Dos vidas que parecen dos novelas

Written by Libre Online

9 de marzo de 2022

Por Rafael Soto Paz (1949)

Un poeta con tierno sentido hogareño

Dos características señalan la obra poética de Juan De Dios Peza: su estricta tradición española y su tienro sentido hogareño. Lírico frondoso, no tuvo complejidades ni tampoco preocupaciones de cincelador obstinado en la forma. Cantó los menudos menesteres de lo cotidiano en cualquier matrimonio burgués y como afirma un historiador de la literatura mexicana. “Peza no sintió la vida sino en la mirada clara del niño o en la cascada de rizos del colegial. Por ello su visión no ha sido extensa ni tampoco penetrante. Era un buen viejo de cabeza blanca y grandes mostachos que en su poesía cuenta las gracias de los nietos…”

Hijo de un miembro prominente del Partido Conservador, Juan de Dios Peza nace en la capital de México, el 29 de junio de 1852. Ingresa en la Escuela Preparatoria en 1967, y aquí tiene de maestro al gran Ignacio Ramírez, “en poesía, un clásico puro y rancio, y en el terreno político, el más firme e implacable destructor de la tradición”. Más tarde, Peza inicia sus estudios de medicina, carrera que abandona para dedicarse a la literatura y el periodismo.

En 1878 marcha a Madrid como segundo secretario de la Legación Mexicana y en la Villa y Corte  el joven azteca trata a las figuras más destacadas de la intelectualidad española, hecho que se iba a traducir con el tiempo en un sincero amor por la tierra progenitora. A su regreso a México, -cuenta el biógrafo-,  un drama familiar hiere a Juan de dios Peza en lo más íntimo del alma. Es entonces cuando el poeta sonoro, cordial, grandilocuente y un poco retórico que había cantado al amor y a la Patria, se encontró a si mismo en el dolor; se hace el cantor del hogar y de los niños; su musa, llena de tristeza resignada, de ternura y de bondad, dióle un señorío que hoy- y tal vez nunca-, nadie le disputa allí donde le desgarró la vida: el del rincón doméstico. “Ningún poeta mexicano ha sido tan reconocido en el extranjero; pero como bien dicen que no hay renombre sin amargura, cuando Peza adquiere popularidad la crítica comienza a ensañarse con él. Es que ya soplaban para la lírica otros vientos, y ella llevaba camino de transformarse”.

La producción poética de Peza es abundante en extremo. Más de una veintena de libros que se inicia con “Poesías” (1873) y “Canto a la Patria” (1876), hasta “Hojas de Margarita” (1910), con algunas obras teatrales y de historia literaria, resumen la labor de este bardo íntimo y efusivo que el 16 de marzo de 1910, recibió tranquilamente la muerte en su ciudad nativa.

La popularidad de Peza fue muy grande en su tiempo. Ahora muy pocos le recuerdan, no obstante haber dado a la poesía mexicana un sello personalismo que nadie le puede disputar.

Un cubano introdujo el periodismo en Colombia

En la historia de la cultura colombiana aparece un cubano como uno de sus máximo propulsores Manuel del Socorro Rodríguez,  fundador del periodismo en Colombia, nació en Bayazo el 5 de abril de 1758, fruto de un español y una mulata bayamesa. Sus padres son pobres y el hijo, desde niño tiene que ganarse el sustento como aprendiz de carpintero. Anheloso de superación, robando horas al sueño y al descanso hasta hacerse de una sólida cultura. Su inteligencia privilegiada va abriéndole paso a través de las dificultades materiales y llega a ser una de las personas más cultas de Bayazo, destacándose como escritor notable, poeta brillante y excelente orador. Cultiva también las bellas artes y se distingue como pintor y escultor de mérito.

Después de laboriosas gestiones, Manuel del Socorro logra, por intermedio del Capitán General de la Isla, don José de Ezpeleta, presentarse a exámenes el año 1788, en el Seminario de San Carlos de La Habana, y “obtuvo un éxito tan completo que fue el asombro de os profesores y de la comisión examinadora”.

Por su valor literario las tesis presentadas fueron reproducidas, años después, en “E Mensajero semanal”, que publicaba el P. Varela en New York. “Con estos trabajos literarios y otros científicos – escribe un biógrafo-, que desempeñó con asombro del Jurado y público, dio a conocer Rodríguez que no había limitado su inteligencia a las materias sobre las que solicitara examen: había recorrido casi todas las ramas de los conocimientos humanos; historia, matemáticas, humanidades, poesía,  ciencias morales, bellas artes y astronomía, por la que tenía particular predilección”.

Al ser trasladado Ezpelta a Nueva Granada, se lleva a Rodríguez  a dicho Virreinato y lo nombra director de la Biblioteca de Santa Fe de Bogotá. Desde ese cargo Manuel del Socorro Rodríguez realiza una obra cultural profunda, y su nombre va unido a todas las empresas científicas y literarias que son útiles al país. En 1791 funda el primer periódico editado en Colombia: “El Semanario”, Luego promueve la construcción del Observatorio, el sabio cubano abrió un curso de Cosmografía, iniciando la juventud colombiana en esa ciencia.

La casa de Manuel del Socorro en Bogotá vino a ser centro de reunión de lo más selecto intelectualmente en Colombia. En él la política tampoco fue un mundo aparte. “Se unió – advierte el referido biógrafo- como toda su patria adoptiva, al movimiento republicano que fermentaba en toda la América española; más, no vio el éxito, pues en dicha ciudad de Bogotá  falleció en marzo de 1818, hacia el día 17, dejando inédita su historia de la fundación de la enseñanza y con sus obras, un nombre imperecedero en la memoria de los colombianos, lo mismo que en la tierra que le diera nacimiento”.

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