Cuba: Mambises nacidos en otras tierras

Written by Enrique Ros*

23 de febrero de 2022

Una obra que reconoce la enorme contribución y el alto número de libertadores nacidos en otras geografías.

Españoles en las filas insurrectas (III de VIII)

Firmado el Pacto del Zanjón marchó Manuel Suárez Delgado a los Estados Unidos desempeñándose como agente clandestino del Comité Revolucionario Cubano durante la Guerra Chiquita y fue de los primeros alzados en Las Villas al iniciarse la Guerra de Independencia en 1895 cuyas fuerzas comandó hasta la llegada de Carlos Roloff y Serafín Sánchez el 24 de julio de aquel año. Cuando fue nombrado jefe de la Segunda División, inmediatamente libra los combates de Loma del Ternero, Las Nueces, donde una columna española atacó el campamento del Teniente Coronel Juan Bruno Zayas; Manajanabo, en las que sus fuerzas combinadas con las de J. B. Zayas hostilizaron por horas al enemigo.

En el potrero Saratoga que está en la zona de Najasa, del 9 al 11 de junio de 1896 las fuerzas del Ejército Libertador al mando del General en Jefe Máximo Gómez, sostuvieron un continuado ataque a una columna española de 2,000 hombres dirigida por el General Adolfo Jiménez Castellanos. Al amanecer del 10 de junio Gómez marchó con sus fuerzas hacia Saratoga para reiniciar las acciones pero al auxilio del General en Jefe no concurrió Suárez Delgado, aunque estaba con sus fuerzas muy cercanas a la acción, lo que le ocasionó ser depuesto por el más alto oficial del Ejército Libertador. Situación que se superó meses después. Tras participar en distintas acciones Suárez Delgado fue ascendido al grado de Mayor General.

Si antes sus tropas ejecutaban frecuentes acciones junto a las de Juan Bruno Zayas, ahora, en 1897 Suárez Delgado, el español de sangre venezolana, las realiza con las de Francisco Carrillo tomando brevemente, a fines de enero, el pueblo de Arroyo Blanco. En Quemados Grandes, en la zona de Sancti Spiritus, fue Suárez Delgado atacado por numerosas tropas en los primeros días de abril de 1897 cuando se encontraba en el campamento de los mayores generales Mayia Rodríguez y Francisco Carrillo. Rechaza el ataque y sobrevive la guerra pero no participará en la vida pública de la República.

f)   EL MAYOR GENERAL FRANCISCO VILLAMIL: «EL GALLEGO HEROICO»

Debemos honrar al Mayor General Francisco Villamil como uno de los españoles que comandaban las tropas cubanas en los esfuerzos de los insurrectos de la isla para independizarse de la metrópoli. Era Villamil uno de una quincena de hombres nacidos en la península ibérica que se incorpora al Ejército Libertador y alcanzará los más altos grados militares.

Llega pequeño a Cuba y establece estrechas relaciones de amistad con jóvenes del pequeño Cafetal de González de la Villa y ya profundizadas esas relaciones y, juntos, forma Villamil parte del primer levantamiento en la provincia de Las Villas que se produce el 6 de febrero de 1869 organizado por la Junta Revolucionaria de La Habana dirigida en aquel área por Salvador Machado, Miguel Jerónimo Gutiérrez y Antonio Lorda.

Aquellas fuerzas, que se habían concentrado en Manicaragua, se dirigirán a distintas regiones. Villamil toma el pequeño Cafetal de González. Poco después sigue hasta el pueblo de Esperanza, y, ahora junto a su amigo, el polaco Carlos Roloff, combate en Potrerillo el 26 de marzo, y el 21 de abril el gallego Villamil subordinado al cienfueguero Federico Fernández Cavada ataca Trinidad. Ha participado en otros encuentros. En julio era ya General de Brigada y participa con el venezolano Salomé Hernández Villegas en acciones que lo acercan, aún más, al General Fernández Cavada con quien tras planes extensamente estudiados ataca la ciudad de Cien fuegos, entrando por la calle Reina, sorprendiendo al enemigo, apoderándose del polvorín y tomando la ciudad que fue apresuradamente abandonada por los voluntarios comandados por el gobernador Meras, bajo la Capitanía General de Caballero de Rodas.

El 4 de noviembre participa con el dinámico venezolano Salomé Hernández en la acción de Villa del Suazo.

