirmado con pelos y señales por un desertor de la contrainteligencia cubana que huyó a España desde un país del este europeo.

Al final de aquella conversación surrealista Fidel dijo que él quería que el gobierno de Francia supiera no solo que los diplomáticos cubanos expulsados eran totalmente inocentes sino que existía del lado cubano una absoluta buena fe respecto a Francia por quienes los cubanos tenían amistosos sentimientos fundamentados en una vieja relación. Favitski, diplomático al fin, advirtió en la forma de hablar del cubano «un lenguaje casi brutal a veces pero calculado» y una preocupación por la posibilidad que los intercambios entre los dos países se vieran afectados.  Estaban sobre el tapete un contrato de compra de camiones Berliet y la apertura en Varadero de un Club Mediterranée. Esas negociaciones no fueron para nada afectadas que conste y Francia, que como se puede observar a la luz de estos archivos todo sabía, no modificó su actitud tolerante para con el castrismo que 46 años más tarde sigue allí donde mismo.

Ni por el propio Carlos, a quien para llevarlo días atrás de La Santé al Tribunal tienen que haberlo pasado a menos de dos cuadras del teatro de aquellos crímenes de los que todavía se jacta, ni por los archivos cubanos sabremos más. El terrorismo sigue siendo una amenaza a la que se suman hoy más que siempre numerosos gobiernos por intermedio de peones regados por el mundo entero. En el Palacio de Justicia de París hubo pues una coincidencia verdaderamente escalofriante.

*Tribunal Superior de lo Penal

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