Devoción de Cuba. Así es el Cobre

Written by Libre Online

8 de septiembre de 2021

Rara paradoja: lo celestial y lo terreno se tocan.- Piedras de las minas, evocaciones y símbolos.- Asedio de guías, vendedores, mendigos y la unción.- La Imagen, las columnas, los altares, la carroza.- Manos rugosas y cansadas.- Rostro del Cobre, hechos, resonancias.- La hora del regreso y del recuento.

Textos y Fotografías por

Alberto Baeza Flores (1950)

El término de El Cobre cuenta en los cálculos de los aspirantes de las dos actas de Representantes que han quedado pendientes.

Así se habla de votos y de reliquias de candidatos y de misas santas y milagros celestiales de dinero de proposiciones terrenas, de ciertas y demandas muy de la calle y de la vida menuda y cotidiana y también se habla del fervor hacia la Virgen milagrosa, de los peregrinos que empiezan a afluir este año, de la celebración de las grandes romerías y festividades en honor de la Patrona de Cuba.

La tierra y el cielo están mezclándose, allí monte adentro, en ese término que toda Cuba, reconoce  pronuncia con voz emocionada: El Cobre, Santo.

Piedras de las Minas,

Evocaciones, Símbolos

En el café “El Porvenir”, en la Carretera Central y frente al camino que conduce al Santuario, suena el ritmo, que medio Oriente está bailando: “Vivo en la montaña con mi compañera”. La letra y el ritmo montuno van acompañando  a los peregrinos que han llegado a desayunar cerca del Santuario.

Antes de tomar la ruta final hacia el Santuario acuden las imágenes, las visiones de El Cobre visto desde la carretera que va enhebrando montañas. Con sus tonos color naranja pálido y rojo de tierra viva las torres, todo el Santuario  semeja un juguete milagroso, un símbolo encantado. Las montañas son como  madres que van rodeando la construcción y la amparan, extendiendo sus grandes faldas verdes y pródigas.

En “El Porvenir” se venden; los velones, las velas, los recuerdos y, también, al igual que en la Villa y en el Santuario: “las medidas de la Virgen”. Las medidas son de diversos colores, pero todas llevan una imagen de la Caridad. Las cintas de raso que llevan impresas las palabras que dicen la autenticidad del símbolo y una acción: “Medida bendita y tomada a la Sagrada Imagen y autenticada por Fr. Valentín Zubizarreta y Unamunsaga, Arzobispo de Santiago de Cuba. Declarada Patrona de Cuba por su Santidad Benedicto XV”. “Dulcísima Madre de la Caridad defiéndeme de todo mal, ahora y en la hora de mi muerte. Amén. Llévame siempre contigo”.

La Virgen ha hecho innumerables milagros. Las piedras le dieron nombre a la Villa, cuando fue descubierto  el mineral.  El Rey Felipe III ordenó que las minas fueran explotadas y la antigua Villa de Santiago del Prado bautizada por Villa del Cobre. El mineral está unido también a la historia de la primera lámpara de la Virgen, pues, después de recogida la imagen en el mar, por el morenito Juan Moreno y los dos criollos aindiados (los lectores recuerdan que la Imagen de la Virgen viajaba sobre una tabla pequeña y las olas no la tocaban, ni la sal ni la espuma dejaban en ella huella alguna) Don Francisco Sánchez de Moya, que era entonces Administrador de la Propiedad, ordenó le construyeran una Ermita y en ella le mantuvieran una lámpara de cobre, encendida. 

Fue al ir a depositar el aceite en la lámpara que el Sacristán notó una noche, que la imagen había desaparecido, reapareciendo, después, frente a la misma lámpara de cobre, encendida. Todo esto sucedía hace tres siglos. Las piedras también recuerdan aquella vez que se descubrió una veta de rico mineral, pero que pasaba debajo de la Iglesia donde se veneraba a la Virgen.

El Administrador de la mina resolvió trasladar, a otro sitio la Iglesia, para  no obstruccionar la extracción del mineral, pero la veta riquísima se endureció, en tal forma, que picos, palas y todas las herramientas que trajeron, se rompieron al querer partir el mineral.

