EL CAFÉ REGIL, Rige y Regirá Regil se Saborea

Written by Alvaro J. Alvarez

6 de diciembre de 2022

Se dice que hasta el siglo XVIII imperaba en Cuba la costumbre de tomar chocolate, bien espeso y por cierto muy alimenticio. Hacia 1748 el residente de La Habana José Antonio Gelabert fue el primero que lo sembró en su finca del Wajay al Sur de la ciudad de La Habana. 

Gelabert sorprendía agradablemente a sus invitados ofreciéndoles la estimulante y rica infusión obtenida a partir de los extraños frutos cultivados en sus tierras.

INICIOS DEL CAFÉ EN CUBA

Hasta el año 1790, la presencia de plantaciones de café en Cuba era mínima. Los terratenientes las establecieron con el objetivo de diversificar sus sembrados, pero el archipiélago aún carecía de un verdadero cafetal.

Sin embargo, con la Revolución de Haití, los colonos franceses se vieron en la necesidad de abandonar ese país. Por ello, ocurrió un incesante flujo migratorio entre los años 1791 y 1800, que tuvo como consecuencia el asentamiento de franceses en todo el territorio nacional, aunque predominaron las zonas del oriente donde encontraron condiciones naturales propensas para el desarrollo de la industria cafetalera.

La Sierra Maestra y el macizo montañoso Sagua-Baracoa ofrecían indicadores de altura, temperatura y humedad propicios para la siembra de este grano, aunque poco tiempo después ya se encontraba en el Escambray (Las Villas) y en las Sierras del Rosario y de los Órganos, en Pinar del Río.

En 1827, fue que Cuba alcanzó volúmenes comerciales para insertarse en el mercado cafetalero internacional. Por entonces, se afirma, florecían unos 2,000 cafetales. El mantenimiento de la esclavitud proveía de la mano de trabajo necesaria para el desarrollo de La Isla como una potencia en materia de este grano. Ello, sumado a la experiencia que aportaron los colonos franceses en materia de cultivo y cuidado del grano, propiciaron que Cuba se convirtiera en las décadas posteriores, como uno de los mayores exportadores de café, a nivel mundial.

Era ya un negocio lucrativo, que llamaba al lujo y la riqueza de los propietarios de haciendas. 

El boom cafetalero se extendió en Cuba hasta 1850, fecha en que ese rubro comenzó a ceder su espacio a la producción industrial de azúcar de caña. 

Pero con alza o baja productivas el divino néctar había llegado a La Isla para quedarse como parte de los gustos y la propia cultura nacional, tal y como sucede con los puros habanos y el genuino ron cubano, obtenidos a partir de la agricultura. Una costumbre que cautivó a ricos y pobres, así como a personas de todos los colores sin distinción, demostrando que no solo “los negros tomamos café”.

Del café arábigo predominante en el país, se reportan 12 variedades. Hoy se comercializan varias marcas de gran calidad y fama como el Turquino a la cabeza entre los selectos, desde hace muchos años, por su menor acidez.

También son muy apreciados el Serrano, Cubita, Crystal Mountain, Caracolillo y Regil. Todas las bebidas de la especie arábiga tienen suave sabor, buen aroma y, sobre todo, menor concentración de cafeína, algo que importa bastante en la actual demanda internacional.

TÉCNICA RESGUARDADA CON AMOR

La técnica y la cultura en la producción del valioso grano ha sido resguardada y trasmitida con amor, e incluso mejorada en algunos casos por los productores cubanos, empeñados en levantar los volúmenes productivos para satisfacer la demanda interna, además de la exportación, sin menoscabo de la calidad, de la que siempre se ha presumido.

En la década de 1930, la Dirección Comercial del Ministerio de Estado, elaboró un Memorandum a partir de las impresiones en el mercado europeo, estableciendo acciones sobre la base de la propaganda y la publicidad para ganar en calidad y presentación de nuestro café como un producto de excelente calidad, que nos identificara dentro y fuera del país, utilizando como bandera la promoción de su consumo.

Como envase estándar fue escogido el saco, estampado con la identificación: “Café Cubano” de color azul, además de la especificidad del tipo y el nombre del productor o exportador con letras grandes.

En La Habana eran populares las marcas: Tupi, La Flor de Tibes, La Flor de Yateras, Souto, Riko, Morito, Pilón y REGIL. En Santiago de Cuba: El Modelo, Oso, Oquendo, Caracolillo, San Juan, Crema, El Águila y El Combate.

