Cuba otra vez

Written by Roberto Cazorla

3 de noviembre de 2021

Imitando el alba todos los días, Cuba me agradece

que conserve su acento, que el azul que la verifica

por ser una privilegiada, aunque hayan intentado

asesinarla lanzándola al mar, yo la rescaté y vive

conmigo en el más imperioso secreto; le espanta al

color rojo, por lo que le ha sugerido a Dios que lo

borre del arcoíris, que lo ajusticie como hizo un rayo

con la palma de su escudo. Ella sigue hasta en el

café que le toma la temperatura a mi paladar; respira

por unos recuerdos sin muletas, y se ríe de oro y

esperanza; no se plantea volver ni para averiguar si

el tamarindo conserva la acidez, tampoco si al

danzón le perforaron la yugular. Está exiliada,

compartiendo conmigo las lágrimas que asaltan

nuestra almohada; cubre de silencio los lamentos y

la desazón producida por la ausencia del paisaje que

la vistió con perlas, y el consentimiento de las

sirenas que estuvieron en su bautizo; es tan de luz

y porvenir, que piensa que está a la sombra de un

flamboyán, que la despierta el concierto de los gallos

vigilantes de la alborada. Cuba, aquella que asistió al

nacimiento del niño que le pusieron mi nombre, se

dedica a planificar el formato del castigo que les

aguarda a los fantasmas de rostro descubierto. Solo

ella sabe de los privilegios que le provocaban envidia

al oleaje sobrante del mar. Desde entonces está

huérfana de pájaros nativos y carruseles que nunca

conocieron la candidez. Cuba, con la humildad de

sus cuatro letras, espera vengarse comenzando por

decapitar la luz de la farola del Morro.

Roberto Cazorla.

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