EL BAYAMÉS SEDEÑO, GENERAL DE LOS EJÉRCITOS DE BOLÍVAR

Written by Libre Online

15 de noviembre de 2022

Por Herminio Portell Vila (1954)

Glorias militares cubanas, verdaderas glorias militares aparte de las que representaron los caudillos insignes de nuestras Guerras de Independencia, las tuvo Cuba en hijos de esta tierra que combatieron bajo las banderas de los Estados Unidos, de México, de las repúblicas centroamericanas, de Colombia, de Venezuela y de Ecuador.

Manuel Sedeño o Cedeño, general de los ejércitos de Bolívar, de la Orden de Libertadores y cuyo nombre ha quedado inmortalizado en la historia de la independencia americana, era bayamés. En la heroica ciudad vivía con los suyos cuando los movimientos revolucionarios organizados por el general Francisco de Miranda («El Precursor») comenzaban a agitar la opinión criolla. Del otro lado del Estrecho de Maisí los esclavos hacía años que se habían rebelado contra las crueldades del sistema colonial de Haití y habían conquistado, junto con su libertad personal, la independencia de su país. Las noticias de estos sucesos llegaban a Bayamo con bastante frecuencia e inflamaban la imaginación juvenil de Sedeño, aquel mozo hercúleo y audaz, que cruzaba al galope de su caballo las llanuras del Bayamo y del Cauto y a nado atravesaba esos ríos sin la menor vacilación. Sedeño tenía una curiosidad insaciable de saber lo que ocurría en el mundo y a los primeros franceses emigrados de Haití y que llegaron al valle del Cauto no los dejaba a sol ni sombra con sus preguntas sobre la revolución haitiana y sobre los sucesos de Francia. En la mayor parte de los casos los informes estaban teñidos con los prejuicios de los informantes; pero muy temprano Sedeño aprendió a diferenciar entre aquellas noticias tendenciosas y la realidad. Miranda fue su héroe predilecto durante años. Los Sedeño tenían familiares en Venezuela y las relaciones entre el Departamento Oriental y los puertos venezolanos, por medio de Santiago de Cuba y de Manzanillo, eran más estrechas que con parte alguna de la Isla. Por ello el caudillo de la revolución hispanoamericana, que era venezolano, que había vivido en Cuba y que para su empresa había contado con el apoyo de los haitianos, exaltó sus entusiasmos y sus esperanzas. Llamándole traidor, contrabandista y facineroso los españoles y sus cómplices; pero para Sedeño era el libertador y el grande hombre cuya espada había contribuido a la obra revolucionaria en los Estados Unidos y en Francia.

El ambiente de Bayamo colonial se hizo asfixiante para Sedeño en tiempos del Capitán General Marqués de Someruelos. Vigilaban los españoles con creciente desconfianza a los criollos, temerosos de que se extendiesen a Cuba las agitaciones revolucionarias de Costa Firme y de las otras islas mientras que, en España, sumida en abyecta decadencia, la voluntad de Napoleón se hacía dominante. En el secreto de las logias masónicas se comentaban las noticias políticas con el mayor interés y Sedeño se unió a ellas en Bayamo y se sintió estimulado en sus rebeldías. 

La vergonzosa abdicación de los reyes de España, en Bayona, y la guerra de independencia desatada en la Península y que repercutió en las colonias españolas en América, produciendo numerosos brotes revolucionarios, impelieron a obrar a algunos cubanos; pero el movimiento fracasó en La Habana y el despotismo envió al destierro a Román de la Luz Sánchez Silveira y a otros, y llevó al cadalso a Aponte y a varios de sus compañeros. Por toda la Isla se desató la terrible represión española, decidida a hacer un escarmiento entre los blancos liberales y los negros levantiscos, y Matanzas, Villa Clara, Sancti Spíritus, Trinidad, Camagüey y Santiago supieron que los castigos lo que buscaban era prevenir una sublevación general. En Bayamo la logia masónica «Caridad» fue asaltada por la tropa española, en plena sesión, y el Venerable Maestro, José María Viamontes, dio orden de resistir y se cruzaron disparos entre los soldados y los masones antes de que se llegara a una avenencia. Pocos meses después las autoridades  españolas ordenaron la detención de Viamontes y otros masones prominentes y hubo choques armados, que fueron anegados en sangre, figurando entre los ejecutados en la plaza pública el esclavo Faría, tan valiente como allí mismo había sido el negro Golomún, cuyas hazañas cantó el poeta Balboa y Troya de Quesada en «El Espejo de Paciencia».

