Cuba: Mambises nacidos en otras tierras

Written by Libre Online

15 de noviembre de 2022

Una obra que reconoce la enorme contribución y el alto número de libertadores nacidos en otras geografías.

Visión española de la lucha (I de III)

a) VISIÓN ESPAÑOLA

Un autor español al analizar la «Guerra de Independencia de 1895» la divide en dos épocas distintas: la de Martínez Campos y la de Weyler. Basaba este autor gadetano, Manuel Baraja Montaña en los titulares y artículos del Diario de Cádiz sobre lo que estaba sucediendo en la isla del Caribe.

La designación de Martínez Campos se realiza días después del Grito de Baire 4 de abril de 1895 cuando salía Martínez Campos de la capital andaluza, llegando a Santiago de Cuba el 16 del mismo mes. Una vez en Cuba, Martínez Campos comenzó una dura tarea -apunta el historiador Barajas Montaña- siendo sus primeras medidas distribuir sus fuerzas por la isla para impedir que se extendiese la revolución y organizar una serie de «trochas» para dividir la isla en varios departamentos no aceptando ningún tipo de agasajo, pues según sus mismas declaraciones, había ido a Cuba para resolver un agudo problema y no como pasatiempo.

El plan era el de comenzar numerosas obras públicas para paliar el paro obrero y así impedir que los hombres sin trabajo se marchasen con los guerrilleros. Declaraciones que coincidían con las que Callejas había hecho en la Coruña afirmando que «la causa de la insurrección había sido la depreciación del azúcar y sobre todo la falta de trabajo en la isla». El periódico gaditano daba poca información sobre lo que en la isla sucedía. No publicó en momento alguno notas sobre «el Manifiesto de Montecristi», ni sobre la reunión de la Mejorana, donde por última vez, se vieron juntos Martí, Máximo Gómez y Maceo.

Así veía ella -la prensa española- la situación:

Del 10 al 13 de diciembre (1895) los mambises maniobraron, combatieron en los Altos de Manacal y prosiguieron el avance. Estaban prácticamente sin municiones y parecían abocados a luchar sólo a machetazos cuando el combate de Mal Tiempo les permitió apoderarse de cartuchos españoles. (Gabriel Cardona y Juan Carlos Losada, «Weyler: nuestro hombre en La Habana» obra citada).

Finalmente, el 18 de enero de 1896 Cánovas llamó a Weyler a Barcelona para comunicarle su nombramiento como Capitán General de la Isla de Cuba.

El 22 de mayo fue la primera vez que el Diario de Cádiz da la noticia de un combate importante, refiriéndose al de Dos Ríos: «Tras el combate quedaron en el campo 18 insurrectos muertos, entre los cuales se encontraba Martí, uno de los máximos responsables de la revolución». No se percataba aquel periódico español de la importancia que José Martí había tenido y seguiría teniendo en la guerra emancipadora cubana.

Más adelante, en junio, aparece en la prensa española una orden dictada por Martínez Campos a sus subordinados que divide en cuatro apartados: el primero, referido a las circunstancias en que era aconsejable atacar, que sería siempre que el enemigo no fuese tres veces mayor; el segundo para que los partes de guerra fuesen exactos sin que se exagerasen los muertos ni la duración del combate; el tercer lugar, que los oficiales vigilasen a sus soldados para que éstos no malgastasen las municiones, y en último lugar se insistía en que acabado un encuentro no se rematase a los heridos y se respetase a las mujeres. Por supuesto, no se cumplían ninguna de estas disposiciones.

Unos historiadores españoles de la época critican la política militar que en la isla desarrollaban los capitanes generales. Uno de estos serios análisis lo encontramos en una obra publicada en 1895, en Madrid, por Eugenio Antonio Flores cuyo libro, por supuesto anticubano e integrista, titulaba «La Guerra de Cuba». En su obra afirmaba:

«Quizás fue un error por nuestra parte enviar fuerza de operaciones para mejorar la instrucción del soldado…dedicando otros a la construcción y custodia de la trocha militar».

Para este historiador el mal uso de las fuerzas militares españolas:

«Les permitió a los insurrectos triunfos satisfactorios, como el saqueo y quema del poblado de Las Auras (Jibara), la acción en el Cocal del Obispo, el ataque y saqueo de San Miguel de Nuevitas y Santa Cruz del Sur».

