El arte de hablar en público

Written by Libre Online

21 de septiembre de 2022

El que sabe correctamente hablar en público tiene en su poder la llave del éxito social.  Sea usted mismo no imite a otros olvídese de los trucos oratorios sea natural y espontáneo.  No hable al grupo en general sino a los individuos en particular. Hable con un propósito o idea determinada y organice lo que dice.  Refiérase a lo que le interesa y conoce. Comience lentamente cambie el tono de voz y de ritmo según lo que diga. Cómo dominar el miedo escénico o los temores de hablar en público.

Por Gustavo Torroella (1955)

El uso de la palabra en público es una de las prácticas más comunes en la vida. No es tan común, sin embargo, el empleo acertado de la misma  en el aula, en el trabajo, en la reunión, en el club, en la tertulia, dondequiera necesitamos expresarnos en público. Las palabras que usted pronuncia en una reunión reflejan su personalidad, su carácter, su preparación. Las personas lo juzgarán por la forma en que usted se manifieste. El que se sabe expresar correctamente en palabras, tiene en su poder la llave que le abrirá las puertas de su progreso. 

Si alguien pidiera en un solo Consejo la clave del éxito y la distinción social, podríamos recomendarle, sin lugar a dudas que cultivara el arte de hablar en público junto pero este Consejo sería más valioso si añadiéramos algunas sugerencias y reglas sobre cómo aprender y practicar este difícil arte. Eso nos proponemos en las siguientes líneas.

SEA USTED MISMO; 

NO IMITE A OTROS

La palabra es la comunicación de las ideas envueltas en la personalidad del que habla. Su carácter, su individuo calidad, su mente, su voz, sus hábitos y todo lo que constituye su personalidad influye en cada una de sus palabras y frases. El hombre es su palabra. Desde el momento en que usted abre la boca para decir algo coma su personalidad se manifiesta. El verdadero yo, se refleja en cada palabra o gesto que expresa. Si usted trata de copiar o imitar a alguien, sus palabras sonarán vacías y falsas. No imites a nadie. Atrévase a ser usted mismo, y deje que el sello de su personalidad se muestre claramente en todo lo que dice.

En virtud de que sus rasgos de personalidad y sus peculiaridades lo hacen a usted una persona diferente de las demás, puede por lo mismo, hablar en público de un modo único e insustituible en el mundo. Para esto solo tiene que ser quien es, a decidirse hacer usted mismo y evitar imitar a otros. Su mayor fuente de poder es su propia individualidad, su verdadero modo de ser. ¿ Por qué empeñarse en actuar de manera diferente?

La insinceridad,  la falsedad,  ocasionan uno de los peores efectos en la audiencia, y es una de las últimas cosas que ella olvida. No todos los que hablan pueden ser maestros en el arte de la oratoria, pero todos pueden ser sinceros y veraces. La sinceridad es la piedra de toque de la persuasión. Para persuadir y convencer a otros es necesario que usted exprese convicción personal. La sinceridad es el distintivo de la bondad y nobleza del carácter. La persona que usa un distintivo logra captarse la amistad y admiración de sus oyentes, mientras que la inseguridad y doblez del que habla además de vérsele “ por encima de la ropa”, lo hace sospechoso de ser engañador, pícaro y embaucador. 

SEA NATURAL Y ESPONTÁNEO: 

OLVÍDESE DE LOS TRUCOS 

ORATORIOS

La mayoría de las personas tienen la idea errónea de que la persona que habla en público debe tener un caudal de trucos. Y quizás hayan visto algún orador de feria o maestro de ceremonias de espectáculos y se imaginan que estos son los modelos del género. Sería como confundir al médico con el curandero o al abogado con el leguleyo. 

La moda del estilo oratorio, dogmático y pomposo felizmente ha pasado, como la del chaqué a sombrero de hongo o el bastón de empuñadora áurea. Había que hacerse un actor dramático declamar con voz engolada y gesticular como en el cine silente. Todavía quedan algunos supervivientes de la fauna como quedan también algunos ejemplares de especies animales extinguidas.