Sedeño no esperó más. Estaba muy significado por sus ideas políticas y sabía que más tarde o más temprano sería víctima de la reacción española. Por ello huyó de Bayamo y embarcó secretamente para la más cercana tierra libre, que era la de Haití, con cuyo esfuerzo se había familiarizado después de varios años de estar en contacto con los emigrados franceses. El propósito que le animaba era el de ir a Venezuela o incorporarse a la revolución sudamericana, con la esperanza de que más tarde volvería para libertar a Cuba… Así lo hizo y llegó a Venezuela después de tocar en la isla Margarita, cuando la revolución cobraba nueva vida, después de la caída de la Primera República, con la invasión acaudillada por Bolívar desde la Nueva Granada.

Era Sedeño entonces un joven de buena estatura, de extraordinarias fuerzas físicas, gran jinete, diestro en el manejo de las armas y de marcial talante. La cara franca y riente, quedaba encuadrada por las cuidadas patillas que dejaban libre la boca y la barbilla, en las que se advertía la firmeza de su carácter. Por su cuenta o por mediación de sus parientes que estaban en las tropas republicanas, en Carúpano se presentó al general José Francisco Bermúdez, como soldado de la expedición, y dio una buena demostración de su valor personal y de su habilidad. Allí mismo Bermúdez lo hizo sargento. Eran los tiempos de la guerra feroz en la que Monteverde, Boves y Morales no daban cuartel a los patriotas y asesinaban a los soldados y a los civiles, saqueando, incendiando y destruyendo los pueblos que encontraban a su paso. Bolívar proclamaba la «Guerra a Muerte», tomó represalia contra aquellos horrores, y el bayamés inició su carrera revolucionaria bajo el signo de la destrucción. En el campamento de Bermúdez vio a su jefe en formidable explosión de rabia y de odio cuando le llegó la noticia de que el implacable coronel Cerveriz había hecho asesinar a su hermano, el comandante Bernardo Bermúdez, después de que éste había escapado con vida, aunque gravemente herido, al ser fusilado, y había sido llevado al hospital… Aquella era la escuela de guerra que tenía Sedeño y él podía por su cuenta contar horrores del régimen colonial español en Cuba.  

Escogió entonces Bolívar a Sedeño para una riesgosa encomienda bien demostrativa de la confianza que el bayamés le inspiraba, y le dijo.

— Comandante Sedeño: le he hecho llamar porque le conozco como valeroso en sumo grado y obediente. Boves se encuentra en Villa de Cura, donde le están tratando sus heridas, y no tiene gran escolta.  Sus llaneros pelean más por devoción personal a quien les permite el saqueo y todas las atrocidades, que por lealtad a España. Si pudiéramos apoderarnos de él, ello es muy posible que se terminase la guerra. ¿Estaría usted dispuesto a realizar esa hazaña?

—Por lo menos lo intentaré —respondió Sedeño.

—Pues bien, llevará usted consigo veinte hombres escogidos y usará usted la táctica que sea más adecuada. ¡Buena suerte!

Y el comandante Manuel Sedeño salió de San Mateo con su destacamento, internándose en los montes de Pao, en dirección a Villa de Cura. Las duras jornadas por aquella región montañosa, sin embargo, despearon los caballos de la pequeña partida, y ya cuando estaban a la vista del cubil de la fiera pudieron constatar que estaba poderosamente defendida la casa en que estaba refugiado Boves y que se necesitaba un Ejército para llegar hasta él. Se vendió permaneció allí por unos días, tratando de encontrar el modo de realizar su cometido; pero, al fin, sus hombres declararon que no le seguirían en su empresa porque sería imposible escapar con Boves en el supuesto caso de que lograsen apoderarse de él. Bolívar, al conocer los pormenores de la expedición no disminuyó la consideración en que tenía a Sedeño, sino que le ratificó su confianza.

En la derrota de Uribe diciembre de 1814. Sedeño con Monagas, Rivas y otros jefes siguió la dispersión general de los patriotas desconocedores éstos de que Boves había recibido la muerte en esa batalla, y se refugió en los bosques.

Vivió allí varias semanas hasta que estableció contacto con las guerrillas revolucionarias de Maturín, y al frente de ella se volvió a la pelea. Se incorporaron otras partidas, de las que fue jefe por su grado de coronel, y el 24 de marzo de 1815 asaltó la fortaleza de Aragua de Barcelona defendida por el coronel español Salvador Gorrín, quien hacía pocos días había derrotado al general Monagas en El Palmar, y la tomó. La sorpresa fue magistralmente llevada a cabo y Sedeño compensó la debilidad de sus fuerzas con la habilidad con que las empleó, lanzándolas en varias columnas hacia adentro de la población, a las 7:00 de la mañana, haciendo un ruido infernal que aterró a los españoles. 