Marchan con frecuencia las columnas de ambos generales, Villamil y Fernández Cavada, pero muchas más separadamente, en la amplia región de Las Villas que pronto la extenderá hasta Camagüey. En septiembre de 1869 el General Francisco Villamil ataca al poblado de Jobosí, situado a unos 40 kilómetros de Sancti Spíritus y en el mismo mes penetran sus fuerzas en la ciudad de Remedios, en Las Villas. Ataca, sólo para hostilizar y distraer las fuerzas españolas, a la entonces pequeña población de Ranchuelo (de atacarlo y tomarlo se ocupará el General Máximo Gómez, nacido en otras tierras al igual que Villamil, cuando el 17 de enero de 1875 fuerza a la guarnición del pueblo a rendirse a las fuerzas insurrectas).

En los primeros meses del 70 Villamil está atacando las tropas en el Naranjo y, años después (1875) este fortificado poblado, a pocos kilómetros de Sancti Spíritus, es tomado y destruido por el dominicano Máximo Gómez.

En 1870 Villamil amplía su jurisdicción y su acción hacia la provincia de Camagüey pero, antes, va a librar distintas batallas, entre ellas, las de Naranjo y Limones. A principios del 71 ha sido designado jefe de la División de Sancti Spíritus y allí celebra el combate de La Ceniza. Un mes después, en marzo de 1871, Villamil ha cruzado la trocha de Júcaro a Morón encabezando el grupo de villareños que peleará a las órdenes del Mayor General Ignacio Agramonte. En junio resulta gravemente herido en un enfrentamien-to con fuerzas españolas en Trinidad de Olano, cerca de Ciego de Avila. Recuperado, y siempre subordinado al mandato de Agramonte, siguió operando. El 8 de agosto de 1872 combate en El Quemado. Y luego los dos amigos unen esfuerzos para enfrentar las tropas españolas el 10 de agosto de aquel año.

De «gallego heroico enamorado de la causa cubana» lo calificó Luis F. del Moral en su obra «Serafín Sánchez: Un Carácter al Servicio de Cuba», cuando Agramonte, nombrado Jefe del Ejército Las Villas, eleva al General Villamil al rango de su segundo en el mando de los hombres allende la trocha.

Leyendo esta detallada biografía del Mayor General Serafín Sánchez, tan unido a Villamil, podemos apreciar mejor el generoso aporte que a la causa cubana ofreció este «gallego heroico» desde que, uniéndose a Roloff, toma el mando de la División San Diego, y Honorato del Castillo lo trae a su lado cuando asume el mando de la División de Sancti Spíritus y, más tarde José Payan deposita su confianza en «el gallego Villamil y el andaluz Dorado» que integrarán su estado mayor, y será Villamil quien habrá de sustituir a su renunciante superior, que será víctima de infundadas intrigas.

Resulta Villamil gravemente herido cuando combatía una columna española en Trinidad de Olano, cerca de Ciego de Najasa, en julio. Sobre este hombre, Villamil, nacido en Galicia, escribía Manuel de la Cruz en su obra «Episodios de la Revolución Cubana»: «El General Francisco Villamil, natural de Galicia, uno de los militares más activos y tenaces entre los que primeramente pisaron en Las Villas, convaleciendo de una herida grave en el Camagüey, en aquella sazón bajo la jefatura del Mayor General Ignacio Agramonte, dijo a su secretario Julio Díaz:

«La felonía de los Boitel está más clara que el agua. Redacte una orden para que, sin más formalidad que la identificación, sean ejecutados el comandante y el capitán”.

Al objetar Díaz esas instrucciones que no estaban de acuerdo con la Constitución de la República ni las ordenanzas, anota de la Cruz la respuesta de Villamil:

«¿No está probada la traición?. Pues que lo maten sin más ni más. Si el Mayor Agramonte me hace pasar por un Consejo y me fusilan; que importa, quede Cuba limpia de traidores, y nada importa un gallego menos».

Y destaca el biógrafo del Moral la habilidad de Villamil en agilizar el inaplazable retiro a la región villareña y el respaldo que recibe, en tan crítico momento, del propio Serafín Sánchez que era, entonces, su ayudante, y como, superadas las diferencias localistas, de regreso a Camagüey, este «audaz gallego» se incorpora nuevamente a las fuerzas villareñas. Será en ese momento, cuando el Mayor,. Agramonte es nombrado Jefe del Ejército de Las villas, que Villamil -como antes habíamos señalado- lo designa como su segundo en las inquietas Villas distinción que se ha ganado «por su valentía y por sus hechos» aunque pronto caerá herido de muerte.

