DESCONFIANZA IRRACIONAL CONTRA LA VACUNACIÓN

Written by Adalberto Sardiñas

18 de agosto de 2021

El sentido común, esa fuente de sabiduría congénita que no emana de ningún libro jamás escrito, parece haberse evaporado, en una considerable parte de la población, cuando se trata del Covid -19 y la aplicación de la vacuna, que es la manera efectiva de combatirlo y eliminarlo. Su rechazo es una traumática situación que pone en peligro, posiblemente mortal, a la persona que se niega a recibirla, y a los semejantes con los que tiene contacto. Un riesgo que se torna innecesario, surgido de una desconfianza irracional, en muchos casos producto de creencias religiosas, en otros por injustificado miedo, y no en menor número, por “convicciones de principios” difíciles de explicar.

El hecho es que, al contrario del dictado común, de la sabiduría, y de la sensatez, que en momentos de crisis reclama la unidad, ante esta pandemia, estamos divididos, nada menos, que por la desconfianza. Aunque el 58.7% de la población americana se ha vacunado, más de un tercio permanece sin hacerlo por las personales excusas que cada cual sostiene a su antojo. Otro número considerable de la población se opone al uso de la mascarilla, y, de la misma forma, millones de padres se niegan a que sus hijos usen la máscara cuando regresen a la escuela. Es decir, que, a pesar de la gravedad de la situación, no nos entendemos. Existe, pues, una testaruda desconfianza hacia la vacuna, porque, los aferrados a la reticencia, en vez de escuchar la razón persuasiva, ponen más atención a la desinformación irresponsable que los conduce al miedo, o al recelo sospechoso. En resume, en lugar de estar unidos contra el Covi, y su nueva cepa, el Delta, estamos divididos y desconfiados de un remedio, como la vacuna, que ha probado ser efectivo contra ese mal.

Y aunque es lamentable que esta división exista en el seno de una crisis de la salud que ha cobrado más de 600,000 vidas en esta nación, en menos de dos años, lo cierto es que vivimos bajo un patrón divisionista, donde el país está fragmentado en su mero centro, en lo político, social y racial. Desde esta perspectiva, la desconfianza y división del momento, en cuanto a la pandemia y su tratamiento, no es cosa extraña, sino más bien, una extensión de la fisura de nuestro tejido social.

Sin embargo, y pese a lo antes dicho, no deja de ser frustrante que más de cien millones de personas permanezcan no vacunadas, aumentando un peligro ya de por sí calamitoso. América, en una inexplicable paradoja, está dividida, no unida, como debería estar, en la lucha contra la amenaza del Delta, que es la última variante del Covid.

La mayor sorpresa se funda en la desesperación, y el ansia, que millones de americanos mostraban durante el auge de la pandemia, clamando por el urgente desarrollo de una vacuna que pusiera fin a ese flagelo que arrasaba con miles de vidas cada día. ¡Era natural! Bueno, la vacuna surgió en sorpresivo tiempo récord, en una proeza científica sin precedente, pero millones de personas rechazan su aplicación sin justificaciones convincentes. Y, como consecuencia, la nueva variante se propaga con extrema rapidez, llenando los hospitales con nuevos casos, e imponiendo en la población vacunada, la reintroducción del uso de la mascarilla y otras medidas que ya iban desapareciendo. Es cierto que la vacuna no frenará por completo la propagación del Delta, pero retardará su aceleración, la reducirá, y la hará menos mortal.

Hay, incuestionablemente, varios factores que gravitan en circunloquio perenne entre el grupo de los no. Los “vamos a ver”, a estas alturas, dicen aquellos que no se vacunan, porque están esperando a ver si es segura. Otros creen, o dicen creer, que la pandemia ha sido aupada por los políticos y la prensa, y que, por lo tanto, no confían en ella, ni en los que la promueven. También existen los que alegan que el cuidado de la salud es una decisión meramente personal y que la población está siendo influenciada por los laboratorios que producen la vacuna. En fin, la gama de excusas va de la A hasta la Z, la mayoría extraídas de rumores y alucinaciones provenientes de las redes sociales sin fundamentos lógicos.

Ante esta numerosa obcecación, ¿qué métodos, o ruegos, les haría cambiar de opinión? ¿Mensajes convincentes de la efectividad de la vacuna? ¿Aumentar la campaña de publicidad con persuasión profesional? Estos empeños se han implementado ampliamente sin resultados favorables. Pero quedan otros, no tan suaves y gentiles, pero con fuerza, si no tan persuasiva, sí determinante.