Bolívar estaba por entonces en Jamaica, donde había tenido que refugiarse tras el desastre de La Puerta y los motines y traiciones que le habían impedido continuar la lucha. No había gobierno republicano y unos pocos jefes continuaban combatiendo contra España. La formidable expedición de Morillo dominaba en la isla Margarita y en la costa, así como en las principales poblaciones de Venezuela, y por un momento el bayamés Sedeño mantuvo por su cuenta la bandera de la independencia. Los enviados de Morillo y de la Torre pretendieron convencerle para que se separase de la causa de Venezuela y emigrase del país, como habían hecho tantos otros; pero Sedeño se negó a escuchar siquiera las proposiciones y reiteró su promesa de continuar luchando hasta que Venezuela fuese libre, aunque le costase la vida. La región de Guayana en que operaba Sedeño, resultaba inconquistable para los españoles y a cada afirmación de Morillo sobre la pacificación le contestaba Sedeño con el asalto a sus cuarteles o el ataque a sus convoyes.

A mediados de 1815 cuando Bolívar desesperaba de todo auxilio y solo esperaba algo de Haití, Sedeño y Monagas celebraron un consejo de guerra en la confluencia del aro y el Orinoco, al que asistieron los demás jefes y oficiales, y convinieron en que la situación era desesperada. “No tenemos más municiones ni más armas que las que arrancamos a los españoles”, indicó uno. “Estamos sin ropas y comemos lo que nos procuramos en los potreros y en los bosques” hizo observar otro. “No hay señales de que se restablezca el gobierno republicano o de que nos lleguen auxilios de fuera”; lamentó un tercero y otro aseguró que Morillo estaba más fuerte que nunca y que podía ser que recibiese refuerzos.

Sedeño expuso la opinión de que era preciso establecer contactos con los patriotas neogranadinos, que todavía resistían a pesar de la represión llevada a cabo por Morillo. Si pudiéramos llegar a la nueva Granada y hacer causa común con los patriotas de allá, no sería más fácil organizar la resistencia agregó el bayamés José Tadeo Monagas se mostró de acuerdo con los puntos de vista de Sedeño, y así la totalidad de los presentes; pero la gran cuestión a decidirse era quién asumiría la encomienda de la dura marcha hacia el oeste. “Yo me ofrezco para mandar la expedición”, dijo Sedeño, sencillamente, y se le nombró por aclamación. Sedeño escogió 80 hombres de su confianza, los preparó cumplidamente y al frente de ellos emprendió la jornada. Tenía que cruzar los ríos Aro, Kagura, Cuchivero y Orinoco, este último por La Urbana antes de llegar a la Nueva Granada, abriéndose paso por entre las columnas españoles, escalando montañas y bajando a profundas cañadas, en una distancia de más de 300 km.… y toda aquella región le era extraña al hijo de Bayamo quien por primera vez la recorría. En 3 semanas aquella legión de valientes habían cubierto dos terceras partes del recorrido, después de haber batido decisivamente a los españoles en San Pedro de Caura, y el 24 de junio de 1815 llegaban a la Hacienda El Tigre, propiedad de la familia Bolívar-Tablantes . La dueña de la casa doña Juana de Tablantes de Bolívar, era una dama de ejemplar patriotismo cuyo esposo, el capitán militar Bolívar, luchaba por la independencia. Sedeño y sus compañeros fueron tratados allí a cuerpo de rey y se les permitió cambiar la cabalgadura. 

En la comida del día de San Juan  la anfitriona le dijo a Sedeño:

Para organizar la revolución en esta comarca se pueden reclutar unos 1,500 hombres y en estos llanos hay más de 50,000 cabezas de ganado vacuno y unos 12,000 caballos. Con estos recursos los españoles no le podrán desalojar de Caicara y podrán comunicarse con la nueva Granada y el distrito oriental de Venezuela.

Señora: si usted me cumple lo que dice yo no seguiré mi marcha, sino que me quedaré aquí y me propongo ir en persona a Caicara para ver con quién gentes cuenta el enemigo. Ahí tiene usted mi respuesta… dijo Sedeño.