Mientras permanece en Las Villas, el «gallego Villamil» tendrá a su lado a «Pancho» Jiménez, valeroso y pintoresco combatiente espirituano que se vio envuelto en pintorescos encuentros con otro cubano que ocupaba una alta posición en las fuerzas armadas españolas. Veamos algunos de esos episodios.

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(Continuará la semana próxima)

Las últimas batallas comandando sus respectivas tropas el español Villamil y el cubano Fernández Cavada (quien morirá en 1871) tendrán como escenario Remedios y Sancti Spíritus. El último combate lo realizará el 8 de agosto de 1832 el admirado Francisco Villa-mil atacando el Fuerte en El Quemado y dos días después el de La Vega. En 1873 ya postrado, moriría el español Villamil que luchó con valor y limpieza por la libertad de Cuba.

g)  VERSIONES OPUESTAS DE DOS CUBANOS EN LOS PRIMEROS CUATRO AÑOS DE LA GRAN GUERRA

Francisco Jiménez Cortés, más conocido como Pancho Jiménez, había nacido en Sancti Spíritus, alrededor de cuya zona, como miembro del Ejército Libertador peleó siempre bravamente. Su valor, que todos reconocían, no iba, necesariamente, unido a su conducta y comportamiento personal.

Francisco de Acosta y Alvear había nacido también, como Pancho Jiménez, en la isla. Pancho, con sus virtudes y defectos, amaba la tierra en que lo vio nacer. Acosta y Alvear se sentía más atado a las tropas que ocupaban a la isla como colonia, y tenía a su cargo la comandancia de Sancti Spíritus, Remedios y Morón. Ambos chocarían, militarmente, con frecuencia una y otra vez en aquella región vinareña.

Veamos tres o cuatro episodios narrados, separadamente por ambos personajes.

A Pancho Jiménez su carácter indisciplinado no le impedía librar combates en Guayabal, Ciego Potrero, Nuevas de Jogosí, la Caridad, y otros puntos que rodeaban Sancti Spíritus, ni el pundonoroso militar cubano de Acosta y Albear se sentía avergonzado de ser el comandante del Batallón de Orden, compuesto por presidiarios y por la más repulsiva escoria de las fuerzas españolas. Existió, entre estos dos hombres que vivían en Sancti Spíritus, mutua repulsión. Nos referiremos tan sólo a uno de los muchos incidentes ocurridos en la villa espirituana.

Transcurre el año 1874. Hay fiesta en la entonces pequeña ciudad. Pancho Jiménez avanza, con sus tropas insurrectas, hacia la Calle Amargura donde se encuentra la residencia del flamante Comandante del Batallón del Orden, don Francisco de Acosta y Alvear. Toca en ella, repetidamente y logra entrar y -repetimos las palabras del biógrafo Luis F. del Moral- «Pancho Jiménez, con su inesperada cortesía fuerza la inmersión del connotado personaje en el depósito de estiércol de sus caballerizas».

Veamos la descripción que de esta afrenta, sobre él cometida, relata Acosta y Alvear:

Hablando en tercera persona el militar que comanda orgullosa-mente las tropas españolas afirma que: «Unos de los 150 hombres llegaron a la casa del Brigadier de Acosta la que trataron de allanar, aunque no lo efectuaron». Pero todo el pueblo conoció el penoso incidente que no fue el único ocurrido entre estas dos personas bien conocidas en aquella comunidad. El segundo le costaría su posición al militar cubano al servicio de España.

En su libro «Pasado y Presente de Cuba» publicado en Madrid en 1875 se refería, en ocasiones con respeto hacia los insurrectos. Luego de narrar este episodio con Pancho Jiménez, que antes mencionaba, terminaba en estos términos la descripción de aquel, para él bien desagradable incidente:

«En los tres cuartos de hora que permanecieron en la ciudad respetaron personas y efectos, pagando lo que tomaron y dejando en libertad a muchos jefes y oficiales que quedaron en la calle en dirección a los puestos que todos tenían — señalados en la orden general, a los cuales no acudieron las fuerzas de voluntarios ni bomberos, ascendentes las primeras a más de 800 hombres y unos 200 la segunda, dispersándose sus retenes, guardias y patrullas por la sencilla razón de no querer nadie singularizarse contra un enemigo que todo lo respetaba y a nadie dañaba, especialmente cuando la opinión pública persistía en la idea de que grandes fuerzas enemigas pronto invadirían el distrito».

