Eddy: si queremos liberar a Cuba. Hay que aplicar la tesis de Martí que “Hay que Servir para ser libres”

Written by Germán Acero

17 de enero de 2023

El activista de la comunidad de Miami, Eddy Requenas, se mostró de acuerdo en que “hay que servir para ser libres” a propósito de la lucha que se libra actualmente entre el pueblo y el exilio para derrumbar la muralla del comunismo en la isla.

Eddy, quien habló para honrar este mes la memoria de Martí, dijo también que hay que dejar a un lado ese odio que triunfa en sociedades miedosas, espantadizas y dolidas, al igual que ese miedo que prevalece en sociedades inmaduras”.

“El poder corrompe cuando su responsabilidad absoluta la lleva solo un hombre sobre sus hombros pequeños y se corrompe quien vive situaciones límites, quien es menos, mucho menos, que sus circunstancias”, recordó Eddy las palabras sabias de Martí.

“Y quien no alcanza a domarlas, quien no sabe dónde le han guardado las riendas, quien no se entera que las riendas existen o quien está seguro de que otro hombre se las esconde”, insistió Eddy sobre el mensaje que nos dejó el Apóstol.

Eddy, quien ha liderado puestos de avanzada en organizaciones como Los Municipios de Cuba en el Exilio y la Junta Patriótica Cubana, también advirtió que fue muy elocuente la frase que decía: “los vecinos poderosos hacen más daño cuando tienen vecinos vulnerables”. 

“El estado constante de fragilidad de unos enaltece la fuerza creciente y aplastante de otros. Hablar de malos y buenos, de nobles de corazón y desalmados de espíritu es un riesgo que se paga caro”, advirtió Eddy al recordar otras muchas tesis de Martí.

“Los pueblos han de tener una picota para quien les azuza a odios inútiles; y otra para quien no les dice a tiempo la verdad. Asusta ser víctima una vez, más asusta creer que se ha nacido víctima y que siempre se lo será”, recordó Eddy acerca de legado del prócer.

“Peor es creer en un poder odioso, un poder irremediable y malvado que mueve y moverá, para siempre, por miles de millones de años, las cabezas de los humildes como marionetas; seres desprovistos de la elegancia del razonamiento porque hablan y se mueven de maneras vulgares. «Los que no tienen fe en su tierra son hombres de siete meses», insistió.

“Asusta creer que la historia y el orden universal conspira en vuestra contra y que solo queda construir orgullo y pompas de jabón donde hay carencias y escasez; y denunciar, denunciar mucho a los culpables (hay muchos culpables) para que el mundo se entere de lo injusto que son los poderes que nos trascienden, para que se entere de nuestro lamento y para que el llanto y la queja resuene en el tártaro más profundo”, añadió.

“A muchos les parecerá heroísmo. «Y como el heroísmo en la paz es más escaso -decía Martí- porque es menos glorioso que el de la guerra; como al hombre le es más fácil morir con honra que pensar con orden; como gobernar con los sentimientos exaltados y unánimes es más hacedero que dirigir, después de la pelea, los pensamientos diversos (…) entró a padecer América, y padece», insistió.

“Nuestra América, el ensayo martiano, es una historia cruda y dolorosa, de un ser asustadizo y peleonero, que gusta de ser altivo, pero peca por ingenuo. Martí decía también que tiene pecho de atleta, las manos de petimetre (señorito) y frente de niño”.

“A los hombres asustados y furiosos, creía Martí, se les tiene piedad, que no es lo mismo que lástima, y más que piedad, confianza con cautela y responsabilidad. Se les estudia, se les piensa, se les comprende. «Pensar es servir». «Conocer es resolver». Porque los hombres asustados son peligrosos, son vulnerables, son corruptibles, ceden sus espacios porque no los ven”, afirmó Eddy en su recordatorio.

“Se ha de tener fe en lo mejor del hombre y desconfiar de lo peor de él. Hay que dar ocasión a lo mejor para que se revele y prevalezca sobre lo peor. Si no, lo peor prevalece”, volvió a insistir Eddy sobe el legado del gran patriota que ahora es honrado en Miami en su aniversario.

“Y esta actitud Martí la recomienda para unos y para otros, para amigos y para crueles, para los humildes de alpargatas, silenciosos; para los señoritos de pulseras, soberbios; y para el caudillo hábil que espera, en su lógica, una prueba de altivez y virilidad de las dolorosas Repúblicas Americanas; para ver si merece la pena reconocerlas y respetarlas o aprovecharse y drenar al moribundo”.

“No es un amo tonto el que tenemos, es un amo perspicaz que tira la red porque sabe que la presa está expuesta. Que tiene intereses y que va a por ellos. Un «pueblo emprendedor y pujante que la desconoce y la desdeña. Y como los pueblos viriles, (…) aman, y solo aman, a los pueblos viriles», añadió Eddy evocando la memoria de Martí.

“Lo que quede de aldea en América ha de despertar. No son tiempos para acostarse con el pañuelo a la cabeza, para creer que el mundo entero es nuestra aldea, para estar más interesado en quedar de alcalde que en enseñar y aprender a gobernarse, o gastar nuestro tiempo mortificando al rival que nos quitó la novia o para solo pensar en la forma en que nos crecerán los ahorros”, enfatizo Eddy.

“Hay que tener en cuenta que Martí decía que ahorros, no prosperidad, no riquezas, son tiempos de estar atentos, de resolver y de servir. No de ser esclavos, sino de ser auténticos, de ser responsables de nosotros mismos”.

Y finalizó Eddy: “En conclusiones no son tiempos para disputas tontas, tenemos un problema real: somos un pueblo vulnerable y doliente, dividido, asustadizo y petulante, nos dedicamos a odios inútiles, no nos conocemos, no sabemos cómo gobernarnos y tenemos un vecino que cuando nos descubra así de vulnerables no tendrá la piedad que nosotros no sabemos tener entre nosotros”.

Eddy no quiso dejar por fuera el pensamiento sabio de Martí de que “la general sujeta en la marcha la caballería al paso de los infantes”. No hay poder de unos pocos sin la vulnerabilidad de muchos. Y la hendija es para Martí la República, «y si la república no abre los brazos a todos y adelanta con todos, muere la república».

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