A los 8 días los patriotas contaban con un Ejército de 1,300 hombres organizados en siete escuadrones de caballería de a 150 jinetes con una reserva de 250. Con ellos triunfó Sedeño en Raíces, El Tigre y Caicara. En esta última acción los españoles mandados por el coronel Nicolás María Cerutti contaban con 1500 hombres, entre ellos tres compañías de infantería del regimiento de Barbastro que eran tropas de línea y veteranas.

Cuando se acercaba a ser Cerutti de Cabruta los jefes acabados de nombrar dudaron de que pudieran resistir a los españoles y se acercaron a Sedeño y le dijeron:

Coronel: nosotros quisiéramos incendiar la villa de Caicara para que el enemigo no pueda poner en ella su cuartel general.

No creo que ustedes deben hacer tal cosa les objetó Sedeño y agregó: todavía la escuadrilla española no se ha acercado a Caicara, sobre este lado del río y ese sacrificio no está justificado sino cuando no se pueda resistir.

Pero los patriotas estaban decididos a jugarse el todo por el todo, como en 1869 harían los bayameses ante el avance de Valmaseda y la respuesta fue: 

– Coronel: este pueblo fue fundado por nuestros antepasados y fomentados por nosotros.  Ningún español tiene en él un solar, todo es nuestro y si se conserva cómo está y cae en manos de los españoles, nuestra ruina es infalible: quemémoslos, aunque nosotros lo volvamos a fundar otra vez.

Consolidada la revolución sobre el Orinoco, en septiembre de 1815 recibía Sedeño la invitación del general Manuel Piar para que juntasen fuerza y combinarán sus operaciones con las del general Páez, quien luchaba en los llanos del Apure, a fin de ofrecer una resistencia organizada a los españoles. Llegaba por entonces otra expedición revolucionaria preparada por Bolívar y se sublevaban los patriotas de la isla Margarita, razones por las cuales el momento era especialmente propicio. Sedeño, ascendido a general, aceptó el plan y salió a la cabeza de una fuerte columna en dirección a Angostura hoy ciudad Bolívar. Al llegar al paso al Caura se encontró con que no podía cruzar el río porque los españoles, en número de 800 hombres, apoyados por 3 flecheras y dos cañones dominaban el vado. Habló con sus lugartenientes, hizo formar la tropa y escogió a 60 voluntarios que se ofrecieron para una empresa difícil al llamado suyo. Después, reunidos él y los 70 soldados escogidos, le dijo:

– Soldados. Vais a tomar con lanza en mano esos buques de guerra, a fin de abrir paso al Ejército una vez que hayáis rendido ese destacamento que nos lo impide. “Acordaos de que sois patriotas”.

La respuesta unánime fue típica de aquellos héroes: “En muy poco nos ocupa usted, general”. Y allá se fueron, a nado, cruzando el río en tinieblas hasta que abordaron los buques españoles y a lanzadas acabaron con las tripulaciones. Los sobrevivientes huyeron espantados ante aquellos demonios desnudos que los persiguieron en tierra y montaron en pelo los caballos para poner en fuga a los defensores del vado. De madrugada el grueso de la fuerza de Sedeño pasaron el río y siguieron hacia Angostura. El 23 de enero de 1817 habían establecido su cuartel general en El Juncal y ponían sitio a Angostura. Poco después Bolívar se reunía con Sedeño, Piar y Bermúdez y los otros generales patriotas quienes le reconocieron por su jefe, y el 17 de julio se logró la rendición de Angostura.

Bolívar iba hacia la organización de la República; pero con miras de que ella comprendiese también a la nueva Granada, a fin de establecer una nación más próspera y convocó al Congreso de Angostura. Sedeño, el bayamés, formó parte de la asamblea constitucional venezolana, otro cubano, el camagüeyano Francisco Javier Yáñez, había participado de la declaración de la independencia formulada en Caracas, años atrás. Cuando los recelos de Piar llevaron a este jefe a una actitud de sedición contra Bolívar, peligrosísima para la causa revolucionaria, en Sedeño depositó su confianza Bolívar para el arresto de Piar y el temido rebelde no opuso resistencia al compañero de armas, a quien todos respetaban por su valor y su caballerosidad.

Gobernador y comandante militar de Guayana la provincia libertada por sus esfuerzos e incorporada a la nación Sedeño apoyó a Bolívar a la nueva Granada y su incansable actividad frente a los españoles facilitó el triunfo de Boyacá. Más y más Bolívar descansaba en él y entre ambos jefes se cruzaba una correspondencia cordial y afectuosa de mutuo respeto y estimación, que prometía una colaboración leal en la obra de la revolución hispanoamericana. Sedeño, más que Yáñez, las Heras, Arango y los demás cubanos que luchaban por la independencia de la gran Colombia, era el hombre que podía interesar a Bolívar en la empresa de libertad a Cuba, tópico del que más de una vez hablaron y sobre el cual estaban de acuerdo.