El arte de hablar en público se ha vuelto menos aparatoso y ficticio que más natural y efectivo, a la postre. Igual que acontecido con la evolución de la indumentaria o de la arquitectura,  la palabra pública se ha ido podando de atavíos y oropeles excesivos, o sean ceñido a lo esencial y funcional. Mientras más se acerca el que habla al que habla al tono conversacional, directo mejor y más eficaz resulta. 

Considero a la audiencia, 

y no como una multitud,  

y no como un individuo

“La anterior referencia al tono conversacional e íntimo, nos lleva de la mano a esta otra regla. El buen orador no habla a la multitud en general no se dirige a la audiencia, sino le habla a los individuos mismos. No importa que estos sean 10 o cien: él sabe hablar como si llevara una conversación personal con cada una de ellos.

HABLE CON UN PROPÓSITO O IDEA DETERMINADOS Y ORGANICE 

LO QUE DIGAN

El buen artillero no hace disparos al aire, sino apunta a un objetivo preciso. Igual debe hacer el buen orador. Aunque se parecen muchos oradores que no dicen nada, que hacen mucho ruido y ofrecen pocas “nueces”, trate usted cuando hable de tener puntería, de decir algo determinado, de llevar una idea una conclusión, un informe, una convicción a su auditorio. Ofrezca más nueces y menos ruido.

Esto requiere que al preparar sus palabras resuma en una frase la idea principal del propósito que lo mueve a hablar. Le servirá de orientación y recordatorio mientras hable . En segundo lugar,  ha vivido esa idea o tema principal en sus partes naturales cada una de esas partes era una etapa en el desarrollo lógico de la idea principal,  como del tronco brotan las ramas gradualmente. Así tendrá en su mente el esquema del discurso, de los puntos principales a tratar. Esta tercera regla le hará recordar siempre ese esquema que se propone desarrollar: descubra o establezca relaciones entre las distintas partes del conjunto.

Las partes de un discurso se pueden organizar o relacionar desde varios puntos de vista. Usted puede relacionar dos tópicos por el orden en que han acontecido por la secuencia en el tiempo. También podemos conectar los hechos de un discurso por las relaciones de causa y efecto, y decir que la causa de que haya tantos hombres frustrados fracasados es que la educación que recibieron no lo supo preparar para la vida.

MEDIOS Y FINES

Otra veces puede que usted no esté interesado en decir lo que son o han sido las cosas, sino más bien querrá hablar de lo que deben hacer de los objetivos que queremos realizar juntos en estos casos lo que importa son las relaciones de los medios con los fines. Es decir, después de asentar los fines u objetivos que perseguimos nos debemos referir a los medios conducentes a los mismos. 

Quiere usted hablar sobre cómo mejorar una regulación, promover un adelanto o cambiar una medida. Entonces se tendrá que referir a los medios o modos que hay que emplear para llevar a cabo sus propósitos. 

Cuando haya organizado su discurso fijando la idea principal y desarrollándola en los tópicos derivados y cuando haya relacionado esos tópicos del orden más conveniente – de tiempo,  espacio, causalidad, finalidad, etc – notará entonces que tiene ideas más claras y precisas de lo que va a decir y de cómo lo va a expresar. No se preocupará entonces por quién le falle la memoria de las palabras, pues  estas vendrán espontáneamente en su ayuda cuando usted tenga ideas claras y organización mental de lo que va a decir.

HABLE DE LO QUE LE INTERESA Y CONOZCA

Algunos creen que se debe hablar de lo que le interesa a la audiencia. Pero parece que es más efectivo que hablemos de lo que nos interesa a nosotros y sobre lo que estamos mejor informados. Esto no es por egoísmo sino por honradez. No es correcto que hablemos de cosas ajenas a nosotros y que no nos conciernan. 

Para influir, orientar o convencer a los otros de lo que decimos ciertamente necesitamos estar interesados, convencidos , por los datos que aportamos o ganado por la causa que defendemos. Tenemos que cultivar un interés por un tema, informando suficientemente sobre el mismo y entonces estaremos en condiciones de hablar en público de algo que valga la pena. 

Hablar por hablar es una enfermedad que la debe sufrir solo el que la padece, pero no hacerla padecer al que no la sufre. Si usted no tiene un genuino interés en lo que va a decir, si no está lo suficientemente informado acerca del tema es preferible que no hable; sería tan inútil como arar en el mar.

