La revolución cubana es un cadáver maloliente y putrefacto. El fracaso del régimen imperante en Cuba es total y absoluto.
Anda agonizando sin encontrar la sepultura adecuada. El “castrocomunismo” yace junto con los escombros diseminados por todo el país; el discurso de “La historia me absolverá” hoy es obsoleto, prohibido y contrarrevolucionario. De “primer territorio libre de América”, a la cloaca del hemisferio.
Se acabaron las consignas revolucionarias y la última es ridícula: “Raúl es Raúl”… Y lo que todos piensan en realidad es: “Raúl es un viejo cagalitroso incapaz de poder resolver el desastre imperante”.
No tienen líderes, el que supuestamente manda, El Tuerto, no se ve, no aparece por ninguna parte, la gente no lo conoce, y cuando decimos que “él es el que corta el bacalao en Cuba”, no nos creen.
Hasta el gato sabe que Miguel Díaz-Canel es un fantoche, un señuelo, un tipejo desechable, una cuchara que ni pincha ni corta, y por no saber cómo exactamente catalogarlo con cordura, se refieren a él con una fuerte vulgaridad.
Poco a poco, la población está entendiendo que al frente de la nación (hasta llamarla “nación” es una exageración) no está el PCC sino GAESA.
Hace muchos años, escuché decir que los Estados Unidos quiere mantener a Cuba de vidriera para que exhiba lo que es el comunismo.
Y parece que eso es cierto, porque hoy el mundo entero está viendo lo que tan bien describió Guillermo Álvarez cuándo filosóficamente dijo: “¡Qué clase de mierda es el comunismo!”
Pero, es que es que ya no es comunismo, se trata de una revolución fracasada, simplemente es un arroz con mango, un archipiélago al garete con una población hambreada, a oscuras, desolada, destruida, atiborrada de enfermedades, de churre y de malas palabras.
Con un grupito de dirigentes, de generales y ministros, con muchas medallas en el pecho, panzones, viviendo bien en zonas residenciales (Miramar, Siboney, y Atabey) huyéndoles a las teorías de Marx, de Lenin, de Mao intentando vivir mejor que los Rockefeller, los Kennedy, los Bezos, los Trump, los Gómez Mena, los Sarrá y Julio Lobo.
La revolución cubana es un “Dead Man, Walking”, intentando no ser definitivamente llevado al cadalso, echándole la culpa de su agonía a la gran potencia extranjera, que durante 67 años no les ha tirado ni una trompetilla.





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