Asedio de Guías, Vendedores, Mendigos y la Unción

A las puertas del Santuario, una pequeña nube de vendedores, guías improvisados, pequeños comerciantes de ocasión, asedian al recién llegado:

-“No… si no voy a comprar, pero ahora, nada… ¿me entiendes?: nada…”

– “Tengo una medalla grande la Caridad, para que la vea… Mire yo se la regalo… Si usted la quiere… es suya… tómela… Llévesela, es de plata pura… es un regalo para usted…”.

Generalmente el regalo importa unos cincuenta centavos o más. En la parte del Santuario, donde las muchachas de la Asociación Católica venden las mismas medallas, estas medallas populares resultan siempre, a mucho menor costo.

La Imagen, las Columnas, los Altares,

la Carroza

La imagen de la Virgen es acaso, la más pequeña de todas las imágenes sagradas que se veneran en el gran Santuario. Las columnas sostienen bóvedas imponentes y todo está como indicando una rendida unción, pero todos los ojos se  vuelven hacia la Patrona de Cuba. La Imagen es más bien diminuta, menuda, breve, pero irradia una magia de fervor tal que los peregrinos solo están pendientes de ese altar mayor, que es todo él. Una gran corona. Pero el templo tiene, también otros altares muy hermosos y dignos. Por ejemplo: las manos de ebanistas muy sensitivos tallaron un bello altar para Cristo Rey. El altar de la Pasión es muy digno. Arriba el Cristo de la Cruz lleva el santo madero por el mundo, hacia el calvario y, en la parte de abajo se encuentra la figura de Cristo Muerto, que tiene ya casi tres siglos de tallada. En el Sagrario se encuentra la Santa Faz, que ha tocado el lienzo de la Verónica. El altar de San José tiene la imagen del padre de Cristo, con el hijo suyo, niño, con sus brazos arriba y, en la parte inferior, un artístico Nacimiento reproduce, admirablemente, la escena inolvidable de Nazareth. Santa Teresita del Niño Jesús tiene, también, su altar y su devoción. San Isidro Labrador, está en el suyo, santo de las pródigas lluvias, y recuerda la gran sequía que azotó al Cobre y a la región Oriental, en tiempos pasados. San Roque, manto de los enfermos contagiosa y de los que sufren epidemias está, también en el Santuario. El altar de San Isidro lo obsequió una familia que obtuvo del santo espléndidas cosechas y el de San Roque lo ordenó un canceroso desahuciado por todos los médicos que lo habían asistido.

La carroza, que sale en las grandes procesiones de la Virgen, lleva, en su fina y artística construcción, maderas de los mejores y más ricos árboles de Cuba.

Manos Rugosas y Cansadas

Cuando los feligreses dejan el templo mismo y van camino del Camarín de la Virgen o de la Cripta de los Milagros, una hilera de manos, rugosas, pedigüeñas, cansadas, viejas, pergaminosas, como la piel de la tierra en la sequía, se tienden, sin desmayos sin cansancios, hacia los peregrinos que van repartiendo dádivas, pagando promesas, “haciendo caridades”.

Rostro del Cobre, Hechos, Resonancia

Pero hay que decir algo sobre El Cobre. El término está matizado por nombres de santos: nombres indígenas o símbolos de la naturaleza cubana. La Sierra del Cobre cruza por el centro, y van como escoltándola las estribaciones de la Sierra Maestra. Montaña, café y azúcar, frijoles, maíz y frutas, caseríos, veneración, naturaleza bravía.

La Hora del Regreso y del Recuento

Es la hora del regreso. Queda allá el desierto de “siete cotorra”, lejano, que es como un arcoiris. La verdad es que yo no vi los siete colores sino un color pardo de pobreza, de dolor, de vejez de antigüedad innumerable. Queda también, el pequeño templete viejo, al que los niños de El Cobre le dan nombre de “Santuario del entierro”.

Queda la música flotando aún, el sentido de religiosidad mágica que parece elevar el Santuario mismo y las colinas, y más atrás, en la Cripta de los Milagros, queda la bandera que los mambises le llevaron a la Virgen y queda la madre que se acercó, hasta el altar, y se arrodilló con la criatura de Dios en los brazos.

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