REGIL, RIGE Y REGIRÁ

Regil se mantenía en el gusto de todos como decía el recordado slogan Regil, rige y regirá.

Pilón era considerado el café más popular de Cuba, “sabroso hasta el último buchito”. 

El Café Regil estuvo dedicado especialmente a la exportación e importación. Aprovechando ciertas circunstancias comerciales y de cosechas en el país, pasó a ser una de las exportadoras de café más fuertes y de mejor calidad.

Había sido fundada en 1853 por el montañés, José Peral Revuelta, 

natural de Santander, Cantabria, quién comenzó su fabricación en la ciudad de Regla. Aunque en sus primeros tiempos se llamó Brazo Fuerte. Luego al morir José en 1881 su sobrino Ángel Regil Peral lo sustituyó por Café Regil y mudó la fábrica para Guanabacoa (Independencia #174 al 180).

En 1890, al ampliarse el radio de acción de la empresa y aumentar su volumen comercial, ingresaron en la misma Pedro Carril Regil, José María Carral Regil, Abilio Carral Regil y Juan Inchauspi Carral. 

En el transcurso de los años, estos empresarios fueron sucedidos por Abilio Carral & Hermanos y por José Carral Regil. Más tarde ingresaron en la Sociedad constituida como razón social de la empresa, Félix Carral Regil, Domingo Trueba Regil (nacido en 1887) y Enrique Trueba Regil, naturales de Arredondo en Cantabria.

Ya en 1933, la firma Trueba, Hno. y Cía. estaba compuesta por los sobrinos, Domingo y Enrique Trueba Regil, en calidad de gerentes. En condición de socios colectivos, participaban en la misma José María Serna Carral, natural de Medina de Pomar, en Burgos y Emilio Ruiz Trueba, natural de Bilbao, Vizcaya.

Antes de continuar con la historia del Café Regil, creo conveniente 

ustedes sepan lo que nos cuenta Carmina Trueba Campa en su libro “El intenso aroma del café”. La edición estuvo a cargo del escritor cubano, Vicente Echerri (Trinidad, 1948), Editorial E&A, New York, 2011.

Carmina nació en 1927, su padre era Enrique Trueba Regil y su madre, Gabina de la Campa, de familia asturiana pero nacida y criada en Arredondo (27 kms. al S.E. de Santander).

Todos ellos se criaron en el reparto D’Beche, en Guanabacoa, muy cerca del tostadero que era de los hermanos de su abuela paterna María Regil y siendo unos adolescentes, en 1900 llegaron desde Arredondo, para trabajar allí, su padre Enrique y su tío Domingo Trueba Regil. 

María de la Campa, su tía (mayor 10 años que su madre), se casó con José “Pepe” Carral Regil, accionista de la empresa Café Regil y dueño además del Teatro Carral en Guanabacoa.

Cuando su tía María enfermó, trajeron a Gabina (entonces de 21 años) de España para acompañarla y ayudarla en los cuidados de sus tres hijas. Fue entonces que Enrique se enamoró de ella y se casaron en 1920. Su hermano mayor Enrique, nació en 1925, Carmina en 1927 y Pedro en 1929.

Ahora seguiremos con la historia del Café Regil…

Ya integrada por los hermanos Trueba Regil, por José María Serna y Emilio Pérez Trueba, propulsaron y modernizaron el negocio, envasando el producto en cartuchos herméticos bajo la acreditada marca Regil. Paralelamente con el progreso del negocio, fue aumentando el personal dedicado a las diferentes actividades, ascendiendo a 75 empleados y obreros en 1933.

El capital de la firma era de $300,000 y el volumen anual de su comercio, alrededor de $3,000,000.

REGIL Y TRUEBA

Los hermanos Domingo y Enrique Trueba y Regil tomaron el plausible acuerdo de asociar a la firma como socios industriales a Vidal Ruiz Tueba, Juan Madiedo Lavandero y a sus hijos Domingo “Mingo” Trueba Varona, Enrique Trueba Campa y Pedro Trueba Campa. Esa importante decisión se tomó con el propósito de que estos jóvenes, siguiendo el ejemplo de sus antecesores, trabajaran por la empresa con renovados bríos y le impartieran el ritmo de crecimiento y prosperidad a la Casa Regil. 

La medida no fue defraudada, gracias a la competencia y capacidad de los sucesores, porque ellos enriquecieron el negocio con nuevas ideas, iniciativas importantes, reformas y orientaciones revitalizadoras de la actividad económica.

