De Girón a la Crisis de los Cohetes: La segunda derrota

Written by Enrique Ros*

18 de junio de 2024

En este libro se narra el increíble comportamiento y manejo de la situación 

creada por la militarización soviética de Cuba que culminó con la instalación de los misiles de mediano alcance. El autor señala con el dedo acusador a los hermanos Kennedy y destruye el mito falsamente creado por los apologistas. Ros pone al desnudo ese mito y leyenda, para que se conozca la angustiosa y 

sangrante realidad.

LAs organizaciones revolucionarias (VI de XI)

Jorge Rojas Castellanos se había infiltrado por Matanzas, junto con Jorge Gutiérrez (el Sheriff), Jorge Recarey y otros, antes de la invasión. Detenido, no es identificado por estar utilizando una documentación falsa. Pero dos delatores lo identifican: Benito Pérez Vivanco y Pedro Cuéllar. El primero ocupa hoy una alta posición en el Departamento de Seguridad del Estado. El segundo, Cuéllar, morirá fusilado -Junto a los mismos que él delató- al pretender traicionar también a las autoridades castristas.

Braulio Contreras Masó (Boris), Capitán del Ejército Rebelde, y Angel Posada Gutiérrez (Polin) habían sido ayudantes del Comandante Aldo Vera. Habiendo salido del territorio pocas semanas antes, se infiltraron nuevamente en la primera semana de marzo. Viene con ellos, Pedro Cuéllar. Entran por Arcos de Canasí, por el Punto Unidad, junto al Punto Fundora, a bordo del Tejana la embarcación de Alberto Fernández de Hechavarría. Los reciben Gabriel Márquez Delgado y Roberto Dana. Surgen dificultades imprevistas para su inmediato traslado a una casa de seguridad. Gabriel Márquez los lleva esa noche a su propia casa. Grave error.

Veinticuatro horas después de haber sido arrestado, Cuéllar ha informado a Seguridad del Estado las actividades contrarrevolucionarias de Gabriel, y su dirección. El 18 de abril ya está el G-2 tocando a su puerta. Pero no se encuentra. El 28 es finalmente detenido; lo llevaron a donde ya Cuéllar había revelado que se ocultaban las armas. Dos toneladas allí encontraron: M-3, M-1, pistolas 45, ametralladoras calibre 30 y 50; C3 y C4. Era el centro de operaciones de Unidad.

Pedro Cuéllar, telegrafista, sin haber pertenecido a los teams de infiltración que habían recibido su entrenamiento en la isla de Vieques o en la zona del Canal de Panamá, formó parte de los equipos de infiltración y conocía a muchos de sus integrantes. Arrestado horas antes de la fracasada invasión del 17 de abril, se presta para delatar a sus antiguos compañeros.

El 9 de mayo de 1961, tres semanas después del fracaso de Girón, había sido detenido Miguel García Armengol (Miguelón), Jefe de Acción del Directorio Estudiantil. Es también apresado, en una acción separada, Francisco (Paquito) Almoína. Ambos son amigos pero no tienen, entre sí, lazos conspirativos. Están detenidos en la tétrica Seguridad del Estado en 5ta. y 14. Llega Pedro Cuéllar, con uniforme del Ejército Rebelde, en su extenso camino de delación, pero no puede identificarlos porque no los conoce. Jamás los había visto. Ni a Miguelón ni a Paquito.

Algunos que lo conocieron afirman que Seguridad del Estado aparentó depositar confianza en Cuéllar y lo incorporó al ejército y lo alienta en el sendero de la delación que se inicia con su detención y continúa hasta el mismo día del juicio el 22 de septiembre.

Aparentemente Cuéllar estuvo cooperando con Seguridad del Estado desde su detención el 17 de abril hasta fines del mes de julio cuando se ocultó por varios días para tratar de introducirse y asilarse en la Base Naval de Guantánamo. Por eso el 29 de Julio se dice en el sumario de la Causa 238 que “no ha sido habido”. Días después es detenido en su intento e incluido en el proceso. Su doble traición le costará la vida.

Devuelto al patio de la prisión por las autoridades castristas a quienes, evidentemente también trató de traicionar -y condenado por esto a la pena capital- fue duramente golpeado por los presos políticos. Refugiado en la capilla, pide perdón a unos de los condenados a muerte que espera por el pelotón de fusilamiento.

Recibe esta elevada respuesta: ¨Que te perdone Dios. Ya yo te he perdonado¨.

Se les pidió también pena de muerte a Rafael García Rubio, Robert Morton Guedes, Gabriel Márquez, Gonzalo Miranda y Emilio Adolfo Rivero Caro. Pero Morton Guedes es ciudadano-inglés. Llegan cables del Papa, de la Reina y de otros jefes de estado pidiendo clemencia para el subdito británico. Al juicio concurre el Embajador de Inglaterra acompañado de otros diplomáticos. Aduciendo distintas razones (en el caso de García Rubio por ser menor de edad) se les conmuta la pena de muerte por una condena de 30 años.

A la pena de 30 años fueron condenados 13 de los acusados: Jorge Basulto Jover, Eduardo A. Betancourt Meneses, Oscar Fernández Lorente, Rafael E. García Rubio Rodríguez, José L. Lefrant Echevarría, Gabriel Márquez Mercado, Roberto Morton Guedes, Gonzalo Miranda García, Jesús Montalvo García, José G. Pérez Lizama, Gaspar A. Rapallo Valdés, Emilio A. Rivero Caro.

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