Por primera vez, durante estos meses, será el 16 de junio, aparece el nombre de Weyler relacionado con Cuba, al hacer este general unas cortas declaraciones en las que manifestó que «fue un error mandar un general de tanto prestigio a Cuba y que Martínez Campos ya ha tenido tiempo de pacificar la isla».

Durante todo el mes de noviembre son innumerables las noticias aparecidas en el Diario de Cádiz acerca de combates, escaramuzas, voladuras de trenes, incendios que culminan el 29 de noviembre cuando Maceo puede pasar, al frente de sus 1,500 hombres, la trocha que iba de Júcaro a Morón. Se reunía con Máximo Gómez para iniciar la invasión de Las Villas.

Barajas Montaña al comentar las noticias que iban apareciendo en la prensa expresaba que «el año 1896 no pudo empezar con peores augurios para los españoles. Numerosos poblados fueron cayendo uno tras otro, en manos de los cubanos, siendo los principales Guara, ceiba del Agua y Güira de Melena. Y Maceo se disponía ya a entrar en la provincia de Pinar del Río por lo que Martínez Campos declaró el estado de sitio en las provincias de La Habana y Pinar del Río».

Ya la prensa española no podía ocultar las continuas derrotas que sufrían las fuerzas peninsulares ni que aumentasen los rumores de dimisión de Martínez Campos durante el mes de enero. El Diario de Cádiz en sus ediciones del 10 y el 11 de enero de 1896 expresaba que el General Martínez Campos había reiterado al gobierno que su puesto estaba a su disposición y que acataría cualquier decisión que se tomase, no sólo sobre su política, sino incluso relativa a su persona. El periódico gaditano afirmaba en sus páginas «que si Martínez Campos fuese relevado, todo el gobierno debería dimitir por haber estado apoyando al general y su ineficaz política durante tanto tiempo». Era ésta, decía el periódico, la posición expresada por la oposición al gobierno español.

Ya se hablaba abiertamente en la prensa española de las figuras que podrían relevar al General Martínez Campos como posibles sustitutos, y por orden de preferencia, irían: Gal vis, que manda en Puerto Rico; el Ministro de la Guerra Azcárraga; el Gobernador de Cataluña Weyler y Polavieja. Poco después Martínez Campos dimitía y a bordo del «Alfonso XII» partía hacia la Coruña. Mientras, la ciudad se iba cubriendo de infinidad de panfletos y octavillas, excitando al pueblo para organizar una manifestación de hostilidad contra el general, que iba a desembarcar horas más tarde. Sin embargo, cuando el general descendió del barco, el 2 de febrero, no se produjo ninguna alteración del orden público.

b) LA ÉPOCA DE WEYLER (1896) VISTA POR LA PRENSA ESPAÑOLA

Valeriano Weyler estaba considerado como un militar duro; seguramente por eso fue designado para sustituir a Martínez Campos, cuya actuación en Cuba fue considerada como excesivamente complaciente. Todavía no había llegado Martínez Campos a Madrid, cuando Weyler ya salía de Cádiz con rumbo a Cuba el 28 de enero para llegar a La Habana el 10 de febrero.

Hizo declaraciones al partir respecto a su técnica bélica apuntando la idea de intentar reducir la sublevación al departamento Oriental antes de que el mal tiempo lo impidiese.

c) WEYLER TOMA EL MANDO

La llegada de Weyler a La Habana fue objeto de entusiasta recibimiento estando el muelle atestado de gente, levantándose arcos monumentales mientras que los remolcadores que salieron a recibirlo iban adornados tocando sus sirenas. Inmediatamente de desembarcar comenzó el plan que ya traía pensado de España. Consecuentemente, la presencia de Weyler cambió, por completo, el desarrollo de la guerra que se hizo más dura y más cruel.

El plan de campaña de Weyler consistía en reorganizar las tropas y batir al enemigo en una provincia tras otra, de oeste a este. La prensa española especulaba que Weyler confiaba en los accidentes del terreno en las provincias occidentales para construir una nueva trocha que cerrase en Pinar del Río a Antonio Maceo. Luego repetiría la operación hacia Oriente, limpiando de guerrilleros las sucesivas zonas separadas por las líneas de los ríos, las vías férreas y otros accidentes hasta llegar a la trocha de Júcaro, en la que pensaba encerrar a los últimos resistentes.

(Continuará la semana próxima)

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