Enrique Trueba Campa, fue el iniciador del tostadero El Pinar, en Pinar del Río, siendo luego su gerente general y al asociarse con Ángel Camoira constituyeron la firma Trueba y Camoira. 

Los Trueba Regil y Ángel Camoira se asociaron con los empresarios cafetaleros, Enrique y Manuel García Fernández y fundaron el Tostadero de Café Las Villas, para servir a toda esa provincia de la parte central de La Isla, desde su moderna planta tostadora y envasadora radicada en Santa Clara. Luego en plan de una constante superación, montaron la planta en Holguín, para cubrir toda la provincia oriental, llegando el producto al destinatario como si estuviera acabado de tostar.

La firma era también poseedora de la fábrica de licores La Competidora, conocida también como Vinatera de Trueba y Hnos., sita en Jesús Peregrino #36, luego 168, entre Marqués González y Oquendo. Fundada en 1904 su gerente era Gabino Trueba Fernández, que retirado de los negocios fue a Santander a reponer su salud y murió el 28 de noviembre de 1910.

Domingo y Enrique Trueba Regil, fundaron el Centro Montañés de La Habana, la Sociedad Montañesa de Beneficencia y la Casa de Salud del Centro de Dependientes del Comercio de La Habana y ambos miembros activísimos de la Cámara Española de Comercio y de la Cámara de Comercio de La Habana.

En 1958 era la segunda en importancia, ubicada en la calle Corral Falso #189 en Guanabacoa. La primera era, La Flor de Tibes, productora del Café Pilón, con 70 trabajadores.

Los cartuchos de Regil eran envasados herméticamente, en la fábrica laboraban 59 empleados y con una flota de 16 camiones pequeños, lo repartían por toda la ciudad y parte de las provincias de Pinar del Río y La Habana. 

CARMINA, COMUNISMO Y PERSECUCIÓN

Según describe Carmina, en su libro, en 1936 viajó la familia a España y allí los sorprendió la Guerra Civil y Carmina pudo conocer de primera mano, los horrores del comunismo. En la primavera de 1937, pudieron llegar hasta el consulado cubano en Gijón, el más cercano, para obtener salvoconductos por ser extranjeros. 

Luego pudieron subir a bordo del destructor inglés Keith, que los llevó hasta Francia desde donde siguieron el curso de las hostilidades, recibiendo el dinero llegado de La Habana. En agosto de 1938 regresaron a Guanabacoa desde Lisboa en el barco alemán Iberia. Poco tiempo después, se mudaron para la calle B entre 27 y 29, en El Vedado y sus hermanos fueron al Colegio Belén y ella a las Dominicas Americanas en D y 5ta. hasta que la internaron en el Sagrado Corazón del Cerro y se graduó de bachiller en 1946.

En 1947, Carmina estaba estudiando en la Escuela del Hogar en Lestonnac, en El Biltmore. Ese mismo año falleció su tía política Ignacia Varona, la madre de su querido primo Domingo “Mingo” Trueba, que siempre fue su compañerito de juegos infantiles y por eso su padre compró el panteón familiar en el Cementerio de Colón.

Enrique Trueba Campa, su hermano estudió Ciencias Comerciales, mientras trabajaba en el tostadero. Carmina disfrutó enormemente manejando su Chevrolet blanco de dos puertas, regalo de su padre.

Era 1955, Fernando Cabeza Coupau, un amigo de su hermano Enrique empezó a cortejarla y se casaron el 5 de mayo de 1957 en la iglesia del Sagrado Corazón de la calle Reina.

Alquilaron un apartamento en la calle 42 y luego se mudaron para una casa en la calle 24 en Miramar también. Fernando trabajaba y ella recibía los réditos de pequeños negocios de venta de café (cafeteras) obsequiados por su padre.

Llegó el 1959 y aquellas vivencias de 1936-1938 los alertó contra el comunismo local, que como sombría amenaza se ceñía sobre Cuba.

En agosto de 1959, se produjo la detención de los conspiradores trujillistas, en esa fallida intentona contra Castro fue arrestado su amigo Ramón Mestre (23/feb/1928) y condenado a 20 años.

Tan pronto como en 1960, todos en su entorno empezaron a conspirar, su esposo Fernando, sus dos hermanos, Enrique y Pedro y su primo Mingo Trueba, así como sus amigos y amigas.

El 13 de octubre, les robaron a sus legítimos dueños sus empresas, perdieron Café Regil, aunque les permitieron, por el momento, seguir viviendo en la casa construida en los altos del tostadero.