Este coronel e historiador, Francisco de Acosta y Albear lamenta públicamente la inoportuna presencia en la isla del señor Ministro de Ultramar que realizó, hasta cierto punto, la expedita acción del gobernador y capitán general tan apremiantes, que hubiese motivado excitaciones altamente inconvenientes. Esta crítica le costaría su posición.

No todo era negativo en las afirmaciones del cubano de Acosta y Albear que comanda tropas españolas al hablar de los mambises: «A los insurrectos, con apasionada injusticia, se les negaba valor e idoneidad para la guerra, cuando les sobraban estas cualidades y una abnegación sin ejemplo. Aunque no pudiesen utilizarla mientras no llegaron a tener buenas armas, municiones suficientes y organización, que, al fin con nuestros errores y negligencias, lograron poseer».

h) OTROS ESPAÑOLES JUNTO A LOS MAMBISES

Llegan de la península ibérica otros hombres. Algunos españoles que habían servido en las fuerzas militares de su país que al ser licenciados pasaron a Cuba, crearon familias, sólidas amistades y llegaron a sentir como propia la tierra que los había recibido con afecto y aprecio.

Este es positivamente el caso de Quirino Reyes el joven madrileño que habiendo nacido en 1847 viajó a Cuba y terminó la Guerra de los Diez Años con grado de Teniente del Ejército Libertador luego de tomar parte en varios encuentros. Participará Quirino Reyes Piedra en las tres guerras emancipadoras.

En la Guerra Chiquita se alzó en Cimentes, Las Villas, en noviembre de 1879 al tiempo que Emilio Núñez78 lo hacía en la cercana Sagua la Grande y, muy distante de su área, se levantaban Francisco Carrillo en San Juan de los Remedios y Serafín Sánchez en Sancti Spíritus. Fue el de Las Villas un alzamiento algo demorado porque ya, en agosto se habían pronunciado en Oriente distintos dirigentes: José Maceo y Quintín Banderas, en Santiago, y en Holguín Belisario Grave de Peralta (su hermano Julio había muerto combatiendo en 1872). Desorganizada, y sin recursos, terminó muy pronto aquella insurrección.

Pero Quirino Reyes, como otros muchos, estuvo presto en el nuevo, y definitivo intento, que dio inicio a la Guerra de Independencia en 1895. El madrileño Reyes se alza en Sancti Spíritus junto con una docena de patriotas a las órdenes del Coronel Joaquín Castillo López, participando en el combate de Mal Tiempo con las fuerzas del Mayor General Serafín Sánchez, acompañando poco despué’ a la columna invasora por las provincias de Las Villas y Matanz hasta el primero de enero de 1896 en que regresó a Las Villas octubre formaba parte del Estado Mayor del espirituano Sanchez.

Parecido fue el caso de Eduardo Cordón Arallona, nacid pequeño pueblo de Bujolousa, Granada, España, en 1826. E’ del Ejército Español cuando fue trasladado a Cuba y despu licenciado se radicó en Cacocum, Oriente. Ya tenía 40 años cua. el 14 de octubre del 68 se alzó junto con Julio Grave de Peralta a quien lo unía una estrecha amistad. Ya, desde antes, Julio, amable, afectuoso, había establecido las más cordiales relaciones con Carlos Manuel de Céspedes y otros, en los pasos previos que condujeron al levantamiento del 10 de octubre. Uno de ellos, la llegada del Perrit que comenzó a desembarcar hombres y materiales el 11 de mayo, responsabilidad que unió más al español amigo Eduardo Cordón con el cubano Julio Grave de Peralta.

Ya, desde el inicio de aquella lucha permanecieron vinculados Julio, Eduardo Cordón y Pedro María Mercier los que pudieron con prontitud asistir al desembarco del Perrit.

Como vemos, el español Eduardo Cordón es uno de los primeros en acudir en auxilio de los expedicionarios del vapor Perrit. Su vida fue lamentablemente muy corta porque poco después, cuando se encontraba acampado convaleciendo de una enfermedad, fue sorprendido por tropas enemigas y brutalmente asesinado a machetazos.

