DOMINGO DE RAMOS Y DE VOTOS EN FRANCIA

14 de abril de 2022

Hace dos días tuvo lugar la primera vuelta de las elecciones para presidente en Francia. La periodicidad es de cinco años. Como ya lo he explicado el sistema electoral y de gobierno es aquí «presidencial», totalmente diferente al de otros países. No se renueva la Cámara de Representantes simultáneamente y los senadores obtienen sus puestos mediante un complicado mecanismo indirecto que tiene que ver con las regiones y las alcaldías producto de otros escrutinios sexenales. Un enredo cuya columna vertebral son precisamente las regiones que es donde están anclados todos los camajanes que manipulan la politiquería.

Este año los candidatos para representante (diputados) pugilatearán sus bancas dentro de dos meses. Es decir que el futuro político tocante a la legislatura del país depende ahora mismo de muchos factores totalmente imprevisibles. Para presidente eran doce los candidatos que se presentaron ante los electores y han quedado de conformidad con la ley dos finalistas, el actual presidente Emmanuel Macron y Marine Le Pen por la derecha estigmatizada como «extrema». Ambos dirimirán la cuestión el próximo domingo 24. Como corolario de esta primera vuelta tres partidos históricos – comunista, socialista y republicano – han salido deshechos del escenario. Y lo peor es que no tienen para donde ir a pesar de poseer antenas en todo el país. De conformidad con la ley tampoco podrán rembolsar los llamados «gastos de campaña» al no haber rebasado el 5% de votos sobre el total expresado.

Ha sido muy extraña esta campaña que algunos de los candidatos comenzaron tempranamente, desde mediados del año pasado. Las incertidumbres propias al quinquenio que termina fueron muchas. Pienso por ejemplo en los chalecos amarillos protestando en todas partes,  un diferendo que en sus prostimerías se reabsorbió malamente sin que el gobierno Macron solucionara los problemas que lo provocaron. Después a la crisis sanitaria provocada por el Covid-19 se añadieron un impasse económico generalizado; el consecuente intríngulis presupuestario con las impresoras de euros trabajando a todo dar; y finalmente la guerra de agresión desatada por Rusia contra Ucrania con Macron ejerciendo la presidencia rotativa de la Unión desde enero.

Lo digo con claridad: lo ciudadanos han mostrado una relativa indiferencia ante las gesticulaciones de los politicos enfrascados en un quehacer que de cierta manera los incomoda. Ha habido como una fatiga democrática y la ratificación de lo que se sabía: los 49 millones de franceses que votan piensan al hacerlo en su poder adquisitivo, en la inseguridad generalizada, en la inmigración incontrolable e incontrolada y en un nacionalismo que al tiempo que se expresa tímidamente juzga con desconfianza los diktats generados en la cúpula de la Unión Europea. La mitad de los electores culpan al gobierno actual de todas las fallas que les impiden vivir como desean y mirar hacia el futuro con un asomo de esperanza.  Muchos de los candidatos que quedaron en la cuneta dejando como sobrevivientes a Macron y a Le Pen  fueron víctimas de votaciones negativas dirigidas a sus formaciones. Se actúa contra y no por a la hora de depositar el sobre en la urna.

Zambullidos desde el lunes 11 todos los partidos -o dicho mejor, «escombros de partidos»- en la etapa decisiva que va a durar dos semanas, la disyuntiva es la misma de siempre: ¿ideas o tácticas?. El leitmotiv será para una parte de los factores «bloquear el camino a la extrema derecha», para la otra «salvar a Francia». La correlación de fuerzas está casi a nivel y será cosa de esperar que un debate en la televisión permita a ambos candidatos expresarse en cuanto a perspectivas y a proyectos. En una justa de ese tipo Macron tiene la ventaja de su habilidad retórica pero el balance de su ejercicio que finaliza podría ser un arma eficaz en manos de Le Pen. Comoquiera el 24 de abril estarán sobre el tapete la recomposición sociopolítica del país y el futuro de todos los partidos que intervienen en la vida pública. Nótese al mismo tiempo que el futuro del planeta desde un punto de vista ecológico ha desaparecido de la actualidad.

En el contexto de los resultados de esta primera vuelta de elecciones han vuelto a salir a la superficie las lógicas múltiples de lo que aquí califican de «voto útil», es decir votar o no votar de salida por el candidato preferido sino por aquél que mejor puede posicionarse frente a un enemigo previsto para la cita de dos semanas más tarde. Es por ello que todas las opciones están abiertas en un país compuesto mayoritariamente de adultos hipócritas que no dicen cuanto ganan y que no expresan por quién votan. No hay mayéutica que valga y pueden hacer cualquier cosa a la hora de los mameyes. En esa subtilidad confían Marine Le Pen y sus seguidores.

A la hora que escribo estas líneas los componentes más significativamente a la izquierda del prisma político hexagonal han llamado a votar por el actual presidente. Los encabeza un pérfido castrochavista que obtuvo el 22% de los sufragios. De la alcaldesa española de la capital ni hablo porque con su 2% esta desapareciendo del paisaje politiquero nacional y va a tenerla difícil para seguir al frente de la ciudad hasta que lleguen las olimpiadas dentro de dos años.

De buenas a primeras uno esta tentado a echarle mano a la literatura. Pienso por ejemplo en la novela Sumisión (Michel Houellebecq, 2015) que propuso en ella un presidente de origen magrebí electo en la Francia de 2027. Si no en Blaise Pascal que decidió no argumentar contra la existencia de Dios prefiriendo la estrategia de creer en ella para poder sentirse seguro de que escaparía a las llamas del Infierno. Los electores franceses sabrán pronto si votando hace dos días y proyectándose hacia el voto del domingo 24, cumplieron o no su deber cívico correctamente sin que vayamos a tener que mordernos la punta de los dedos durante los próximos cinco años.

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