Para sorpresa de ellos, algunos empleados de Regil apoyaron el robo, entre ellos Pablo “el Guajiro” el chofer de su padre durante décadas. 

Seguidamente, comenzó la desbandada, su hermano Enrique y su esposa, junto con la esposa e hijos de su otro hermano Pedro, se fueron el 22 de noviembre de 1960.

EL ENFRENTAMIENTO A LA TIRANÍA

El 28 de febrero de 1961, ella y Fernando viajaron a Miami con un pretexto falso, en realidad su esposo venía a recibir entrenamiento e instrucciones de la CIA. También vinieron, su cuñado David Cabeza y su querido primo Mingo Trueba. Todos ellos regresaron el 9 de marzo a La Habana para encontrarse con Rogelio González Corso, alias Francisco, el coordinador nacional del MRR y del FRD.

Con frecuencia, Francisco llamaba a Carmina para ir a su casa para comer huevos fritos, arroz blanco y plátanos maduros. La noche anterior a su arresto, Francisco había comido en casa de Carmina. El 18 de marzo de 1961, arrestaron a Francisco, a Mingo y otros que serían juzgados en la Causa 152 y fusilados el 20 de abril de 1961. Un juicio que no fue más que un falso trámite para justificar los asesinatos.

Los otros cinco fusilados fueron Eufemio Fernández Ortega, Humberto Sorí Marín, Manuel Puig Miyar (Ñongo), Gabriel E. Riaño y Rafael Díaz Hanscóm. A Mingo Trueba lo fusilaron a las 3:35 am. Una camioneta blanca los llevaba al Cementerio de Colón, de dos en dos, en su segundo viaje trajeron los cadáveres de Francisco y de Mingo. Carmina estaba allí esperando y cuando reclamó el cadáver de Mingo, también reclamó el de Francisco. 

Fue muy grande el shock que sufrió en el cementerio, enterrándolos. Allí mismo hizo la promesa de no seguir viviendo ajena a lo que estaba pasando. Su casa dejó de recibir visitas, les quedaron unos pocos, pero muy fieles amigos. Inmediatamente logró asilar a su esposo Fernando y a su hermano Pedro, en la embajada de Venezuela y el 2 de mayo se mudó con sus padres encima del tostadero.

Su cuñado, David Cabeza continuó la labor de ellos hasta que Carmina misma, logró llevarlo en septiembre de 1963 en su auto hasta un punto de la costa matancera, para irse clandestinamente. Fue entonces que comenzó a conspirar. Estaba obsesionada, no había piedra ni obstáculo insalvable para ella. Vivía con sus padres. Más tarde cayeron presos su primo, Pepín de la Serna y su suegro David Cabeza Barcia.

El 26 de noviembre de 1963, entraron en su casa 14 guardias e hicieron un registro minucioso, a pesar de no encontrar algo que la pudiera comprometer, se la llevaron detenida para 5ta. y 14 sede de la Seguridad del Estado (era la casa robada a Jorge Mañach), allí estuvo incomunicada hasta el 11 de enero de 1964. Muchos fueron los interrogatorios y ella siempre negaba todas las acusaciones. Un día la trasladaron para Guanajay para esperar la celebración del juicio en La Cabaña, le pidieron 30, pero la condenaron a 20 años. 

El 24 de octubre de 1965 falleció su madre y la llevaron custodiada por tres guardias a la funeraria Rivero, de Calzada y K, casualmente allí estaba el padre Miyares, la confesó y le dio la comunión. De Guanajay la llevaron en 1967, para la cárcel de Guanabacoa, muy cerca de donde ella había nacido.

Como su padre estaba solo y ella plantada, consideró su misión era acompañarlo, por eso decidió ceder en su postura para así poder salir lo antes posible y atenderlo.

Finalmente cumplió 6 años de prisión. Estoy seguro su nombre lo podremos ver en la próxima película de Lilo Vilaplana, “Plantadas”.

En una de sus visitas al panteón familiar, un empleado del cementerio se le acercó y le dijo bajito: “los dos muchachos fusilados, ya no están aquí, a todos los fusilados los exhumaron para unos nichos cercanos a la oficina”. 

Carmina empezó a llorar desconsoladamente. Llamó al teniente Abad, de Villa Marista y le contó lo que se acababa de enterar, él le dijo: “los restos de los fusilados pertenecen a la Revolución, pero voy a ocuparme del caso y la llamaré”. Pocos días después la llamó para decirle que estaba autorizada para devolver los dos osarios a su lugar.