José Callejas, nacido en España, se había asentado en Esperanza, cerca de Santa Clara y a los pocos meses de comenzar la Guerra de los Diez Años el Presidente Carlos Manuel de Céspedes lo designó en marzo del 69 Jefe de la División de Sagüa la Grande y participará en el ataque al pueblo de Guaracabuya el 4 de septiembre de 1869 pero morirá el español Callejas en el encuentro de Manajana-bo, a unos pocos kilómetros de Santa Clara el 14 de mayo de 1869.

Este español, José Callejas, se había unido en Las Villas, a la causa cubana.

Como dijimos, poco tiempo de vida le quedará a este joven español que había alcanzado el grado de coronel cuando en el combate de Manajanabo, al este de Santa Clara, peleando junto a las tropas del Mayor General Federico Fernández Cavada muere en aquel encuentro contra una columna constituida por los Voluntarios de Cádiz.

i)   LOS HERMANOS HERNÁNDEZ VARGAS

Dos españoles hermanos nacidos en Las Canarias se incorporan a las fuerzas insurrectas cubanas. Uno de ellos Jacinto Hernández Vargas nacido en Tenerife el 12 de mayo de 1865 y que a los doce años viajó a Cuba para reunirse con sus padres, ya establecidos en el poblado habanero de San Antonio de las Vegas donde comenzó a desempeñarse como juez municipal, contrayendo matrimonio con la cubana Florinda Pérez.

Jacinto Hernández Vargas, era ya alcalde de aquella población habanera y tras conversación con Máximo Gómez», cuando la columna invasora llegaba a aquella provincia, subordinándose al entonces Teniente Coronel Adolfo del Castillo, y días después al Mayor General Antonio Maceo. El canario Hernández Vargas asumió el mando de la brigada que, hasta su muerte, dirigía el General de Brigada Adolfo del Castillo el 25 de octubre del año 1897. Participará en varios combates; entre ellos el de el Plátano, el Navio, la Güira y Flor de Mayo.

Como decíamos, Jacinto Hernández se incorporó a las tropas  comandadas por el General Adolfo del Castillo, junto con los miembros de la comunidad de San Antonio entre los que se encontraban Daniel Perea, Agustín Valle, Clemente Acosta, Nano Valderrama, Felipe y Braulio García y otros insurrectos. Inmediatamente participa en el asalto a Bejucal, San Felipe, San José de las Lajas y otros.

Hernández Vargas, alcalde de San Antonio de las Vegas cuando llegaron a la provincia de La Habana las fuerzas invasoras, se compromete en una entrevista con Máximo Gómez para levantarse en armas. Se elabora un plan de alzamiento entre Jacinto y su hermano Faustino que, como expresamos, tenían a su cargo el Cuartel de Voluntarios. Fue jefe de la Brigada Centro de la Segunda División del Quinto Cuerpo sustituyendo al Brigadier Adolfo del Castillo. Su zona de operaciones abarcaba los poblados de Bejucal, San Felipt| Quivicán, Güines, San José de las Lajas y Melena del Sur.

Antes de asumir el mando ya el español Jacinto Hernández bía participado, bajo el comando de Mayía Rodríguez y Alejanifl Rodríguez, protegidos por el Teniente Coronel Rosendo Collazo, en la batalla de Flor de Mayo (14 de mayo de 1896) contra los batallones de los Regimientos Barbasro y Albuela que estaban el del Coronel Francisco Rodríguez. En el encuentro murió el Alférez Alberto Collazo, hermano de Rosendo.

Vuelve Jacinto a servir a las órdenes José María Aguirre c uando este campamento de El Plátano es atacado el 3 de diciembre de en cuyo encuentro muere el Teniente Coronel Verdecía.

Su hermano, Faustino, siendo jefe del Cuartel de Voluntaria apropió de 64 fusiles que allí se encontraban y de 188 fusiles Remington y 14,000 cápsulas que habían solicitado al general Arsenio Linares para movilizar a los vecinos y enfrentar la invasión. El 10 de febrero de 1898 los dos hermanos Jacinto y Faustino se alzaron con 384 hombres obteniendo el grado de comandante a do por Máximo Gómez.

Al morir el Brigadier Adolfo del Castillo, Jacinto, repetimos ocupó la jefatura del Centro de la Segunda División del Cuerpo que tenía como centro de operaciones los poblados de cal, San Felipe, Quivicán, Güines, San José de las Lajas y M del Sur.

