EL AÑO NUEVO

Written by Rev. Martin Añorga

26 de diciembre de 2023

El título de este trabajo es nada menos que  de José Martí aparecido en un artículo el 5 de enero de 1894 en el periódico Patria, y citamos textualmente un breve fragmento de sus palabras de inicio: “Nada es en la verdad de la vida un año que acaba ni otro que comienza; pero el hombre, desconfiado de sí y perdido en el choque continuo y tremendo de las corrientes humanas, gusta y necesita detenerse de vez en cuando en el camino, para limpiarse del rostro la sangre y el sudor, y volver al cielo los ojos de su  esperanza”. 

¿Podremos nosotros al dar nuestros pasos primeros en la misteriosa alfombra de un año que comienza a anidar en nuestros corazones un rayo de esperanzas?

Martí anticipa una retadora respuesta en la Revista Venezolana, publicada en Caracas el 15 julio de 1881: “Es fuerza andar en pasos firmes –apoyada la mano en el arado que quiebra, descuaja, desortija y avienta la tierra- , camino de lo que viene, con la frente en alto”.

Hoy día el exilio vive momentos de incertidumbre. Los viejos, enfermos y extenuados, miramos a los misteriosos senderos del mañana con ojos de resignación. A comienzos de este año trataremos, sin embargo, de mantener “la frente en alto” al tiempo en que se nos cubre el rostro de “sangre y sudor”. 

Y la pregunta que en el alma se nos clava es la de saber si habrá quienes levanten en sus brazos la bandera después de que nuestra muerte despeje el camino para otros. La bandera habrá de seguir viva y vibrante en el futuro al igual que en el pasado la hemos visto izada sobre el derrumbe de nuestras históricas glorias.

En el mencionado artículo de Patria nos deja Martí este recio mensaje: “¡para un pueblo esclavo no hay más Año Nuevo que el que se abra con la fuerza de su brazo y por entre las filas de sus enemigos. ¡El primer día de Año Nuevo será el primer combate por nuestra libertad!” Confiamos en que sea ese el camino por el que anden las nuevas generaciones. Mantenemos en nuestro corazón la esperanza que se cobijaba en el corazón de Martí. Recordemos éstas, sus palabras: “la mayor libertad no es sino el deber de emplearla en bien de los que tienen menos libertad que nosotros”.

Hay que resaltar la seguridad, a título de arraigada convicción, de que las nuevas generaciones que hereden los espacios que abiertos dejamos los ancianos adopten los ideales de un fecundo  patriotismo y rescaten la escala de valores secuestrada por el comunismo. No por vanidad de nuestro proceder, sino porque Cuba se estremece de inquietudes entre dos tramos de historia. 

Existe la isla atribulada, convertida en un falso microcosmo impuesto por los titulados revolucionarios que han trucidado a lo largo de más de medio siglo su verdadera historia, tratando de borrarla con onerosas leyendas y mentirosa y cobarde interpretación de su  pasado. Si descuidamos nuestros deberes los resultados serán los de consentir en que nos deformen impunemente los sacrificios de quienes lograron la libertad del yugo español y fijaron los cimientos de una patria libre, progresista, feliz, próspera y pacífica. 

Entre casi olvidados papeles encontramos recientemente un poema poco conocido de José Martí titulado “Viejo de la Barba Blanca”. Citamos parcialmente algunos de sus versos:

“Viejo de la barba blanca

que contemplándome estás

desde tu marco de bronce

en mi mesa de pensar:

yo te escucho, yo te escucho.

“Hijo, más, un poco más,

piensa en mi barba de plata,

fue del mucho trabajar,

piensa en mis ojos serenos,

fue de no ver nunca atrás,

piensa en el bien de mi muerte

que lo gané con luchar …..”

A la luz de estos versos recordamos la lapidaria expresión del Apóstol: “no puede ser digno de la libertad para sí quien ve a todos a su alrededor sin libertad, y se niega a trabajar por la libertad de todos”. Recuerdo la estatua en el parque de Caibarién: es Martí señalándonos con su índice los senderos del futuro. En las numerosas imágenes martianas que he observado, no sé si intencionalmente o simplemente por razones de estética, siempre Martí tiene levantado su brazo indicándonos que sigamos la ruta que con su muerte nos fabricó.

Todo año comienza anegado con promesas que suelen disiparse al correr de los días que no se detienen en su prisa por ser parte del futuro cotidiano que escapa de nuestras manos. Víctor Hugo lo dijo con mucha claridad, “las promesas se van a dónde va el viento de las llanuras”. Todavía, no obstante, estamos a tiempo. Apenas un puñado de horas ha transcurrido de este recién nacido año 2024. ¿No podríamos ahora entrelazar nuestras manos y acudiendo a Dios como testigo hacernos la promesa de esforzarnos por ofrecer nuestro aporte en la lucha por la reconquista de la libertad de Cuba?  

Martí dijo que “los que no tienen el valor de sacrificarse han de tener, a lo menos, el pudor de callar ante los que se sacrifican”. No seamos cómplices del silencio cobarde de los que callan por cobardía o conveniencia. Alcemos nuestra voz y proclamemos nuestra lealtad a la patria que necesitada reclama nuestro apoyo por su libertad:

Yo prometo, ante Dios como testigo que diariamente oraré por Cuba, recordándola con amorosa lealtad.

Prometo ser un misionero que proclame la libertad de Cuba, sin someterme jamás a la indiferencia de colaborar con los que la subyugan.

Prometo respetar y colaborar con las organizaciones que en el exilio se dedican a trabajar por mantener en alto el deber de luchar por la libertad de la patria que reclama nuestro esfuerzo y sacrificio.

Prometo, en fin, hacer mío el retador mensaje martiano: “quien tiene patria, que la honre, y quien no tiene patria, que la conquiste”.

¡Ayúdeme, Dios a mantener con mi lealtad el digno compromiso que en su nombre adopto!

¡AMÉN!

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