Ella pudo ver que el osario de Manuel Guillot Castellanos estaba al lado y le pidió al militar permiso para también 

ponerlo en su panteón, pero el guardia se negó.

Un día, en 1969, cuando estaba llevándole jabas a su primo Pepín de la Serna y a otros presos de la cárcel de Melena 2, Carmina se encontró con su viejo amigo Ramón Mestre Gutiérrez (1928) que estudió en Belén. En 1950 fundó la empresa Naroca, 

constructora del Edificio Naroca (Paseo y Línea) y del Edificio del Seguro Médico (calle 23 y N) ambos en El Vedado. En 1954 compró el Central Nela, localizado al Norte de Yaguajay, Las Villas.

En julio de 1978, falleció su padre Enrique Trueba Regil.

Como Ramón Mestre, también aceptó el plan de trabajo, casi al cumplir íntegramente su sanción. Excarcelado pudo salir a las 4:00 am del domingo 22 de abril de 1979 en Iberia hacia Panamá (yo me acabo de enterar que Ramón Mestre iba en el mismo avión que mi esposa Adelita, mi hija Patricia y yo, éramos muchos los expresos, la mayoría se quedó en Panamá, solamente tres pudimos continuar viaje hasta Caracas, ese mismo día). 

Vivió un tiempo en Panamá hasta poder llegar a Miami, donde en 1980, volvió a fundar la Naroca Construction Company. Ramón llevaba años divorciado y tenía 5 hijos.

SALIR PARA NUNCA MÁS REGRESAR

Carmina Trueba Campa, finalmente pudo salir de Cuba, el 27 de enero 1979, gracias a la mediación de su amiga Sofi Diez-Tejerina con Annabelle Rodríguez García, que vivía en Madrid y era hija de los marxistas, Carlos Rafael Rodríguez con Edith García Buchaca. 

(Aclaración válida: Una mañana de enero de 1952, en el local del Partido Socialista Popular, la organización de los comunistas cubanos, la plana mayor se reunió a puertas cerradas, durante largas horas para analizar por qué la señora Edith García Buchaca pretendía divorciarse de Carlos Rafael para casarse con su aguerrido amante comunista, Joaquín Ordoqui, cosa que finalmente, sucedió).

Primeramente, el destierro llevó a Carmina a España, donde se habían asentado sus dos hermanos, Enrique y Pedro Trueba Campa. Para esa época, Fernando, en Miami, se había divorciado de ella y años después ella logró anular aquel matrimonio por la iglesia, pensando que así solamente podría casarse con Ramón.

La segunda parada fue Miami, donde llegó el 10 de abril de 1980 y se reunió poco después con Mestre, pero Carmina no se sentía del todo decidida a formalizar una relación con él, a pesar de todas sus virtudes. 

En agosto de 1981, Carmina viajó a Puerto Rico a visitar a unos buenos amigos, habían pasado unos dos meses cuando Ramón la llamó y le dijo: “te vas a España, pasa allí las Navidades, que yo llegaré el 17 de enero y nos casamos el 21”. Y así mismo fue, tuvieron una boda civil. Se fueron de luna de miel a Marbella y a Gibraltar. Al fallecer la primera esposa de Ramón, el 3 de agosto de 1994, el padre Juan Manuel López, de la iglesia San Pedro y San Pablo de Miami, los casó.

Carmina llegó a Madrid el 28 de agosto de 1994, tuvo tiempo de pasar los últimos siete días junto a su querido hermano Enrique que falleció a consecuencia de un tumor cerebral, el 4 de septiembre. Lo llevaron a enterrar a Arredondo, pueblo que le hizo revivir tantos momentos de aquella infancia pasados en su Villa Guanabacoa, durante 1936 y 1937.

Su otro hermano Pedro falleció en 2009.

Ramón Mestre falleció el 19 de noviembre de 2021. Carmina a los 81 días, el 8 de febrero de 2022, partió al encuentro de su esposo, amigo y compañero de 27 años. Ambos murieron en Miami, Ramón de 93 y Carmina de 95 años.

Sin duda alguna Carmina Trueba fue una gran mujer y una gran cubana, que no pudo ver libre a su patria a pesar de los sacrificios con sus dramáticas adversidades.  

Carmina fue, como muchas otras personas en su mayoría jóvenes idealistas, de formación cristiana, que aspiraban a vivir con libertad y con derechos, pero un régimen brutal se los impidió.

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