Finalizando la Guerra de Independencia Hernández Vargas tomó el poblado de Güines y el 16 de julio de 1900 fue elegido alcalde de esa ciudad y poco después participó activamente en la poli-tica. En 1908 resultó electo representante. Murió el 8 de mayo de 1951.

Su hermano Faustino, se incorpora a los insurgentes atacando el fuerte de la Loma Vista Alegre en San José de Las Lajas (15 de Junio de 1897). Posteriormente murió macheteado por una guerrilla.

Al terminar la guerra Jacinto participó políticamente en Güines donde fue electo alcalde de aquella ciudad y respaldó el levantamiento que se produjo en agosto de 1906 en la inscripción de reelección de Don Tomás Estrada Palma.

Pero otros peninsulares también se unen a la causa cubana. En Cádiz, España, nacía Diego Dorado a quien sus amigos llamaban «el andaluz». La familia se trasladó a Cuba y. pronto comenzó el jovial Diego a crear estrechos lazos de amistad con muchachos de su misma edad. Juntos se hicieron hombres. Los unía el innato sentimiento de rebeldía y de rechazo a la opresión. Junto a muchos de sus mejores amigos, en los primeros meses del 68 comen/ó a colaborar con la Junta Revolucionaria de Sancti Spíritus preparando con Marcos García Castro* el al/amiento de los hombres de aquella región que se realizó el 20 de febrero de 1869. Recibiendo el ascenso a coronel el 15 de noviembre del siguiente año estando subordinado al General de Brigada Marcos (jarcia.

Participa en las acciones de Paso del Castaño y Santa Elena formando parte de la División de Sancti Spíritus. y muere en la acción de Las Varas (Pozo Azul) combatiendo a las guerrillas de Castilla, en la finca Las Varas, también conocidas como Pozo Azul; precisamente el mismo sitio en que 24 años después se producirá una intensa batalla dirigida por el entonces Mayor General Carlos Roloff y el General Serafín Sánchez que ocasionaría grandes bajas a ambas partes.

Hablemos de otro español.

José Sabino Caillet Barrantes, español, era alférez del Segundo Regimiento de Lanceros de la Reina cuando pidió su licénciamiento en La Habana el 4 de mayo de 1852.

Se traslada a la jurisdicción de Bayamo donde contrajo matrimonio con una joven cubana. Pasa luego a Las Villas. Había tenido relaciones de amistad con el Presidente Carlos Manuel de Céspedes y al iniciarse la Guerra de los Diez Años le ofreció sus servicios al ya Presidente Céspedes quien, por su capacidad militar lo ascendió a brigadier en reconocimiento, también, a sus labores conspirativas. Participó en varias acciones y al morir en combate, Carlos Manuel de Céspedes le escribe a su viuda el 5 de julio de 1871 expresando lo siguiente:

«Apreciable amiga: Con harto sentimiento he sabido la irreparable pérdida que ha hecho de su querido esposo, y de mi fiel amigo y de la Patria, de uno de los más leales, decididos y ardientes defensores de su independencia, por lo que estamos de pésame, y tengo el imprescindible deber de manifestar a usted mi aguda pena, y mi disposición a ofrecerle mis servicios en cuanto está en mis facultades, y no los menos sagrados de fraternidad y patriotismo con el malogrado amigo Caillet».

Nacido en España pero asentado desde muy joven en la provincia central cubana, José Caillet se unió a los comienzos de 1869 a los insurrectos cubanos en La Esperanza y en el mes de marzo  el Presidente Céspedes lo nombró jefe de la División de Sagua la Grande con grado de coronel. Fue muy corta la vida militar de este hombre que participa en el ataque a Guaracabuya el 4 de septiembre de 1869 y muere en el combate de Manajanabo (también conocido como Manajuabo)90, al este de la ciudad de Santa Clara sirviendo en las fuerzas del Mayor General Federico Fernández Cavada al alistarse a una fuerza de Los Voluntarios de Cádiz.

También adquiere la finca Corralito, en Cauto Embarcadero y al iniciarse la Guerra de los Diez Años, como sabemos, ofreció al Presidente Céspedes sus servicios.

