Cuba: Mambises nacidos en otras tierras

Written by Enrique Ros*

29 de noviembre de 2022

Visión española de la lucha (III de III)

En el frente occidental, al mismo tiempo, los insurrectos tomaron Marianao a unos pocos kilómetros de La Habana. El Diario de Cádiz afirmaba que:

«Hay cambio de gobierno en España. Pasa Sagasta a formar gobierno y en su primer consejo de ministros, el 6 de octubre concede la autonomía a Cuba y acordó el relevo de Weyler como Capitán General de Cuba por Ramón Blanco. Fracasaba Weyler, el antiguo Capitán General de Filipinas -luego de haber servido en Cuba durante la Guerra de los Diez Años- venciendo a la oposición mora en Maradí dejando con ese éxito militar su gobernación en las Filipinas. Dos años después regresaba victorioso a Barcelona, afines del 91. Los anarquistas le dan fuego a un barco en el Puerto de Santander y Weyler es nombrado Capitán General de Cataluña para sustituir en esa posición a Martínez Campos, que marchaba a Melilla al frente de tropas».

Weyler vencería la amenaza anarquista en Cataluña pero no pudo vencer en el 68 ni en el 95 a los rebeldes cubanos. Tampoco había podido hacerlo, con las armas, su rival Arsenio Martínez Campos en la Guerra del 68 que terminó con un pacto ni en la del 95 en que fue sustituido por Weyler.

LAS DOS ÚLTIMAS 

CONSTITUCIONES 

JIMAGUAYÚ Y LA YAYA

Los cubanos seguían combatiendo, también reuniéndose para, al igual que en el inicio de la Guerra de los Diez Años, darle a la República en Armas una Constitución. Por eso, del 13 al 18 de septiembre de 1895 se reúnen en Jimaguayú, Camagüey, veinte delegados representantes de los cuatro cuerpos del ejército que ya estaban constituidos y del quinto que estaba en proceso de formación. El primer paso fue designar la mesa presidencial formada por Salvador Cisneros Betancourt como presidente, Rafael Manduley, vicepresidente y como secretarios a Rafael Portuondo Tamayo, Francisco López Leyva, Orencio Nodarse y José Clemente Vivaneo, secretarios.

Los delegados exponen distintos criterios y se aprobaba la formación de un gobierno compuesto por un Presidente -Salvador Cisneros Betancourt-, un Vicepresidente -el Mayor General Bartolomé Masó-; un Secretario de la Guerra, el Mayor General Carlos Roloff; un Secretario de Hacienda, Severo Pina; un Secretario del Interior, Santiago García Cañizares y un Secretario de Relaciones Exteriores para el que resultó electo Rafael Portuondo Tamayo.

Aquella histórica asamblea de Jimaguayú eligió al Mayor General Máximo Gómez como General en Jefe del Ejército Libertador y al Mayor General Antonio Maceo como  Lugarteniente General. Otra  medida acordó aquella asamblea: Designar a Tomás Estrada Palma, tras la muerte de José Martí, como Delegado Plenipotenciario de Cuba en el Extranjero.

Se había cumplido el deseo de los cubanos que el 10 de Octubre del 68 se habían levantado en armas: contar con un gobierno supremo civil y democrático y que, teniendo en cuenta los errores del pasado, se ajustara a la realidad de la guerra.

Los cubanos seguían combatiendo sin descanso. Hombres y armas llegaban en expediciones organizadas por la emigración cubana que partían de distintos puertos del Mar Caribe. Maceo organizaba una invasión que partiría de Baraguá hasta terminar en Mantua. Máximo Gómez, superados los obstáculos del regionalismo y localismo que tanto dañaron la Guerra del 68, combatía en todos los frentes. Se acercaba la fecha de la liberación definitiva. Había caído en Punta Brava el titán Antonio Maceo, pero la lucha continuaba con igual brío y, antes de un año celebran otra histórica reunión en octubre de 1897 en un pequeño pueblo de la provincia de Camagüey.

ASAMBLEA DE LA YAYA

Desde el 10 de octubre al 30 de aquel mes de 1897 se reúnen los 22 delegados electos que representaban a los diferentes cuerpos del Ejército Libertador.

Promulgarían el 30 de aquel mes una nueva Constitución que ratificaba la forma de gobierno determinada en diciembre del 95 en Jimaguayú. La nueva constitución de La Yaya tendría una vigencia de sólo dos años si la guerra no hubiera concluido antes con la victoria cubana. Entre los delegados se encontraban Cosme de la Tómente, Aurelio Hevia, Fernando Freyre de Andrade, Carlos Manuel de Céspedes y Quesada, el hijo del Padre de la Patria; José Lacret Morlot, Enrique Collazo, José Braulio Alemán y otros más. La asamblea de La Yaya se había iniciado en Jaguará, otra pequeña región de Camagüey y, luego, trasladada al Sombrero de La Yaya, en Sibanicú, Guáimaro, Camagüey.

Los cubanos acentuaban su lucha pero el gobierno de Washington trataba de lograr, a través de su ministro en Madrid Stewart Woodford, que el gobierno del presidente español Cánovas del Castillo tan solo enmendara su política hacia Cuba. No lo lograría porque el 8 de agosto de aquel año, un mes antes de la promulgación de la Constitución de La Yaya, Cánovas era asesinado y se constituye en España un nuevo gabinete más conservador al que el presidente norteamericano McKinley pedía nuevamente la modificación de la política de España hacia Cuba. La inmovilidad del nuevo gobierno español hizo crisis llevando a la presidencia a Práxedes Mateo Sagasta que también, como los dos anteriores, concedía a Cuba la autonomía, con autoridad de legislar sobre los temas de Justicia, Gobernación, Hacienda, Fomento, Sanidad, Comercio y Crédito Público.

Comienza el año 1898 con la publicación en La Gaceta, de La Habana, de los decretos concediendo la autonomía, firmados por el General Ramón Blanco, que había sustituido al General Weyler en la Capitanía General del gobierno de la isla.

Se creaba un parlamento insular y un Consejo de Secretarios compuesto por cinco miembros cubanos del Partido Autonomista y dos del Partido Integrista. Formarán parte de estas tardías y efímeras instituciones, entre otros, Rafael Montoro, Antonio Gomín, José María Gálvez y Francisco Zayas.

No podía funcionar la autonomía. Llegaba demasiado tarde. El Gobierno de la República en Armas, presidido por Bartolomé Masó no la aceptaba. Los peninsulares residentes en la isla rechazaban, también, por otro sentido, la autonomía. Hubo, nos dicen los historiadores Márquez Sterling, motines y saqueos; se escucharon vivas a Weyler, símbolo de la intransigencia hispana.

Dejemos a Carlos y Manuel Márquez Sterling, destacadas figuras y grandes historiadores, narrar los dos episodios que hicieron que, al fin, los Estados Unidos interviniera en aquella contienda que los cubanos habían estado librando por más de 40 años.

(Continuará la semana próxima)

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