DEBATES PRESIDENCIALES SIN AUTÉNTICA CLASE POLÍTICA

Written by Adalberto Sardiñas

15 de agosto de 2023

Escasamente dentro de dos semanas, agosto 23, tendrá efecto el primer debate entre los precandidatos a la presidencia del país, por el Partido Republicano. Prometen ser una réplica de aquellos del 2016, con una docena de aspirantes disputándose una tajada del pastel hasta llegar al requerido número para lograr la nominación.  Para los comicios del 2024 el número parece ser ligeramente menor, pero, todavía, bastante elevado. El puntero entre los aspirantes, en todas las encuestas hasta ahora realizadas, es el expresidente Donald Trump, quien, a menos que cambie de opinión, no luce dispuesto a tomar parte en los debates.

Generalmente, estos debates políticos entre candidatos o aspirantes a cargos públicos, originados a principios de la década de los 60s cuando Richard Nixon se enfrentó a John Kennedy, y éste fue declarado vencedor porque lució menos sudoroso, y más apuesto, me han parecido siempre, más que otra cosa, una competencia de imagen, y también de ingenio, en que se da por vencedor al que sonría mejor, responda con mayor agilidad, y muestre un tono más jovial y desenvuelto que su rival. 

Si tomamos como ejemplo los últimos debates presidenciales, especialmente los de 2016, en que un montón de aspirantes debatió, en ocasiones violando las leyes básicas de la discreción y buenos modales, encontraremos que estos episodios se han ido degradando hasta convertirse en espectáculos desagradables. 

En esta ocasión, como las de 7 años atrás, los republicanos muestran un desproporcionado número de actores, donde no abunda la experiencia, ni un descollante talento político capaz de entusiasmar, positivamente, al electorado de ese partido.

El expresidente Trump, gozando de una amplia ventaja entre la decena de aspirantes, rehúsa la confrontación del debate, aduciendo que eso les daría una valiosa exposición a sus contrincantes, sin un beneficio tangible para él. Es posible que así sea, y que, su alegación tenga cierta validez estratégica, pero, también es posible que su renuencia a participar en los debates obedezca a cierta preocupación por vulnerabilidades que aspirantes como Christie y Haley, que estuvieron muy cerca de él, en su gobierno, pudieran sacarlas a colación en el transcurso del evento, cosa que, por otra parte, siendo Trump quien es, no creo que le afecte mucho. En fin, que el show, con, o sin Trump, pronto comenzará como parte del circo político que, indefectiblemente, por más de medio siglo, se ha convertido en un ritual insulso a veces demasiado aburrido, al menos, para mi gusto.

Desde hace algunos años, le he perdido interés a este entretenimiento político por la evidente ligereza e improvisación del mismo. De últimas, como va a suceder con la que se nos avecina, se ha manifestado una evidente ausencia de auténtica clase política, donde un grupo, a veces extravagante, carente de clara y sincera proyección del estadista, más que debatir sobre asuntos de interés nacional, abusan del tiempo en ataques e insultos personales, como ocurrió en el 2016.

Empero, si el panorama en el campo republicano luce desalentador por la ausencia de un liderazgo serio, en el lado demócrata las cosas no pintan mejor.

El empecinado empeño del presidente Biden de aspirar por un segundo término, a pesar de sus notorias fragilidades, físicas y mentales, y los para entonces 82 años de edad, dejan al electorado en medio de un profundo vacío con pocas opciones para su gobernabilidad futura.

Por el momento, y esto no significa que tenga carácter permanente, las elecciones para noviembre del 2024 nos ofrecen dos candidatos presidenciales no totalmente aceptables para el votante. Sin embargo, creo, como he dicho en anteriores ocasiones, que la lineación pudiera ser diferente en la recta final, y que, otras figuras, y no Joe Biden y Donald Trump, podrían ser los candidatos a la más alta magistratura del Estado. 

Hemos visto como, desde la segunda mitad del pasado siglo, hasta nuestros días, las nominaciones han dependido más de las primarias, y éstas de los debates, que, a su vez, han coadyubado a que cualquier individuo con suficiente carisma, dinero y conexiones, sin importar mucho la brillantez o el talento, pueda llegar a la Casa Blanca.

Así las cosas, resulta difícil que un sistema tan arraigado en la psiquis política de nuestro sistema pueda ser susceptible a un cambio cercano.

Por lo tanto, la apuesta más segura es por la continuación del status quo, es decir, la perpetuación de los debates, que, aunque insulsos y aburridos, no dejan de tener cierto absurdo impacto en las primarias y en las nominaciones.

Y, a propósito, qué interés pudieran tener los debates que comienzan este mes con los potenciales participantes a la mano, cuando, en términos reales, ninguno tiene la menor posibilidad de obtener la nominación por la casi total ausencia de una auténtica clase política.

¿Dónde están, y qué se han hecho, los sabios y eficientes líderes talentosos que solíamos tener, aunque no perfectos, pero sí capaces de gobernar con prudencia y sensatez?

¿Es que acaso se agotó la cantera que parecía inagotable?

BALCÓN AL MUNDO

La crisis migratoria que se hace presente, e inacabable, en la frontera sur, se exacerba al extremo con cada rumor lanzado por elementos maliciosos sobre la apertura de la frontera para el procesamiento de la petición de asilo. La semana pasada varios miles de esos aspirantes se lanzaron contra las vallas pretendiendo penetrar el territorio americano después que uno de esos rumores comenzó a propagarse.

Es, sin duda, una verdadera tragedia humana.

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María Corina Machado sigue a la cabeza, por amplio margen, entre los candidatos en las primarias venezolanas con miras a las elecciones presidenciales para el nuevo año que se avecina.

Maduro y su Instituto Nacional Electoral la han inhabilitado, pero María Corina sigue en campaña y promete continuar hasta el final.

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La economía china, que pretendía sobrepasar la nuestra para el año 2027, está perdiendo vitalidad mes tras mes, y se encuentra a las puertas de la desinflación, que, en efecto, es tan destructiva como la inflación, y tal vez peor. 

Ahora la mayoría de los economistas predicen que China alcanzará paridad con la economía americana para el 2060, y agregan… “si acaso”.

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Diosdado Cabello fue a Cuba y se pasó una semana en la Isla disfrutando de las gentilezas que la dictadura le brindó. Al parecer, como buen lacayo, fue a recibir instrucciones sobre cómo manejar las trampas electorales para las elecciones presidenciales.

Cabello sólo se atreve a viajar a países comunistas donde tiene protección absoluta. No sale de su limitado círculo, como tampoco lo hace su jefe, Maduro, por temor a que lo aprese la justicia internacional por sus tantos crímenes pendientes, entre los que se encuentran el lavado de dinero y el narcotráfico.

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