En junio de 1871 cayó combatiendo durante un enfrentamiento con la contraguerrilla del Segundo Regimiento de Caballería del Rey.

j)  JOSÉ ÁLVAREZ PÉREZ, «EL GALLEGO» Y ALVARO CATA JARDINES

De la Coruña, Galicia, llega José Alvarez Pérez en 1874 cuando contaba tan sólo 3 años de edad. Su familia se radica en Matanzas y creciendo y haciéndose hombre junto a los jóvenes de aquella región no resulta sorprendente que «el Gallego», como todos lo conocían, se alzara el 2 de junio de 1895 junto a aquel amplio grupo de amigos en Alacranes, incorporándose a las fuerzas del entonces Coronel

En el primero, Coliseo, participa en el asalto a esa población cuando se han unido las fuerzas del General Máximo Gómez y del Lugarteniente General Antonio Maceo en el mes de diciembre de aquel año. La población estaba protegida por tropas españolas que formaban parte de los batallones Regimiento de Asturias y Regimiento de Navarra. Participarán en este combate fuerzas del Mayor General Serafín Sánchez comandadas por el Comandante Loynaz del Castillo y la mayor importancia de este encuentro fue la de impedirle a Martínez Campos, que dirige personalmente las tropas, detener la marcha de la columna invasora.

Terminaba octubre (1895) cuando cruza Gómez la provincia por la trocha de Júcaro a Morón y ya en territorio villareño sostiene los combates de Las Delicias, La Campaña, Monte Oscuro y otros, y habrá de encontrarse con Maceo el 29 de noviembre (1895) en d potrero Lázaro López, en Sancti Spíritus donde analizan los puntos para continuar la invasión hacia Occidente. Juntos, Gómez y Maceo, librarán los combates de Iguará, Casa de Tejas, el Quirro, Mal Tiempo, La Colmena y Coliseo, comenzando, semanas después su quinto encuentro en la provincia de La Habana para atraer las tropas enemigas y facilitarle a Maceo el pase de sus tropas para culminar con la invasión en Mantua.

Volverá Alvarez Pérez a encontrarse con Maceo el 19 de febrero de 1896 en Casoto, cerca de Jaruco y las acciones de Socorro, Navajas, Alhambra, El Agrabo, Algarrobo y El Asiento donde se separa™ nuevamente, ya por última vez, en El Galerón, Matanzas, el 11 del marzo de 1896.

La otra batalla mencionada, Calimete, en la que participa el Gallego Alvarez Pérez, se produce poco después, el día 29 (1895) cuando las tropas de Gómez y Maceo, junto con las de Serafín Sánchez, se enfrentan a batallones de los Regimientos Navarra y María Cristina. Fue otro intento de impedir la incontenible marcha de las tropas invasoras.

Ya para entonces Alvarez Pérez marchaba con las fuerzas del Mayor General Antonio Maceo acercándose a Güines y participa en los ataques a Jaruco y Nueva Paz. Esta acción de Nueva Paz en la que toman parte fuerzas cubanas de distintas provincias (Oriente, Camagüey y Pinar del Río) bajo el mando superior de Antonio Maceo, demoró el avance de la columna invasora que enfrentó las tropas del batallón de Almanza.

Alvarez Pérez es herido en el encuentro de Hato de Jicarita (el mes de julio de 1896), lo que no le impidió tomar parte en los encuentros de Cabezas y Bolondrón.

Sólo intervino en la actividad política de la república, enfrentándose, bajo las órdenes de Roberto Méndez Péñate, a la lucha que se originó por la reelección del General Gerardo Machado.

Nacido también en España llega a Cuba Alvaro Cata Jardines que ya el 28 de agosto de 1895 se incorpora al Ejército Libertador, por parte de la Brigada de Holguín, pasando luego al Cuartel General que operaba en Las Tunas y Puerto Padre y, posteriormente, era ya Jefe del Estado Mayor del Segundo Campamento que operaba en la región de Bayamo, terminando la guerra con el grado de coronel y ocuparía la posición de representante a la Cámara en el Primer Congreso de la República por la provincia de Oriente del 5 de mayo de 1902 al 19 de febrero de 1904.

De débil constitución física, Cata Jardines ocuparía luego la posición de sub-inspector de aquel cuerpo que es la posición que mantendría al terminar la Guerra de Independencia.