Un plan que resultaría muy positivo estaría en manos de la comunidad empresarial. Si los políticos no pueden, porque su táctica sería aquella de “tu deberías” y no la de “tú tienes”, los empleadores, por su parte, debidamente, legalmente amparados, podrían exigir que toda su empleomanía esté vacunada por el bien de todos.

Resulta fastidiosamente irónico que muchísimos de los renuentes de hoy, son los que cada año se vacunan contra el flu común recurrente, que es, incomparablemente, menos letal que el coronavirus que le ha arrebatado a la humanidad 10 millones de seres humanos.

¿Quién tiene una explicación lógica para tan absurdo disparate?

BALCÓN AL MUNDO

P  Pedro Castillo, el flamante campesino, presidente de Perú, siendo comunista, empezó con el pie izquierdo y no le irá bien. No es lo mismo arrear cabras, que por lo general son mansas, que lidiar con parlamentarios, muchos de ellos destacados intelectuales que tienen vasta experiencia en los asuntos de gobierno y en el mundo de la diplomacia. Pedro Castillo es un ex maestro rural, rústico, quizás inteligente y osado, pero rústico, que, según los analistas, y varios millones de sus compatriotas, predicen que explotará en la presidencia antes de cumplir su primer año.

  Si nos guiamos por los precedentes, tenemos que concurrir: Perú ha tenido 5 presidentes en los pasados 4 años, sin contar a Pedro Castillo.

  Las apuestas están abiertas.

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  Se la acabó su cuarto de hora a Andrew Cuomo. El hombre que figuraba en los planes del Partido Demócrata como un potencial aspirante presidencial, cavó su propia tumba política mediante impropias indiscreciones de acoso sexual mantenidas por varios años, con mujeres que trabajaban para el Estado de New York, bajo su mandato como gobernador.

  Las funciones de gobernador y playboy, a la vez, no se conjugan bien en el gallinero político. Hay muchos ejemplos a la mano, pero Andrew no aprendió de ninguno.

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  ¡Albricias! Por el momento tenemos un aire bipartidista en el Congreso a juzgar por la aprobación del paquete para la infraestructura de la nación, por un trillón de dólares. 19 senadores republicanos se unieron a la mayoría senatorial demócrata para darle el sello de aprobación.

Ahora irá a la Cámara Baja para ajustarlo en el proceso de reconciliación. Es un primer paso, muy necesario, para la reparación de puentes, carreteras, ferrocarriles, aeropuertos y la ampliación de las bandas del internet.

  El segundo paso, aún algo distante, para el mismo, y otros propósitos, un tanto ocultos, y con no mucha transparencia en estos momentos, requiere otros 3 trillones, y ahí es donde el bipartidismo de hoy se pondrá a prueba.

  Por lo pronto el acuerdo de la semana pasada es algo positivo. Santa Claus aún existe, pero su amplia bolsa no es ilimitada.

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  Un grupo de países, China, Rusia, Argentina, México y hasta Nicaragua, han enviado a Cuba contingentes de medicinas y alimentos para socorrer a un país en la peor de las penurias. No hay sorpresas. Los países donantes lo hacen más por hostilidad hacia USA, que, por rescatar a una población abrumada por la opresión, el terror y el hambre. El alimento y las medicinas sirven para un rato, pero, ¿qué hacen los gobernantes de estos países para aliviar la opresión y brindar libertad al pueblo de Cuba que es lo que está clamando?

  La fábula se expresa con claridad. El envío se produce porque existe un mendigo, el gobierno comunista cubano, carente de todo, y la caridad ajena se impone. La fábula también confirma algo que todos sabemos: Cuba es un Estado parásito que por medio siglo ha vivido de la misericordia y la limosna que produce la compasión ajena.

Y AHORA UNA NOTA PERSONAL

El martes me sometí a un procedimiento quirúrgico para corregir una molestia, nada grave, pero sí incómoda, llamada Carpal Tunnel Syndrome, que está afectando el funcionamiento de mi mano derecha desde principios de año, y su impertinencia llega a privarme del sueño en muchas noches.

  Debido a este evento, estaré impedido de escribir esta columna “Pinceladas”, por dos o tres semanas, el tiempo mínimo requerido para un parcial regreso a la normalidad.

   Es sólo un receso temporal de unas cortas semanas, pero, si el diablo no se interpone, volveremos.

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