Cuando Bolívar regresó de su triunfante campaña de la Nueva Granada para informar al Congreso de Angostura del curso de las operaciones, Sedeño estaba entre los constituyentes que le oyeron proponer la creación de la gran Colombia, la ley fundamental del 17 de diciembre de 1819, que unía a la nueva Granada y a Venezuela, llevó la firma del patriota bayamés, que es la tercera que figura en ese documento. Manuel Sedeño,  el cubano que luchaba por libertar a un pueblo hermano, era además, legislador, paradigma de virtudes cívicas, puntal del orden, militar modelo e innovador en cuestiones sociales y políticas. En él Cuba le había dado a Venezuela un ciudadano eminente y del que los dos países pueden legítimamente sentirse orgullosos.

Ante los ojos de Sedeño, quien fue de los que apuró la copa de las atrocidades realistas cómo pasaron los peores horrores de la guerra de exterminio que Monteverde, Morillo y Morales pusieron en práctica y a la que Bolívar en vano quiso contestar con la guerra a muerte. Los patriotas peleaban en su país y, naturalmente, no podían aplicar represalias que correspondiesen exactamente con los crímenes de las tropas invasoras. En el pecho generoso de Sedeño se sucedían las tormentas de indignación contra aquellos ultrajes y una vez, después de la victoria,  le fueron confiados un número de prisioneros españoles para que los custodiase. La encomienda fue aceptada con cierta repugnancia; Pero en el camino hacia la retaguardia Sedeño descubrió que los cautivos pensaban escaparse mediante una matanza general de sus custodios. Hechas las averiguaciones que consideró indispensable comprobada la relación con los prisioneros fueron todos ellos fusilados. El terrible escarmiento fue muy discutido y el propio Bolívar se mostró disgustado con aquella ejecución en masa. Hizo llamar a Sedeño y le preguntó:

¿Cómo ha sido usted capaz de matar a tantos hombres a sangre fría?

Cuadrado delante del Libertador y sin inmutarse Sedeño contestó:

– ¿Y quién le ha dicho al Libertador que yo soy capaz de conservar la sangre fría en presencia de los españoles después de lo que éstos hacen con los patriotas?

El 24 de junio de 1821, en el llano de Carabobo,  los ejércitos de Colombia disputaban a los de España la libertad de Venezuela y de la nueva Granada en una batalla decisiva. Mandaba en jefe a los patriotas el Libertador Simón Bolívar y el mariscal La Torre, con Francisco Tomás Morales, Narciso López, Ramón de las Llamosas, etc., estaban al frente de los realistas. Tres divisiones contaban los soldados de la libertad, la primera mandada por Páez; la segunda, a cargo de Sedeño, y la tercera encomendada al coronel Ambrosio Plaza. Con Sedeño peleaba, al frente del batallón de tiradores, otro cubano, el bizarro coronel José Rafael Heras. 

Cuando la Primera División, compuesta por los jinetes de Páez, el batallón del Apure y la Legión Británica, desembocaban en la llanura y recibía el fuego graneado de los realistas,  que les hizo vacilar y finalmente les contuvo en medio de una mortandad horrorosa, Sedeño lanzó la voz de adelante a sus soldados, que marcharon con bayoneta escalada contra la infantería española,  y el formidable ataque, con los dos cubanos, Sedeño y Heras,  a la vanguardia, hizo retroceder a los soldados de La Torre, mientras que Páez y su caballería acuchillaban sin piedad a los dragones de Morales,  que se dieron a la fuga… con la victoria Bolívar conquistó la independencia de la gran Colombia y puso fin a la dominación española sobre esos países; pero Sedeño había perecido en la empresa, muerto en la carga heroica y decisiva, frente a los cuadros del regimiento de Valencey.

Al dar el parte del triunfo al Congreso el Libertador Bolívar dijo en honor del intrépido bayamés: 

“… Murió en medio de la batalla del modo más heroico, como merecía terminar su noble carrera “el bravo de los bravos de” Colombia.  La República ha perdido en el general Sedeño un grande apoyo en paz o en guerra: ninguno más obediente al gobierno.  Yo recomiendo las cenizas de este general al Congreso Soberano para que se le tributen los honores de un triunfo solemne…”.

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