De Asturias llegaba a Cuba en años anteriores Valentín Menén-dez que en mayo del 96 ya tenía la graduación de teniente coronel y jefe de un regimiento en la provincia de Matanzas. Dirige tropas del sur de aquella provincia y morirá combatiendo en Aguada de Pasajeros con el grado de Teniente Coronel.

k) JOSÉ FERNÁNDEZ MAYATO

En la misma época que se desempeñaban José Alvarez y Alv Cata arribará de Tenerife, Islas Canarias, José Fernández Mayato que alcanzaría el grado de Teniente Coronel luego de incorporarse al Ejército Libertador el 9 de agosto de 1895 como simple soldado con las fuerzas que estaban al mando del General de Brigada Agustín Cebreco, en la región de Cambute, aquella zona donde tanto se distinguió en la Guerra de los Diez Años José de Jesús Pérez que con tanta lealtad había servido al entonces Presidente Carlos Manuel de Céspedes.

Una de las primeras acciones de Fernández Mayato fue la da asistir al desembarco de la expedición del vapor Horsa que había tratado de atracar por Cabanas, cerca de Santiago de Cuba el 15 da noviembre del 95 y venía comandada por los Generales Francisco Carrillo y José María Aguirre. En esta expedición venía el coronel venezolano Fernando Alvarez, que fue capturado junto con cuatro expedicionarios. Tras severos accidentes en el desembarco pudieron desembarcar arreando pequeños botes cerca del Morro de Santi, de Cuba.

Pasaría después Fernández Mayato a la Brigada de Carde bajo las órdenes del cardenense Carlos María Rojas, que es incorporado a las fuerzas del General de Brigada José Lacret.

Por el arrojo mostrado en distintos combates este valeroso e ñol fue nombrado Jefe del Regimiento de Infantería Cárdenas de la Brigada del mismo nombre. Herido en uno de estos encuentros le quedó inutilizado su brazo izquierdo.

I)  COLISEO Y CALIMETE

Algunos de estos españoles sevirán en dos importantes encuentros a las órdenes de Serafín Sánchez. El combate de Coliseo se produce el 23 de aquel mes cuando volvieron a unirse en aquella población las tropas comandadas por Máximo Gómez con las dirigidas por Antonio Maceo. Participarán en aquel combate la escolta del General Serafín Sánchez, bajo el mando del Comandante Loynaz. Fue intenso el combate aunque de breve duración pero representó una derrota personal para Martínez Campos que comandaba las tuerzas españolas. Por el combate de Coliseo, el Diario de Cádiz, solamente insertaba una noticia de agencia en la que se aseguraba que había habido un combate en el Barrio de Coliseo del término de Guamacaro con muchas bajas por ambos bandos, pero que no se conocían cifras exactas (edición de Diario de Cádiz mencionada por Barajas Montaña). Continuarán avanzando las fuerzas cubanas que ahora se dirigen hacia Calimete.

Será el 29 de aquel mes de diciembre que las fuerzas de las máximas figuras del Ejército Libertador, Máximo Gómez y Antonio Maceo vuelven a vencer en Triunfana, cerca de Calimete a tropas españolas. Esta vez con batallones de los regimientos de Navarra y María Cristina que llegaban en tren procedentes de Real Campiña y estaban bajo el mando del Teniente Coronel Emilio Perera, cuya vanguardia estaba dirigida por el Capitán Cabello. El encuentro de Calimete le produjo a los españoles una baja de 22 muertos y 75 heridos y las de los cubanos serían 16 muertos y 69 heridos. Tiene, el Gallego Alvarez Pérez importante participación en este combate porque, unido a las tropas del Mayor General Maceo, entra a la provincia de La Habana hasta llegar a Güines, combatiendo en esa provincia en los ataques a Jaruco y Nueva Paz. En el primero, Jaruco, las fuerzas cubanas toman el poblado y obtienen un abundante botín de fusiles, cartuchos, víveres y otros efectos. En el de Nueva PazTla» columna en que milita el Gallego Alvarez Pérez se enfrenta a una olumna integrada por un batallón del Regimiento de Almanza y el encuentro se produce cerca de la zona pantanosa de Guanamón.

Ahora regresa Alvarez Pérez a su provincia donde en Hato de Jicarita es herido (3 de julio, 1896), pero no le impide al mes siguiente tomar parte en el ataque al poblado de Cabezas en el que participa junto con las fuerzas comandadas por el Brigadier Pedro Betancourt en los varios que se producen en Bolondrón en los meses de julio y agosto de aquel año 96; el primero de éstos estará dirigido por el Comandante Pío Domínguez y los de agosto por el teniente coronel Benito Socorro y el teniente coronel Alfredo Gould.

En la fase final de la Guerra del 95 el Coman

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