HABLE LENTAMENTE AL PRINCIPIO PARA FACILITAR QUE LOS DEMÁS 

PUEDAN ADAPTARSE A SUS 

PALABRAS E IDEAS

Arranque en primera velocidad. Cuando se pone en marcha un automóvil se emplea lo que se llama primera velocidad, que es un andar lento para iniciar el movimiento. Igual debe hacer al hablar en público. Recordemos que una audiencia se compone de múltiples mentalidades y que las personas en públicos piensan y actúan con más lentitud y dificultad al comienzo que cuando están solas o aisladas. 

Si entra en el tema rápidamente sin darle tiempo a los oyentes que lo observen y se familiarice con usted con su tono de voz y palabras, probablemente muchas de sus ideas caerán en el vacío; pero en cambio si usted lo toma con calma y empieza con lentitud permita así que la atención de los otros se vaya adaptando a su persona y estilo propio, usted también tendrá tiempo de estudiar a sus oyentes y observar las reacciones particulares a sus palabras. Después de que el orador haya entrado en calor y el auditorio se familiarice con él, podrá expresarse con un ritmo más veloz. Los demás habrán aprendido a marchar a su paso.

CAMBIE EL TONO DE VOZ; PERO NO ES NECESARIO GRITAR PARA QUE LO ATIENDAN

No es necesario conducirse como un acto dramático para matizar o variar el tono de voz según las cosas que diga. En el lenguaje natural de la conversación diaria,  solemos también cambiar el tono y el énfasis de acuerdo con las ideas y sentimientos que expresamos. Esto ayuda a mantener el interés y la atención de las personas que nos escuchan. 

El orador de voz monótona y uniforme es el mejor estímulo para el bostezo o la desesperación de sus oyentes. Evita el tono monocorde y la expresión regular y siempre igual. Hable a veces más rápidamente y otras más lentamente. Exprésese unas veces en un tono más alto que otras. Pero no es necesario gritar. En ocasiones se llama más la atención sobre un punto bajando la voz deliberadamente. Así inducimos al oyente a atender mejor para no perderse palabra.

 Por  supuesto que los cambios en las maneras de inflexiones de la voz deben adaptarse a las ideas y sentimientos que se expresan. Resultaría de un efecto cómico y desastroso para el discurso, que los tonos de la voz anduvieran manga por hombro con las cosas que decimos. Sería parecido a esas películas mal dobladas al español en que el gesto de la persona no acompaña a la palabra que pronuncia.

DOMINE EL MIEDO ESCÉNICO

El llamado miedo escénico es el espantajo que atemoriza a muchos que empiezan a hablar en público y a no pocos de los profesionales de ese arte. Este medio general y difuso se compone de múltiples temores concretos: temor a la audiencia, temor a hacer el ridículo o a fracasar, temor de que lo que se dice carezca de importancia o interés, temor a aburrir a los oyentes o a provocar su crítica adversa.

Todos estos síntomas  que en el fondo revelan la presencia de un complejo de inferioridad, y actuando conjuntamente, suelen ir a vivir o paralizar al que habla en público e impedir que se presente normalmente. 

La primera regla para vencer su miedo escénico o temor a hablar en público es conocer, dominar el tema de qué se trata. Conozca bien a fondo lo que va a decir. Conviene que sepa algo más de lo que va a manifestar. Es como si llevara una pieza de repuesto. Hable de las cosas que le interesen, que haya movido su atención y sobre las que está mejor informado. Esto le dará la confianza de saber en el momento en que habla, usted es probablemente el que conoce mejor el tema, aunque sea por haberlo pensado y preparado más recientemente que los otros. 

Tenga una idea clara de lo que va a decir. Relacione bien todas las partes de su discurso en una organización lógica. No se preocupe por  las palabras ni trate de memorizarlas: tenga en la mente la idea principal de lo que va a decir y de sus partes esenciales y esto atraerá, como por un imán a las palabras adecuadas. 

Hable con naturalidad y sencillez, sinceridad, con interés y con información, con un propósito definido y organización lógica. 

Probablemente esto le hará sentirse más seguro y confiado en sí mismo y eliminará el miedo escénico además, de ese modo, irradiará también un mensaje más eficaz y un sentimiento positivo a su audiencia.

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