CUANDO “YEYÉ” FUE TIRADA A MONDONGO

3 de noviembre de 2026

Haydée Santamaría Cuadrado se suicidó el 28 de julio de 1980 en La Habana (aunque algunas versiones sitúan su muerte el día 26), mediante un disparo en la boca, apenas dos días después de la pomposa conmemoración del 27.º aniversario del fatídico asalto al Cuartel Moncada, en el que ella participó.

Fue, sin lugar a dudas, una de las tres mujeres que más utilizó Fidel Castro en su lucha contra el régimen de Batista: Celia Sánchez, Vilma Espín y Haydée, conocida como “Yeyé”. Pero allí —y ustedes lo saben— caer en desgracia es lo más fácil del mundo. Como dice el refrán popular: “El que pestañea, ñea”.

Y cuando falleció esta fiel servidora del castrismo, apenas hubo algunas discretas manifestaciones de tributo. No se decretó luto oficial ni se colocaron las banderas a media asta.

Según el relato, el periódico Granma se limitó a publicar breves referencias a su fallecimiento, señalando que “sufría de una profunda depresión crónica arrastrada durante décadas”.

Mientras tanto, personas de su círculo más cercano habrían manifestado que “estaba muy decepcionada y sufría de un gran desgaste emocional y desilusión con el rumbo político de la Revolución cubana”.

También aseguraron que “a esto se sumó su incomodidad por los acontecimientos durante y después de la crisis de la Embajada de Perú en 1980”.

Se cuenta que Haydée escribió una extensa carta a Fidel Castro para protestar por el trato abusivo que recibían quienes intentaban abandonar Cuba por el puerto del Mariel. Aquella misiva, según esas versiones, fue ignorada por el tirano.

Y la bestia de Birán, como era de esperar, pareció olvidar por completo que Haydée había sido una de las dos mujeres que participaron en el ataque al Cuartel Moncada, donde perdieron la vida su hermano Abel Santamaría y su novio, Boris Luis Santa Coloma.

Tras su suicidio, Haydée Santamaría no recibió un funeral multitudinario con honores oficiales en la Plaza de la Revolución, sino un sepelio sobrio, muy distante de las grandes ceremonias que el régimen reservaba para sus principales figuras. Fidel Castro, además, brilló por su ausencia.

En definitiva, después de haber entregado buena parte de su vida a la causa revolucionaria, terminó relegada al olvido por el mismo régimen al que había servido.

Vaya, ¡la tiraron a mondongo!

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